Syria and the extinction of Sykes – Picot agreement

The Sykes – Picot Agreement of 1916, shaped the Middle East as we have known it so far. The colonial partition between Great Britain and France, with the initial participation of the Russian Empire who finally fell out of the equation when the Tsarist regime fell under the Bolshevik revolution.

The split would ultimately overthrow the Arab nationalist ideals that involved such groups’ support against the Ottomans during the First World War, as the pledge of support included, giving them territories in the Middle East (with ambiguity as to the Jerusalem’s Sanjak and Regions of Historical Palestine) as well as in the Arabian Peninsula (excluding Aden). This led, during the Franco – British administration, instead of a great nation, to the revolts, to grant independence to territories by manufacturing new national identities based on regions with artificial borders, thus the Syrian, Iraqi, Lebanese, Transjordan, among others, came up as an identity fabrication among the groups that inhabited those areas.

A fundamental problem with these arbitrary divisions, established by colonial interests themselves, was the heterogeneous demographic composition of the regions, which involved tribes and villages with deep religious differences, ruled by minority, dictatorial leaders, protected by a strong military arm.

A Sunni-ruled Shiite majority or vice versa is not a minor element inside the conflict. For example, during Saddam Hussein’s 1991 term, Shiite groups revolted against him. Another example was the Assad government since the 1970s in Syria, which, while guaranteeing the freedoms of social groups in their country without distinction of religion, is known to be an Alawite government, empowered in a Territory of Sunni majority, that has generated distrust and hard hand by the rulers of turn, like the repression to the “Muslim Brothers” (Sunnis) in 1982.

It is necessary to differentiate between the interests of the groups that are involved. The world powers’ reasons for keeping watch over that region is due to the idea of controlling the pivot zones in the Middle East. Hence the alliances existing since the post-colonial period, during the bipolar world and nowadays a world with three main axes of power; United States, Russia and China. The last one with greater positioning in its natural region: Asia and opening a gap in African regions little explored by hegemonic powers in the last century, while the other two focused on the Euro-Asian regions of world control.

Besides, there is an ideological conflict between regional powers, accentuated by the 1979 Islamic Revolution in Iran, and where the old quarrels between Shiites and Sunnis were reactivated, mainly against Saudi Arabia.

The third important element that plays in the regional conflict, are the strategic resources. For the hegemonic countries, they represent a goal for industry and the economy, for the regional powers, a tool to buy the will among powerful countries. In addition, for some power groups, the business of strategic resources enables them to continue to sponsor guerrilla wars as far as possible from their borders in “neutral” regions such as Syria, Iraq and Yemen.

The focus should not be solely on strategic resources. Analysis from a materialist perspective leaves aside an important number of elements that also play an essential role in the region, both geostrategic control, ideological differences and competition for strategic resources are all equally essential for understanding the deep roots of conflict.

Syria today, denotes the breakdown of the artificial order imposed in 1916. A country that has also been a focus of attention from the involvement of hegemonic powers and where, the current chaos could generate the creation of at least three independent regions fighting for their Own independence. It is possible, therefore, that an independent Kurdish state emerge in Syria in the Northeast; With significant oil fields, a Shia – Alawite region also leading other non – Islamic religious minorities in the country ‘s western regions and a Sunni region with access to the Mediterranean Sea. Although, the latter would be defined as bloody clashes of Sunni, Islamist and Pro Assad factions.

This is only the analysis of the Syrian conflict and possible future scenarios. The case of Iraq is similar, the importance of its rupture and the involvement of hegemonic power groups, both regional and global indicate the inscrutable possibility of a new geographic rearrangement of these states, as well as a power struggle to gain control of Important areas.

Once again, ethnic – religious and strategic realities (by resources and territories) will set the tone for the new definition of border boundaries and powers that arise in Iraq. The hand of hegemonic leaders, mainly the United States and Russia, will mark the way for a new version of the agreement in 1916, perhaps more in line with the reality “in situ”, which will mean a population purge that could lead to further spills of blood in the area.

 

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El bullying, otra raya más al tigre de la violencia en Costa Rica

Los liceístas (egresados del Liceo de Costa Rica) nos consideramos entre nosotros “hermanos”, hijos de diferentes padres, la mística que se aprende en una institución emblemática de la sociedad costarricense es un elemento innegable y aunque pasen los años, muchos al ver el uniforme gris portado por algún estudiante de las nuevas generaciones, nos arranca una sonrisa con orgullo.

Habrá quienes como yo, asumimos esa mística de un modo casi religioso, en especial aquellos que además de pertenecer a la institución, formamos parte de los procesos de disciplina de los cuerpos de marcha u otro movimiento que ayudaba a enraizar ese sentimiento de pertenencia al espíritu institucional, a como habrán otros ex compañeros que pasaron por la institución sin mayor apego.

Pero en cualquiera de las condiciones, hay una realidad de la que no escapamos en nuestra época de estudiantes y que no se remonta solo a nuestra generación, sino que es una circunstancia que trasciende en el tiempo, existe una presión social muy profunda y compleja en el entorno y la muerte de nuestro pequeño hermano Sebastián Díaz González, atropellado en esta semana por el tren, aparte de que la consideramos dolorosa nos lleva a hacer una introspección obligatoria.

Cuando era estudiante de secundaria, el “bullying” no existía… ¿Cómo? Se preguntará quien me esté leyendo, y con justa razón. Pero durante nuestra época de colegio el término “bullying” no existía como tal, no habían grandes despliegues de recursos como hoy para intentar evitar que el matonismo hiciera de las suyas y al igual que en la gran mayoría de instituciones de este país, si no lograbas pasar desapercibido en el ambiente, se debía formar parte rápidamente de un grupo en el que tuvieras cierta “protección” o respaldo, de lo contrario serías absorbido y agredido por el medio.

En algunas ocasiones y sin darse cuenta, podría ser uno mismo quien estuviera incurriendo en cierto nivel de matonismo contra algunos compañeros que por alguna condición particular se terminara transformando en víctimas, por considerarlos abajo en la cadena de poder.

