Cerrar

Turquía, un nuevo foco de inestabilidad en Medio Oriente

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan desde hace tiempo ha cambiado radicalmente su política exterior con respecto a Occidente. Primero empezó a modificar las normas a lo interno con respecto a la laicidad del Estado, lo que ha empujado al país a una visión más conservadora, muy alejada de los principios políticos de Mustafá Kemal Pasha (Atatürk) quien rescató un país desmembrado por la I Guerra Mundial y le dio una nueva oportunidad para ser moderno y secular.

Erdogan posteriormente acusó a Occidente de ser cómplice de su opositor político, el teólogo musulmán Fethullah Gülen, exiliado en los Estados Unidos, de un intento de golpe de Estado en su contra, lo que además le ayudó a poder hacer una purga contra opositores políticos y limitar libertades individuales entre estas la de prensa. Sobra decir que se acusa al gobierno turco de haber gestado un auto golpe como excusa para sus movimientos políticos.

Turquía es miembro de la OTAN con uno de los ejércitos más poderosos de esta alianza militar occidental. Pero desde noviembre de este año se ha señalado que los turcos se han alejado militarmente de esta alianza para tener conversaciones más estrechas con el gobierno ruso, catalogado de estratégico ante el distanciamiento que el gobierno turco tiene con los gobiernos de Occidente, lo que algunos señalan como el inicio de una ruptura total entre Ankara y la alianza militar con la Organización del Tratado del Atlántico Norte.

El gobierno de Erdogan también ha acusado a los Estados Unidos y Europa de querer desestabilizar su país al patrocinar a las fuerzas kurdas en zonas delicadas como Irak y Siria, movimientos que podrían reforzar los intereses de la enorme población kurda en su territorio con afanes independentistas.

Los movimientos de Turquía se complementan con el acercamiento sustancial entre el gobierno de Ankara y los gobiernos de Teherán y Bagdad; este último fuertemente influenciado por el régimen iraní, aunque también tiene una agenda donde recibe beneficios de países como Estados Unidos y el bloque europeo. También, el gobierno qatarí se ha aprovechado de esta nueva alianza para salir de su situación de bloqueo impuesta por los países árabes que desde junio pasado rompieron con este Estado por sus relaciones con la República Islámica de Irán y bajo acusación de ser sponsor de organizaciones terroristas en el mundo.

Esta apertura hacia el gobierno de Doha, llevó a que el 26 de noviembre anterior firmaran un acuerdo comercial con Turquía e Irán, lo que transformaría el territorio iraní en puente para los negocios entre qataríes y turcos.

El gobierno de Erdogan se ha convertido también en un importante vocero de la causa palestina, principalmente en lo que corresponde a la Franja de Gaza, aunque con las últimas manifestaciones del presidente Donald Trump con respecto a Jerusalem y la capitalidad de Israel, en el marco de la “Cumbre Islámica sobre Jerusalem”, organizada por la Organización para la Cooperación Islámica (OCI), mostró su apoyo al gobierno de Mahmoud Abbas y lograron una declaración de capitalidad palestina sobre el territorio de Jerusalem Oriental, en el ranking de países islámicos con una posición positiva, Turquía ha acertado un buen golpe, lo que al mismo tiempo condenará a los líderes palestinos; principalmente Mazen, a obedecer a la agenda planteada por Ankara.

La posición de Turquía con respecto a Israel es beligerante, los intercambios entre ambos gobiernos son sumamente altisonantes, por ejemplo durante el incidente contra la embarcación Mavi Marmara en 2010 se congelaron las relaciones entre ambos países y de no ser por la intermediación de Occidente la ruptura habría sido permanente. Y en los últimos días los mensajes que se lanzaron fueron fuertes también, el llamado por parte de Erdogan a Israel como “Estado terrorista”, y la respuesta de Netanyahu que no recibiría juicios de un país que viola el derecho internacional asesinando opositores políticos; en referencia a los 17 kurdos del PKK asesinados por el régimen turco en los últimos días.

Todas estas acciones turcas se encaminan a cambiar los ejes de poder de la región, la cual al menos en el mundo islámico circula primordialmente entre Irán y Arabia Saudita, más países que son pivotes de sus respectivas zonas, Jordania, Egipto y Turquía, poseen liderazgo en el mundo musulmán, pero está claro que los equilibrios por el momento se concentran en Riad y Teherán, y los roles de Ankara y el Cairo son esencialmente axiales por sus características geoestratégicas.

Los turcos quieren asumir un papel menos de contención y más de influencia, siendo una voz cantante para los balances, por esto hay una urgencia por conservarlos, contenerlos o neutralizarlos políticamente hablando por parte de las fuerzas hegemónicas globales, de caso contrario el equilibrio se inclinaría desfavorablemente para Occidente, como está ocurriendo actualmente a pasos agigantados.

La llegada de Mohammed Bin Salman al liderazgo saudita, sus políticas progresistas, más el acercamiento político que están teniendo los Estados árabes con Israel procurando contrarrestar el empoderamiento de Irán en la zona, se suman al descontento político de Erdogan explicado anteriormente. Como aspecto a considerar relevante también, los cambios internos en Turquía hacia una visión más fundamentalista de la religión a través de su líder con ínfulas de Califa, podría acercar a los colectivos más conservadores y otorgarle un lugar privilegiado a los turcos como representantes de esa perspectiva islámica.

Debe quedar claro que el presidente turco tiene su propia agenda, no es Occidental ni tampoco es Pro rusa, no se trata de una estrategia a favor de Irán de forma estéril. Todos los movimientos que realiza el gobierno de Ankara tienen como finalidad acceder a otros beneficios de distintos países, ya sean económicos, estratégicos, políticos o de influencia, bien establecidos por una política exterior sumamente extorsiva que pueda brindarles los réditos tras los cuales van, principalmente de hegemonía regional.

Al parecer los liderazgos occidentales se han quedado adormecidos frente a Turquía, no están previendo lo que sucede o no saben descifrar los próximos pasos del presidente Erdogan, al parecer cuando logran entender un movimiento, ya van dos adelante y esto hace incontenibles los cambios que se avecinan. Deberá Occidente realmente atender todas las exigencias que los turcos realizan para mantenerlo aliado, o por el contrario, se debería optar por una política comprendiendo que ya no son un aliado real para los intereses de Occidente en la región y optar por neutralizarlo creando un pivote, todo hace pensar que la segunda opción es la que más fuerte suena en este caso.

