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Polonia y el relativismo moral

A comienzos del mes de febrero, el gobierno polaco ratificó una ley donde se pretende castigar a quienes culpen a Polonia de ser partícipes en los crímenes del nazismo durante la Segunda Guerra Mundial. La normativa en particular reitera que Polonia fue un territorio invadido y víctima de las pretensiones expansionistas del III Reich alemán; lo cual en cierto modo es cierto, y que ante este panorama no fueron ellos quienes tomaron las decisiones esenciales del Estado quedando exenta la participación gubernamental polaca directamente en la Shoah.

Sin embargo, a los ciudadanos y algunos poderes de este Estado; como la denominada “policía azul”, no se les puede restar su participación y responsabilidad social y moral aportando a la judeofobia y la persecución contra los judíos antes, durante y después de terminada la II Guerra Mundial.

Polonia fue cuna de grandes obras literarias, teatro, música y otras manifestaciones artísticas que eran muestras del impulso de la cultura judía en Europa; hubo además un empuje religioso a través del jasidismo, participación política tanto comunitaria con movimientos asociados a la Haskalá, así como grupos sionistas y antisionistas que ampliaban el ya de por sí rico y casi “deportivo” debate judío. También a nivel secular, hubo presencia de agrupaciones judeo polacas en política, con participación en puestos dentro del Sejm (cámara baja del parlamento polaco), especialmente partidos de corte socialista, manifiestos durante la Revolución Rusa.

El judaísmo en Polonia sin embargo, fue altamente perseguido en varias etapas de la historia de este país; aspecto generalizado en la mayor parte de Europa en realidad, por lo cual, el nacionalismo polaco afectaba a la población judía del país, lo que ocasionó un proceso de marginalización en cierto modo al no ser considerados por gran parte de los ciudadanos polacos como parte de la sociedad sino que se les acusaba de practicar una doble lealtad. Los judíos en reiteradas ocasiones, vivían segregados en zonas exclusivas para ellos, al menos un 85% de la población judía habitaba en zonas separadas de la población cristiana del país, hablaban yiddish o hebreo como formas de comunicarse entre sí, el polaco era de uso funcional cuando tenían que entablar conversación con no judíos.

Cuando los nazis invadieron el país y comenzaron la persecución contra los judíos, hubo participación directa de ciudadanos polacos en masacres alentadas por los nazis, como fue el caso por ejemplo de la masacre de Jedwabne (más de 300 judíos polacos muertos), o la existencia de una ley que castigaba con pena de muerte a los polacos que escondieran o ayudaran judíos. Aun así, es de destacar que fueron innumerables los casos de personas polacas que se arriesgaron en salvar de modo desinteresado la vida de ciudadanos judíos, testigos hay en la historia de la comunidad judía costarricense que así fue.

Sin embargo, hubo incontables casos de delatores polacos que entregaron a sus vecinos judíos al enemigo nazi para “salvaguardar” sus vidas o sencillamente por sentimientos revanchistas contra el “extranjero judío”. En esto se resume la responsabilidad real que la sociedad polaca tiene con respecto a su participación durante la Shoah, no se les podría culpar de ser parte entre los perpetradores del exterminio, sin embargo es imposible eximir a aquellos quienes, en sus afanes de odio, fueron actores plenos o silenciosos de la tragedia, como acertadamente diría en algún momento de la historia el filósofo británico Edmund Burke, “Para que triunfe el mal, basta con que los hombres de bien no hagan nada.” Algo que sin duda se cumplió con el comportamiento de las poblaciones polacas durante esta oscura época de la historia humana.

Aún después de terminada la guerra, los vestigios de la judeofobia siguieron castigando a los pocos judíos sobrevivientes, por ejemplo un pogrom en Kielce (sureste de Polonia) en 1946, donde fueron asesinados 42 judíos por una turba motivada por un libelo antisemita. Para ese mismo año, gran cantidad de judíos que vivían en el país decidieron migrar, por lo que de los pocos que sobrevivieron al desastre nazi, miles decidieron salir del país, en algunos casos con la consigna de nunca más volver a poner un pie en Polonia.

En la actualidad viven en ese país, poco más de 12.000 judíos, muy lejana quedó la rica y extensa historia de los judíos polacos, con millones de personas desarrollándose en este territorio, pero los sentimientos de judeofobia siguen aflorando con movimientos de extrema derecha, grupos euroescépticos y antisemitas. Cementerios profanados, agresiones xenófobas o racistas, manifestaciones en medios de corte fascista como TV Republika quienes acusan a los judíos polacos de “no defender lo suficiente a Polonia y a los polacos en la escena internacional”, son algunos ejemplos de este comportamiento que parece parte de un círculo vicioso histórico no solo en Polonia, sino en toda Europa.

Es verdad que los polacos no fueron los autores intelectuales o materiales de la Shoah, ante lo cual no hay condena que valga, sin embargo es de insistir que la participación de polacos durante el proceso es un hecho innegable, y los sentimientos judeofóbicos que explotaban en aquellos días, hoy están de nuevo en manifiesto y exponen una peligrosa plataforma para nuevas acciones violentas.

