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La guerra mediática iraní

En la denominada “guerra irregular”, uno de los factores determinantes es el uso de la percepción versus la realidad, su objetivo más inmediato se enfoca en desgastar la opinión pública generalizada sobre un opositor político o en este caso, militar.

La República Islámica de Irán, así como otros grupos de medios de información en la región del Medio Oriente, utiliza la manipulación mediática trasladando al opositor características negativas de actos que ellos mismos realizan, pero que por medio de la propaganda “potabilizan” para que sea aceptado como una acción correcta. Por ejemplo, el régimen iraní acusa a los israelíes de “controlar los medios de comunicación” mundiales, mientras que ellos a través de sus redes interconectadas propagan conceptos que en ocasiones extrapolan noticias de contenido “veraz” con propaganda discriminatoria, bulos y libelos.

La República Islámica de Irán cuenta con varias plataformas de propaganda en medios tanto formales como redes sociales, que pueden ser del régimen como es el caso de la cadena en español HispanTV, o que se une a una red de medios que replican el material que el gobierno iraní quiere propagar, como lo hace ANNUR TV (Argentina), Al Mayadeen (Líbano), TeleSur (Venezuela), entre otras, todas estas con su versión en español. El principio con el que venden la información estos medios es que se trata de una “verdad que los medios sionistas no quieren transmitir”, entonces de entrada la noción es falaz para no decir abiertamente que son redes de propaganda favorables a las posiciones de Irán y sus aliados.

Se puede mencionar un par de ejemplos de la propaganda divulgada podría ser que los israelíes son los principales promotores del tráfico de órganos a nivel internacional, o que es un régimen “mata niños” como dijo un alto funcionario del gobierno de Teherán, en ambos casos utilizando el lenguaje para señalar a los israelíes como personajes “malvados”.

Este comportamiento parece sacado de un manual del propagandista nazi Joseph Goebbels sobre la manipulación mediática, en particular dos principios; el de orquestación que señala el objetivo de limitar las ideas y hacerles eco hasta que se graben cual mantra entre la opinión pública y el principio de transposición donde se carga sobre el adversario todos los aspectos negativos que sobre sí mismo puedan estar pesando ante la percepción de la población. La noción de estos principios busca socavar la legitimidad del oponente con el fin de desgastarlo o de minar su imagen delante de otros actores del Sistema Internacional.

A lo anterior se suma la manipulación en la percepción de un “ganador” o “perdedor” durante un conflicto armado. No es de extrañar entonces que los estrategas y analistas con una posición más favorable a la República Islámica de Irán coincidan en ocasiones con ideas tales como que la guerra del 2006 entre Hezbolá e Israel en el Sur del Líbano fue un golpe de autoridad por parte del grupo paramilitar chiita; pese a que las bajas más significativas las tuvieron en las filas de la agrupación libanesa y los civiles de ese país. O por ejemplo, que se considere que las guerras de Israel contra el Hamas en Gaza han sido victorias del grupo palestino por cuanto al final los israelíes se han tenido que replegar, principalmente por presiones internacionales y temas humanitarios.

Un último ejemplo, después que Israel derribó un dron iraní que entró en su espacio aéreo, lanzó un ataque contra varios sistemas de defensa y blancos iraníes ubicados en Siria, mientras un F16 israelí fue impactado por misiles del sistema de defensa S-200 (fabricación soviética remozado), lo cual se catalogó como una victoria, de igual forma dentro del principio de transposición de Goebbels y sumado un aspecto más, el principio de renovación donde la cantidad de información que se despide sobre un tema corre a un ritmo tan acelerado que no permite que haya capacidad de respuesta que pueda contrarrestar lo primero que se transmitió, porque para ese momento habrá aparecido un “nuevo elemento” que actualice el anterior.

Como fue mencionado al comienzo del artículo, la percepción versus la realidad hace que esto ocurra sin mucho cuestionamiento. En el peor de los panoramas, cuando un golpe es recibido, es sencillo desviar la atención vulgarizando la propaganda, o utilizando aspectos que permita idealizar el impacto, entonces por ejemplo, en este tipo de conflictos cuando hay víctimas en las propias filas se convierten en mártires, cuando se logran víctimas en el bando contrario o capturas se transforman en trofeos de guerra y se exhiben como el logro que son, algo que se ha visto en los ejemplos mencionados anteriormente.

Regresando a la idea de Irán, todo este tipo de desviaciones ideológicas vienen a intentar desviar la atención de un aspecto importante, los iraníes están intentando ampliar su radio de influencia en el Medio Oriente a través del patrocinio y arme de agrupaciones paramilitares, como el Hezbolá en el Líbano o las guerrillas hutíes en el Yemen, de este modo lograrían colocarse en una posición estratégica desde donde pueden controlar regiones importantes cercanas al Mar Mediterráneo y el Mar Rojo a través del estrecho Bab al Mandeb.

Además que la posición estratégica le permite trasladar cualquier conflicto armado contra opositores directos; Arabia Saudita e Israel, hacia territorios lejanos al propio donde exponga solamente infraestructura de un tercero y milicianos directamente usados como carne de cañón, no se vislumbra en un corto período que haya una movilización militar manifiesta de fuerzas iraníes hacia territorios hostiles, lo cual sería además una torpeza estratégica, por lo que las guerras de desgaste resultan más “efectivas”.

Por lo anterior es que en varias ocasiones se han manifestado críticas por parte del mundo árabe – musulmán a lo que ellos denominan la “intromisión iraní” en asuntos de otros Estados a través del financiamiento de guerrillas o el envío de miembros de los Guardianes de la Revolución, como ocurre por ejemplo en Yemen o como también se sabe en manifiesto la influencia iraní fuerte en territorio libanés a través de Hezbolá que funge hoy como agrupación política dentro del parlamento de ese país.

Al mismo tiempo, Irán sufre de problemas internos ante los cada vez más constantes choques contra grupos de personas que procuran ideas reformadoras, quienes luchan por mayores libertades para esta generación que no ha conocido otro régimen que el representado por los clérigos chiitas, y también incentivados por la generación más vieja que pudieron ver ambos mundos, el de un país más abierto y pluralista, a uno obsesionado por el control de la religión en las vidas de los ciudadanos.