Fuente: El Mundo CR

Anuncios

Una nueva pieza en el tablero

Los dilemas de la independencia del Kurdistán iraquí

Los kurdos son un pueblo indoeuropeo aparentemente descendientes de los medos y asentados en el sur de Anatolia a partir del siglo X de nuestra era, quienes tuvieron la oportunidad según el Tratado de Sevrespoder lograr independizarse como un Estado moderno. Finalmente, ante las revoluciones turcas (Acuerdo de Lausana) y además por la aparición de nuevos Estados, quedaría su territorio fragmentado en cuatro regiones: Iraq, Siria, Turquía e Irán.

El pasado 25 de setiembre, la región kurda iraquí realizó una consulta popular para promover una independencia de esa zona, lo que podría convertirse en el primer Estado soberano de ese pueblo. El Kurdistán iraquí cuenta con autonomía constitucional desde el año 2005, su capital es Erbil y desde hace muchos años han forjado el establecimiento de instituciones que les serían funcionales en caso que se diera la oportunidad de alcanzar una autodeterminación; algo que están cerca de alcanzar.

Junto al territorio de Rojava (Kurdistán Septentrional) en Siria, que se proclamó independiente del Gobierno central desde el 2012, aprovechando la guerra civil, estos movimientos políticos ponen a temblar la región por los fuertes cambios que puedan ocasionar a una zona cuya división política ya mantiene frágiles la mayor parte de las fronteras trazadas durante el siglo XX y que solo a través de la mano dura ha mantenido ciertos equilibrios gubernamentales.

Dicho referendo fue aceptado por casi el 93% de los 3,4 millones de votantes que estaban convocados (Espinosa, 2017), incluyendo de la región de Kirkuk, que actualmente se encuentra en disputa ante Irak y que concentra grandes yacimientos de petróleo: al menos 10.000 millones de barriles. (Global Security).

El camino siguiente al referendo es sin duda comenzar a negociar diplomáticamente primero con el Gobierno de Bagdad y posteriormente con otros países, tanto de la región como naciones hegemónicas que les pueda alivianar el camino hasta la soberanía plena. En la situación regional, sus primeros grandes escollos a resolver se encuentran tanto en el Gobierno de Turquía como de la República Islámica de Irán por razones distintas, pero alcances del problema sumamente complejos.

Turquía se opone a estos referendos de separación de las zonas kurdas, porque en su territorio tienen parte del Kurdistán histórico y además al menos 15 millones de sus ciudadanos pertenecen a este grupo, con quienes han tenido larga data de enfrentamientos ante intenciones independentistas y que durante muchos años los actos opresores de los Gobiernos turcos sobre los kurdos han sido apoyados por Gobiernos occidentales, por ser Turquía un Estado clave en el Medio Oriente.

Esa alianza de Occidente con Turquía se ha visto modificada en los últimos años desde que han pasado varias situaciones, pero estas en particular marcan una ruptura sin precedentes sobre el terreno actual:

  • El presidente Erdogan ha islamizado el país (ABC, 2016)
  • Ha chantajeado a Europa con el tema de los refugiados (El Mundo, 2016)
  • Se ha acercado al principal enemigo de Occidente en la zona: Rusia (INFOBAE, 2016)
  • Acusó a Occidente de apoyar un golpe de Estado en su contra (Agencia EFE, 2016)
  • Se ha aliado con Irán (y a Siria) por el tema del referendo en el Kurdistán iraquí (Hurtado, 2017)

Ante este panorama, la confianza que pueda existir con el Gobierno turco por parte de los países occidentales, en definitiva, pende de un hilo y al modificar su política exterior por una de beligerancia, se han enfriado un poco las relaciones, y las críticas se han podido ampliar.

Sin embargo, Turquía sigue siendo importante en las intenciones de modificar los equilibrios de la región, especialmente ante el crecimiento de la influencia rusa e iraní, estos últimos aprovechando la ruptura gubernamental en Irak, Siria y el Yemen para lograr ampliar sus zonas de prestigio.

Además, es evidente que para la propia Turquía, lograr influenciar en los territorios kurdos de Siria y principalmente Irak; apartados de sus respectivos gobiernos les puede llevar a controlar importantes recursos estratégicos presentes en esos lugares y promover millonarios negocios.

El dilema político – económico

En el Kurdistán iraquí hay más de 1.500 empresas turcas operando, lo que le brinda empleo a una importante suma de 30,000 trabajadores turcos. Además, esa región se ha transformado en el tercer mercado más apetecido por el gobierno turco donde exportan bienes servicios y tienen varios mercados acaparados, siendo además el 67% aproximadamente de las exportaciones enviadas a Irak, con un monto nada despreciable de más de $8.000 millones anuales (Fidan, 2016).

Basado en esa circunstancia política y económica, el Gobierno turco mueve su maquinaria buscando mayor presencia y poder sobre lo que ocurre. Por esto, a pesar de sus amenazas, sabe que su facilidad para acceder al petróleo exportado desde el Kurdistán, y aunque ha amenazado que lo hará solo a través del Gobierno central en Bagdad (HispanTV, 2017), es una forma de presionar políticamente para evitar una abrupta división de los territorios kurdos, sin embargo tienen claro que de ser un proceso irreversible la separación del gobierno en Erbil, el mejor camino es tener los más altos niveles de influencia posibles.

Por su parte, Irán invierte desde el año 2014 una cifra cercana a los $4.000 millones en la región kurda iraquí, la mitad de lo que invertía en esa región antes de ese año (Iddon, 2017). El cambio se dio por la fuerte influencia iraní en la política económica iraquí post Sadam Huseein lo que les ha llevado a cambiar el patrón de inversión aumentando el monto en el gobierno de Bagdad por al menos $9.000 y por supuesto, el cambio fue por el crecimiento de las inversiones turcas en la zona kurda.

A diferencia de la beligerancia acomodada de los turcos, los iraníes sí presionan para que no se rompa la unidad política en Irak, temen que una región kurda donde no haya control de las milicias favorables al régimen de los Ayatolas rompa con el proceso expansivo que la influencia persa ha logrado en los últimos años, principalmente el temor proviene de que el gobierno de Erbil es un aliado histórico del Estado de Israel, no solo en materia económica, sino otros vínculos que mantienen cercanos a los kurdos y los hebreos, al punto que estos últimos han sido enfáticos en su apoyo al gobierno de Barzani en el proceso del referendo independentista.

