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El éxito y el fracaso de las “empresas islamistas”

Introducción:

 

Los grupos islamistas realmente merecen un análisis para comprender las razones por las cuales sus acciones son exitosas o fracasan. No cualquier grupo que emprende el camino del empoderamiento desde el discurso islámico radical tiene la misma suerte, ya que la labor a realizarse tiene mucho trayecto por realizarse, comenzando con el convencimiento o sometimiento de los líderes de los diferentes clanes en una comunidad islámica, los que logran tener un visto bueno desde ese frente, comienza con el pie derecho su “empresa”, pero con esto no basta y se necesita crear toda una estructura para permanecer a través del tiempo, ya que estos grupos por lo general su primera motivación es ideológica, pero así como “amor con hambre no dura”, una propuesta idealista sin acciones que los refuerce tendrá resultados positivos en el largo plazo.

 

Esto nos lleva a explicar dos casos muy sonados de agrupaciones islámicas cuyos movimientos podrían ser catalogados como exitosos o fracasados en cuanto a la firmeza de las bases que han consolidado o al menos del poder ya sea duro o blando que hayan podido emplear sobre la población para ajustarla a sus ideales.

 

Palabras clave: Islamismo, terrorismo, DAESH, Hezbollah.

 

DAESH (Mal llamado Estado Islámico)

 

El DAESH pierde fuerza en las regiones del Levante, se ha debilitado de aquel ímpetu con el cual arrasó al comenzar su labor. Entrar en el juego siendo catalogado el malo de la historia no le benefició. A pesar de haber ganado mucha fuerza al comienzo de su gestión teniendo a favor poblaciones sunitas en Siria e Iraq principalmente, así como lograr hacerse con el control de grandes extensiones territoriales y productos estratégicos.

 

Su éxito en realidad no es tal, ya que se debió al despertar de una fuerza que se encontraba dormida. Finalmente DAESH al igual que otros grupos islamistas más que ser un fenómeno que aparece y desaparece, es una ideología que se levanta o se vuelve a dormir y su potencia dependerá de cuánta cohesión logre entre los grupos de la región donde se ubica, a lo que además se debe sumar las fuerzas regulares que apoyen su gestión, algo que al menos esta agrupación no logra, ya que a pesar de tener entre sus filas gran número de sunitas iraquíes y sirios, así como otro grupo de “nuevos musulmanes” importados de conversiones radicales llevadas a cabo en el mismo corazón de la Europa contradictoria, además de los llamados a migrar para algunos musulmanes de tercera generación en el “Viejo Continente” y que la propia sociedad se ha encargado de no integrarlos sino que por el contrario les discrimina y les señala como ajenos a la región.

 

Estos diversos grupos, han chocado contra las fuerzas del chiismo, en la región que agrupa al mayor número de estos fieles, y además han sucumbido ante la oposición férrea de otros grupos que no se sienten representados por el DAESH y los continuos golpes de ejércitos regulares (Rusia, Siria, algunos países del bloque occidental), así como guerrillas que ciertamente prefieren lo malo conocido que lo peor por conocer, como lo son los kurdos.

 

La agrupación sunita wahabista sufre además de no contar con simpatías expresas por ningún Estado, ni siquiera de los países que durante años de forma directa e indirecta han patrocinado las actividades de estos grupos como lo han hecho Arabia Saudita o Qatar, pero que ante la impopularidad de los islamistas jamás serían capaces de exponer sus imagen pública; que ya de por sí es deteriorada; con la firma de su cooperación económica, un hecho que es de todos modos un secreto a voces que lo realizan para evitar los ataques al interior de sus países donde conviven con la hipocresía de la violación a los derechos humanos y una poderosa billetera que compra favores alrededor del mundo.

 

La corrupción y el doble discurso que promulgan los Estados de mayoría sunita con fuerte potencial económico, les limita a declararse abiertamente patrocinadores del terrorismo proveniente de este tipo de agrupaciones, por lo que el soporte económico que brinda en algún momento aprovechan cualquier impasse para suspenderlo o fortalecer a otro, lo que no permite nunca que se consolide alguna agrupación en específico.