Cada vez que hago esta introspección; que siento es más común desde que soy papá, caigo en razón que en nuestra generación la presión del entorno era muy grande y estoy seguro que en la actualidad donde las redes sociales empujan a los jóvenes a actuar de cierto modo de manera muy acelerada es mucho más complejo para poder determinar las señales de algo terrible que se pueda aproximar.

En nuestra época, habían compañeros que ciertamente la estarían pasando terrible ante el comportamiento de aquellos que ostentaban una posición de liderazgo y empoderamiento de modo negativo, imagino que en reiteradas ocasiones contaban las horas en sus casas, deseando que no llegara el siguiente día o que terminara el fin de semana para no tener que seguir viviendo un infierno de sufrimientos y desprecios por parte de personas que se supone deberían ser sus “iguales” en cuanto a la formación.

El matonismo en cualquier época se ha encargado de destruir de los sueños e ideales de jóvenes que como nosotros estaban buscando formarse para ser parte de la historia de Costa Rica y con mucho más orgullo siendo estudiantes del Liceo, cuna de grandes líderes nacionales. Y en nuestra realidad más inmediata, la presión del entorno se ha llevado consigo la vida de un joven y destrozado a una familia completa.

Más que culpar a una institución en específico; aunque tenga su cuota de responsabilidad sin duda, el fenómeno del matonismo es una enfermedad nacional, no es exclusivo del Liceo de Costa Rica, es un problema generalizado que sobre pasa hasta los roles de género, realmente el entorno que desarrollamos es el que finalmente impulsa o no este tipo de comportamientos.

Hay un trabajo integral que como sociedad debemos realizar desde hace décadas atrás. En los hogares prestando atención a nuestros hijos, sobrinos, nietos, etc. no solo en lo que hacen, sino en las relaciones como familia, saber cómo se sienten, dónde andan, qué les gusta o les molesta, con una completa apertura. Por su parte las instituciones educativas tienen una labor de combatir el matonismo desde la formación de los niños en etapa preescolar, pero respaldados con otras instituciones educar a los padres para que combatan el flagelo del bullying y el mobbing (acoso laboral), y el resto de la sociedad estamos obligados a formar a nuestros niños y jóvenes en ambientes donde sean influenciados por personas con principios creativos y no destructivos, intentar sacar de los espectros informativos a los “influencers” que enseñan antivalores y actos de estupidez integral, y también sacar todo aquello que no sea constructivo; narco novelas, música que promueva la misoginia y la discriminación.

Como diría Sebastián Damazzio, buen amigo y hermano liceísta también: “Que la muerte de Sebastián no sea en vano y sirva de punto de quiebre, que comience un proceso de cambio paulatino hacia una conciencia más humanista, hacia una cultura de respeto, hacia los principios puros del liceísmo, que es al final una hermandad” y yo agregaría que este punto de inflexión alcance a todos en el país, no solo al Liceo quien en esta ocasión fue el afectado directo, porque en realidad lo que ocurre es el reflejo de un problema endémico que sufre la sociedad costarricense.

Polonia y el relativismo moral

A comienzos del mes de febrero, el gobierno polaco ratificó una ley donde se pretende castigar a quienes culpen a Polonia de ser partícipes en los crímenes del nazismo durante la Segunda Guerra Mundial. La normativa en particular reitera que Polonia fue un territorio invadido y víctima de las pretensiones expansionistas del III Reich alemán; lo cual en cierto modo es cierto, y que ante este panorama no fueron ellos quienes tomaron las decisiones esenciales del Estado quedando exenta la participación gubernamental polaca directamente en la Shoah.

Sin embargo, a los ciudadanos y algunos poderes de este Estado; como la denominada “policía azul”, no se les puede restar su participación y responsabilidad social y moral aportando a la judeofobia y la persecución contra los judíos antes, durante y después de terminada la II Guerra Mundial.

Polonia fue cuna de grandes obras literarias, teatro, música y otras manifestaciones artísticas que eran muestras del impulso de la cultura judía en Europa; hubo además un empuje religioso a través del jasidismo, participación política tanto comunitaria con movimientos asociados a la Haskalá, así como grupos sionistas y antisionistas que ampliaban el ya de por sí rico y casi “deportivo” debate judío. También a nivel secular, hubo presencia de agrupaciones judeo polacas en política, con participación en puestos dentro del Sejm (cámara baja del parlamento polaco), especialmente partidos de corte socialista, manifiestos durante la Revolución Rusa.

El judaísmo en Polonia sin embargo, fue altamente perseguido en varias etapas de la historia de este país; aspecto generalizado en la mayor parte de Europa en realidad, por lo cual, el nacionalismo polaco afectaba a la población judía del país, lo que ocasionó un proceso de marginalización en cierto modo al no ser considerados por gran parte de los ciudadanos polacos como parte de la sociedad sino que se les acusaba de practicar una doble lealtad. Los judíos en reiteradas ocasiones, vivían segregados en zonas exclusivas para ellos, al menos un 85% de la población judía habitaba en zonas separadas de la población cristiana del país, hablaban yiddish o hebreo como formas de comunicarse entre sí, el polaco era de uso funcional cuando tenían que entablar conversación con no judíos.

Cuando los nazis invadieron el país y comenzaron la persecución contra los judíos, hubo participación directa de ciudadanos polacos en masacres alentadas por los nazis, como fue el caso por ejemplo de la masacre de Jedwabne (más de 300 judíos polacos muertos), o la existencia de una ley que castigaba con pena de muerte a los polacos que escondieran o ayudaran judíos. Aun así, es de destacar que fueron innumerables los casos de personas polacas que se arriesgaron en salvar de modo desinteresado la vida de ciudadanos judíos, testigos hay en la historia de la comunidad judía costarricense que así fue.

Sin embargo, hubo incontables casos de delatores polacos que entregaron a sus vecinos judíos al enemigo nazi para “salvaguardar” sus vidas o sencillamente por sentimientos revanchistas contra el “extranjero judío”. En esto se resume la responsabilidad real que la sociedad polaca tiene con respecto a su participación durante la Shoah, no se les podría culpar de ser parte entre los perpetradores del exterminio, sin embargo es imposible eximir a aquellos quienes, en sus afanes de odio, fueron actores plenos o silenciosos de la tragedia, como acertadamente diría en algún momento de la historia el filósofo británico Edmund Burke, “Para que triunfe el mal, basta con que los hombres de bien no hagan nada.” Algo que sin duda se cumplió con el comportamiento de las poblaciones polacas durante esta oscura época de la historia humana.