Los israelíes son de los principales importadores del petróleo proveniente de las regiones kurdas a través de Turquía y además tienen claro que la instauración de un bastión anti iraní en el terreno les podría ayudar a bajarle el proceso de expansión política – militar del régimen persa.

Por su parte, los iraquíes a pesar de su contra a la independencia de la región kurda, mucho no pueden hacer, su ejército en estos momentos no estaría capacitado para abrir un frente de batalla contra los kurdos, y por el contrario una acción militar podría de nuevo desestabilizar la zona, facilitando un empuje nuevamente de los grupos islamistas que han disminuido su influencia producto en buena parte por la lucha emprendida por el ejército kurdo.

El gobierno de Irak debe presionar de alguna manera para evitar una independencia plena de esa región, para no renunciar a sus recursos y obviamente mantenerlos políticamente dependiente del gobierno central de Bagdad, pero esto ya parece un proceso irreversible aunque no del corto plazo y lo que corresponde es procurar que el impacto no sea muy violento para los iraquíes y además buscar alternativas que atrasen el paso de la independencia de la zona kurda lo más que se pueda.

La comunidad internacional por su parte, se ha manifestado de diferentes modos con respecto al referendo kurdo, principalmente a favor de la unidad del pueblo iraquí, sin dejar de lado guiños importantes políticos, como por ejemplo que el gobierno de Washington haya sido el principal proveedor de armas a las milicias peshmergas, en detrimento de los intereses turcos en la zona.

Sin embargo, la reacción del presidente Donald Trump y su equipo de trabajo a nivel internacional es lento y están desperdiciando la oportunidad en la parte política de arreglar relativamente el entuerto que generaron al sacar a Sadam Huseein del poder en el año 2003, a través de un bastión desde el cual puedan tener controlados a líderes regionales; incluyendo su aliado resentido en Ankara, algunos de sus enemigos en la zona como Irán y Siria, y ni qué decir de uno de sus competidores, Rusia del cual se hablará más adelante.

Mientras que por su parte, como fue mencionado anteriormente, el Gobierno de Moscú ha ofrecido invertir fuertes sumas de dinero en ese territorio en caso de independizarse, a través de su empresa Gazprom (Sputnik, 2017) que podría ingresar en el cuantioso mercado del petróleo de esa zona que tendría capacidad de hasta 45.000 millones de barriles de crudo (Sputnik, 2017). Ha planteado también terciar en un acuerdo entre los gobiernos de Bagdad y Erbil, todo a favor de sus intereses. Si lograra entrar, lo haría en contra posición de los intereses iraníes, pero a favor de su propio bolsillo, y por supuesto de la ampliación de su influencia sobre Medio Oriente.

Para que el Kurdistán iraquí pueda obtener su independencia va a pasar algún tiempo, pero ya las fichas del ajedrez político y económico se están moviendo, algunas con más velocidad que otra y si se pensaba que los conflictos de Siria e Irak estaban por romper el orden establecido en las primeras décadas del siglo XX, con el surgimiento de un Estado Kurdo soberano y reconocido a nivel internacional se colocaría el último clavo a los acuerdos que compartimentaron el Medio Oriente, sin tomar en cuenta en sus divisiones las conformaciones político – sociales complejas con las cuales ellos estaban acostumbrados a administrar sus vidas.

El Medio Oriente después del referendo kurdo

Existen varios momentos históricos significativos desde la división maltrecha realizada por los occidentales a principios del siglo pasado en la región del Medio Oriente.

Comenzando por la división y compartimentación de zonas acostumbradas a vivir en clanes para transformarse en los actuales Estados del Medio Oriente, la histórica división del subcontinente indio que daría paso al establecimiento de Pakistán, las divisiones de la Palestina Británica, por nombrar algunos eventos.

El referendo en el Kurdistán iraquí del 25 de setiembre se transforma en otro momento significativo que podría marcar el final definitivo de la división heredada del Acuerdo de Sykes – Picot de 1916; que, dicho sea de paso, no fue el acuerdo definitivo sobre la región, pero sí el que marca la posterior separación de los fideicomisos británicos y francés en la región confirmados por la Conferencia de San Remo y en el Tratado de Lausana.

Según un acuerdo intermedio a los dos mencionados anteriormente; el de Sévres, donde se otorgaba un territorio de autonomía a los kurdos, con el grave inconveniente que nunca se logró ejecutar y dichos territorios quedarían bajo la administración de los gobiernos en las actuales regiones de Irán, Irak, Turquía y Siria.

Aprovechando la ruptura que se ha gestado desde el 2003 en la región. Al menos en Irak desde el 2005, los kurdos tienen una autonomía que les fue brindada desde la década de los 90, pero es a partir de ese año que constitucionalmente adquieren la condición de Estado Federal, por lo que cuentan con su propia institucionalidad, que les ha permitido asentar con firmeza las bases de un Estado, que podría este 25 de setiembre dar un paso al frente hacia esa independencia de al menos una región de este milenario pueblo.

Tortuoso camino entre la legitimidad y el temor a más tensiones en Medio Oriente.

Cualquier paso en el Medio Oriente genera muchas posiciones a favor o en contra. En estos momentos la legitimidad del proceso kurdo está entredicha porque los principales países en el mundo, aunque algunos han hecho advertencias muy ambiguas o su pronunciamiento es muy tibio para poder decir categóricamente que están en contra. Por otro lado, las Naciones Unidas llaman a un proceso de unificar Irak en vez de promover actos de división y además, hay temor de otros países donde la presencia kurda podría motivar movimientos en búsqueda de autonomía, tales son los casos puntuales de la República Islámica de Irán y la República de Turquía.

De esto último, tanto los gobiernos de Teherán como de Ankara han advertido que cualquier movimiento desestabilizador hacia sus regiones los podría empujar a una eventual operación militar en las regiones kurdas iraquíes, aunque esto se descarta, pero sí motivaría un despliegue militar a las regiones fronterizas con estos países.