 

Esto ha llevado a los promotores del Califato a buscar nuevos caminos, ya que al deteriorarse su monarquía de papel, deben ubicarse en nuevos destinos donde lo laxo de sus normas les permitan ganar fuerza y adhesiones, por lo que DAESH comienza a ganar posiciones en el Magreb y en el Sahel africano, pero sus acciones en esas regiones van más de empoderamiento político – social, donde al igual que como lo hace Al Qaeda brindan ayuda económica, social y material a personas desposeídas, lo que les asegura un público dispuesto a absorber las ideas radicales, y quienes curiosamente son parte de los grandes grupos migratorios que posteriormente junto con migrantes económicos huyen a territorio europeo, donde las madrazas y mezquitas salafitas desde hace algunas décadas han acrecentado su discurso anti occidental.

 

A esos movimientos de África hacia Europa, se le debe agregar los “nuevos musulmanes” europeos, quienes regresarán de algún modo a los países de los cuales salieron, y que de ser arrestados infectan a otros en las cárceles, y de no hacerlo buscarán fortalecer los grupos radicales en esa región occidental, lo que ciertamente es un peligro que se viene dando desde hace mucho y con regularidad en las noticias sale el desmantelamiento de mezquitas salafistas o de redes promotoras de visiones radicales islámicas.

 

Y también quedará presencia de estas redes a lo interno del Levante; aún hoy tienen zonas estratégicas bajo su control y su salida de ellas no se prevé sea en el corto plazo. Son regiones donde no perderán fuerza del todo, ya que representan alguna de las visiones de grupos que no se sienten representados ni protegidos por los grupos musulmanes en el poder, principalmente los sunitas no se sienten representados por gobiernos chiitas quienes los han llegado a catalogar de “quinta columna”, aunque no es una opinión generalizada, no ha dejado de ser una parte de los señalamientos contra esta minoría en un país donde el poder está en la mayoría chiita desde la caída de Sadam Hussein con la invasión occidental a principios de este siglo.

 

Más sin embargo, resulta iluso pensar que el DAESH se va a destruir ya que más allá de ser una “estructura”, lo que DAESH promueve es una ideología, la misma que comparten agrupaciones islamistas radicales, con la diferencia quizás de los esfuerzos político militares que han empleado para llevar a un proyecto macro sus actos y que quizás el proyecto propiamente de DAESH es un poco más aterrizado que los movimientos simplistas hacia el terror que han empleado otras agrupaciones como Al Qaeda por ejemplo.

 

Hezbollah, una empresa exitosa al servicio de los Ayatolas.

 

Otro grupo con una visión política islamista que está teniendo éxitos en la región es el Hezbollah, principalmente porque tienen el padrinazgo de un Estado como Irán que ha echado mano de un “Estado accesorio” como lo ha sido Siria para tener un área de acción desde Teherán hasta Beirut haciendo paradas estratégicas en Damasco. Lo que le facilita el trasiego de armas y mantener una beligerancia no directa contra Israel, siendo las regiones en el Sur libanés el sector más afectado por la violencia, principalmente porque Hezbollah utiliza los campamentos de refugiados palestinos como base de operación, bodega de armamento y centro de adoctrinamiento para tener nuevos miembros.

 

El uso de la acción social del grupo pro sirio y pro iraní le da mayor apoyo entre los ciudadanos, ya que durante años el “Partido de Alá” ha levantado escuelas, hospitales, centros de asistencia social, entre otros, lo que le suma adhesiones aunque sea en apoyos políticos.

 

Irán no tiene problemas en manifestar su apoyo al grupo islamista, ya que desde hace muchos años, ha sido declarado parte del “Eje del Mal”, y por sus ideas contrarias a Occidente, sus posiciones combatidas desde varios frentes, por lo que como dice el argot popular “una raya más al tigre” no hace mucha diferencia.

 

También se le suma a la lista de “éxitos” del Hezbollah, que aparte de tener un brazo militar que en ocasiones supera en poder al propio ejército libanés, desde el año 2009 su brazo político fue aceptado legalmente en el Líbano y posee miembros en el parlamento del “país de los cedros”, con Mohammad Raad como líder del bloque parlamentario, donde tienen 13 curules de los 128 que posee el poder legislativo libanés.