Mientras más constantes y fuertes sean los sonidos de guerra en la región por parte de Irán contra Israel o Arabia Saudita, más luces de alerta se encienden en las grandes potencias globales; principalmente Rusia y Estados Unidos que buscan evitar que los niveles de beligerancia escalen de nivel. No están interesados en un conflicto que les pueda poner en riesgo sus posiciones estratégicas logradas en los últimos años en la región. Por el otro lado, la República Islámica de Irán amenazó con celebrar 40 años de la Revolución de 1979 destruyendo a Israel, lo que podría eventualmente convertirse en la firma a su propia sentencia y ocasionar que en caso de cualquier agresión militar se ponga fin a este régimen y sea impuesto otro que pueda ser igual de útil en las agendas de las potencias sin necesidad de echar mano a discursos beligerantes o agresivos directamente, con total complicidad de otros Estados árabes que ven en Irán su más inmediato dolor de cabeza, muy lejos del paradigma del conflicto árabe – israelí del siglo pasado.

Fuente: El Mundo CR

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¿Cuáles son los objetivos de la política exterior del chiismo iraní?

Como lo mencioné en el pasado artículo en Infobae, si bien Irán no es el único país donde se práctica el chiismo, es el que posee la mayoría de adeptos a dicha corriente (73 millones aproximadamente de 210 en total). A esto se agrega que el liderazgo religioso que se ubica en este país determina la visión de otros grupos en otras naciones. Con la existencia de la ciudad sagrada de Qom, centro de peregrinación por la tumba de Fátima Ma’suma, hija del sétimo imán chiita, y además el corazón de los estudios islámicos de esa rama de la religión.

La política exterior iraní está relacionada con la religión directamente, el ayatolá Jamenei es catalogado como el líder supremo del país. Desde el año 1979, en el marco de la Revolución islámica que sacó del poder a la monarquía del Shah Reza Pahlavi, los religiosos tomaron el poder del país y establecieron su sistema político con un ayatolá como primero en la línea del mando elegido por una asamblea de expertos y es el máximo líder dentro del sistema político de Irán, el principio teológico con el cual se hicieron con el poder fue el de Gobierno del Faqih (Wilayat al Faqih); el Faqih es un sabio en principios y ordenanzas islámicas.

El régimen posee una Guardia Revolucionaria que influye en la política exterior de otros países con fuerte influencia chiita, principalmente en Irak, Líbano, Siria, Yemen y además en la Franja de Gaza, donde tienen relaciones con el Hamas, que es en realidad una organización sunita desprendida de la Hermandad Musulmana, pero que cumple un papel importante en la política exterior iraní al enfrentarse directamente contra Israel. Además, han patrocinado al grupo Yihad Islámico palestino que tiene quizás menos fuerza que el mencionado anteriormente.

Desde la llegada al poder del ayatolá Jomeini (1902-1989), se dieron algunos cambios en la política exterior de Irán. Después de la Revolución islámica, la denominada “crisis de los rehenes” en ese mismo año ocasionó que, a partir de 1980, se diera la ruptura entre el régimen islamista y los Estados Unidos. A esto se sumó la política de Jomeini a la causa palestina, como señalaba Henner Fürtig del Instituto Alemán de Estudios Globales y Regionales (GIGA), mencionado por el medio Deutsche Welle: “Sacar la cuestión palestina del contexto árabe y enfatizar el talante islámico de esa problemática es una constante de la política exterior persa” (2014), por lo que a partir de ese momento el apoyo a través de los Guardianes de la Revolución se hace más evidente y sistemático.

Teóricamente, por ser el Estado de Israel aliado del “Gran Satán” (Estados Unidos), su destino también sería el sometimiento y la destrucción. Las malas relaciones entre israelíes e iraníes tuvieron una pequeña pausa durante la guerra que Irán enfrentó contra el régimen iraquí de Sadam Hussein, ya que, para los intereses de ambos países, Hussein era un mal mayor. Esto ocasionaría que se diera una cooperación armamentista proveniente de Jerusalén hacia Teherán de al menos $500 millones; meses después, en coordinación, los iraníes facilitaron a Israel información básica que funcionó para que la fuerza aérea hebrea pudiera bombardear la planta nuclear de Osirak que temían que estuviera desarrollando energía nuclear para usos armamentísticos. Posteriormente las relaciones se enfriarían, con mucha más fuerza luego de la caída del régimen de Sadam.

Este tipo de relación fue funcional, era evidente que, una vez más, terminada la amenaza proveniente del régimen iraquí, regresarían los enfrentamientos directos entre ambos países. El ayatolá siempre fue directo en mencionar la necesidad de combatir a Israel por considerarlo un país “infiel hostil” (kafir al harbi) y controlar bajo su poder Jerusalén (Al Quds), que insistentemente, aun hoy, indican que liberarán.

La República Islámica de Irán ha realizado abiertos apoyos a la agrupación chiita libanesa Hezbollah (Partido de Dios), que surge en los años 80 como un grupo de oposición contra las Fuerzas de Defensa israelíes (FDI), quienes invadieron El Líbano durante la operación “Paz para Galilea”, cuando, buscando sacar a la Organización para la Liberación de Palestina, hizo que de nuevo el tema palestino tomara prioridad en la agenda iraní. Esta agrupación recibe un fuerte financiamiento, entrenamiento militar, armas a través de Siria y cometen atentados terroristas en diferentes países del mundo. Su objetivo es destruir a Israel, como en varias ocasiones se ha escuchado a líderes iraníes a través de los años.

Hezbollah, que aparece inicialmente como un grupo paramilitar, se transformó con el paso del tiempo en una organización que cuenta además con un brazo político muy fuerte en El LíbanoAl punto de que hoy disponen de 12 escaños dentro de la coalición mayoritaria en el Parlamento libanés, lo que les suma poder político, que está supeditado a lo que la agenda iraní manifieste, como bien lo señalaba el ex ministro libanés Saad Hariri cuando dimitió, en noviembre de 2017.

En su carta política dejan en claro que desean hacerse con el poder en El Líbano para acabar con el sectarismo y al mismo tiempo lograr una unidad nacional y el poder de las mayorías sobre las minorías para que trabaje el Estado en función de grupos de coalición bien estructurados y no la atomización actual. En cuanto al ala militar, posee una fuerza superior a la de muchos ejércitos de la región, con un aparato castrense bien remozado a través del gobierno de Teherán.

Además, en otras regiones del Medio Oriente, la República Islámica de Irán posee una influencia determinante para la estabilidad de la zona. En la Irak pos Sadam Hussein, por ejemplo, hay una fuerte influencia de carácter económico y a través de las peregrinaciones iraníes hacia territorio iraquí por elementos propios de la religión, aunque la influencia por la interpretación chiita iraní hace que tengan divergencia en cuanto al criterio sobre el principio de Wilayat Al Faqih que no es compatible con las escuelas religiosas iraquíes de Nayaf y Kerbala (Botta, 2010). Sin embargo, el principio básico sobre el cual Irán tiene su influencia en Irak es a través del vacío de poder que dejó la caída de Sadam y la posterior salida de las fuerzas armadas estadounidenses del territorio sin completar una agenda que nunca quedó clara.