Por el momento, el único apoyo directo que reciben los kurdos proviene del gobierno de Israel. Históricamente hay buenos vínculos entre ambas poblaciones y gobiernos, así se respondería por qué el gobierno de Jerusalem directamente muestra sus simpatías ante el proceso kurdo; con quienes tienen vínculos comerciales a través de la compra de hidrocarburos.

Además, es evidente que un Estado aliado de Israel en esa zona, daría un giro al efecto expansivo que ha logrado Irán en regiones cercanas a las fronteras hebreas de los últimos años, aprovechando la guerra civil en Siria y además la alianza natural entre los gobiernos de Teherán y Bagdad desde la caída del régimen de Hussein. Lo que no es algo que piense en positivo solamente Israel, sino otros países occidentales que tienen las mismas preocupaciones, aunque evidentemente ante el panorama actual mucho no lo mencionan.

Definitivamente habrá un antes y un después a este referendo, si en el mismo gana el sí, como está previsto que suceda, lo que se viene será una ardua lucha desde las principales esferas de la diplomacia internacional, y la mano de las principales potencias hegemónicas tendrán que hacer una extraordinaria labor, porque definitivamente el impacto que se dará no solo en la región, sino en los equilibrios actuales serán significativos.

Esa labor que se viene posterior al proceso consultivo debería incluir conversaciones con los gobiernos regionales de Ankara y Teherán para que se queden tranquilos que al menos de parte de ellos no se estaría promoviendo una revolución kurda regional o la creación de un enclave militar para ninguna fuerza hegemónica regional o mundial. Mensaje que deberá de rebote llegar también a las principales instituciones globales y por supuesto a los despachos principalmente en Washington y Moscú, que son los dos gobiernos con más involucramiento en la zona, replicándose en cierto modo también en las altas esferas de la política europea y china.

La alianza pro rusa prueba fuerza

Fuente: Discovery News
Fuente: Discovery News

Por: Lic. Bryan Acuña Obando (Analista Internacional)

El pasado 30 de setiembre, las fuerzas rusas entraron en acción atacando supuestas posiciones de islamistas en Siria. Sin embargo, algunos informes como los que destaca la BBC de Londres[1], daba énfasis a que los sectores bombardeados por Rusia no registran presencia de radicales islámicos, pero sí de rebeldes del denominado “Ejército Libre Sirio (ELS)[2]”. Las críticas no se han hecho esperar a la actuación de los bombardeos del ejército de Vladimir Putin por parte de la coalición occidental, no es para menos, da a entender que el objetivo principal de Rusia no se centra en detener o destruir al Estado Islámico, sino en frenar la caída, del gobierno de Bashar Al Assad[3].

Pero, a pesar de lo mencionado anteriormente, que es sumamente importante, porque un aliado sirio ingresó en acción con las intenciones principalmente de salvaguardar los últimos bastiones de poder que tiene el presidente sirio, en sus intenciones de mantenerse liderando el país. Y de la entrada estratégica de Rusia en la defensa del régimen sirio, los otros componentes que están formando parte de un nuevo bloque estratégico pro ruso llaman poderosamente la atención por el nuevo escenario que plantean al dar estas demostraciones de fuerza.

El 23 de setiembre, el gobierno ruso inauguró la mezquita más grande de Europa[4], y el presidente invitó entre sus más destacados asistentes al Primer Ministro Turco, Recep Tayyip Erdogan y a representantes del gobierno iraní; además del presidente palestino Abu Mazen, pero este tiene otro trasfondo un poco diferente al de la presencia de los dos primeros. Adicional a lo anterior, el 26 de setiembre se confirmaba una alianza entre Rusia, Irak, Irán y Siria para combatir al Estado Islámico[5].

Aunque Turquía no forma parte de esta alianza, es un factor importante, por ser el miembro de la OTAN, que genera mayores desconfianzas en cuanto a sus “fidelidades políticas”. Los turcos además de tener su poderoso ejército en dicha organización, económicamente tienen fuertes intercambios con los rusos, y son miembros de los denominados BRICS, que tienen intereses económicos como naciones emergentes.

Además de eso, los turcos tienen una importancia estratégica en la crisis siria, por compartir fronteras, tener refugiados y porque funcionan en cierto modo como un contra peso para evitar la expansión del control territorial de los grupos islamistas principalmente cerca de sus fronteras. Aunque también los tienen sus propios problemas con la crisis siria que empuja de a pocos el empoderamiento de los kurdos sirios e iraquíes, que pueda motivar a los grupos kurdos de su territorio a querer hacer lo mismo y desestabilizar su nación.

De eso se desprende en cierto modo el acercamiento ruso con el gobierno del islamista (“moderado”) Erdogan, y al mismo tiempo acerca sus posiciones a los gobiernos de Irak e Irán. A pesar de la mayoría de la población turca ser “laica” y los musulmanes al menos un 80% pertenecer al sunismo islámico, el acercamiento a dos países de mayoría chiita obedece a una situación de estabilidad política que en estos momentos no puede reducirse al debate religioso. Para ser realistas, el sunismo del Estado Islámico no es del gusto del sunismo adoptado y practicado en Turquía.

Los iraquíes por conveniencia se unen a esta alianza sabiendo el riesgo que están corriendo de ser sometidos bajo el control del Estado Islámico en su totalidad, por lo tanto deben aprovechar esta nueva alianza que es más tangible y real que lo realizado por el bloque occidental hasta este momento, perdiendo el tiempo en debates burocráticos sin ver la erosión ocasionada por los radicales islámicos que se expanden como langostas sobre los cultivos.

Además de lo mencionado anteriormente, Irak tiene una buena disposición a la intervención de este bloque por su afinidad religiosa con Irán, ambos son de mayoría chiita y desde la caída del régimen de Sadam Hussein, el vacío de poder y el desequilibrio de fuerzas en el Medio Oriente, lo aprovecharon el país de los ayatolas para influir en la situación interna de Irak.

Estos tipos de bloques no son nada nuevos, en diciembre de 1996, Irán y Turquía realizaban acercamientos y consultas para conformar un “eje de naciones islámicas[6]”. En ese momento las agendas de interés marcaban propuestas de desarrollo económico y relaciones comerciales, mientras para Irán se trataba de una propuesta que ayudaría a evitar eventuales ataques por parte de Turquía contra los iraníes en caso que la OTAN quisiera tomar represalias militares contra ellos.