 

Además de esto, la geopolítica y las relaciones exteriores del régimen de los Ayatolas les ha permitido abrir otros espacios que les han brindado espacios de acción extra regionales, como sus contactos con el gobierno de Caracas, donde el vicepresidente de dicha nación Tareck El Aissami ha sido catalogado como un importante contacto entre el país caribeño, el gobierno de Khamenei y la agrupación chiita libanesa.
Cabe recordar que además Venezuela tiene un vuelo directo con Damasco, desde el cual se ha sospechado es la ventana de entrada de milicianos chiitas a nuestra región y que hay análisis de inteligencia donde se señala la presencia de miembros de Hezbollah en otras zonas latinoamericanas como la Triple Frontera (Argentina, Brasil y Paraguay), además recordar que dicha agrupación está señalada de ser la autora de los atentados en Argentina contra la Embajada de Israel (1992) y la AMIA (1994).

 

Al igual que el islamismo de DAESH, el islamismo de Hezbollah tiene objetivos expansionistas, principalmente del poder de los Ayatolas y de los movimientos chiitas.

 

También como los salafistas sunitas, el “Partido de Alá” desea exterminar al Estado de Israel y “liberar la tierra santa islámica” que está bajo el poder de un Estado no islámico dhimmi en una clara afrenta a su visión religiosa. Pero además la agrupación chiita, desea ganar más posiciones con respecto a los grupos sunitas que tienen la mayor cantidad del poder islámico, entre eso el control de los lugares sagrados del Islam.

 

Para su labor de “liberación” de la tierra santa islámica de manos de los judíos, Hezbollah cuenta con un esbirro; que curiosamente dice ser de doctrina sunita, pero que por cuestiones de interés “camina sobre la cuerda floja…atrapado en el arco chií Siria – Hezbollah – Irán… y las potencias regionales suníes, a las que se aproxima y con las que comparte confesión religiosa…” (Gara, 2013). Elemento que en ocasiones le resta fuerza o apoyos (a Hamas) porque coquetea tanto con los favores de Teherán como con los favores de países no siempre amistosos con los Ayatolas (Turquía, Qatar, Dubai, etc.)

 

Conclusiones:

 

Es evidente que más allá de querer resaltar lo “bueno” de cualquier grupo radical, el valor de este texto recae sobre la hipocresía a la hora de catalogar el impacto de los apoyos que agrupaciones de esta naturaleza reciben de distintos países.

 

El claro apoyo abiertamente expresado de los países con mayoría chiita hacia el brazo político y armado más exitoso de su corriente en el mundo, contrasta con los apoyos solapados y poco efectivos de los países de mayoría sunita; quienes además son mayoría en el mundo musulmán en general, hacia las agrupaciones radicales como DAESH o Al Qaeda.

Este apoyo recibido por Hezbollah le ha permitido, además de tener un control militar en el Líbano, haberse colado políticamente en los poderes del Estado y tener la posibilidad de controlar por convencimiento o por persuasión militar el país. Líbano tiene la particularidad de que constitucionalmente el Presidente debe ser cristiano maronita, el Primer Ministro un musulmán sunita y el portavoz de la cámara un musulmán chiita, en un intento por unir las visiones sociales distintas del país, pero donde el ejercicio del poder juega un factor determinante para cambiar los objetivos a su favor.

 

Lo anterior, no resta para las agrupaciones islamistas sunitas, que haya beneficios económicos de países como Arabia Saudita, Qatar y otros similares a madrazas o grupos de estudio islámico en países occidentales, donde la expansión de una visión radical del Islam se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza, lo que no impediría a la postre que se desarrollen a lo interno de territorios occidentales grupos que puedan buscar un mayor empoderamiento político, aprovechando el crecimiento demográfico que tiene la población islámica en relación con la media occidental.