En Siria, los iraníes se han transformado en garantes de la continuidad del régimen de los Assad en el poder de este país árabe, especialmente durante los últimos casi siete años de conflicto que vive este país. Uno de los que más ha colaborado para que el régimen resista ha sido la República Islámica de Irán, así lo deja ver el apoyo en materia económica, humanitaria y hasta militar a través de los Guardianes de la Revolución y Hezbollah.

Esto ha tensado las ya de por sí complejas relaciones con Israel, que ve en el crecimiento de la alianza un espacio aprovechado por los iraníes para acercarse a la frontera que sirios e israelíes comparten y, al mismo tiempo, complementar su espacio de influencia que ya han logrado en zonas estratégicas como El Líbano (Hezbollah) y Gaza (Hamas y Yihad Islámica), donde además de tener cerca a los israelíes, pueden observar a otro Estado axial: Egipto, con quienes no tienen relaciones tensas, pero dadas las alianzas egipcias con los Estados del Golfo, no hay una cercanía ideológica muy estrecha y se miran con cierto recelo.

Finalmente, la política de los ayatolás alcanza también con su influencia un país sumamente empobrecido y golpeado por sus divisiones internas: Yemen, donde no necesariamente hay una fuerza militar explícitamente asociada con los iraníes como en los otros casos, pero sí existen referencias a que las guerrillas paramilitares hutíes son armadas a través de las Fuerza Quds (Guardianes de la Revolución). Según destacan, desde el año 2010 han recibido cerca a los $25 millones anuales; además reciben armamento desde el año 2012. En 2015 fue detenido un barco que arribaba a este país cargado de armas, explosivos y misiles antiaéreos provenientes probablemente de Irán.

La influencia en Yemen se debe efectivamente a su enfrentamiento directo contra Arabia Saudita por el tema de hacerse con el mayor control regional posible, principalmente porque, desde el mar Rojo, a través del estrecho Bab al Mandeb, pueden controlar parte de las rutas comerciales más importantes de los sauditas hacia regiones mediterráneas, razón también por la que la salida hacia el mar Mediterráneo, como fue mencionado anteriormente, es interesante.

Si bien el movimiento radical islamista de los wahabistas o los salafistas tiene una posición más ortodoxa y pragmática de la religión, busca imponer una visión del islam más “pura” y que ayude a luchar contra la “apostasía” y la “herejía”, se debe diferenciar de los objetivos chiitas en Irán, los cuales buscan hacerse con el prestigio en diversas zonas del Medio Oriente, no ocupando directamente los territorios, sino más bien a través de la influencia económica y dogmática posteriormente.

Por último, además del dominio político y económico, Irán busca flanquear a sus diferentes enemigos e imponer su agenda sobre los demás. Más allá de un enfrentamiento por cosmovisiones religiosas contra los sunitas en general, se trata de una expansión de carácter político-ideológico para lograr un lugar de privilegio entre el mundo islámico estandarizando los objetivos políticos regionales contra grupos que consideran un peligroso germen que se ha establecido en el corazón del islam y deben ser arrancados de allí.

 

Fuente: Infobae

Turquía, un nuevo foco de inestabilidad en Medio Oriente

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan desde hace tiempo ha cambiado radicalmente su política exterior con respecto a Occidente. Primero empezó a modificar las normas a lo interno con respecto a la laicidad del Estado, lo que ha empujado al país a una visión más conservadora, muy alejada de los principios políticos de Mustafá Kemal Pasha (Atatürk) quien rescató un país desmembrado por la I Guerra Mundial y le dio una nueva oportunidad para ser moderno y secular.

Erdogan posteriormente acusó a Occidente de ser cómplice de su opositor político, el teólogo musulmán Fethullah Gülen, exiliado en los Estados Unidos, de un intento de golpe de Estado en su contra, lo que además le ayudó a poder hacer una purga contra opositores políticos y limitar libertades individuales entre estas la de prensa. Sobra decir que se acusa al gobierno turco de haber gestado un auto golpe como excusa para sus movimientos políticos.

Turquía es miembro de la OTAN con uno de los ejércitos más poderosos de esta alianza militar occidental. Pero desde noviembre de este año se ha señalado que los turcos se han alejado militarmente de esta alianza para tener conversaciones más estrechas con el gobierno ruso, catalogado de estratégico ante el distanciamiento que el gobierno turco tiene con los gobiernos de Occidente, lo que algunos señalan como el inicio de una ruptura total entre Ankara y la alianza militar con la Organización del Tratado del Atlántico Norte.

El gobierno de Erdogan también ha acusado a los Estados Unidos y Europa de querer desestabilizar su país al patrocinar a las fuerzas kurdas en zonas delicadas como Irak y Siria, movimientos que podrían reforzar los intereses de la enorme población kurda en su territorio con afanes independentistas.

Los movimientos de Turquía se complementan con el acercamiento sustancial entre el gobierno de Ankara y los gobiernos de Teherán y Bagdad; este último fuertemente influenciado por el régimen iraní, aunque también tiene una agenda donde recibe beneficios de países como Estados Unidos y el bloque europeo. También, el gobierno qatarí se ha aprovechado de esta nueva alianza para salir de su situación de bloqueo impuesta por los países árabes que desde junio pasado rompieron con este Estado por sus relaciones con la República Islámica de Irán y bajo acusación de ser sponsor de organizaciones terroristas en el mundo.

Esta apertura hacia el gobierno de Doha, llevó a que el 26 de noviembre anterior firmaran un acuerdo comercial con Turquía e Irán, lo que transformaría el territorio iraní en puente para los negocios entre qataríes y turcos.

El gobierno de Erdogan se ha convertido también en un importante vocero de la causa palestina, principalmente en lo que corresponde a la Franja de Gaza, aunque con las últimas manifestaciones del presidente Donald Trump con respecto a Jerusalem y la capitalidad de Israel, en el marco de la “Cumbre Islámica sobre Jerusalem”, organizada por la Organización para la Cooperación Islámica (OCI), mostró su apoyo al gobierno de Mahmoud Abbas y lograron una declaración de capitalidad palestina sobre el territorio de Jerusalem Oriental, en el ranking de países islámicos con una posición positiva, Turquía ha acertado un buen golpe, lo que al mismo tiempo condenará a los líderes palestinos; principalmente Mazen, a obedecer a la agenda planteada por Ankara.