No es la ley lo que resulta dañino, sino el trasfondo e interpretación que esta contiene, como promover eventualmente el revisionismo o el negacionismo, que son la antesala para justificar atrocidades. En defensa de la ley salen muchos de aquellos que consideran la judeofobia un comportamiento válido casi “patriota”, y esto agrega una sazón mucho más peligrosa. A mitad del mismo mes de febrero también en Polonia, se propuso una ley sobre bienestar animal que podría restringir la faena kosher, lo cual ya fue intentado en el 2013 y se le señaló de anti constitucional, pero en el contexto actual, con un parlamento de mayoría ultra conservadora podría aprobar y generar más leyes con afectación directa contra minorías, incluyendo a los judíos por supuesto.

La judeofobia en Europa no es un fenómeno erradicado; aunque se eduque para combatirlo, en realidad el antisemitismo es una criminal bestia que realiza hibernaciones de períodos inesperados y que despierta con nuevos bríos e ideas “innovadoras” para justificar su naturaleza atroz. Lo que antes se concentraba directamente contra los judíos por temas religiosos y de estigmas a la “otroriedad”, convirtiéndose en una práctica socialmente reprochable, hoy recibe la característica de ser políticamente correcto justificando el odio judío a través de las críticas contra el Estado de Israel, lo que ha permitido de esta manera, que algunos “jueguen” al límite entre las críticas a las políticas del gobierno de un Estado y manifestaciones generalizadas contra los judíos independiente de su nacionalidad, ante lo cual es indiferente la posición ideológica dentro del espectro en que se encuentren los grupos que realizan este tipo de prácticas blanqueadas con una construcción de lenguaje muy al estilo del relativismo moral posmoderno.

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Kristallnacht

Lecciones de una noche infame

De un evento poco grato en la historia de la humanidad como la «Noche de los Cristales Rotos», acontecido entre el 9 y 10 de noviembre de 1938 se puede aprender algunas lecciones poco agradables.

Se aprende que se puede justificar desde la legalidad actos contrarios al respeto humano, destruyendo sus instituciones, mancillando derechos, reprimiendo sociedades y todo desde el marco jurídico, ignorando la opresión contra las minorías desde el supuesto de que «cumplen con su deber», mientras, por el otro lado, se exaltan a las masas a cometer actos censurables.

También se comprende que es imperativo castigar a una población completa, basado en una excusa por burda que parezca. Tal es el caso del atentado perpetrado por el joven judío Herschel Grynzpan contra el diplomático alemán Ernst vom Rath, y sobre lo cual se llegó al momento cumbre de la persecución contra los judíos alemanes, hecho que había comenzado casi de inmediato de tomar los nazis el poder en ese país.

Solamente estaban buscando la excusa «perfecta» para justificar sus políticas destructivas.

Es posible, además, convertir en mártir a cualquier figura con el fin de utilizarlo para fines políticos, por turbios que estos sean y así llevar adelante cualquier acto; por opuesto al respeto y los valores de la vida. Ya que en la imagen martirizada se reflejará todo lo negativo del colectivo contra el cual se emprenderán los actos atroces.

Otro aspecto fundamental es que se puede usar la religión como justificación para exterminar a un pueblo. Se puede condenar por ser el «asesino de Dios», se puede quemar sus libros sagrados, sus lugares de culto y hasta a sus líderes religiosos. Con la caída de las sinagogas en Alemania, lo que estaba derrumbándose también era la fe en la humanidad.

No hay genocidio sin deshumanización, no hay deshumanización sin confinamiento, no hay confinamiento sin boicot, no hay boicot sin chivo expiatorio y no hay chivo expiatorio sin una sociedad enferma.

Gradualmente los nazis vendieron la idea de que los problemas internos en su país recaían sobre una minoría, la cual tenía «secuestrada» su economía, a quienes se les consideraban en el marco de la otroriedad ajena al nacionalismo alemán, quienes representaban el espíritu de la maldad, que eran capaces de asesinar divinidades y sin duda se atreverían a destruir una sociedad desde adentro, por lo tanto era labor obligatoria acabar con ellos para luego hacer un «memorial acerca de su maldad» para asegurar el futuro de las próximas generaciones.

Ninguna persona despierta con la intención de cometer un genocidio, por esto la gradualidad de las acciones demostrará los guiños de alerta ante los deseos de actuar con tal infamia. En el caso de la shoah, el odio iba aumentando y justificando las acciones posteriores, se realizaron boicots económicos, se les segregó por aspectos raciales (leyes de Núremberg), los confinaron en guetos, les expulsaron del país, les llamaron «plagas», «pestes», «ratas», y finalmente los intentaron exterminar.

Y en el momento cumbre del exterminio no se concentraron solo en los que vivían en su territorio, sino que conforme iban avanzando en su proyecto de conquista territorial, recogían a los judíos en el camino para enviarlos hacia el mismo destino que los que tenían en su país, esto le agrega una terrible sazón distinta al amargo caldo que la humanidad debió beber durante la shoah.

De la shoah directamente se aprende que se pueden cometer crímenes contra una población y al estudiarlo a través del tiempo, negar que esto sucediera, o disminuir el impacto de lo ocurrido.

Cuán infame es hoy querer negar los hechos que acontecieron en ese momento de la historia, basados por supuesto como acostumbra la narrativa de los académicos posmodernos. Cómo desgasta responder una y otra vez las majaderías de los revisionistas y negacionistas, que sencillamente no aceptarán por una obsesión basada en prejuicios contra las víctimas del genocidio.