 

Tampoco resta la posibilidad que eventualmente se den más atentados terroristas en Europa desde regiones que ya tienen el visto de inteligencia de estar funcionando como “criaderos” de radicales que podrían explotar en violencia en cualquier momento.

 

No se debe dejar de lado, que al estar frente a una idea, la supuesta erradicación de DAESH o Al Qaeda de regiones como Medio Oriente no significa automáticamente que estemos frente al fin del islamismo radical, finalmente a diferencia de lo que estamos acostumbrados en Occidente, donde el éxito militar se resume a un tema de espacio vital y recursos estratégicos, en el islamismo se traduce en controles desde las bases de organización elementales (clanes y familias) hasta llegar a agruparlos y poder construir algo más grande.

 

En nombre del eufemismo de la “Guerra contra el terrorismo”, no ha permitido llegar a una verdadera visión del combate abierto que se tiene contra el Islam radical, el cual adopta  denominaciones genéricas, pero que no quiere decir que ante su destrucción se acabe con la idea, sino que esta solamente adoptará un nuevo alias, para seguir siendo el mismo fenómeno con diferente sombrero.

Sistema internacional y la paradoja de la tolerancia

Cuando se estableció la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1945 su propósito inicial era el de evitar nuevos conflictos en el mundo. El organismo aparece en la época posterior a la II Guerra Mundial y procuraba a través del consenso remediar los principales roces entre Estados y además evitar algún eventual conflicto

La carta fundacional de la organización, brinda igualdad soberana a cada uno de sus miembros, además limita el accionar de la ONU en casos internos de los países, aunque con el compromiso de observar de cerca cualquier violación a las normas internacionales humanitarias, aún bajo la posibilidad de actos coercitivos para garantizar la adecuada garantía de los derechos humanos de cada ciudadano del mundo.

De lo anterior, resulta contradictorio que siendo la ONU un ente cuya práctica sea democrática, plural y en búsqueda de la equidad entre los ciudadanos del mundo, que entre sus miembros se encuentren países cuyas acciones en sus respectivos territorios sean alejados de estos principios, o peor que en los organismos y foros internacionales aprovechen las plataformas con estas características para criticar, juzgar y pedir acciones contra otros Estados, hacer lobby y emitir condenas o resoluciones al respecto.

A este principio tan contradictorio, el filósofo austriaco, Karl Popper le denominó “La Paradoja de la Tolerancia” y de forma muy clara explicaba:

“…La tolerancia ilimitada debe conducir a la desaparición de la tolerancia. Si extendemos la tolerancia ilimitada aun a aquellos que son intolerantes; si no nos hallamos preparados para defender una sociedad tolerante contra las tropelías de los intolerantes, el resultado será la destrucción de los tolerantes y, junto como ellos, de la tolerancia…”

Si bien, una de las intenciones de la democratización de dichos espacios es intentar generar equilibrios políticos involucrando a todos los Estados que sea posible, especialmente en una realidad política internacional tan multipolar. Lo cierto del caso es que en materia de intercambio de ideas, los principales foros internacionales se han convertido en una especie de “circo romano burocrático”.

Un espacio donde las armas de la diplomacia, las condenas y los juicios aplican contra unos pocos estados, con el beneplácito de los lobbies que conforman bloques políticos por afinidad ideológica, favores o empoderamiento regional, y en pocas ocasiones se verán utilizadas estas herramientas emprendidas contra uno de sus aliados

También, la apertura a democratizar los espacios para aquellos que en sus respectivas sociedades no lo aplican hacia sus ciudadanos, hace que las elecciones en organismos y foros internacionales sean risibles y hasta absurdos. Ejemplo de esto, la incorporación de países como Venezuela, Irak, Arabia Saudita, China, Qatar, Burundi o Bangladesh en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU; agencia especializada que fue creada en el año 2006 para la promoción del respeto a estos derechos en el Mundo.

Países como los citados, tienen acusaciones hoy por violaciones flagrantes a los DDHH, en organismos internacionales como Amnistía Internacional, Transparency International, Democracy Index, Human Rights Watch, entre otros. Por lo que resulta anecdótico y fuera de la realidad, que sean estos los países que pueden tomar decisiones y juzgar a otras naciones, entre esas, democracias por supuesto.