Aún después de terminada la guerra, los vestigios de la judeofobia siguieron castigando a los pocos judíos sobrevivientes, por ejemplo un pogrom en Kielce (sureste de Polonia) en 1946, donde fueron asesinados 42 judíos por una turba motivada por un libelo antisemita. Para ese mismo año, gran cantidad de judíos que vivían en el país decidieron migrar, por lo que de los pocos que sobrevivieron al desastre nazi, miles decidieron salir del país, en algunos casos con la consigna de nunca más volver a poner un pie en Polonia.

En la actualidad viven en ese país, poco más de 12.000 judíos, muy lejana quedó la rica y extensa historia de los judíos polacos, con millones de personas desarrollándose en este territorio, pero los sentimientos de judeofobia siguen aflorando con movimientos de extrema derecha, grupos euroescépticos y antisemitas. Cementerios profanados, agresiones xenófobas o racistas, manifestaciones en medios de corte fascista como TV Republika quienes acusan a los judíos polacos de “no defender lo suficiente a Polonia y a los polacos en la escena internacional”, son algunos ejemplos de este comportamiento que parece parte de un círculo vicioso histórico no solo en Polonia, sino en toda Europa.

Es verdad que los polacos no fueron los autores intelectuales o materiales de la Shoah, ante lo cual no hay condena que valga, sin embargo es de insistir que la participación de polacos durante el proceso es un hecho innegable, y los sentimientos judeofóbicos que explotaban en aquellos días, hoy están de nuevo en manifiesto y exponen una peligrosa plataforma para nuevas acciones violentas.

No es la ley lo que resulta dañino, sino el trasfondo e interpretación que esta contiene, como promover eventualmente el revisionismo o el negacionismo, que son la antesala para justificar atrocidades. En defensa de la ley salen muchos de aquellos que consideran la judeofobia un comportamiento válido casi “patriota”, y esto agrega una sazón mucho más peligrosa. A mitad del mismo mes de febrero también en Polonia, se propuso una ley sobre bienestar animal que podría restringir la faena kosher, lo cual ya fue intentado en el 2013 y se le señaló de anti constitucional, pero en el contexto actual, con un parlamento de mayoría ultra conservadora podría aprobar y generar más leyes con afectación directa contra minorías, incluyendo a los judíos por supuesto.

La judeofobia en Europa no es un fenómeno erradicado; aunque se eduque para combatirlo, en realidad el antisemitismo es una criminal bestia que realiza hibernaciones de períodos inesperados y que despierta con nuevos bríos e ideas “innovadoras” para justificar su naturaleza atroz. Lo que antes se concentraba directamente contra los judíos por temas religiosos y de estigmas a la “otroriedad”, convirtiéndose en una práctica socialmente reprochable, hoy recibe la característica de ser políticamente correcto justificando el odio judío a través de las críticas contra el Estado de Israel, lo que ha permitido de esta manera, que algunos “jueguen” al límite entre las críticas a las políticas del gobierno de un Estado y manifestaciones generalizadas contra los judíos independiente de su nacionalidad, ante lo cual es indiferente la posición ideológica dentro del espectro en que se encuentren los grupos que realizan este tipo de prácticas blanqueadas con una construcción de lenguaje muy al estilo del relativismo moral posmoderno.

La guerra mediática iraní

En la denominada “guerra irregular”, uno de los factores determinantes es el uso de la percepción versus la realidad, su objetivo más inmediato se enfoca en desgastar la opinión pública generalizada sobre un opositor político o en este caso, militar.

La República Islámica de Irán, así como otros grupos de medios de información en la región del Medio Oriente, utiliza la manipulación mediática trasladando al opositor características negativas de actos que ellos mismos realizan, pero que por medio de la propaganda “potabilizan” para que sea aceptado como una acción correcta. Por ejemplo, el régimen iraní acusa a los israelíes de “controlar los medios de comunicación” mundiales, mientras que ellos a través de sus redes interconectadas propagan conceptos que en ocasiones extrapolan noticias de contenido “veraz” con propaganda discriminatoria, bulos y libelos.

La República Islámica de Irán cuenta con varias plataformas de propaganda en medios tanto formales como redes sociales, que pueden ser del régimen como es el caso de la cadena en español HispanTV, o que se une a una red de medios que replican el material que el gobierno iraní quiere propagar, como lo hace ANNUR TV (Argentina), Al Mayadeen (Líbano), TeleSur (Venezuela), entre otras, todas estas con su versión en español. El principio con el que venden la información estos medios es que se trata de una “verdad que los medios sionistas no quieren transmitir”, entonces de entrada la noción es falaz para no decir abiertamente que son redes de propaganda favorables a las posiciones de Irán y sus aliados.

Se puede mencionar un par de ejemplos de la propaganda divulgada podría ser que los israelíes son los principales promotores del tráfico de órganos a nivel internacional, o que es un régimen “mata niños” como dijo un alto funcionario del gobierno de Teherán, en ambos casos utilizando el lenguaje para señalar a los israelíes como personajes “malvados”.

Este comportamiento parece sacado de un manual del propagandista nazi Joseph Goebbels sobre la manipulación mediática, en particular dos principios; el de orquestación que señala el objetivo de limitar las ideas y hacerles eco hasta que se graben cual mantra entre la opinión pública y el principio de transposición donde se carga sobre el adversario todos los aspectos negativos que sobre sí mismo puedan estar pesando ante la percepción de la población. La noción de estos principios busca socavar la legitimidad del oponente con el fin de desgastarlo o de minar su imagen delante de otros actores del Sistema Internacional.