Al final esto significó al menos para los turcos, que el gobierno norteamericano viera con otros ojos al gobierno del Primer Ministro Necmettin Erbakan (Islamista), por estar negociando con un país considerado promotor y patrocinador del terrorismo internacional.

La idea de un bloque ruso – iraní, complementado con la presencia de Turquía, directa o indirectamente, es una idea que han planteado varios analistas internacionales, entre ellos el Director del Centro de Mecanismos Políticos Politkontakt, Andréi Médved, quien aseguraba al medio ruso “Sputnik News”:

“…Irán, Turquía y Rusia, a pesar de las distintas posturas, tienen clara su responsabilidad colectiva hacia la estabilidad de la región[7]…”

Una propuesta de bloque como esta en la cual Rusia es la cabeza, no es una locura, ni de extrañarse, de hecho, en una estructura de este tipo donde se quiere dar una opción diferente a la desgastada alianza occidental, tanto que analistas de este sector ven con positivismo la intervención rusa en el conflicto sirio, a veces sin tomar en cuenta los efectos colaterales que esta intervención como cualquier otra ocasionan y ocasionarán.

Debe quedar claro, el interés principal de Rusia no es el Estado Islámico. Para acabar con el Estado Islámico y su estructura de poderes en clanes se requiere una intervención por tierra y ninguna potencia quiere poner los muertos para eso. La solución en estos momentos al realizar ataques por aire y plantar soldados en zonas estratégicas es evitar su expansión, delimitarles “fronteras” dentro de las cuales pueden ser el ente político que expresan, pero más allá mantener estable el estatus quo que existía cuando fueron creados estos Estados artificiales.

El mensaje ruso a las potencias occidentales es que están ahí, en el mismo sitio donde ellos han armado al ELS contra Al Assad, y que evitarán hasta el último momento que el gobierno de Bashar caiga.

No renunciarán a su zona de influencia desde donde vigila a las potencias adversarias y además a sus aliados, y no solamente eso sino que coquetea con gobiernos aliados de Occidente (Ankara, el Cairo y Jerusalén) y les transmiten mensajes de seguridad a sus gestiones, y además aseguran relaciones bilaterales de distintas índoles (económicas, militares, cooperación, etc.)

Rusia tiene sus alianzas predilectas en la zona, pero eso no quiere decir que no puedan echar mano de vez en cuando de nuevas opciones, siempre que esto beneficie sus intereses geoestratégicos.

Lo hacen en Europa con sus zonas de influencia en ciertos territorios, cerca de las bases propias de los liderazgos de la OTAN, también con la apertura de nuevas actividades cerca del sector mediterráneo.

Lo realizan también en América con sus relaciones con el bloque que se denomina “anti imperialista” (Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Argentina, Bolivia, etc.). En Asia con su alianza estratégica con China, tienen fuerte influencia en el Medio Oriente como ya fue explicado anteriormente y se van abriendo camino en África comenzando con un poderoso aliado como Egipto.

Ideológicamente el mundo es multipolar, sin embargo, los bloques de poder e influencia que se van desarrollando marcan un antes y un después de las relaciones entre Estados. La pérdida de confianza en potencias como Estados Unidos y las grandes potencias de la OTAN como Reino Unido, Francia y Alemania, han dado paso a que el vacío lo aproveche un liderazgo que ha sabido mover sus fichas de forma adecuada para hacerse con el visto bueno de un gran número de países que al cambiar su situación frente a las realidades del mundo, se sienten obligados a cambiar también sus alianzas por una que les brinde un nuevo aire y ese espacio es el que los rusos están aprovechando hoy.

[1] ¿A quién está bombardeando Rusia en Siria?, BBC (2015), Inglaterra, recuperado el 01 de octubre de 2015 de http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/09/150930_siria_rusia_ataques_az

[2] Ejército Libre Sirio, recuperado el 01 de octubre de 2015 de  https://es.wikipedia.org/wiki/Ej%C3%A9rcito_Libre_Sirio

[3] Putin respalda a Al Assad previo a reunión con Obama, Terra (2015), México, recuperado el 01 de octubre de 2015 de http://economia.terra.com.mx/rusia-respalda-putin-a-al-assad-previo-a-reunion-con-obama,70c3ca3b75c2d3efc25c3a2bc5969333ly47ua1b.html

[4] Inauguran la mezquita más grande de Europa, 2001 (2015), Venezuela, recuperado el 01 de octubre de 2015 de http://www.2001.com.ve/en-el-mundo/110643/inauguran-la-mezquita-mas-grande-de-europa.html

[5] Rusia, Irak, Irán y Siria sellan una alianza militar contra el Estado Islámico, EFE (2015) España, recuperado el 01 de octubre de 2015 de http://www.efe.com/efe/espana/mundo/rusia-irak-iran-y-siria-sellan-una-alianza-militar-contra-el-estado-islamico/10001-2722895

[6] Irán y Turquía avanzan hacia la formación de un eje de naciones islámicas, ABC (2015), España, recuperado el 01 de octubre de 2015 de http://elpais.com/diario/1996/12/20/internacional/851036418_850215.html

[7] Un triángulo Rusia, Turquía e Irán permitiría estabilizar Oriente Medio, dice politólogo, Sputnik (2015), Rusia, recuperado el 01 de octubre de 2015 de http://mundo.sputniknews.com/politica/20150909/1051247991.html

El conflicto que desplazó la situación palestina – israelí

Las actuales divisiones sectarias entre el Reino de Arabia Saudí y la República Islámica de Irán parecen estar mucho más relacionadas con el enfrentamiento geopolítico y el antagonismo ideológico en su búsqueda por el predominio en Oriente Medio, que con la religiosidad.
Las actuales divisiones sectarias entre el Reino de Arabia Saudí y la República Islámica de Irán parecen estar mucho más relacionadas con el enfrentamiento geopolítico y el antagonismo ideológico en su búsqueda por el predominio en Oriente Medio, que con la religiosidad. (Fatiha Dazi – Héni)

Por Bryan Acuña Obando (Analista Internacional)

(El sectarismo de Irán contra Arabia Saudita)

Existen ciertos aspectos sobre el Medio Oriente que a algunos se les olvida, no comprenden o simplemente ignoran por principios ideológicos, o afinidades político – religiosas.