La posición de Turquía con respecto a Israel es beligerante, los intercambios entre ambos gobiernos son sumamente altisonantes, por ejemplo durante el incidente contra la embarcación Mavi Marmara en 2010 se congelaron las relaciones entre ambos países y de no ser por la intermediación de Occidente la ruptura habría sido permanente. Y en los últimos días los mensajes que se lanzaron fueron fuertes también, el llamado por parte de Erdogan a Israel como “Estado terrorista”, y la respuesta de Netanyahu que no recibiría juicios de un país que viola el derecho internacional asesinando opositores políticos; en referencia a los 17 kurdos del PKK asesinados por el régimen turco en los últimos días.

Todas estas acciones turcas se encaminan a cambiar los ejes de poder de la región, la cual al menos en el mundo islámico circula primordialmente entre Irán y Arabia Saudita, más países que son pivotes de sus respectivas zonas, Jordania, Egipto y Turquía, poseen liderazgo en el mundo musulmán, pero está claro que los equilibrios por el momento se concentran en Riad y Teherán, y los roles de Ankara y el Cairo son esencialmente axiales por sus características geoestratégicas.

Los turcos quieren asumir un papel menos de contención y más de influencia, siendo una voz cantante para los balances, por esto hay una urgencia por conservarlos, contenerlos o neutralizarlos políticamente hablando por parte de las fuerzas hegemónicas globales, de caso contrario el equilibrio se inclinaría desfavorablemente para Occidente, como está ocurriendo actualmente a pasos agigantados.

La llegada de Mohammed Bin Salman al liderazgo saudita, sus políticas progresistas, más el acercamiento político que están teniendo los Estados árabes con Israel procurando contrarrestar el empoderamiento de Irán en la zona, se suman al descontento político de Erdogan explicado anteriormente. Como aspecto a considerar relevante también, los cambios internos en Turquía hacia una visión más fundamentalista de la religión a través de su líder con ínfulas de Califa, podría acercar a los colectivos más conservadores y otorgarle un lugar privilegiado a los turcos como representantes de esa perspectiva islámica.

Debe quedar claro que el presidente turco tiene su propia agenda, no es Occidental ni tampoco es Pro rusa, no se trata de una estrategia a favor de Irán de forma estéril. Todos los movimientos que realiza el gobierno de Ankara tienen como finalidad acceder a otros beneficios de distintos países, ya sean económicos, estratégicos, políticos o de influencia, bien establecidos por una política exterior sumamente extorsiva que pueda brindarles los réditos tras los cuales van, principalmente de hegemonía regional.

Al parecer los liderazgos occidentales se han quedado adormecidos frente a Turquía, no están previendo lo que sucede o no saben descifrar los próximos pasos del presidente Erdogan, al parecer cuando logran entender un movimiento, ya van dos adelante y esto hace incontenibles los cambios que se avecinan. Deberá Occidente realmente atender todas las exigencias que los turcos realizan para mantenerlo aliado, o por el contrario, se debería optar por una política comprendiendo que ya no son un aliado real para los intereses de Occidente en la región y optar por neutralizarlo creando un pivote, todo hace pensar que la segunda opción es la que más fuerte suena en este caso.

Fuente: El Mundo CR

Las reformas de Bin Salmán

Se anuncian cambios en Oriente Medio

En las últimas semanas se ha hecho eco de una figura en Arabia Saudita, se trata del príncipe Mohammed bin Salmán Al Saúd. Las decisiones que está tomando en el reino de su padre lo coloca en una posición bastante interesante y polémica al mismo tiempo.

Ha sido denominado Mr. Everything por estar involucrado en muchos temas de reforma en su país. Es Ministro de Defensa (pese a sus escasos 30 años), además de fungir como secretario general de la Corte Real de la casa de Saúd y ministro de Estado.

Reformas económicas

El rey Salmán bin Abdulaziz Al Saúd, junto con su hijo Mohammed, en el año 2016 presentaron un ambicioso proyecto de reformas para dejar la dependencia del petróleo y tener una economía más diversificada. Plantearon un proyecto denominado Visión 2030 que incluiría entre otras cosas la venta de hasta un 5% de la productora de petróleo Saudi Aramco para crear el mayor fondo soberano del mundo, pensando que dicho fondo les ayude a sustituir paulatinamente su dependencia petrolera a partir del año 2020.

Aramco tiene la capacidad de extraer hasta 12 millones de barriles de crudo diariamente, y la transformación de solo un pequeño porcentaje al fondo soberano significaría cerca de 2,086 billones de dólares. También las reformas económicas incluyen privatizaciones de servicios como la salud, educación, nuevos impuestos, todo para que ante un eventual desplome de los precios internacionales del crudo no afecten de forma considerable al reino.

Las medidas propuestas por el monarca y su hijo tuvieron visto bueno del Fondo Monetario Internacional, argumentando que las nuevas políticas pueden colaborar en el marco de un eventual déficit presupuestario debido a la caída de los precios internacionales del petróleo.

Reformas sociales

Por otra parte, el príncipe Bin Salmán ha propuesto una serie de reformas que podrían colocar de cabeza el país. Comenzando con levantar la prohibición de conducir por parte de las mujeres a partir del año 2018, también ha realizado propuestas para que las mujeres puedan eventualmente ingresar a los estadios a disfrutar fútbol y lo principal es el cambio para que Arabia Saudita retome la senda de un islam más inclusivo y moderado.

Se tiene considerado que el país entró en un proceso de transformarse al ultraconservadurismo como respuesta a las revoluciones islámicas en Irán del año 1979 que podrían motivar levantamientos populares que quisieran imponer una versión del islam al estilo del régimen de los Ayatolás.

Esto ha significado, además, que hayan tenido que concesionarse a las posiciones más severas de interpretación islámica bajo el temor que las agrupaciones wahabistas puedan asediarlos y atacarlos, en una práctica sumamente extorsiva que llevó al reino a convertirse durante años a ser el principal patrocinador de grupos terroristas alrededor del mundo previendo que estas organizaciones atenten lejos de su territorio.

Situación que recibió réplicas de otros países ricos en petróleo, acusados durante décadas de ser los sponsors del radicalismo islámico de organizaciones como Al Qaeda o los talibanes, así como de ser los soportes de comunidades islámicas de posiciones violentas en países europeos.

En el cambio propuesto por el régimen de Riad la idea sería enviar a las cavernas los ideales del radicalismo y atraer un islam moderado y atractivo que les pueda ayudar a la atracción de turismo y de inversión extranjera. Por ejemplo, hay un plan de construir un parque de diversiones Six Flags y un centro turístico en el Mar Rojo donde probablemente no apliquen las actuales normas rígidas de vestimenta para las mujeres, a través de la interpretación conservadora de la ley islámica (sharía).