«¿Qué particularidad tuvo la shoah con respecto a otros genocidios?» se preguntarán las generaciones actuales. La respuesta, aunque compleja, no es definitiva. Lo que marca este genocidio de otros es que, a partir de este, se logró el marco legal internacional para poder condenar y combatir los genocidios, lo cual no ha evitado por supuesto que se repitan actos de barbarie contra pueblos en diferentes países del mundo, todavía hoy en un mundo que se supone más «interconectado» y «desarrollado».

Pero es en ese elemento diferenciador de la shoah, que además de convertirla en un parámetro para medir otros crímenes de lesa humanidad, se transforma también en uno de los hechos más rebatidos y sobre expuestos de la historia del último siglo.

La shoah ha sido utilizada para justificar odios modernos contra el Estado de Israel; por su carácter judío, la usan para desacreditar su existencia o por el contrario se vende la idea errónea que fue la «excusa» para crear las condiciones de este Estado, negando la labor realizada desde finales del siglo XIX por los movimientos sionistas, y quizás aceptar que la shoah en su momento aceleró el proceso hacia esa autodeterminación.

En el mismo marco de los conflictos en el Medio Oriente existen enfrentamientos entre quienes se han transformado en negacionistas de la shoah, tal es el caso de Mahmoud Abbas, presidente de la Autoridad Nacional Palestina, quien hizo su tesis doctoral negando los hechos ocurridos contra los judíos durante la II Guerra Mundial. Mientras que, por el otro lado, hay quienes acusan al Estado de Israel de hacer con las poblaciones árabes palestinas lo mismo que hicieron contra los judíos los nazis, en una contradicción que no debe sorprender ya que es parte de la narrativa de los discursos actuales.

Sin embargo, y a pesar del uso político que le dan ciertos actores del sistema internacional, el tema de la shoah tiene una funcionalidad para destacar los elementos claves que señalarían la posibilidad de estar frente a un nuevo caso de genocidio.

a. Asesinar a miembros del grupo.
b. Provocar serias lesiones físicas o mentales a miembros del grupo.
c. Imponer deliberadamente en el grupo condiciones de vida calculadas para causar su destrucción física total o parcial.
d. Imponer medidas destinadas a prevenir nacimientos dentro del grupo.
e. Transferir a niños del grupo a otro grupo por la fuerza.

En línea con estos principios establecidos desde el 9 de diciembre de 1948 en la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, más que justificado por los hechos acontecidos contra los judíos durante la II Guerra Mundial, resulta obligatorio hacer un análisis de los principales hechos bélicos de la última década para estar atentos ante la posibilidad de que se esté delante nuevamente de esta clase de crímenes contra la humanidad.

• Exterminio y desplazamiento obligatorio de cristianos en el Medio Oriente.
• Violaciones y asesinato sistemático contra la minoría yazidí en Irak.
• Acusación de genocidio y desplazamiento contra la población Rohyngia en Birmania.
• Conflicto de los países del Golfo contra el grupo paramilitar Hutí, en Yemen, donde se bloquea el acceso a la ayuda humanitaria para la población civil.

Resulta imperioso estudiar cada caso para que se puedan dar juicios utilizando también como antecedente otro hecho que marca la realidad inmediata a la Segunda Guerra Mundial; los juicios de Núremberg que el pasado 20 de noviembre cumplieron 72 años de haberse efectuado. De una forma irónica se debe citar que los juicios se dieron en la misma ciudad donde 10 años antes se habían establecido las leyes con el nombre de dicha ciudad que comenzaba a deshumanizar a los judíos para luego justificar su exterminio.

En definitiva, el conocimiento que se alcanza de algo como la «Noche de los Cristales rotos» demuestra la progresividad de los hechos que se pueden extender a varias décadas posteriores.

Un levantamiento popular, que podría ser marcado de «inocente»; aunque es evidente que no hay inocencia en ningún acto de vandalismo o violencia contra una minoría, mucho menos si la intervención del Estado no es la adecuada para mitigar el impacto, sino que se transforma en un hecho casi «institucionalizado» o justificado desde el aparato burocrático.

Lo que arrastraría esa trágica noche hasta hoy sigue enseñando que la humanidad no aprende de sus errores, sino que por el contrario los reitera con distintos actores, con diferentes justificaciones y con variados niveles de ensañamiento y destrucción.

Por supuesto que el daño ocasionado trajo consigo cambios «positivos» que alcanzaron a todas las sociedades, en el marco jurídico y de la defensa a los derechos humanos. Pero el precio a pagar fue uno de los más grandes, y no ha sido para nada barato, ni suficiente, porque aún hoy, quienes niegan que la shoahocurriera, son también quienes justifican los actos barbáricos contra minorías en diferentes lugares del mundo.

Fuente: WSIMAG

Ana Frank y la lucha por la preservación de la memoria

El Ministerio de Educación Pública de Costa Rica, con el respaldo del Teatro Nacional y el Centro Israelita Sionista de Costa Rica, estrenaron la obra de teatro “Una niña llamada Ana”, basada en el relato de Ana Frank, la niña que se hizo famosa por un diario de su propiedad que encontró su papá después de la II Guerra Mundial. Tanto Ana como su madre y su hermana fueron parte de los 6 millones de judíos asesinados por los nazis durante la Shoah.

La obra será presentada a más de 12 mil estudiantes durante la semana que estará en cartelera, busca generar conciencia de la importancia de la Shoah en la historia de la humanidad, considerando que en virtud de lo ocurrido contra el mundo judío en esa oscura época, se aprobó el 9 de diciembre de 1948 la “Convención para la prevención y la sanción del delito de genocidio”, de esta forma no solo quedaría catalogado de forma explícita este crimen sino que además, se abriría el portillo para sancionar a quienes incurran en la destrucción sistemática de otra población.