Antes de los fallidos intentos de los países árabes de exterminar a Israel, el nacionalismo palestino (palestinismo) era solamente panarabismo[1] (y panislamismo[2]), una vez que fracasaron en sus intentos de destruir el Estado Judío tuvieron que modificar el conflicto de lo macro (árabes vs israelíes) a uno micro (palestinos vs israelíes).

Por supuesto, en la primera parte de los enfrentamientos se veía como una situación entre Estados. Por lo tanto, la crítica hacia Israel era menos lapidaria que ahora, porque una vez que se cambia el enfoque (paradigma) se considera a los palestinos víctimas y ya no lo ven como un conflicto de iguales, sino que se empiezan a considerar elementos como la capacidad militar.

Claro está, no se puede comparar el armamento de Israel que se ha venido acumulando y modernizando desde que empezó el conflicto, en cambio los palestinos por ser una identidad nacional reciente, “destetada” forzadamente por el fracaso de los países árabes en su afán de destruir a Israel, no cuentan con un equipo militar para guerras, sino como en la época de los fedayines egipcios, están preparados para luchas suicidas y para la construcción de armamentos hechizos dirigidos en ataques terroristas contra objetivos abiertamente civiles.

A pesar de lo anterior, los enfrentamientos armados de las últimas décadas, el conflicto no ha alcanzado los niveles de crisis humanitaria de otros enfrentamientos armados regionales, como por ejemplo la guerra en Siria, la invasión de islamistas en Iraq o las invasiones de fuerzas occidentales en países de la región (Iraq, Afganistán, Libia, etc.). Y si bien los últimos enfrentamientos han cobrado centenares de vidas, principalmente del lado palestino, los niveles analizándolo fríamente no se han salido de un “caudal aceptable” que cualquier guerra o confrontación podría ocasionar.

Pero hay que expresar una realidad de la región. Hay una despreocupación por el conflicto entre israelíes y palestinos, porque finalmente es el menor de los problemas de Medio Oriente hoy, por eso es indiferente que se llegue o no a un acuerdo para solucionar el conflicto en el corto tiempo.

El principal enfrentamiento y por lo que esa zona es un polvorín, es debido a la guerra sectaria por el dominio del poder islámico que se disputan entre chiítas representados por Irán y sus lacayos contra los sunitas representados por Arabia Saudita y sus agrupaciones terroristas como Al Qaeda, Al Nusra e ISIS. Explicado de una mejor forma por la analista Fatiha Dazi – Héni[3].
Cabe plantearse entonces en este aspecto, quiénes han sido las mayores víctimas del terrorismo y enfrentamiento de carácter islamista? Son los propios musulmanes, vayan a ver los atentados en Líbano, Siria, Iraq, Pakistán, Egipto. No es Occidente el que sufre mayores bajas, aunque sí tienen problemas con estos grupos, pero por ahora está un tanto lejana esta situación a alcanzarles con toda su fuerza. Por cuanto viven una guerra de baja intensidad, con ataques por parte de “lobos solitarios” de una fuerza inferior a la que enfrentan las luchas entre facciones islámicas.
Aunque debe seguirse atentamente el desenlace de este enfrentamiento de poderes político – religioso, porque una vez que alguna de las dos agrupaciones islámicas ostente con fuerza el poder, regresarán a sus objetivos anteriores: Destruir Israel, llevar la Yihad[4] contra los pueblos infieles a través del Dawah[5], el empoderamiento o con violencia de corte sectario.
No se trata de paranoia o propaganda de distracción, sino que es siendo críticos en el análisis estamos frente a esa realidad, solamente saquen conclusiones del comportamiento de dichos países y los grupos que patrocinan. Es obvio que occidente y las potencias alternativas (Rusia y China), más las potencias regionales “moderadas” (Turquía, Egipto, Israel y Jordania) cumplen un rol importante al tomar alianzas entre estos grupos a los cuales según la historia ha mostrado, fortalecen y luego se transforman en su dolor de cabeza, además que entre estas potencias están los principales productores de armas del mundo, Estados Unidos, Rusia, China, Alemania, Francia e Inglaterra[6].
Pero con un planteamiento distinto por parte de Occidente y las potencias alternativas, lo ideal es que en esta lucha sectaria salgan debilitados ambos poderes y que el dominio que tenga sea tan limitado que después no puedan en un corto tiempo convertirse en una amenaza a gran escala para los intereses de los distintos actores en la región principalmente los extra regionales (las potencias occidentales y alternativas).
De esta manera extenderán la tregua con los islamistas hasta que de nuevo se comience a presentar un desequilibrio en las fuerzas de la región, en estos momentos parte del desequilibrio que se vive fue provocado por la intervención occidental en Iraq a comienzos de la década anterior y que trajo abajo uno de los contra pesos que tenían los iraníes en ese espacio geográfico. La zona en general es inestable y convulsa siempre, lo que toca es mantener las luchas en un nivel “moderado”, de bajas revoluciones, sin que alguno de los conflictos internos lleve a una explosión incontenible hacia los sectores fuera de la región.

Referencias:

[1] Nacionalismo árabe que proclamaba la conformación de una sola nación con todos los árabes, sin distinción religiosa, territorial o política.

[2] Idea político – religiosa que proclamaba el establecimiento de una sola nación dirigida por el Islam como religión, la proclama de un Califato con varios emiratos bajo la ley islámica (Sharia)

[3] http://www.franceculture.fr/personne-fatiha-dazi-h%C3%A9ni.html

[4] Guerra Santa.

[5] Proselitismo islámico.

[6] https://www.es.amnesty.org/temas/armas/los-seis-grandes-exportadores-de-armas/

OCCIDENTE, LA HUDNA NUCLEAR Y EL PLATO DE LENTEJAS

LENTEJAS

El denominado grupo de los 5 + 1 (Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, China y Rusia), más Alemania, firmaron con Irán un acuerdo que expone los siguientes puntos generales:

Exigencias a Irán:

  • Detenga el enriquecimiento de uranio a un nivel medio de pureza
  • Reduzca la concentración de las reservas ya existentes de uranio enriquecido o que las convierta en forma oxida
  • No permita que el reactor Arak esté operativo
  • Se comprometa a permitir más inspecciones por parte del Organismo de la Energía Atómica.

Exigencias de Irán al G5+1:

  • Reconozca el derecho del país a enriquecer uranio
  • Ponga fina a las sanciones internacionales y unilaterales.