El último movimiento de cara a estas reformas sociales ha sido el compromiso del príncipe de abrir la primera iglesia cristiana en Arabia Saudita; algo que hasta este momento era imposible de imaginar. Se trataría de una iglesia maronita de 900 años de historia que habría sido desenterrada recientemente, se desea restaurar y abierta en honor a todos los cristianos maronitas del mundo, para esto Mohammed Bin Salmán invitó al patriarca de esta Iglesia, Beshara Rai, y además de querer limar asperezas por las tensiones de las últimas semanas con el gobierno libanés, de donde proviene el patriarca Rai, aprovechó de hacerle este ofrecimiento, según destacó el diario kuwaití Al Rai Media.

Purga política y geoestrategia

Otros de los elementos a destacar de las acciones realizadas por el joven monarca, ha sido en primer lugar la gran purga de políticos realizada en su país, incluyendo 11 príncipes, entre ellos el excéntrico magnate Al Waleed Bin Talal, categorizado como el 45º hombre más rico del mundo según la revista Forbes.

Dicha acción de sacar del juego a tantos eventuales opositores políticos podría acarrear aspectos negativos ante las decisiones apresuradas del joven líder. Pero queda claro que su acción se debe a la intención de no tener competencia ante sus reformas arriesgadas.

Por otra parte, el gobierno saudita se ha involucrado en enfrentamientos políticos importantes contra la República Islámica de Irán, en lo que han denominado el avance de la influencia iraní en la región del Medio Oriente, específicamente en los países de Irak, Siria, Yemen; a través de las fuerzas hutíes (chiitas) contrarias al gobierno sunita y Líbano a través del grupo paramilitar (terrorista) y político Hezbolá (Partido de Alá), quienes a su vez integran una fuerza de influencia sobre grupos radicales en la Franja de Gaza palestina.

De los eventos destacables al respecto de este enfrentamiento, se puede considerar la salida del primer ministro libanés Saad Al Hariri; hijo del asesinado expremier libanés Rafiq Al Hariri, y quien desde la capital saudita renunciaba a su puesto por temor a correr la misma suerte que su padre, y al mismo tiempo señalaba el involucramiento de la República Islámica de Irán en los asuntos internos del «país de los cedros».

Esto ha llevado a fuertes roces entre ambos Gobiernos, y a escalar los niveles de tensión que se viven. Exaltando, por ejemplo, las declaraciones del Gobierno saudita de que Líbano está declarando una guerra por las acciones del Hezbolá que consideran afectan directamente al reino de los Saúd.

Para el domingo 19 de noviembre se pactó un encuentro con la Liga Árabe para intentar mitigar el alcance de lo que consideran las «violaciones de Irán», patrocinando, según Riad, grupos terroristas en Yemen y Líbano, así también inestabilizando la región al expandir sus zonas de influencia hasta el propio Mediterráneo.

Nuevo poder regional

Otra de las ideas de todo este crecimiento político de Arabia Saudita a través de su príncipe es el de alcanzar una posición privilegiada como Estado axial, procurando superar a Egipto, lo cual es un proyecto muy ambicioso que no se ha considerado realmente cuál pueda ser la objetividad de este. Sin embargo, los movimientos están estratégicamente motivados a encaminarse hacia ese proceso, y quizás si no es para superar a los egipcios, es al menos para fortalecer un equilibrio favorable a sus intereses en la zona.

Pensando además que, ante la crisis con Qatar, y por una serie de factores adicionales en las crisis del Medio Oriente, un país como Turquía, que estaba considerado dentro del eje de apoyos hacia Arabia Saudita en la estabilidad regional ha cambiado categóricamente sus políticas y están alejadas en cierto modo de los intereses de Riad; y desde hace rato de los intereses de Occidente.

Otro cambio paradigmático que se escucha con fuerza es una eventual coalición árabe con el Estado de Israel, para mitigar el crecimiento iraní en Medio Oriente. Algo que sin duda rompería con décadas de guerras entre ellos al considerar que realmente hay un tercero en medio que pondría en peligro sus esquemas actuales. Aunque está claro que este tipo de iniciativa no está abiertamente demostrada, sino solamente algunos guiños que se escuchan a través de algunos canales considerablemente serios.

Los cambios que pretende el futuro rey saudita sin duda traerán efectos que podrían ser considerados en una reacción en cadena entre otros países alrededor de Arabia Saudita y ni se diga de cara a otros países musulmanes sunitas, en especial porque dentro de los dominios del Reino de Saúd se encuentran dos de los sitios más sagrados del islam, y esto aunado con una reforma religiosa a lo interno del país con dominio sobre estos santuarios en definitiva podrían acarrear una eventual «reforma islámica profunda», aunque esto último es un supuesto apegado a un deseo idealista del autor más que en la realidad tácita de una zona donde cualquier aspecto político mezclado con la volatilidad de los egos religiosos pueden hacer explotar en cualquier momento una guerra de grandes magnitudes, principalmente porque mientras unos pelean por un tema histórico – ideológico y de honor, otros tienen sus agendas conectadas con sus billeteras y sus intereses geopolíticos.

Referencias

Una nueva pieza en el tablero

Los dilemas de la independencia del Kurdistán iraquí

Los kurdos son un pueblo indoeuropeo aparentemente descendientes de los medos y asentados en el sur de Anatolia a partir del siglo X de nuestra era, quienes tuvieron la oportunidad según el Tratado de Sevrespoder lograr independizarse como un Estado moderno. Finalmente, ante las revoluciones turcas (Acuerdo de Lausana) y además por la aparición de nuevos Estados, quedaría su territorio fragmentado en cuatro regiones: Iraq, Siria, Turquía e Irán.

El pasado 25 de setiembre, la región kurda iraquí realizó una consulta popular para promover una independencia de esa zona, lo que podría convertirse en el primer Estado soberano de ese pueblo. El Kurdistán iraquí cuenta con autonomía constitucional desde el año 2005, su capital es Erbil y desde hace muchos años han forjado el establecimiento de instituciones que les serían funcionales en caso que se diera la oportunidad de alcanzar una autodeterminación; algo que están cerca de alcanzar.

Junto al territorio de Rojava (Kurdistán Septentrional) en Siria, que se proclamó independiente del Gobierno central desde el 2012, aprovechando la guerra civil, estos movimientos políticos ponen a temblar la región por los fuertes cambios que puedan ocasionar a una zona cuya división política ya mantiene frágiles la mayor parte de las fronteras trazadas durante el siglo XX y que solo a través de la mano dura ha mantenido ciertos equilibrios gubernamentales.