Quienes se encargan de negar o hacer revisionismo de lo que ocurrió contra la población judía, durante la guerra, se incentivan a través del odio anti judío histórico y además se apoyan con una serie de bulos y mitos que se manifiesta y desmiente una y otra vez. Por ejemplo, quienes han propagado la falsa idea que el diario de Ana Frank fue escrito con bolígrafo o redactado por el propio padre de la niña, tema que fue desestimado desde la década de los 80s pero que una y otra vez reaparece como “verdad” que embauca a incautos y desentendidos del tema y fortalece los prejuicios de aquellos que buscan la mínima excusa para expandir este tipo de falacias, en su afán por banalizar o rechazar la veracidad de la Shoah. Es por esta razón, que se debe destacar el llamado de las autoridades educativas costarricenses para combatir la discriminación en cualquiera de sus manifestaciones, incluyendo por supuesto la judeofobia.

Presentar en el teatro una obra fundamentada en el relato de Ana Frank busca ir más allá que una bonita creación literaria que además es un requisito académico entre los estudiantes. Primero que nada, se trata de una niña y adolescente como la mayoría del público que estará viendo la puesta en escena, y que podría representar a las nuevas generaciones con ánimos de vivir sus sueños, venciendo todos los obstáculos que se pongan en el camino y quienes, además, absorben todo lo que desde su entorno les ofrece.

Pero también, representa a los últimos sobrevivientes de la Shoah que quedan en vida, algunos con edades cercanas a la que Ana debería tener actualmente (88 años), y que representan de las últimas generaciones que vivieron en carne viva el terror y la muerte de millones de hermanos, aún hoy se puede escuchar desde una fuente primaria el testimonio de esa época atroz.

Cuando los últimos sobrevivientes trasciendan a la eternidad, el aprendizaje para las próximas generaciones será a través de libros y vídeos, lo que hará el aprendizaje muy impersonal y que se preste para que se vean solamente como una simple historia de algo que es lejano, o lo que es peor, que sirva de excusa para todos los que niegan que esto haya ocurrido realmente. Está claro que cuando esto ocurra, los ataques de quienes niegan o minimizan el hecho histórico, serán más incisivos, y despiadados.

Es por esta razón, que la trascendencia del legado del testimonio contenido en esta obra y en el libro, debe ser enseñado de manera vivencial, haciendo énfasis que no se trata de una simple obra literaria, ni de un Best Seller que fue creado para convertir en millonario a ningún autor famoso, sino que se es una de las tantas evidencias que han quedado plasmadas de la manifestación despiadada del odio desmedido que en su momento emprendieron las autoridades nazis que consideraban a los judíos los culpables de todo lo que les ocurría y de los males del mundo, contra quienes emprendieron un proceso deshumanizador hasta llevarlos a la destrucción sistemática, entendiendo que de entrada la idea no era destruirlos, pero conforme se amplió el odio y se estructuró más se pasó de la expropiación, expulsión, al confinamiento, trabajos forzados y exterminio, siendo esta última de manera paulatina más sanguinaria y estructurada conforme los mecanismos se iban haciendo más burocráticos.

Pero también, la vida de Ana Frank recuerda un elemento clave durante esta época, los miles de personas no judías que arriesgaron sus vidas de forma desinteresada para salvaguardar a sus vecinos, amigos, compañeros de trabajo, socios y demás judíos de las garras nazis y que ocupan una parte esencial para que la maldad no triunfara y hoy no se hable de la historia de un pueblo extinto, sino que su legado vive y se manifiesta alrededor del mundo con grandes aportes sociales en los lugares donde se han desarrollado.

Una niña llamada Ana, logra un efecto impactante, sobre la labor que aún toca continuar, preparando el camino para preservar la memoria de los millones de judíos exterminados, cuando ya no haya voces directas que puedan contarnos esto, pero que su legado no muera con ellos y se pueda seguir enseñando de generación en generación (l’dor V’dor) no como una parte de la historia judía, sino como una señal para la sociedad de que aún queda mucho por hacer para que no haya cabida al odio y la destrucción de la humanidad.

Después de esto, se comprende porque cada generación posterior a la II Guerra Mundial, es considerada así misma como una sobreviviente.

Fuente: El Mundo CR

I genocidio del Siglo XXI: cristianos y yazidíes, víctimas del silencio occidental

nun yazidi

Por: Bryan Acuña (Analista Internacional)

En el Medio Oriente y África la situación para las minorías religiosas, no es nada alentadora. La afirmación no es expresada a la ligera, desde hace décadas y en los últimos años especialmente, los cristianos y ahora las poblaciones yazidíes son víctimas de la imposición del Islam al filo de la espada, y en ocasiones ni siquiera se ofrece la conversión sino que de plano el asesinato está a la orden del día.

Por supuesto, quienes han tenido alguna relación con grupos misioneros cristianos, están enterados de las vejaciones y circunstancias bastante desagradables que viven los evangelistas en países donde el Islam rige con mano dura los destinos de las personas que habitan estos territorios. Los constantes reportes de evangelistas acosados en Irán, Arabia Saudita (donde el solo hecho de ingresar una biblia es un delito[1]), Marruecos, Nigeria, Somalia, etc. demuestran que la realidad para quienes ostenten la mínima intención de convertir al cristianismo a sus habitantes podría ser nefasto, o en algunos casos la práctica de su religión no puede ser un acto público sino reservado para sus templos (leyes para dhimmis[2]).