El acuerdo pareciera en un inicio positivo, porque compromete al gobierno persa a reducir su fabricación energética de los niveles utilizados para la producción de armamento, sin embargo no hay nada que detenga a Irán en su camino a obtener material para uso militar, el acuerdo solamente disminuirá las sanciones económicas y modificará el perfil belicista del régimen de los Ayatolas.

Sin embargo, el solo desuso de las instalaciones de Arak, no impedirá que se pueda continuar con el tratamiento de aguas pesadas, ya que Irán en ocasiones anteriores ha demostrado que posee plantas nucleares subterráneas, las cuales quedan por fuera de cualquier control de los entes encargados de velar por que Irán no esté haciéndose con los elementos necesarios para obtener armamento nuclear, o material para la fabricación de bombas sucias que pueda ser usadas por agrupaciones como Hezbollah o Hamas que son aliados de la Nación Persa.

Resulta irónico que Occidente se confíe de Irán a pesar de que estos no modifican su discurso, han desplegado nuevos misiles de largo alcance, algunos con capacidad nuclear; como acusara el gobierno de Londres en el año 2011. Además, y a pesar de que cambiaron de gobierno, las consignas “Muerte a América” y el llamado a erradicar a Israel de la faz de la tierra continúan estando vigentes, y una llamada telefónica de Rohani a Obama no cambiarán una política de Estado donde el “Gran Satán” y sus aliados deberán ser destruidos.

 

LA HUDNA NUCLEAR

Esta tregua dada a los iraníes para que muestren un poco de voluntad política, les ha brindado un espacio de acción que no tiene desperdicio para ellos. Lograrán de este modo desahogar su sistema económico, puesto que las sanciones realizadas a su economía han repercutido a lo interno. Sin embargo una vez que el esquema económico se vea refortalecido, al igual que en otros momentos lo hizo Corea del Norte, darán un golpe a la mesa y tendrán de nuevo enrumbado el proyecto nuclear militar, por cuanto el acuerdo del G5+1 a diferencia de cualquiera propuesto a Norcorea, este da posibilidades de desarrollo “energético”, lo que con un buen plan resultará más sencillo encubrir cualquier práctica de las prohibidas, llegando a ser descubiertas cuando ya sea tarde. Además de las grandes posibilidades de movilizar el material ya desarrollado hacia otras zonas del país, hacia las naciones vecinas aliadas de Irán, como Hezbollah en el Líbano como ha hecho el gobierno de Al Assad para cumplir con la desaparición del material químico ordenado por la comunidad internacional, y también pueden movilizar el material junto con los técnicos a la propia Siria.

En otras palabras, esta tregua con Irán es la carta blanca de acción que necesitaban los Ayatolas para poder acelerar el proceso de obtención del material para uso militar y tienen la ventaja de contar con dos fuertes aliados, China y principalmente Rusia, que en materia armamentista nunca ha estado en contra de que Irán cuente con la materia prima para la fabricación de armas con capacidad nuclear.

Y no tendrán mayor problema con nuevas sanciones, porque el accionar burocrático impedirá que nuevas sanciones económicas sean inmediatas sin tener que pasar por todo una maraña de discusiones propias de la herencia democrática de disidencia, y ni qué hablar de una posibilidad militar, la cual como última medida que es, no estará entre las primeras nunca.

EL PLATO DE LENTEJAS:

En el relato bíblico (Génesis 25:34) donde Esaú vende el derecho de herencia por su primogenitura a su hermano Jacob por un plato de lentejas, queda demostrado que muchas veces por una necesidad se llega a cualquier acuerdo, por más malo que sea este. Las naciones occidentales, encabezadas por Catherine Ashton (diplomática europea) y el presidente Barack Obama han empeñado la estabilidad de la región y la paz a cambio de un acuerdo sin mucho valor tácito en la práctica, por cuanto la suspensión del embargo económico, como ya fue expresado solamente desahogará la economía iraní, soltará las amarras al desarrollo nuclear y todo a cambio de que se saque de funcionamiento Arak y se diluya públicamente la posibilidad de desarrollo nuclear para fines militares.

Sin embargo, la jefa de la diplomacia europea ha tenido sus declaraciones desafortunadas que demuestra la debilidad europea al poner una vocera con fuertes carencias para expresarse, ejemplo claro, cuando tuvo la osadía de comparar los asesinatos contra miembros de la comunidad judía de Toulouse (Francia) con lo que ocurre en la “Franja de Gaza”. Por su parte, el presidente norteamericano demuestra el alejamiento de su gobierno con sus aliados en Medio Oriente, principalmente con Israel, a quien antes de ir a las negociaciones con Irán, se negó el presidente Obama conversar con el Primer Ministro Israelí, Benjamín Netanyahu.

Lo cierto del caso es que una vez más queda demostrada la debilidad y poca visión del “timing político” de los gobiernos europeos y de Estados Unidos. Por una parte buscan neutralizar a Irán a través del patrocinio a las agrupaciones opositoras del régimen sirio, lo que a su vez congela el suministro de fondos y de armamento para agrupaciones como Hezbollah y Hamas, y por el otro, le sueltan las amarras para que puedan seguir creciendo en poder en una región donde la posibilidad de un Irán nuclear no es solamente un dolor de cabeza para Israel, sino además para los países del Golfo y Turquía, por el desequilibrio en que caería la región, donde el último país que neutralizaba a los persas fue el gobierno de Sadam Hussein en Irak y que también fue arrancado de raíz por una mala decisión de un gobierno occidental.

Y el gran ganador militar de estas decisiones es Rusia, una vez más ha logrado “marcar la cancha” de la manera que mejor les conviene, favoreciendo sus intereses directamente y dejando mal parados a los liderazgos de Europa y Estados Unidos, con quienes pareciera tener intereses comunes para evitar un Irán nuclear, pero lo cierto del caso es que al ver sus movidas en Siria y ahora en el tema iraní en Oriente Medio, más la victoria política y económica rusa sobre la Unión Europea por Ucrania, deben recordar que los rusos están ahí para su propio beneficio y son un actor internacional importante que lucha por tener su lugar de privilegio en el escenario mundial, imponiendo sus “hojas de ruta” y ganando terreno de actividad geopolítica. No por nada tienen fuerte presencia en América Latina, Oriente Medio, África, Europa Oriental y Asia, donde está su gran aliado económico, China.