Dicho referendo fue aceptado por casi el 93% de los 3,4 millones de votantes que estaban convocados (Espinosa, 2017), incluyendo de la región de Kirkuk, que actualmente se encuentra en disputa ante Irak y que concentra grandes yacimientos de petróleo: al menos 10.000 millones de barriles. (Global Security).

El camino siguiente al referendo es sin duda comenzar a negociar diplomáticamente primero con el Gobierno de Bagdad y posteriormente con otros países, tanto de la región como naciones hegemónicas que les pueda alivianar el camino hasta la soberanía plena. En la situación regional, sus primeros grandes escollos a resolver se encuentran tanto en el Gobierno de Turquía como de la República Islámica de Irán por razones distintas, pero alcances del problema sumamente complejos.

Turquía se opone a estos referendos de separación de las zonas kurdas, porque en su territorio tienen parte del Kurdistán histórico y además al menos 15 millones de sus ciudadanos pertenecen a este grupo, con quienes han tenido larga data de enfrentamientos ante intenciones independentistas y que durante muchos años los actos opresores de los Gobiernos turcos sobre los kurdos han sido apoyados por Gobiernos occidentales, por ser Turquía un Estado clave en el Medio Oriente.

Esa alianza de Occidente con Turquía se ha visto modificada en los últimos años desde que han pasado varias situaciones, pero estas en particular marcan una ruptura sin precedentes sobre el terreno actual:

  • El presidente Erdogan ha islamizado el país (ABC, 2016)
  • Ha chantajeado a Europa con el tema de los refugiados (El Mundo, 2016)
  • Se ha acercado al principal enemigo de Occidente en la zona: Rusia (INFOBAE, 2016)
  • Acusó a Occidente de apoyar un golpe de Estado en su contra (Agencia EFE, 2016)
  • Se ha aliado con Irán (y a Siria) por el tema del referendo en el Kurdistán iraquí (Hurtado, 2017)

Ante este panorama, la confianza que pueda existir con el Gobierno turco por parte de los países occidentales, en definitiva, pende de un hilo y al modificar su política exterior por una de beligerancia, se han enfriado un poco las relaciones, y las críticas se han podido ampliar.

Sin embargo, Turquía sigue siendo importante en las intenciones de modificar los equilibrios de la región, especialmente ante el crecimiento de la influencia rusa e iraní, estos últimos aprovechando la ruptura gubernamental en Irak, Siria y el Yemen para lograr ampliar sus zonas de prestigio.

Además, es evidente que para la propia Turquía, lograr influenciar en los territorios kurdos de Siria y principalmente Irak; apartados de sus respectivos gobiernos les puede llevar a controlar importantes recursos estratégicos presentes en esos lugares y promover millonarios negocios.

El dilema político – económico

En el Kurdistán iraquí hay más de 1.500 empresas turcas operando, lo que le brinda empleo a una importante suma de 30,000 trabajadores turcos. Además, esa región se ha transformado en el tercer mercado más apetecido por el gobierno turco donde exportan bienes servicios y tienen varios mercados acaparados, siendo además el 67% aproximadamente de las exportaciones enviadas a Irak, con un monto nada despreciable de más de $8.000 millones anuales (Fidan, 2016).

Basado en esa circunstancia política y económica, el Gobierno turco mueve su maquinaria buscando mayor presencia y poder sobre lo que ocurre. Por esto, a pesar de sus amenazas, sabe que su facilidad para acceder al petróleo exportado desde el Kurdistán, y aunque ha amenazado que lo hará solo a través del Gobierno central en Bagdad (HispanTV, 2017), es una forma de presionar políticamente para evitar una abrupta división de los territorios kurdos, sin embargo tienen claro que de ser un proceso irreversible la separación del gobierno en Erbil, el mejor camino es tener los más altos niveles de influencia posibles.

Por su parte, Irán invierte desde el año 2014 una cifra cercana a los $4.000 millones en la región kurda iraquí, la mitad de lo que invertía en esa región antes de ese año (Iddon, 2017). El cambio se dio por la fuerte influencia iraní en la política económica iraquí post Sadam Huseein lo que les ha llevado a cambiar el patrón de inversión aumentando el monto en el gobierno de Bagdad por al menos $9.000 y por supuesto, el cambio fue por el crecimiento de las inversiones turcas en la zona kurda.

A diferencia de la beligerancia acomodada de los turcos, los iraníes sí presionan para que no se rompa la unidad política en Irak, temen que una región kurda donde no haya control de las milicias favorables al régimen de los Ayatolas rompa con el proceso expansivo que la influencia persa ha logrado en los últimos años, principalmente el temor proviene de que el gobierno de Erbil es un aliado histórico del Estado de Israel, no solo en materia económica, sino otros vínculos que mantienen cercanos a los kurdos y los hebreos, al punto que estos últimos han sido enfáticos en su apoyo al gobierno de Barzani en el proceso del referendo independentista.

Los israelíes son de los principales importadores del petróleo proveniente de las regiones kurdas a través de Turquía y además tienen claro que la instauración de un bastión anti iraní en el terreno les podría ayudar a bajarle el proceso de expansión política – militar del régimen persa.

Por su parte, los iraquíes a pesar de su contra a la independencia de la región kurda, mucho no pueden hacer, su ejército en estos momentos no estaría capacitado para abrir un frente de batalla contra los kurdos, y por el contrario una acción militar podría de nuevo desestabilizar la zona, facilitando un empuje nuevamente de los grupos islamistas que han disminuido su influencia producto en buena parte por la lucha emprendida por el ejército kurdo.

El gobierno de Irak debe presionar de alguna manera para evitar una independencia plena de esa región, para no renunciar a sus recursos y obviamente mantenerlos políticamente dependiente del gobierno central de Bagdad, pero esto ya parece un proceso irreversible aunque no del corto plazo y lo que corresponde es procurar que el impacto no sea muy violento para los iraquíes y además buscar alternativas que atrasen el paso de la independencia de la zona kurda lo más que se pueda.

La comunidad internacional por su parte, se ha manifestado de diferentes modos con respecto al referendo kurdo, principalmente a favor de la unidad del pueblo iraquí, sin dejar de lado guiños importantes políticos, como por ejemplo que el gobierno de Washington haya sido el principal proveedor de armas a las milicias peshmergas, en detrimento de los intereses turcos en la zona.

Sin embargo, la reacción del presidente Donald Trump y su equipo de trabajo a nivel internacional es lento y están desperdiciando la oportunidad en la parte política de arreglar relativamente el entuerto que generaron al sacar a Sadam Huseein del poder en el año 2003, a través de un bastión desde el cual puedan tener controlados a líderes regionales; incluyendo su aliado resentido en Ankara, algunos de sus enemigos en la zona como Irán y Siria, y ni qué decir de uno de sus competidores, Rusia del cual se hablará más adelante.