Ahora bien, en temas de proselitismo podría ser “comprensible” la agresividad de un grupo religioso cuyas reformas posmodernas son prácticamente nulas y no permiten grandes divisiones que las que ya han sufrido al comienzo de su expansión. Pero lo que ocurre actualmente con grupos como el autodenominado Estado Islámico (ISIS) en el Levante[3] y Boko Haram en Nigeria.

 

Los enemigos del Estado Islámico

El primer grupo (ISIS) tiene una clara intención expansionista para poder declarar un Califato Islámico[4] en una extensión de territorio que no es nada despreciable. Cubriendo desde Yakarta en Indonesia hasta Al – Ándalus en España, con la intención de someter todo esta zona bajo la ley islámica (sharia), con estándares bastante radicales que controlarían cualquier actividad humana de toda la zona. Sería lo más cercano al sueño “panarabista” y “panislamista” del siglo pasado, pero transformado en una pesadilla sin precedentes, aunque bastante aceptado por clanes y “tribus” familiares en la zona. Poseen además recursos económicos y militares que se desearía más de un país para poder controlar las zonas conquistadas, además de sus respectivas poblaciones.

Para lograr este objetivo, ISIS se ha planteado someter y destruir a las minorías religiosas y consideradas herejes de la zona. Por este motivo han planteado una persecución sin parangón contra las agrupaciones cristianas que tienen cerca de 2.000 años de encontrarse en la región del Medio Oriente, y extendida además en África; principalmente en el Norte donde se erige uno de los patriarcados ortodoxos más importantes del mundo cristiano; Alejandría.

Los cristianos asesinados por el Estado Islámico, quienes los crucifican, los decapitan, violan mujeres, asesinan niños y practican otras clases de vejaciones contra estas poblaciones, se cuentan en centenares. Oriente Medio se queda sin cristianos[5], esta es la cruda situación hoy, comunidades milenarias huyendo despavoridas. En marzo de 2015 atacaron la comunidad cristiana asiria, donde todavía se habla arameo.

Y además de asesinarlos, los marcan como ganado, como si los nazis no hubieran hecho bastantes estragos en la historia de la humanidad, los cristianos de Oriente Medio, están siendo marcados con la letra “Nun” del alfabeto árabe, que es el comienzo de la palabra nazareno, con el cual se denominan a los cristianos.

Pero también el Estado Islámico la ha emprendido contra agrupaciones islámicas chiitas, alauitas (originaria del chiismo), además contra kurdos y yazidíes. Los primeros dos (chiitas y alauitas) hallan protección dentro de las comunidades sirias e iraquíes, entre estas el gobierno oficial de Bashar Al Assad en Siria. Los kurdos han aprovechado su leve autonomía en Iraq y Turquía para enfrentar a los islamistas de ISIS por medio de sus guerrillas de “Peshmergas” a quienes se les alían algunos cristianos también, pero no son el grupo principal para ser protegido. Pero los pueblos yazidíes están siendo exterminados a pasos agigantados.

Los yazidíes son un pueblo de Oriente Medio con más de 2.000 años de historia, sus creencias son un sincretismo de islam sufí con cristianismo y otras religiones de origen persa. Son perseguidos también por ser considerados herejes y los están arrasando[6]. Solamente el 2 de mayo de 2015 se reportaba el asesinato de 300 rehenes en manos de ISIS y en agosto de 2014 las noticias hablaban de 500 muertos.

Boko Haram:  “El occidentalismo es anatema”

La segunda agrupación, que hace unos meses proclamaba su fidelidad a ISIS, se ha encargado de perseguir cristianos y minorías religiosas opositoras en Nigeria. En setiembre de 2014 se reportaba la muerte de al menos 350 cristianos en manos de la agrupación yihadista. En ese mismo año pero en mayo, secuestraron 200 mujeres de un liceo[7] y a finales de abril de 2015, el ejército nigeriano liberó un campo de prisioneras con 700 mujeres (contemplando niñas) sometidas como esclavas sexuales, 200 de ellas embarazadas[8].

Para Boko Haram, el sistema actual nigeriano tiene vacíos de poder que el Islam viene a llenar, en especial cuando se trata de poblaciones con extremos grados de pobreza y donde el brazo del Estado es tan corto porque sus esfuerzos se han concentrado en las zonas más productivas del país. A falta de un poder integral, estos vienen a llenar el vacío, aunque la solución sea peor que las enfermedades, o al menos esto pareciera a simple vista para quienes no comparten ideológicamente el esquema de la agrupación islamista.

Las intenciones de ambos grupos son similares, en el caso de ISIS su objetivo es expansionista, aprovechar la caída de algunos Estados fallidos de Oriente Medio y establecer su califato religioso. Boko Haram por su parte, contempla hacer lo mismo en Nigeria, pero posteriormente convertirse en una especie de Emirato[9] del Estado Islámico.

¿Por qué se puede decir que este es un genocidio?

Los genocidios comienzan por lo general con el exterminio o desarraigo de poblaciones sensibles; léase, niños y mujeres. Se sabe con certeza cuando un grupo está a las puertas de cometer un genocidio cuando su objetivo integral se enfoca en estas dos poblaciones.