A lo anterior se suma la manipulación en la percepción de un “ganador” o “perdedor” durante un conflicto armado. No es de extrañar entonces que los estrategas y analistas con una posición más favorable a la República Islámica de Irán coincidan en ocasiones con ideas tales como que la guerra del 2006 entre Hezbolá e Israel en el Sur del Líbano fue un golpe de autoridad por parte del grupo paramilitar chiita; pese a que las bajas más significativas las tuvieron en las filas de la agrupación libanesa y los civiles de ese país. O por ejemplo, que se considere que las guerras de Israel contra el Hamas en Gaza han sido victorias del grupo palestino por cuanto al final los israelíes se han tenido que replegar, principalmente por presiones internacionales y temas humanitarios.

Un último ejemplo, después que Israel derribó un dron iraní que entró en su espacio aéreo, lanzó un ataque contra varios sistemas de defensa y blancos iraníes ubicados en Siria, mientras un F16 israelí fue impactado por misiles del sistema de defensa S-200 (fabricación soviética remozado), lo cual se catalogó como una victoria, de igual forma dentro del principio de transposición de Goebbels y sumado un aspecto más, el principio de renovación donde la cantidad de información que se despide sobre un tema corre a un ritmo tan acelerado que no permite que haya capacidad de respuesta que pueda contrarrestar lo primero que se transmitió, porque para ese momento habrá aparecido un “nuevo elemento” que actualice el anterior.

Como fue mencionado al comienzo del artículo, la percepción versus la realidad hace que esto ocurra sin mucho cuestionamiento. En el peor de los panoramas, cuando un golpe es recibido, es sencillo desviar la atención vulgarizando la propaganda, o utilizando aspectos que permita idealizar el impacto, entonces por ejemplo, en este tipo de conflictos cuando hay víctimas en las propias filas se convierten en mártires, cuando se logran víctimas en el bando contrario o capturas se transforman en trofeos de guerra y se exhiben como el logro que son, algo que se ha visto en los ejemplos mencionados anteriormente.

Regresando a la idea de Irán, todo este tipo de desviaciones ideológicas vienen a intentar desviar la atención de un aspecto importante, los iraníes están intentando ampliar su radio de influencia en el Medio Oriente a través del patrocinio y arme de agrupaciones paramilitares, como el Hezbolá en el Líbano o las guerrillas hutíes en el Yemen, de este modo lograrían colocarse en una posición estratégica desde donde pueden controlar regiones importantes cercanas al Mar Mediterráneo y el Mar Rojo a través del estrecho Bab al Mandeb.

Además que la posición estratégica le permite trasladar cualquier conflicto armado contra opositores directos; Arabia Saudita e Israel, hacia territorios lejanos al propio donde exponga solamente infraestructura de un tercero y milicianos directamente usados como carne de cañón, no se vislumbra en un corto período que haya una movilización militar manifiesta de fuerzas iraníes hacia territorios hostiles, lo cual sería además una torpeza estratégica, por lo que las guerras de desgaste resultan más “efectivas”.

Por lo anterior es que en varias ocasiones se han manifestado críticas por parte del mundo árabe – musulmán a lo que ellos denominan la “intromisión iraní” en asuntos de otros Estados a través del financiamiento de guerrillas o el envío de miembros de los Guardianes de la Revolución, como ocurre por ejemplo en Yemen o como también se sabe en manifiesto la influencia iraní fuerte en territorio libanés a través de Hezbolá que funge hoy como agrupación política dentro del parlamento de ese país.

Al mismo tiempo, Irán sufre de problemas internos ante los cada vez más constantes choques contra grupos de personas que procuran ideas reformadoras, quienes luchan por mayores libertades para esta generación que no ha conocido otro régimen que el representado por los clérigos chiitas, y también incentivados por la generación más vieja que pudieron ver ambos mundos, el de un país más abierto y pluralista, a uno obsesionado por el control de la religión en las vidas de los ciudadanos.

Mientras más constantes y fuertes sean los sonidos de guerra en la región por parte de Irán contra Israel o Arabia Saudita, más luces de alerta se encienden en las grandes potencias globales; principalmente Rusia y Estados Unidos que buscan evitar que los niveles de beligerancia escalen de nivel. No están interesados en un conflicto que les pueda poner en riesgo sus posiciones estratégicas logradas en los últimos años en la región. Por el otro lado, la República Islámica de Irán amenazó con celebrar 40 años de la Revolución de 1979 destruyendo a Israel, lo que podría eventualmente convertirse en la firma a su propia sentencia y ocasionar que en caso de cualquier agresión militar se ponga fin a este régimen y sea impuesto otro que pueda ser igual de útil en las agendas de las potencias sin necesidad de echar mano a discursos beligerantes o agresivos directamente, con total complicidad de otros Estados árabes que ven en Irán su más inmediato dolor de cabeza, muy lejos del paradigma del conflicto árabe – israelí del siglo pasado.

Fuente: El Mundo CR

¿Cuáles son los objetivos de la política exterior del chiismo iraní?

Como lo mencioné en el pasado artículo en Infobae, si bien Irán no es el único país donde se práctica el chiismo, es el que posee la mayoría de adeptos a dicha corriente (73 millones aproximadamente de 210 en total). A esto se agrega que el liderazgo religioso que se ubica en este país determina la visión de otros grupos en otras naciones. Con la existencia de la ciudad sagrada de Qom, centro de peregrinación por la tumba de Fátima Ma’suma, hija del sétimo imán chiita, y además el corazón de los estudios islámicos de esa rama de la religión.

La política exterior iraní está relacionada con la religión directamente, el ayatolá Jamenei es catalogado como el líder supremo del país. Desde el año 1979, en el marco de la Revolución islámica que sacó del poder a la monarquía del Shah Reza Pahlavi, los religiosos tomaron el poder del país y establecieron su sistema político con un ayatolá como primero en la línea del mando elegido por una asamblea de expertos y es el máximo líder dentro del sistema político de Irán, el principio teológico con el cual se hicieron con el poder fue el de Gobierno del Faqih (Wilayat al Faqih); el Faqih es un sabio en principios y ordenanzas islámicas.

El régimen posee una Guardia Revolucionaria que influye en la política exterior de otros países con fuerte influencia chiita, principalmente en Irak, Líbano, Siria, Yemen y además en la Franja de Gaza, donde tienen relaciones con el Hamas, que es en realidad una organización sunita desprendida de la Hermandad Musulmana, pero que cumple un papel importante en la política exterior iraní al enfrentarse directamente contra Israel. Además, han patrocinado al grupo Yihad Islámico palestino que tiene quizás menos fuerza que el mencionado anteriormente.