Por su parte, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, es un espacio de acción un poco más reducido, liderados por los países vencedores de la II Guerra Mundial, más otros que son elegidos de manera rotativa en períodos de dos años y cuyas resoluciones por lo general tienen a diferencia de otros órganos de la ONU, carácter vinculante, dependiendo del Capítulo de la Carta del Organismo que sea citado y además si una propuesta es o no pasada por el filtro del veto al que las naciones del Consejo Permanente tienen derecho (China, Estados Unidos, Rusia, Reino Unido y Francia).

Aun así, entre los miembros destaca la presencia de Estados que no son ejemplos de democracia ni equidad. Que también actúan de oficio contra Estados que consideran enemigos, o contrarios a sus agendas estratégicas o geopolíticas, algo que contra ellos o sus aliados no permiten que ocurra.

Al parecer el Sistema Internacional con el paso de las décadas se ha desgastado, se ha ido vulnerando  y perdido credibilidad, sin embargo, como decía Winston Churchill que “la democracia es el menos malo de los sistemas políticos… De hecho, se ha dicho que la democracia es la peor forma de gobierno, excepto por todas las otras formas que han sido probadas de vez en cuando”. La incógnita que queda por resolver es, cómo preservar la paz y los equilibrios del mundo, cuando el acceso a tener voz y juicio en las plataformas internacionales abre tanto el portillo para que, tanto líderes democráticos, como dictadores o líderes absolutistas hagan y deshagan a gusto mancillando en ocasiones los principios que los valores del respeto a la igualdad y equidad entre seres humanos son la razón ideológica de las Naciones Unidas.

Un Nobel no muy noble…

El comité Noruego del Nobel escogió este año al Presidente Juan Manuel Santos de Colombia para llevarse el galardón en la lucha por el noble acto de alcanzar acuerdos que terminen los enfrentamientos entre el gobierno colombiano y la agrupación narcoterrorista de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

 

Hay que decirlo de forma transparente, el Premio Nobel de la paz no necesariamente es para quien la logra, sino para quienes hacen los mayores esfuerzos para conseguirla y sus ganadores han sido figuras muy heterogéneas algunas veces: presidentes, primeros ministros, activistas, organizaciones civiles, organismos internacionales, líderes políticos, etc. Se puede estar de acuerdo o no con los ganadores, y habrá premiaciones que serán polémicos como quiénes lo han ganado; Santos por ejemplo fue Ministro de Defensa durante la gestión de Álvaro Uribe en el período 2006 – 2009. Otros condecorados polémicos:

 

  • Barack Hussein Obama en el año 2009 mismo año en que comenzó su gestión en la Casa Blanca, el argumento para tal hecho fue: “Por sus extraordinarios esfuerzos para fortalecer la diplomacia internacional y la colaboración entre los pueblos” (Según el sitio oficial en ese año)

 

  • En el año 2013 lo ganó la Organización para la Prohibición de Armas Químicas con sede en los Países Bajos, cuando todos pensaban que le darían el premio a la activista pakistaní Malala Yousafzai, quien dicho sea de paso obtuvo este galardón en conjunto con el activista indio Kailash Satyarthi en el 2015.

 

  • El obtenido por Shimon Peres, Yasser Arafat e Itzhak Rabin en 1995 después de la negociación de los Acuerdos de Oslo I y II (1993 y 1995) en búsqueda de una solución al conflicto palestino – israelí.

 

Con estos pequeños ejemplos se puede realizar todos los análisis al respecto de si meritorio o no. Por otra parte, no faltará quienes indiquen que consideran este premio una espada de dos filos que compromete y obstruye cualquier posibilidad de que un proyecto a favor de la paz se pueda ejecutar dignamente o por el contrario, que limite las acciones de un gobierno para utilizar medidas coercitivas para imponer criterios; por ejemplo la guerra. En este último aspecto se puede analizar la guerra en Libia, donde Estados Unidos con Obama recién premiado, debió colocarse al margen en las incursiones contra el país liderado en ese momento por Muhamar Gadafi (1969 – 2011), y los bombardeos debieron ser dirigidos por el ejército francés, viéndose esto como un acto del gobierno norteamericano cediendo el poder a otra potencia, algo que en política internacional nunca es bien tomado.