“…La interrupción demográfica sería uno de los elementos empleados en los genocidios en general, por lo que se optaría por asesinar a las mujeres y a los niños, las primeras por ser las capaces de engendrar vidas, y los segundos por ser las nuevas generaciones de aquellos que quieren destruir[10]…”

Algunas de las prácticas más comunes para acabar con un grupo en particular, es la de robarse a sus niños y adaptarlo al de la agrupación beligerante, como hace ISIS con los niños cristianos[11] de Siria y yazidíes[12], que son vendidos como esclavos o posteriormente readaptados a familias musulmanas, de la corriente islamista de ISIS y así acabar con una generación de nuevos cristianos o de herejes yazidíes en la región.

Por otro lado, las mujeres no se escapan de los objetivos principales de los genocidas. Uno de los puntos clímax en los genocidios incorpora de manera tajante la destrucción física de las mujeres, dentro de lo que destaca la violación (como en Nigeria), la esterilización forzada, los abortos forzados y obviamente el exterminio físico como punto máximo para detener el crecimiento demográfico de la población que se espera destruir o generar nuevos ciudadanos del pueblo opresor para acabar con los inferiores, para lo cual, además de violarlas puede que sean secuestradas y forzadas a quedarse con los terroristas contra su voluntad.

El pronunciamiento de la iglesia occidental

El cristianismo en occidente ha mantenido un silencio que asusta. Supongo que tiene asuntos más importantes que realizar desde este lado del mundo y por eso su pronunciamiento ha sido tan frío.

Excepto el Papa Francisco, no hay personajes de peso del cristianismo que hagan un fuerte llamado a proteger a los cristianos del MENA (Medio Oriente y el Norte de África). Será que los cristianos coptos (Egipto) asesinados por ISIS son cristianos de segunda categoría, o que los cristianos de Mosul (Iraq) no poseen un valor importante en la historia del cristianismo en general.

Se podría intentar entender que de los yazidíes no se hiciera mucha defensa (poca gente conoce su historia, a pesar de ser un pueblo milenario también), pero que los cristianos quienes se suponen están al tanto de sus hermanos en todo el mundo, mantengan un silencio cómplice, atroz, sepulcral y que se quieran enclaustrar en las paredes de sus templos sin pensar o levantar su voz pensando en lo que viven los cristianos de aquella “remota” pero tan relevante región, es de sentir una vergüenza sin derecho a decir “no lo sabía”, porque a diario los noticieros informan de todas estas cosas.

 

Aspectos finales:

Estamos delante del primer genocidio del siglo XXI, es pronto para que la historia lo catalogue de este modo, pero las condiciones están dadas para que sea de este modo. El accionar de los gobiernos que pueden evitarlo, está lejos de poder hacer algo hasta que se descubra la macabra escena que hay detrás de lo que hasta ahora vemos muy por encima.

Hay una dura labor de comunicación y de reclamo para que la Comunidad Internacional haga algo más que padecer del síndrome de las reuniones y tomen de una vez por todas decisiones fuertes, la vida de cientos de miles de persona están de por medio, el tiempo apremia cuando la situación es tan delicada y cualquier minuto que pasa podría generar más atrocidades.

A los cristianos, como voz cantante de la moral occidental; con sus yerros tan humanos, les queda levantar los estandartes de la misericordia y del amor, clamar más fuerte, no solamente a los cielos, sino que lo escuche el mundo entero, que no se quedarán callados mientras sus hermanos y el resto de las minorías en las regiones de Medio Oriente y de África son asesinadas vilmente por agrupaciones islamistas, que actúan con una maldad impresionante que no puede ser tolerada jamás y que no se quedarán callados mientras las injusticias están llevando a la destrucción sistemática de seres humanos. Que no suceda como con la Shoah[13], que cuando se habló, ya era demasiado tarde.

[1] http://www.abc.es/20111013/internacional/abci-arabia-saudi-biblia-201110131907.html

[2] http://www.dhimmitude.org/

[3] http://es.wikipedia.org/wiki/Levante_mediterr%C3%A1neo#cite_ref-beaumont-pg22_1-0

[4] http://www.elconfidencialdigital.com/seguridad/califato-islamico-kilometros-Espana_0_2405759418.html

[5] http://www.elconfidencial.com/mundo/2015-04-04/oriente-medio-sin-cristianos-isis-yihadistas-siria-irak_753364/

[6] http://www.lagranepoca.com/archivo/32878-dramatico-nuevo-exterminio-yazidies-iraq-siria.html

[7] http://www.lanacion.com.ar/1687762-nigeria-boko-haram-reivindica-el-secuestro-de-200-chicas-y-promete-que-las-vendera

[8] http://globovision.com/200-mujeres-y-ninas-estan-embarazadas-tras-violaciones-de-boko-haram/

[9] http://historiaparapasotas.blogspot.com/2010/08/emiratos-califatos-y-otros-menesteres.html

[10] https://www.academia.edu/8754321/Genocidio_y_la_deshumanizaci%C3%B3n_del_individuo

[11] http://www.cbn.com/mundocristiano/elmundo/2015/February/ISIS-secuestra-a-decenas-de-cristianos-en-Siria/

[12] http://www.eluniversal.com.mx/el-mundo/2014/ei-esclaviza-vende-mujeres-ninios-yazidies-irak-1045560.html

[13]Shoah: Holocausto de judíos por parte de los nazis contra los judíos (II Guerra Mundial).