Desde la llegada al poder del ayatolá Jomeini (1902-1989), se dieron algunos cambios en la política exterior de Irán. Después de la Revolución islámica, la denominada “crisis de los rehenes” en ese mismo año ocasionó que, a partir de 1980, se diera la ruptura entre el régimen islamista y los Estados Unidos. A esto se sumó la política de Jomeini a la causa palestina, como señalaba Henner Fürtig del Instituto Alemán de Estudios Globales y Regionales (GIGA), mencionado por el medio Deutsche Welle: “Sacar la cuestión palestina del contexto árabe y enfatizar el talante islámico de esa problemática es una constante de la política exterior persa” (2014), por lo que a partir de ese momento el apoyo a través de los Guardianes de la Revolución se hace más evidente y sistemático.

Teóricamente, por ser el Estado de Israel aliado del “Gran Satán” (Estados Unidos), su destino también sería el sometimiento y la destrucción. Las malas relaciones entre israelíes e iraníes tuvieron una pequeña pausa durante la guerra que Irán enfrentó contra el régimen iraquí de Sadam Hussein, ya que, para los intereses de ambos países, Hussein era un mal mayor. Esto ocasionaría que se diera una cooperación armamentista proveniente de Jerusalén hacia Teherán de al menos $500 millones; meses después, en coordinación, los iraníes facilitaron a Israel información básica que funcionó para que la fuerza aérea hebrea pudiera bombardear la planta nuclear de Osirak que temían que estuviera desarrollando energía nuclear para usos armamentísticos. Posteriormente las relaciones se enfriarían, con mucha más fuerza luego de la caída del régimen de Sadam.

Este tipo de relación fue funcional, era evidente que, una vez más, terminada la amenaza proveniente del régimen iraquí, regresarían los enfrentamientos directos entre ambos países. El ayatolá siempre fue directo en mencionar la necesidad de combatir a Israel por considerarlo un país “infiel hostil” (kafir al harbi) y controlar bajo su poder Jerusalén (Al Quds), que insistentemente, aun hoy, indican que liberarán.

La República Islámica de Irán ha realizado abiertos apoyos a la agrupación chiita libanesa Hezbollah (Partido de Dios), que surge en los años 80 como un grupo de oposición contra las Fuerzas de Defensa israelíes (FDI), quienes invadieron El Líbano durante la operación “Paz para Galilea”, cuando, buscando sacar a la Organización para la Liberación de Palestina, hizo que de nuevo el tema palestino tomara prioridad en la agenda iraní. Esta agrupación recibe un fuerte financiamiento, entrenamiento militar, armas a través de Siria y cometen atentados terroristas en diferentes países del mundo. Su objetivo es destruir a Israel, como en varias ocasiones se ha escuchado a líderes iraníes a través de los años.

Hezbollah, que aparece inicialmente como un grupo paramilitar, se transformó con el paso del tiempo en una organización que cuenta además con un brazo político muy fuerte en El LíbanoAl punto de que hoy disponen de 12 escaños dentro de la coalición mayoritaria en el Parlamento libanés, lo que les suma poder político, que está supeditado a lo que la agenda iraní manifieste, como bien lo señalaba el ex ministro libanés Saad Hariri cuando dimitió, en noviembre de 2017.

En su carta política dejan en claro que desean hacerse con el poder en El Líbano para acabar con el sectarismo y al mismo tiempo lograr una unidad nacional y el poder de las mayorías sobre las minorías para que trabaje el Estado en función de grupos de coalición bien estructurados y no la atomización actual. En cuanto al ala militar, posee una fuerza superior a la de muchos ejércitos de la región, con un aparato castrense bien remozado a través del gobierno de Teherán.

Además, en otras regiones del Medio Oriente, la República Islámica de Irán posee una influencia determinante para la estabilidad de la zona. En la Irak pos Sadam Hussein, por ejemplo, hay una fuerte influencia de carácter económico y a través de las peregrinaciones iraníes hacia territorio iraquí por elementos propios de la religión, aunque la influencia por la interpretación chiita iraní hace que tengan divergencia en cuanto al criterio sobre el principio de Wilayat Al Faqih que no es compatible con las escuelas religiosas iraquíes de Nayaf y Kerbala (Botta, 2010). Sin embargo, el principio básico sobre el cual Irán tiene su influencia en Irak es a través del vacío de poder que dejó la caída de Sadam y la posterior salida de las fuerzas armadas estadounidenses del territorio sin completar una agenda que nunca quedó clara.

En Siria, los iraníes se han transformado en garantes de la continuidad del régimen de los Assad en el poder de este país árabe, especialmente durante los últimos casi siete años de conflicto que vive este país. Uno de los que más ha colaborado para que el régimen resista ha sido la República Islámica de Irán, así lo deja ver el apoyo en materia económica, humanitaria y hasta militar a través de los Guardianes de la Revolución y Hezbollah.

Esto ha tensado las ya de por sí complejas relaciones con Israel, que ve en el crecimiento de la alianza un espacio aprovechado por los iraníes para acercarse a la frontera que sirios e israelíes comparten y, al mismo tiempo, complementar su espacio de influencia que ya han logrado en zonas estratégicas como El Líbano (Hezbollah) y Gaza (Hamas y Yihad Islámica), donde además de tener cerca a los israelíes, pueden observar a otro Estado axial: Egipto, con quienes no tienen relaciones tensas, pero dadas las alianzas egipcias con los Estados del Golfo, no hay una cercanía ideológica muy estrecha y se miran con cierto recelo.

Finalmente, la política de los ayatolás alcanza también con su influencia un país sumamente empobrecido y golpeado por sus divisiones internas: Yemen, donde no necesariamente hay una fuerza militar explícitamente asociada con los iraníes como en los otros casos, pero sí existen referencias a que las guerrillas paramilitares hutíes son armadas a través de las Fuerza Quds (Guardianes de la Revolución). Según destacan, desde el año 2010 han recibido cerca a los $25 millones anuales; además reciben armamento desde el año 2012. En 2015 fue detenido un barco que arribaba a este país cargado de armas, explosivos y misiles antiaéreos provenientes probablemente de Irán.