 

Por otra parte, habrá quienes crean que este premio por la paz es uno de los más “politizados” y “prostituidos” por las figuras que lo han ganado y quienes no necesariamente representan para algunos críticos, el ejemplo de lo que significa dicho galardón. En esto se pueden mencionar casos del Medio Oriente como el Premio ganado por el presidente egipcio, Anwar Al Sadat (1918 – 1981) y el primer ministro israelí, Menajem Beguin (1913 – 1992) a quienes les fue otorgado en 1978 después de los “Acuerdos de Camp David” que llevó a la paz entre ambas naciones. Sadat fue uno de los mayores opositores al gobierno del Rey Faruq y parte del golpe propinado por el Nasserismo en 1952, Beguin por su parte formó del polémico grupo paramilitar judío, Irgún que perpetró un atentado terrorista contra el Hotel King David en 1946, lugar que servía de base militar para los británicos que administraban el territorio.

 

Con el último ejemplo se puede ver dos elementos. Primero que a pesar del pasado, las figuras políticas pueden cambiar y hacer diferencia para poder llegar a un acuerdo que corte inmediatamente una situación que parece interminable de conflicto, gran ejemplo de esto Nelson Mandela (Premio Nobel en 1993 junto a Frederik Willem de Klerk) quien estuvo en la cárcel de manera injusta, estando en un régimen de mucha opresión y en vez de seguir el círculo vicioso del odio pudo ser gestor de un nuevo futuro para Sudáfrica.

 

También, demuestra aquella máxima del Ex Ministro de Relaciones Exteriores de Israel, Moshé Dayan “Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos”. La paz puede parecer utópica, pero se ha convertido en una realidad en lugares del mundo, donde se cambió el Statu Quo de la violencia desmedida y se empezaron a construir puentes para algo mejor, no perfecto, pero sí perfectible.

 

Para el trabajo que realizó el Presidente Juan Manuel Santos en su búsqueda de un mejor futuro para Colombia, el premio es un aliciente, no debería convertirse jamás en el objetivo final. El voto negativo a la propuesta para pacificar el país, buscando acabar con el histórico enfrentamiento contra la guerrilla, no quiere decir que ya la labor murió, sino por el contrario y como lo exige la democracia, se debe buscar una vía alterna que tenga más consenso entre la población y que no parezca la compra extorsiva del fin de las agresiones.

 

Finalmente, para ampliar la polémica, se pregunta si debió Rodrigo Londoño alias “Timoshenko” y líder de la guerrilla, también ser envestido con esta condecoración, o si por el contrario, las FARC aprovecharon esta oportunidad para intentar deponer sus armas ante el desgaste que décadas de conflicto les ha dejado y buscar una alternativa que no les obligara pagar a la sociedad por los crímenes cometidos en sus años de enfrentamientos, con secuestros, extorsiones, narcotráfico y atentados terroristas.

 

En la renegociación interna de los acuerdos es donde se podrá determinar la voluntad real que esta agrupación tiene de terminar con los enfrentamientos y quizás su mayor recompensa finalmente sea que puedan dormir en paz con un acto de expiación al menos simbólica ante todas las atrocidades cometidas por ellos y en el combate contra ellos.

Alto al fuego en Siria: El principio del fin?

tregua siria

El pasado 22 de febrero de 2016, las autoridades rusas y estadounidenses anunciaron un alto al fuego en la lucha que emprenden desde hace casi 5 años el gobierno de Bashar Al Assad y la oposición en Siria; además de grupos islamistas que han aprovechado el desorden para aumentar sus zonas de influencia en el territorio. Ambas potencias mundiales actúan como la voz de cada una de las partes de interés; los rusos con su gobierno aliado de Bashar Al Assad y los estadounidenses con los miembros del Ejército Libre Sirio (ELS), por lo que se proclaman los responsables de cualquier acto que uno de estos haga contra el otro.