Inquisición, nazismo y el odio judío…

LEYES DE NUREMBERG

Por Bryan Acuña Obando (Analista Internacional)

Cuando se realiza un análisis crítico de las razones por las cuales los nazis llevaron a cabo el genocidio de millones de personas, entre ellas la política de “jüdenrein” que no significaba otra cosa que no fuera desaparecer la judeidad de la tierra, la maquinaria nazi lo justificaba simplemente deduciendo que los judíos eran los culpables de los problemas económicos (inventores del capitalismo), sociales (promotores del comunismo) y por la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial.

Pero cuando se intenta explicar las razones para ejecutar un plan de exterminio, no hay un solo motivo que se pueda tomar como “la razón” primordial, sí muchos puntos se pueden catalogar como “las excusas”, ya que en la política nazi solamente se ve reflejado el comportamiento del odio por el judío por tratarse del “otro[1]”, el que no es judío, el que habla yiddish, el que reza distinto, el que no forma parte de la sociedad cristiana alemana (a pesar de la enorme existencia de matrimonios mixtos), etc. En el judío reflejaban los alemanes todo aquello que no era alemán (aunque llevaran siglos en el territorio) y a esto le sumaban como acusación el desarraigo a la tierra teutona por anhelar irse cuanto antes a la tierra de sus antepasados.

Alemania no era la única en cuanto antisemitismo; Francia era catalogada de promulgar un antisemitismo más pronunciado y venenoso, aunque sin embargo las condiciones propias de un país fuertemente castigado por perder la Primera Guerra Mundial, así como la fuerte influencia racista y la propaganda de la maquinaria nazi, convertirían en política de Estado que no solamente se resumía en discriminar a los judíos, sino que había que exterminarlos.

Quizás uno de los aspectos desde el cual se ha intentado explicar el comportamiento nazi contra el judaísmo ha sido el factor religioso; es decir, que toda la masacre perpetrada por el nazismo tenía motivos desde la “fe” del pueblo alemán. Tendría algo de lógica relativamente. Como se explicó anteriormente, los judíos no eran catalogados como propios de la “Alemania cristiana”, aunque Hitler tampoco era un ejemplo de cristiano, de hecho a pesar de haber sido criado como católico, su pensamiento religioso era más una mezcla de paganismo y esoterismo.

Pero a pesar de lo anterior, sí muchas de las justificaciones del asesinato masivo de judíos provenían de una larga data de influencias religiosas en el antisemitismo común europeo, basta con leer los documentos de la iglesia católica que promovían la “teología de la sustitución[2]” en la cual los “israelitas” dejan de ser el Pueblo de Dios y pasan a ser un pueblo rechazado y maldito, así como ser los asesinos de dios (crímen de deicidio); algo que fue posteriormente derogado con la Encíclica Papal Nostra Aetate durante el Concilio Vaticano II[3]. También como las teorías del protestantismo Martín Lutero como “Sobre los Judíos y sus mentiras[4]” para darse cuenta de las motivaciones religiosas que pesaban para juzgar al judaísmo. Y quizás un último ejemplo podría ser las bulas papales como “Cum nimis absurdum” del Papa Pablo IV, personaje fundamental en la Inquisición romana, cuestionaba cómo los judíos que habían sido condenados eternamente por haber negado y asesinado a Jesucristo convivieran entre los cristianos, lo cual catalogaba de absurdo.

En este proceso de varios siglos antes de la ejecución de la shoah, además de los temas mundanos y terrenales de la economía, la política y la sociedad en general, el pulpito de las iglesias explotaba sus atroces ideas contra el judaísmo delante el cual su objetivo era claro, acabar con el judaísmo para que estos se convirtieran al cristianismo y se salvaran del fuego eterno.

Pero aun así, ni siquiera las garras del antisemitismo religioso rimbombante podría darle equivalencia al comportamiento de los nazis con el de los inquisidores europeos, salvo por el sadismo con el cual ejecutaban sus torturas y asesinatos.

La persecución de judíos por parte de la Inquisición

A finales del siglo XII por el Papa Lucio III[5] a través de la  bula “Ad abolendam” se da inicio las actividades del “Santo Oficio” (Santa Inquisición), buscando entre sus principales objetivos acabar con la minoría judía y con los conversos (muchos de estos forzados). Para este objetivo procuraban supervisar para que los judíos no judaizaran en los territorios donde se encontraban y para confirmar si efectivamente los “nuevos cristianos” (judíos conversos) realmente cumplieran sus obligaciones como cristianos y que no estuvieran en secreto manteniendo un rito judío haciéndose los cristianos solamente para escapar de sus “santas” acciones para Dios.

De este modo la persecución contra los conversos y el judaísmo en general llevó a una cacería en la que, cualquier elemento que les oliera a judío, sería interrogado inmediatamente por el santo oficio, muchas veces las acusaciones no tenían asideros en la verdad, y algunos eran acusados por sus vecinos para evitar pagar alguna deuda o simplemente por rencillas o desconfianzas, tal fue el caso del “Santo Niño de la Guardia[6]” en 1491, que no era otra cosa sino un libelo de sangre para continuar el ataque contra los judíos y los conversos.

Los castigos para quienes sospechaban de judaizar o de continuar en su vida hebrea pasaban por la flagelación, atarlo al potro que llegaba a desgarrar extremidades, el uso de la cuerda atada en el techo desde donde eran subidos los acusados por medio de una polea hasta que confesaran al encontrarse exhaustos, entre otros mecanismos. Finalmente esto llevaba a muchos prisioneros a confesar de judaizar o de ser judíos, aunque fuera mentira, pero pensando que el castigo que les vendría por dicha confesión sería menor, siendo muchas veces un error de interpretación.