La influencia en Yemen se debe efectivamente a su enfrentamiento directo contra Arabia Saudita por el tema de hacerse con el mayor control regional posible, principalmente porque, desde el mar Rojo, a través del estrecho Bab al Mandeb, pueden controlar parte de las rutas comerciales más importantes de los sauditas hacia regiones mediterráneas, razón también por la que la salida hacia el mar Mediterráneo, como fue mencionado anteriormente, es interesante.

Si bien el movimiento radical islamista de los wahabistas o los salafistas tiene una posición más ortodoxa y pragmática de la religión, busca imponer una visión del islam más “pura” y que ayude a luchar contra la “apostasía” y la “herejía”, se debe diferenciar de los objetivos chiitas en Irán, los cuales buscan hacerse con el prestigio en diversas zonas del Medio Oriente, no ocupando directamente los territorios, sino más bien a través de la influencia económica y dogmática posteriormente.

Por último, además del dominio político y económico, Irán busca flanquear a sus diferentes enemigos e imponer su agenda sobre los demás. Más allá de un enfrentamiento por cosmovisiones religiosas contra los sunitas en general, se trata de una expansión de carácter político-ideológico para lograr un lugar de privilegio entre el mundo islámico estandarizando los objetivos políticos regionales contra grupos que consideran un peligroso germen que se ha establecido en el corazón del islam y deben ser arrancados de allí.

 

Fuente: Infobae

Chiismo iraní y su influencia política

En un artículo anterior publicado en Infobae hacía referencia al radicalismo islamista institucionalizado a través de dos corrientes del islam hanbalí: el salafismo y el wahabismo, patrocinado principalmente por países como Arabia Saudita o Qatar, que, en los últimos años, se han dedicado a disminuir los recursos destinados para la lucha implementada por sus ideologías.

Sin embargo, es evidente la necesidad de exponer el radicalismo proveniente de clérigos y practicantes de la otra corriente islámica más importante: el chiismo, principalmente porque, al menos en América Latina, específicamente en Argentina, fueron células de esta corriente islámica quienes actuaron en atentados terroristas contra la Embajada de Israel, en 1992, y contra la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), en 1994, atribuidos ambos al grupo islamista libanés Hezbollah (Partido de Dios), en complicidad con el Gobierno de la República Islámica de Irán.

Además, es el grupo islamista que tiene fuertes nexos con la República Bolivariana de Venezuela, con presencia en la denominada “Triple Frontera” entre Brasil, Paraguay y Argentina, y también confirmada presencia de efectivos favorables a esta agrupación en el Perú. Pero es imperativo conocer de dónde surge el radicalismo proveniente de este sector. Significativamente inferior al islam sunita en cuanto a número, además de tener menos adeptos, posee una lucha de supervivencia en algunas regiones contra la rama mayoritaria del islam, porque, dependiendo de la región, sus ideas son consideradas heréticas.

Es diferente del sunismo, que no tiene una estructura clerical centralizada, sino que cada escuela de pensamiento posee sus propios líderes que determinan interpretaciones y hay varios grupos de religiosos que aportan a temas jurídicos y religiosos; también, a pesar, claro está, de la existencia de la Casa de la Fatwa en Egipto, desde donde salen grandes interpretaciones de la normativa islámica, pero el alcance, dependiendo del grupo, es un poco menos aceptado como vinculante por todos. El chiismo, en cambio, tiene una jurisprudencia un tanto más homogénea, acatan los dictados que den las autoridades religiosas y esto se extiende entre la mayoría de las comunidades chiitas, con ciertas diferencias de criterio, pero que no son tan antagónicas entre sí como ocurre entre los grupos sunitas, sumamente dispersos.

Ciertamente es obligatorio señalar que el islam chiita posee su propia jerarquía piramidal, con el imán  como la figura más importante. La mayoría son duodecimanos, es decir, que creen en la existencia de 12 líderes (imanes) que legislan sobre la vida de los musulmanes. El último de estos (Muhammad Al Mahdi), según la tradición chiita, se encuentra oculto y aparecerá en los últimos tiempos al lado de Jesús (Isa ibn Maryam) a juzgar a la humanidad.

Pero después de la figura de los imanes, existen otros personajes que se convierten en esos representantes de lo divino en la Tierra y los encargados de realizar la interpretación (ijtihad) de los textos sagrados. De esta manera, surgen, en orden de jerarquía: el gran ayatolá (gran signo de Dios), ayatolá, el hoyatolesmam (guía espiritual), Mubálig al-Risala (predicador del mensaje), mujtahidín (licenciado en exégesis) y tálib (seminarista religioso).

El orden de esta jerarquía es decidido por una serie de intérpretes y las palabras que provengan de estos se convierten en vinculantes para todos los chiitas de diversos sectores y territorios. Dicho sea de paso, es en las ciudades de Qom (sudeste iraní) y Mashad (noreste iraní) donde se asientan los intérpretes (mujtahidin) más importantes del chiismo de Irán, mientras que en Nayaf (sur iraquí) y Kerbala (suroeste iraquí) lo hacen los intérpretes de Irak. En ambos casos ellos se encargan de realizar sus edictos más importantes. A diferencia de los sunitas, que cerraron las interpretaciones en el siglo X, los chiitas mantienen abierta esa opción y continúan hoy contextualizando, estudiando y reestructurando sus ideas con respecto a ciertos aspectos de la vida de todo musulmán.

Otra serie de diferencias dogmáticas son marcadas en el islam chiita con respecto a su contraparte sunita y vale la pena tenerla en consideración para comprender las luchas internas:

-El chiismo no reconoce la validez de la sunna islámica, sino que, en su lugar, reconoce el Akhbar (las noticias del profeta); añaden el Tratado de Elocuencia (Nahj al Balagha).

-Tiene tres tiempos de rezo en vez de cinco.

-Agrega textos en la plegaria fúnebre.

-Aplica el denominado quinto (khums), que es un impuesto del 20% sobre los excedentes como forma de hacer limosna (zakat).

-Aplica el matrimonio temporal (Mutah).