Mientras que por su parte, como fue mencionado anteriormente, el Gobierno de Moscú ha ofrecido invertir fuertes sumas de dinero en ese territorio en caso de independizarse, a través de su empresa Gazprom (Sputnik, 2017) que podría ingresar en el cuantioso mercado del petróleo de esa zona que tendría capacidad de hasta 45.000 millones de barriles de crudo (Sputnik, 2017). Ha planteado también terciar en un acuerdo entre los gobiernos de Bagdad y Erbil, todo a favor de sus intereses. Si lograra entrar, lo haría en contra posición de los intereses iraníes, pero a favor de su propio bolsillo, y por supuesto de la ampliación de su influencia sobre Medio Oriente.

Para que el Kurdistán iraquí pueda obtener su independencia va a pasar algún tiempo, pero ya las fichas del ajedrez político y económico se están moviendo, algunas con más velocidad que otra y si se pensaba que los conflictos de Siria e Irak estaban por romper el orden establecido en las primeras décadas del siglo XX, con el surgimiento de un Estado Kurdo soberano y reconocido a nivel internacional se colocaría el último clavo a los acuerdos que compartimentaron el Medio Oriente, sin tomar en cuenta en sus divisiones las conformaciones político – sociales complejas con las cuales ellos estaban acostumbrados a administrar sus vidas.

El Medio Oriente después del referendo kurdo

Existen varios momentos históricos significativos desde la división maltrecha realizada por los occidentales a principios del siglo pasado en la región del Medio Oriente.

Comenzando por la división y compartimentación de zonas acostumbradas a vivir en clanes para transformarse en los actuales Estados del Medio Oriente, la histórica división del subcontinente indio que daría paso al establecimiento de Pakistán, las divisiones de la Palestina Británica, por nombrar algunos eventos.

El referendo en el Kurdistán iraquí del 25 de setiembre se transforma en otro momento significativo que podría marcar el final definitivo de la división heredada del Acuerdo de Sykes – Picot de 1916; que, dicho sea de paso, no fue el acuerdo definitivo sobre la región, pero sí el que marca la posterior separación de los fideicomisos británicos y francés en la región confirmados por la Conferencia de San Remo y en el Tratado de Lausana.

Según un acuerdo intermedio a los dos mencionados anteriormente; el de Sévres, donde se otorgaba un territorio de autonomía a los kurdos, con el grave inconveniente que nunca se logró ejecutar y dichos territorios quedarían bajo la administración de los gobiernos en las actuales regiones de Irán, Irak, Turquía y Siria.

Aprovechando la ruptura que se ha gestado desde el 2003 en la región. Al menos en Irak desde el 2005, los kurdos tienen una autonomía que les fue brindada desde la década de los 90, pero es a partir de ese año que constitucionalmente adquieren la condición de Estado Federal, por lo que cuentan con su propia institucionalidad, que les ha permitido asentar con firmeza las bases de un Estado, que podría este 25 de setiembre dar un paso al frente hacia esa independencia de al menos una región de este milenario pueblo.

Tortuoso camino entre la legitimidad y el temor a más tensiones en Medio Oriente.

Cualquier paso en el Medio Oriente genera muchas posiciones a favor o en contra. En estos momentos la legitimidad del proceso kurdo está entredicha porque los principales países en el mundo, aunque algunos han hecho advertencias muy ambiguas o su pronunciamiento es muy tibio para poder decir categóricamente que están en contra. Por otro lado, las Naciones Unidas llaman a un proceso de unificar Irak en vez de promover actos de división y además, hay temor de otros países donde la presencia kurda podría motivar movimientos en búsqueda de autonomía, tales son los casos puntuales de la República Islámica de Irán y la República de Turquía.

De esto último, tanto los gobiernos de Teherán como de Ankara han advertido que cualquier movimiento desestabilizador hacia sus regiones los podría empujar a una eventual operación militar en las regiones kurdas iraquíes, aunque esto se descarta, pero sí motivaría un despliegue militar a las regiones fronterizas con estos países.

Por el momento, el único apoyo directo que reciben los kurdos proviene del gobierno de Israel. Históricamente hay buenos vínculos entre ambas poblaciones y gobiernos, así se respondería por qué el gobierno de Jerusalem directamente muestra sus simpatías ante el proceso kurdo; con quienes tienen vínculos comerciales a través de la compra de hidrocarburos.

Además, es evidente que un Estado aliado de Israel en esa zona, daría un giro al efecto expansivo que ha logrado Irán en regiones cercanas a las fronteras hebreas de los últimos años, aprovechando la guerra civil en Siria y además la alianza natural entre los gobiernos de Teherán y Bagdad desde la caída del régimen de Hussein. Lo que no es algo que piense en positivo solamente Israel, sino otros países occidentales que tienen las mismas preocupaciones, aunque evidentemente ante el panorama actual mucho no lo mencionan.

Definitivamente habrá un antes y un después a este referendo, si en el mismo gana el sí, como está previsto que suceda, lo que se viene será una ardua lucha desde las principales esferas de la diplomacia internacional, y la mano de las principales potencias hegemónicas tendrán que hacer una extraordinaria labor, porque definitivamente el impacto que se dará no solo en la región, sino en los equilibrios actuales serán significativos.

Esa labor que se viene posterior al proceso consultivo debería incluir conversaciones con los gobiernos regionales de Ankara y Teherán para que se queden tranquilos que al menos de parte de ellos no se estaría promoviendo una revolución kurda regional o la creación de un enclave militar para ninguna fuerza hegemónica regional o mundial. Mensaje que deberá de rebote llegar también a las principales instituciones globales y por supuesto a los despachos principalmente en Washington y Moscú, que son los dos gobiernos con más involucramiento en la zona, replicándose en cierto modo también en las altas esferas de la política europea y china.

El golpe iraní a la estabilidad en Medio Oriente

Si existe un “virtual ganador” en las últimas casi dos décadas en el Medio Oriente, ese sería el caso de la República Islámica de Irán. Han logrado aprovechar el río revuelto para ampliar su poder en la región desde los distintos frentes que se han abierto y, además, está logrando romper con los equilibrios de la región que hasta este momento se habían consolidado, pese a las posiciones encontradas que pueda haber al respecto.

El primer evento donde se puede hablar de este empoderamiento iraní en la zona aparece con la invasión estadounidense en Irak en el año 2003. No hay que ahondar mucho para comprender la descomposición que comprendió sacar del poder a Sadam Hussein y la expansión ideológica del régimen de los ayatolas en el gobierno de Bagdad; completa responsabilidad (e irresponsabilidad) del gobierno norteamericano de turno.