De esta guerra, el resultado hasta finales del 2015 contabilizaban más de 260 mil personas fallecidas y cerca de 4 millones y medio de refugiados, principalmente en países vecinos (Jordania, Turquía, Líbano) y en Europa. La guerra siria es la peor catástrofe humanitaria de este siglo XXI, por la cantidad de elementos que incorpora y que dificulta una solución efectiva pronto, con un país que además de destrozado ha quedado dividido entre las fuerzas que se lo disputan.

Esta tregua podría resultar como una bocanada de aire principalmente para los civiles que no han salido del país y que viven el diario vivir del fuego cruzado, de la toma de ciudades por parte de soldados, rebeldes e islamistas. Referente al último grupo mencionado, según las potencias, estos no están incluidos en la “pausa” y continuarán dándoles con fuerza. Por lo que los ciudadanos rodeados o administrados por Jabat Al Nusra, DAESH y hasta miembros del Hezbollah que se puedan encontrar metidos en Siria tendrán que dormir con un ojo abierto, atentos porque la violencia no se detendrá totalmente sino que se discriminará por zonas donde haya sospecha de presencia de elementos islamistas. Según informes, son al menos 100 diferentes grupos armados que aceptaron la tregua, algunos conocidos y otros no tanto, esto por el ordenamiento de los clanes y zonas en el país.

Los focos de tensión bajarán un poco, pero no hay una salida definitiva en un corto tiempo que le devuelva a Siria el orden que tenía antes de comenzados los enfrentamientos en marzo de 2011. Un territorio partido en tres principalmente entre oficialistas, kurdos y opositores, sumado a las escaramuzas contra los islamistas que promueven el establecimiento de un Califato regido bajo su versión radical de la ley islámica (sharia).

Por si esto no fuera suficiente, las tensiones entre Rusia y Turquía dan un aire de mayores preocupaciones, porque los comentarios pasados de tono de un sector y del otro no se detienen. Por si fuera poco, el apadrinamiento de Arabia Saudita a los turcos, le agrega más espesura al ambiente, y por supuesto que con la intervención saudita, la República Islámica de Irán muestra los dientes de forma solapada para intentar respaldar las acciones de su aliado en el Kremlin.

Si la escala de las confrontaciones se incrementan, se correría el riesgo de lanzar a la región en una guerra de características apocalípticas, el control de la zona está siendo disputado desde hace tiempo y se necesitaba una situación de estas como una perfecta excusa para dar una verdadera demostración de poder armado de los países con intereses en la zona.

La tregua es un frágil acuerdo, que cualquier confrontación alzada de tono podría romper. Habría que ser muy optimista para pensar que este cese de hostilidades es el camino al fin de la guerra, y sumamente ilusos considerar que este país regresará a las condiciones anteriores al inicio del conflicto, especialmente porque el gobierno de Bashar Al Assad ha perdido la confianza de un sector del país y además que las nuevas condiciones bajo las cuales se encuentran los ciudadanos de las zonas divididas son consideradas irreversibles, por ejemplo el territorio controlado por los kurdos en el Norte del país.

Además, se puede decir que este cese de violencia es solamente un respiro momentáneo, un ajuste en las estrategias y el acomodo de las fuerzas para consolidar la presencia en las zonas que han logrado obtener a lo largo de estos años, además intentar colocar una especie de barrera militar a las incursiones de islamistas para que no puedan ejercer influencia sobre territorios administrados por alguna de las fuerzas principales (Al Assad, Kurdos y ELS), e intentar que sean neutralizados totalmente hasta que su poder pueda ser disminuido y obligarlos a retroceder a una posición no militar sino solamente ideológica. Esto último porque el islamismo es una posición filosófica – religiosa que con acceso a armas extra limita el radicalismo de sus pensamientos y los llevan a cometer actos como los que se han visto en los últimos meses en distintas partes del mundo.

No se sabe cuánto tiempo se extienda el cese al fuego, lo que es un hecho es que pende de un hilo su continuidad, que aún y con intereses de conservarlo, hay elementos que tratará de debilitarlo hasta la ruptura, porque tienen mayor ganancia en una zona convulsa que en un estatus de no violencia.