-Agrega lugares de peregrinación a mausoleos y tumbas, algo que en las visiones del islam sunita más ortodoxo es causal de llamar a herejía (González, 2015).

Estas son algunas de las diferencias ideológicas, irreconciliables para algunos, que hacen de la cosmovisión chiita más compleja en su relación directa con los grupos sunitas; a esto se le debe agregar el conflicto moderno entre Arabia Saudita como principal país promotor de las visiones más conservadoras del islam sunita (wahabista) y la República Islámica de Irán como principal país chiita, que además ocasiona impacto directo en la política internacional del Medio Oriente y otras regiones.

El objetivo más importante de la doctrina islamista iraní, que difiere de las doctrinas iraquíes en muchas ocasiones y que es el principio fundamental por el cual un clérigo del rango del líder supremo (un ayatolá) asume las riendas más importantes del territorio después de la salida del líder político Shah Reza Pahlavi, es la interpretación del principio de Wilayat al-Faqih que se usa con el significado de alguien con la autoridad para gobernar desde todos los frentes posibles, en una autoridad recibida por los imanes y posteriormente transmitida tras su ocultamiento a las otras figuras espirituales importantes.

Prácticas como la guerra contra los incrédulos, en parte del esfuerzo (Yihad) por el honor de Alá, solamente podría estar fundamentada por la presencia del imán desde algunas interpretaciones: “Al Allamah Al Hilli declara: ‘Es obligatorio llevar a cabo la Yihad contra los judíos y los cristianos hasta que paguen jizya (impuesto a los no musulmanes) o se conviertan o mueran, y obligatoriamente en el resto para convertir a los muertos. Esto es con la presencia del imán'” (Tadhkirat al-Fuqaha).

Dicha interpretación es en el caso de un enfrentamiento armado contra grupos judíos o cristianos, para lo cual se establece que solamente el imán podría en cualquier caso llamar a la yihad de la espada contra estos colectivos. Sin embargo, el ayatolá Alí al-Sistani de Irak indica: “Dios no te prohíbe, en cuanto a aquellos que no te han combatido en la causa de la religión ni te expulsaron de tus habitaciones, que seas bondadoso con ellos y actúes con justicia hacia ellos; seguramente Dios ama al justo” (Al-Sistani). De este principio se desprende que, en determinados casos, cuando consideren que un no musulmán no se ha comportado de manera correcta en un territorio donde se le ha dado acogida, es imperativa la acción militar, por cuanto sería considerado un acto de legítima defensa.

Lo anterior se respalda con las palabras de los ayatolás Sayyid Mahmud Taleqani (1910-1979) y Murtaza Mutahhari (1920-1979), quienes argumentan a favor de una yihad de la espada por temas de honor, no egoístas y en defensa de los bienes del islam. Los alcances de esta guerra contra los transgresores de lo divino sobrepasan los territorios donde estén ubicados y se puede interpretar que se les persiga donde quiera que haya parte de su presencia (Corán 2: 191-193).

De este modo se podrían comprender los intentos por ampliar su influencia político-militar por parte de la República Islámica de Irán en los territorios del Medio Oriente, principalmente en los países más cercanos, donde han expandido su radio de participación a través de los guardianes de la revolución, y el apoyo a células y facciones militares en diferentes lugares de la región (El Líbano, Siria, Yemen, Irak, territorios palestinos), argumentando su lucha contra los invasores y los opresores del islam y contra aquellos que han traicionado al islam y sus principios fundamentales.

Así es como el gobierno iraní ha obtenido mayor prestigio en la región y ha logrado, a través de las alianzas que posee con potencias globales como Rusia, llevar adelante su agenda de política exterior, la cual abordaré en futuros artículos.

Fuente: Infobae

Las principales víctimas del radicalismo islámico

El tafkirismo es la acción islámica de declarar a otro musulmán como hereje o apóstata; la raíz del término proviene de la palabra kuffar, que significa ‘infiel’. La denominación de hereje dará como resultado que pueda ser declarada la guerra contra ese “infiel” y se hace principalmente a través de un edicto religioso (fatwa); está prohibido en el Corán asesinar a un creyente (Corán 4:93).

No es una ideología practicada por todos los musulmanes, ciertamente destaca que se trata de una medida utilizada por los grupos más ortodoxos y de visión más integrista, especialmente entre salafistas y wahabistas, ambos grupos provenientes de una rama del islam hanbalí, muy arraigado en los países del Golfo, y que va teniendo cada vez más alcances entre países de otras latitudes de mayoría islámica, además de países con importantes comunidades musulmanas.

Históricamente se puede explicar que el salafismo, proveniente del término salaf en alusión a los ancestros piadosos del islam, es un movimiento del islam sunita (escuela hanbalí) que tiene sus primeros orígenes ideológicos entre los siglos XIII y XV, aunque su auge más prominente se dio desde finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, principalmente con el surgimiento de los “hermanos musulmanes” a través de Hassan al Banna, en el año 1928. Posteriormente, se vivió un período de dispersión por varios países, incluyendo Arabia Saudita, donde las doctrinas salafistas adoptaron además los conceptos de la rama hanbalí autóctona de esa región que es el wahabismo, lo que la haría radicalizar sus ideas aún más.

La ideología salafista basa sus principios en los siguientes elementos, como bien explica Koldo Salazar:

Lectura literal del Corán.

-Seguimiento del Corán, hadices y Sunna exclusivamente otorgando a este corpus teológico la veracidad del islam.

Seguimiento de los hadices (dichos y hechos de Mahoma) e imitación del profeta del islam en todo lo relativo a actitudes, forma de vida pública y privada, forma de vestir y estética.

Desculturización del musulmán, ya que la cultura representa una forma más de contaminación del islam, de modo que debe ser eliminada para retornar al sistema cultural de los Salaf.

-Proyecto político mediante la refundación del islam al propiciar la vuelta de los musulmanes a la fe originaria instaurando sistemas políticos islámicos.

Uso de la prédica como método político para concienciar sobre la necesidad de volver al islam verdadero y desde ahí iniciar un proceso político de catarsis y limpieza interna empezando por la purga de la educación.