Sin embargo, aun y con esto, el santo oficio buscaba acabar con el judaísmo como religión, por lo que sus políticas iban en pro de lograr solamente el objetivo religioso, justificado en gran parte por su versión aberrante de la salvación a través de Jesucristo y procurando el “rescate de esas almas”. Pero el nazismo entendió que el tema iba más allá y no se concentró en la religión.

El genocidio nazi; más allá del carácter religioso

La primera evidencia de judíos en los territorios germánicos datan del año 321 y en Polonia del 966 de nuestra Era, su convivencia con el resto de la población de la zona fue común y en un punto en el cual, salvo por algunas agrupaciones religiosas que marcaban la diferencia, el judío común se mezclaba con el resto de los ciudadanos. Se desarrollaron en las diferentes formas de vida de los sitios y hasta se casaron en matrimonios mixtos con mujeres no judías de esos países. Su vida era normal, salvo por el odio judío de corte religioso que fomentaba algunas escaramuzas  y ataques contra las comunidades, algunas veces con resultados nefastos, pero no al nivel de lo que se vendría.

Con el ascenso del nazismo el siglo pasado, más la propaganda antisemita que se daba eco por toda Europa, lo peor parecía venir, por lo que muchas comunidades judías que contaban con los recursos comenzaron a migrar fuera del territorio europeo para salvaguardarse ellos y la familia que pudieran rescatar, o en algunos casos la que quisiera irse porque otros optaron por quedarse pensando que la situación se calmaría y no llegaría más allá.

En 1935 cuando el gobierno nazi promulga las Leyes de Núremberg[7], se puede destacar que los nazis veían al judaísmo como algo más que una “religión maldita”, de la cual hay que salvar a sus miembros convirtiéndolos al cristianismo. El nazismo sabía que el judaísmo era una identidad que provenía por herencia o por adopción y por lo tanto, con renegar de esta identidad no dejarían de ser judíos y con sus estudios “genetistas”, los judíos traían ese gen del mal que debía ser erradicado; por lo tanto la raza, la genética y la herencia serían factores importantes, más allá de la metafísica posición religiosa, ser judío era algo que se poseía desde el cordón umbilical o que se tomaba por voluntad propia. Según las Leyes nazis, se era judío por:

  • Tener tres abuelos judíos y un abuelo alemán era considerado judío al 100 %.

  • Tener dos abuelos judíos y dos alemanes era considerado mestizo judío al 50 %.

  • Tener un abuelo judío era considerado Mischlinge o mestizo al 25 %.

  • Abrazar la religión judía sin ser judío de nacimiento era considerado judío al 100 % (podían ser pastores católicos, feligreses de sinagogas, etc).

  • Casarse o mantener relaciones extramatrimoniales con una persona judía era considerado como prohibido y la persona que lo hiciera podía pasar a ser considerada como judío de primer grado, esto estaba penalizado con prisión.

  • Los judíos que se hubieran convertido al cristianismo (luteranos, católicos o protestantes) eran considerados judíos de todos modos por su origen.

Es así, como basados en esos “estudios genéticos” y el conocimiento de la irrenunciabilidad al carácter judío, que comenzaron a promulgar leyes y controles de natalidad, así como a aplicar el asesinato sistemático de judíos, comenzando con mujeres judías, quienes eran torturadas hasta la muerte, principalmente aquellas que todavía estaban en edad para engendrar. Se les practicaba experimentos científicos para intentar borrar el gen judío, cuando estos fallaron, el camino los llevó al asesinato masivo, posteriormente optaron por los niños (el futuro judío) con quienes también se practicaron experimentos para “des judaizarlos” y así progresivamente.

Los judíos que estaban vigorosos fueron confinados a campos de trabajos forzados donde serían “útiles” al aparato estatal nazi hasta que sus vidas fueran absorbidas y muertos, y los que eran débiles o poco productivos (ancianos, enfermos, algunos trabajadores poco “rentables y hasta los propios niños) fueron exterminados casi de inmediato, por lo que los campos contaban con cámaras de gas para el asesinato masivo y crematorios para evitar tener que realizar entierros (así además borrar evidencias). En otros casos dependiendo del humor de sus carceleros, eran llevados en largas “caminatas de la muerte” u obligados a cavar sus propias tumbas para luego ser asesinados masivamente.

El resto del relato se conoce y la importancia es que de no ser por la intervención militar, los judíos no tendrían ninguna opción de haber sobrevivido como pueblo a esta tragedia, no existía un camino aunque fuera poco confiable, de que renunciaran a su judeidad y salvaran sus vidas. El nazismo no lo permitiría y lo tenía claro, judío una vez, judío para siempre, y su destino era la desaparición.

[1] http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/lacan.pdf

[2] http://www.gotquestions.org/Espanol/teologia-sustitucion.html

[3] http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decl_19651028_nostra-aetate_sp.html

[4] http://goo.gl/4IquKX

[5] http://webs.advance.com.ar/pfernando/DocsIglMed/Inquiscion_Medieval.html

[6] http://es.wikipedia.org/wiki/Santo_Ni%C3%B1o_de_La_Guardia

[7] http://es.wikipedia.org/wiki/Leyes_de_N%C3%BAremberg