Discriminación suave – reacción dura

CRUZADAS

Por: Bryan Acuña Obando (Analista Internacional)

El actual ambiente en Europa no podría ser más tenso e inoportuno para las minorías que por alguna razón se encuentran en este continente. Después de los atentados de París el viernes 13 de noviembre, los sentimientos eurocentristas afloraron como nunca, y han convertido la tragedia parisina en el espíritu y motivación para que los ciudadanos comunes y corrientes defiendan de alguna forma los ideales de una “Europa en paz, cristiana y blanca”.

En la dura batalla contra el crecimiento de las migraciones principalmente islámicas, han comenzado a representar esa Europa idealista con símbolos.

Por los atentados de París, la Marsellesa se transformó en el himno de los europeos y en eventos masivos y tan significativos como el fútbol, donde se pueden externar estos sentimientos. Que ciudadanos ingleses, españoles, holandeses canten el himno de un país que no es el suyo en una lengua que no es la propia como muestra de solidaridad, para mostrar el europeísmo en su máximo esplendor, transforma este acto en una señal clara del impacto que los atentados lograron en esta oportunidad, con una mayor fuerza que los ocurridos en Londres o Madrid.

De lo anterior, resulta a la propaganda ultra, el hecho que en el juego entre turcos y griegos, parte importante de los aficionados presentes en el Estadio de Estambul, decidieran chiflar durante el minuto de silencio por las víctimas francesas y se escuchara además el grito de “Allahu Akbar” (Alá es grande). Esto refuerza al discurso que los turcos no deben ser incorporados en la Unión Europea, porque su idiosincrasia es completamente ajena a los valores de esa Europa mencionada anteriormente.

Por si fuera poco, el diario ABC (España), el pasado 16 de noviembre publicó una nota en la cual señalaba el antisemitismo y la islamofobia como dos plagas que afectaban a la sociedad francesa.

En el artículo se señala que al menos un 50% de los ataques judeofóbicos son provocados por jóvenes musulmanes. Se destaca que el ataque al Bataclan se pudo deber a que los propietarios del lugar son judíos. En lugares como el Reino Unido y Alemania los ataques judeofóbicos se dan en porcentajes del 30% y el 35% por medio de agrupaciones islámicas, a pesar de que las comunidades musulmanas en estas últimas dos zonas son mayores que la francesa.

Esas acciones violentas acarrean puntos negativos para la percepción de los musulmanes y brinda herramientas a los ultranacionalistas para continuar en una cruzada ideológica que no afecta solo a los islamistas, sino también a los musulmanes que mantienen presencia en Europa desde el siglo VII cuando se establecieron en la Península Ibérica.

Pero cabe señalar que cuando se da la oportunidad y las herramientas para que se discrimine a una población por el comportamiento dañino que ocasiona una minoría de ésta, se empieza a dar carta blanca para que otras minorías también se vean afectadas o agredidas.

No es nada nuevo señalar como fascistas europeos la han emprendido en reiteradas ocasiones contra africanos, latinos, judíos, indios y asiáticos, tanto a nivel físico como en discursos xenofóbicos y discriminadores desde curules parlamentarias.

En esas oportunidades, se han hecho fuertes críticas desde la sociedad civil, sin tintes ultras como la de estos sujetos. Sin embargo, con la propaganda actual por la cruzada mediática que han logrado con los atentados del “viernes 13”, quienes mantenían una postura moderada, han comenzado a sucumbir en comentarios generalizados de manera “inocente” contra los migrantes de todas las latitudes, especialmente del Medio Oriente, y esto le sirve de carta blanca a los radicales de derecha para expandir sus semillas de odio y para que se les justifique de forma cómplice sus fechorías contra todo aquello que no les huele a europeo.

Este proceso es el que finalmente podríamos denominar “soft discrimination” (discriminación suave) y con una eventual “hard reaction” (reacción dura), porque se comienza con la demonización del que no es europeo, y terminan justificando la violencia irracional que puedan emprender contra estas minorías de forma sangrienta.