El salafismo además, posee tres movimientos básicos: quietista, político y revolucionario. Este último es el que, desde una interpretación activa, reconoce la necesidad de la versión beligerante de la denominada “Yihad”, mal traducida como “guerra santa” y que, en realidad, se trata del esfuerzo para que la palabra divina prevalezca (Bujari XI-1218), por lo que asumen posiciones violentas en ocasiones para hacer volver a la senda correcta a los descarriados y luchar contra los kaffir (‘infieles’).

Por su parte, el movimiento wahabista, cuyo origen proviene directamente de Arabia Saudita, basado en las enseñanzas de Muhammad bin Abd-al-Wahab, quien durante el siglo XVIII logró un pacto con Muhammad bin Saúd, emir de Al-Diriyya, quien posteriormente se transformaría en el fundador del poderoso clan de los Saúd que hoy gobiernan sobre el Estado moderno de Arabia Saudita. La dinastía de Saúd se encargaría de los elementos políticos del territorio, mientras que Al-Wahab se ocuparía de la formación religiosa. De esta manera se gestarían los cuatro pilares fundamentales del wahabismo y al mismo tiempo se podría invertir recursos en la denominada “Dawah”, que es la “invitación” a otros a aceptar la verdad proveniente de Alá a través del profeta Mahoma (Corán 7:157-158; 41:33; 12:108). Se utilizó inicialmente como proceso de combate al politeísmo, de manera que quienes no conocieran de lo divino pudieran optar por el camino del islam (Bujari XLVI–1266).

La Dawah es un concepto islámico general, no es solo de las visiones radicales mencionadas; aplica tanto para convertir politeístas como monoteístas dhimmis (‘protegidos’; cristianos, judíos y zoroastristas), y en la versión de este artículo, para que quienes hayan “abandonado el camino correcto” tengan oportunidad de retomar la senda justa y practicar el islam más puro.

De este modo, los pilares wahabistas se pueden describir del siguiente modo:

Tasrik: prohibición a rezar en nombre de una persona muerta. Así haya sido un gran santo, es considerado haram (‘cosa prohibida’) y pecado de idolatría. De acá se desprende la amenaza por parte de los islamistas a destruir lugares de peregrinación islámicos como la Meca, Medina o el santuario del Imam Husayn (chiita) en Kerbala (Irak), también el ataque contra mausoleos y tumbas de otras religiones.

Taysim: prohibición de darle a Alá cualquier forma antropomórfica. De este se podría explicar el principio bajo el cual las caricaturas contra lo divino del islam se consideran una afrenta sumamente grave.

Tabdi: llamado a la pureza de la interpretación islámica y el retorno a la simpleza de los Salaf. Esto explicaría la justificación por la que atacan otros grupos reformados o que tienen costumbres místicas como los sufíes.

Yihad: desde una visión similar al salafismo, persiguiendo a los que “manchan” o “tergiversan” el islam, a través de la visión revolucionaria.

La noción del salafismo y el wahabismo con respecto a los principios occidentales es que estos contaminan el islam, y también todo movimiento que busque reformar los principios interpretativos del Corán y su jurisprudencia es considerado herético.Por esta razón es que las principales víctimas del radicalismo islámico son otros musulmanes. La página Jihad Watch registra cada atentado que ha ocurrido en el mundo producido por radicales musulmanes. Al 8 de febrero de 2018 se registraban 122 ataques en 19 países, los cuales causaron 788 muertes y más 1150 personas heridas.

“El salafismo considera que los elementos como la democracia, el modernismo, el capitalismo o los modernos sistemas sociales como agentes nocivos para el islam. Como toda creencia fundamentalista, más allá de la intención de volver al pasado glorioso, nos encontramos con otras características como la interpretación literal de los textos religiosos” (Salazar, 2015).

De lo anterior se desprende la interpretación islámica sobre la propagación de la enseñanza del islam, ya que todos los lugares del mundo son territorio para el proselitismo. Las tierras que han estado en manos de musulmanes históricamente son consideradas tierra del islam (Dar Al-Islam), y todos los lugares donde el mensaje del islam no ha llegado esta interpretación los considera Dar Al-Dawah, es decir, la ‘tierra de la invitación’, en especial si allí hay musulmanes con una visión “atrofiada” de los principios puros, pero también optan por perseguir a quienes consideran infieles de otras religiones.

El concepto de “tierra de la guerra” (Dar Al-Harb) es una idea proveniente del siglo VIII (Califato Abasí) y utilizada sobre los países donde los musulmanes no puedan vivir conforme a sus normas éticas y religiosas. En la visión más radical se trata no solamente de una libertad de aplicar la Sharia (ley islámica) en países musulmanes, sino que sea la normativa jurídica que aplique sobre los musulmanes de cualquier lugar donde se asienten en el mundo, incluyendo países con sus propios sistemas legales. De no lograr dicho objetivo, la reacción inmediata es violenta y optan por atacar todos los principios bajo los cuales se rigen los países no musulmanes, como ocurre en ocasiones con revueltas de musulmanes radicalizados en países occidentales (Alemania, Bélgica, Francia, Suecia, etcétera).

Esto ha llevado durante años al financiamiento por parte de países influenciados por el salafismo y el wahabismo; Arabia Saudita y Qatar, por ejemplo. Enviando financiamiento a grupos organizados de modo internacional en estos ideales o patrocinando madrazas y centros de estudio radicales en otros países del mundo, incluida Europa. Ya en los últimos tiempos esto ha disminuido por los cambios en paradigmas políticos y militares de dichas naciones en la búsqueda de objetivos más económicos y globalizadores, por lo que la violencia del salafismo y el wahabismo de nuevo retorna a lo interno de los países musulmanes, donde desean volver a imponer los principios de la purificación religiosa.

Para terminar, queda en evidencia que el germen de los grupos radicalizados afecta principalmente a los países musulmanes, que la denominada “guerra islámica” es mucho más compleja de desenredar considerando la serie de factores que llevan a la expansión de visiones radicales, pero principalmente las pocas posibilidades que hay de luchar contra una visión que desea devolverles el “honor” a principios que consideran mancillados por quienes combaten a diario no contra los radicales, sino contra el islam como un todo.