Entonces mientras los países occidentales confían en la “buena fe” de un Estado que durante más de 3 décadas se ha dedicado a patrocinar acciones de terrorismo internacional contra objetivos occidentales de Estados Unidos, Europa e Israel, Irán ha logrado bajar el nivel de tensión que sobre su gobierno pesaba, a pesar de que el discurso no se modifica, llamen a la muerte de Estados Unidos, a la destrucción de Israel y su patrocinio a las actividades terroristas siguen presentes. En otras palabras, Occidente ha empeñado la paz de la región (y del mundo) por un plato de lentejas; por una sensación de tranquilidad pasajera que posteriormente traerá dolores de cabeza muchos mayores que los actuales y con una capacidad de reacción muy reducida.

El gran polvorín llamado Medio Oriente

 

La región de Oriente Medio con sus primaveras otoñales de los últimos meses ofrece todo un “kit” de situaciones que hacen sospechar vientos de una guerra mucho mayor. El movimiento de fuerzas armadas turcas a la frontera con Siria, los enfrentamientos en las fronteras con el Líbano y la inoperancia de la desgastada ONU en su afán de mantener la paz entre los países en el mundo ponen a pensar a cualquiera en la posibilidad de un enfrentamiento de características apocalípticas involucrando a grandes actores de la comunidad internacional. Pero no tiene por qué ser de este modo.

Es cierto que al menos para Israel como el vecino que nadie quiere en el vecindario, cuando se resfrían los que le rodean deben estar atentos que la epidemia no los contagie o que no lo quieran contagiar, pero mientras conserve esa distancia moderada la región se puede auto destruir y dejar a Israel sola en el medio sin que esta se vea en la necesidad de levantar un dedo. Aunque siempre sobrará quienes deseen lanzar de bruces al Estado hebreo en una fiesta que no le pertenece y de la cual no desea ser parte porque en realidad no hay mucho que le genere ganancia, en la primera guerra del Golfo por ejemplo, pese a los ataques iraquíes sobre territorio israelí, los hebreos mantuvieron la posición de no responder para evitar una escalada mayor con características religiosas, persuadidos por las potencias para que mantuviera la cordura del caso.

Hoy en Egipto la transición y salida del gobierno de Mubarak debería realizarse conforme a los valores “democráticos” que en las últimas tres décadas se supone debieron aprender los egipcios por estarse rozando con las grandes potencias del mundo, principalmente USA, pero la lección la reprobaron en el país africano y se han hecho especialistas en cuestionar la paz con su vecino israelí, generando un foco de tensión que abre un nuevo frente de eventuales enfrentamientos en la región, de forma irresponsable e innecesaria. Ciertamente es la tensión con Egipto uno de los principales dolores de cabeza en la estabilidad de la región, ya que es necesario contener los acuerdos de Camp David en pie para garantizar que la región no se devolverá a la época de los fedayines o que se le pueda brindar desde la región del Sinaí campo de acción a los peligrosos planes del régimen de los Ayatolas y es por esto que a pesar de sus diferencias sustanciales e irreconciliables con los “Hermanos Musulmanes”, Israel procura conservar presencia en el nuevo Egipto de Mursi, respaldado que al menos hasta hoy el ejército es quien conserva el “Status quo” de no querer tener tensiones con Israel.

Ahora bien, en Siria, país que dicho sea de paso su gobierno es enemigo declarado de Israel, sufre una “guerra civil” (según las grandes potencias del mundo) que debiera llevar o al fortalecimiento del régimen sanguinario Bashar Al Assad o a su salida inmediata, dando paso a un nuevo tipo de gobierno en dicha Nación. Pero las intenciones de Al Assad para mantenerse en su “trono”, parecieran ser que quieren trasladar el problema interno hacia sus lacayos en el Líbano; el poder militar pro sirio llamado Hezbollah, en un trasiego de armas que asegure un enfrentamiento con las fuerzas de seguridad israelíes y trasladen el foco de tensiones hacia una frontera diferente a la propia, de esta manera y abogando por el principio que los islamistas solamente se unen para enfrentarse a Israel es que ahora ese foco de tensión también se ha encendido en los últimas días, sospechando que es una fuerte posibilidad.

Por esto es que el Estado hebreo debe actuar de forma sensata, inteligente, sin arriesgar mucho, ni permitiendo que los anzuelos que en las últimas semanas han lanzado, piquen de una u otra forma a favor de quienes de la peor forma desean trasladar el enfrentamiento de sus interiores hacia Israel. Las provocaciones por parte de Irán y Siria a través de sus peones de batalla; Hezbollah y Hamás, en los últimos días no pueden ser tomadas a la ligera y toda actuación debe ser vista con el ojo “profético” de lo que pueda acarrear. Israel sabe que el gobierno de Al Assad es un punto importante en el desarrollo de la carrera nuclear iraní de la región, su salida de Siria atrasará los planes persas de hacerse con el poder militar nuclear y además dejará sin recursos directos a las milicias islamistas en el Líbano y la Franja de Gaza, lo que neutralizará todavía más el impacto iraní en la región dejándolo en un aislamiento agobiante del cual ellos desesperadamente quieren salir cuanto antes para no transformarse en una nueva Corea del Norte, en especial porque sus aliados chino y ruso han perdido mucha de su “imagen” internacional de ser países a favor de la paz y parecen más los viejos regímenes de la “Guerra Fría” que patrocinaban gobiernos “islamo fascistas” en su enfrentamiento contra los capitalistas.

Mientras Israel se logre mantener al margen de dichos enfrentamientos y aún, mientras sepa manejar de forma inteligente las acciones de respuesta ante los atentados en Burgas, no pasará de ser un simple espectador previendo de anticipo los movimientos de sus enemigos para darles el zarpazo cuando corresponda, no antes, no después, y asegurará con esto además que no sea involucrado involuntariamente de cambios en el inconsciente colectivo de la región que estén dispuestos a relanzar una guerra santa desde varias fuentes de tensión (en especial en estos días que comienza el Ramadán islámico), sino que si aparecen roces sean “aislados” e independientes, para poder mitigar las pequeñas escaramuzas conforme aparezcan y no tener que estar haciendo un plan macro para un gran incendio romano. Aunque Israel siempre ha estado lista para lo macro ya que sabe que con sus vecinos cualquier cosa puede pasar hasta en día bisiesto.

Volver al principio