La siguiente circunstancia que ha logrado ubicar estratégicamente al gobierno de Teherán en la zona ha sido la guerra civil siria, en particular, la derrota de los grupos opositores y el dominio que hasta este momento posee el gobierno de Bashar Al Assad, significativamente sobre territorios elementales como Damasco, Homs, Tartus (donde hay una base rusa) y Latakia. Estás últimas dos con la particularidad que tienen salida al mar mediterráneo y las otras por su conexión directa con el Líbano, país en que se encuentra asentado el grupo paramilitar y político Hezbolá, que es patrocinado y dirigido desde Irán.

Lo anterior es elemental, porque además de la situación interna siria, la intromisión de los iraníes tan cerca de posiciones del Hezbolá podría ocasionar no solo que haya influencia más directa en las acciones del grupo islamista, sino que el fortalecimiento del aparato militar de la facción chiita sea remozado y al mismo tiempo, tener en cierto modo miembros del ejército iraní en la propia frontera con Israel que ocasionaría un aumento en las tensiones de la región.

Y ya que se menciona el caso particular de Israel, es necesario destacar que el Hamas que lidera la Franja de Gaza a través de su líder Yahya Sinwar, dejaba claro en agosto anterior que Irán es el máximo financista de su organización gobernante en el enclave costero, lo cual supone una amenaza no solo para los israelíes, sino también para un país como Egipto; Estado Axial en la región, quien podría tener en su propio “patio trasero”, la influencia del gobierno persa, con los dolores de cabeza que esto significa en el ejercicio del poder.

Es por este motivo, que el gobierno del Cairo ha intentado ser quien gestione el relanzamiento de las conversaciones de paz entre las facciones palestinas; divididas desde hace más de una década en dos gobiernos con sus propios intereses y agendas, y además plantear soluciones a la crisis humanitaria que el bloqueo que aplican tanto israelíes como egipcios sobre la Franja de Gaza le han causado a la población civil de la zona.

En esta reactivación del dialogo entre ambos liderazgos palestinos, se ha procurado también un cambio generacional de quienes llevan la batuta, previendo la eventual salida del presidente Abu Mazen por tema de su edad avanzada (80 años), por lo que, entre las opciones a esta herencia emerge la figura de Mohamed Dahlan (Abu Fadi), quien ha surgido de entre las opciones con amplio beneplácito de los países del Golfo.

Aunque no todo es positivo para Dahlan y, su presencia genera diferencias de criterio en ambos sectores de las dirigencias palestinas, aunque de igual modo, es evidente el interés que este tipo de conversaciones se dé en un marco controlado fuera de las manos del gobierno de Irán.

Otro ejemplo de este empoderamiento iraní se ve presente en otra región como lo es Yemen. Hay una influencia marcada del gobierno iraní sobre las facciones hutíes, lo que marca la posibilidad de controlar una de las rutas de salida a través del Golfo de Adén y a través del Mar Rojo, ruta comercial importante que conecta con el Canal de Suez y finalmente lleva al Mediterráneo como acceso vital.

Por otra parte, Irán ha logrado en el último tiempo mejorar sus relaciones con el gobierno de Ankara; el cual es en cierto modo un país con características de Estado Axial, y que además patrocina agrupaciones en regiones similares a las que lo hace el gobierno de Teherán, incluyendo a los palestinos de Gaza; zona importante para la estabilidad de Israel y Egipto.

Los ayatolas han aprovechado el distanciamiento que hay entre el gobierno de Recep Tayyip Erdoğan y los países occidentales por diferencias en cuanto las acciones del gobierno turco que significaría una violación a la libertad de prensa y de expresión, así como también, bajo posiciones que parecen excusas como un supuesto “apoyo” de Occidente a los golpistas del régimen, o un apoyo solapado a los kurdos turcos, esto ha facilitado un distanciamiento hacia sus aliados históricos y un acercamiento no solo al gobierno de Teherán, sino además a la potencia mundial, Rusia.

Pero, además, el régimen iraní ha entablado una amistad con Qatar que desestabiliza en cierto modo la región, logrando una ruptura de las alianzas entre los países del Golfo y además, se teme que puedan aprovecharse de una de las plataformas informativas (y de propaganda) más poderosas del mundo; la cadena de televisión Al Jazeera, para manchar ante la opinión pública la situación en los diferentes países árabes, principalmente los de las zonas aledañas al emirato.

Sin duda, la inteligencia del régimen de los ayatolas ha significado un verdadero carrusel para el Medio Oriente. Han llevado a la práctica la máxima de “Divide y vencerás”, al punto que se hace difícil descifrar los próximos movimientos de un país que ha sabido aprovecharse de la intromisión de países ajenos a la región para llenar los vacíos de poder que finalmente van quedando en zonas donde además hay una influencia natural porque logran una cohesión de los clanes y grupos chiitas, especialmente con los sectarios.

El gran reto que tienen los países como Arabia Saudita y aliados es poder contrarrestar este empoderamiento iraní antes que se enquisten sobre zonas de dominio central, especialmente por el apoyo que reciben de potencias hegemónicas como es el caso de Rusia, quien actúa con muchísima complicidad ante la expansión de la influencia iraní en la zona, algo que, para los intereses del gobierno en el Kremlin es de esencial interés geoestratégico.

Finalmente, es interesante que la estrategia de la República Islámica de Irán tiene además una carta adicional, que se está comenzando a analizar desde ciertas esferas de la política mundial. Esto es su relación e intromisión en los asuntos internos de algunos países de Latinoamérica, visto por estos como un grupo que lucha contra el “Imperialismo” y el colonialismo, por lo que han podido ampliar su zona de influencia y alianzas en naciones como Venezuela, Cuba y Nicaragua; razón por la que no es de extrañar tampoco los movimientos políticos que por su parte hace el gobierno israelí en las últimas semanas, porque en estos años no todo es lo que ocurre solamente en Medio Oriente, sino que las alianzas son estratégicas para tener frentes de acción y de empoderamiento más amplios en la generación de las guerras no convencionales, las nuevas tecnologías de la comunicación y las diplomacias de choque.

De ahí también marcaría una de las metas de la visita del Premier Netanyahu a las Repúblicas de Argentina, Colombia y México (además obvio de su visita al Presidente Trump), o las menciones en otra oportunidad cuando se refería a la conformación de un Estado Palestino más parecido a Costa Rica que a Irán; haciendo una clara alusión a que por el bien de la región lo mejor es que ese Estado palestino sea más cercano a una visión occidental que a lo que actualmente se enfrentan con Irán ampliando su radio de poder.

Fuente: El Mundo CR

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