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Al Jazeera en Israel, ¿medio de comunicación o quinta columna?

Hay una dura crítica a la medida adoptada por Israel sobre el cierre de la Cadena Al Jazeera en el país, pensando que se trata en cierto modo de cortar lazos con un medio de comunicación y esto se podría interpretar como lo dice la crítica de Amnistía Internacional “un ataque descarado a la libertad de prensa”, según las propias palabras de Magdalena Mughrabi, subdirectora de dicha organización para la región del Medio Oriente y África.

La medida en definitiva se las trae, en especial pensando que un país democrático cierre un medio de comunicación no es la acción más apegada a esa naturaleza en pro de la democracia. Pero por otra parte, se debe tener en consideración que la cadena qatarí es un medio que ha estado promoviendo la violencia contra Israel, en particular con los últimos eventos relacionados con la explanada de las mezquitas en Jerusalem (Monte del Templo), los comentarios incendiarios que han expresado, exaltaron aún más a las masas que se han enfrentado contra las autoridades israelíes, por lo cual es evidente que no se puede tener este nivel de “Quinta Columnas” funcionando dentro del Estado, en especial siendo representante propagandístico de un país que no tiene relaciones directas con Israel.

Ante la campaña de violencia del canal, lo evidente es que ante este tipo de acciones anti israelíes tendrían mejor acogida si sus instalaciones se ubicaran en Ramallah o Jan Yunis, sitios donde sería comprensible este tipo de posturas discursivas, pero que dentro del propio Estado al que atacan, que el liderazgo no haga nada, es como meterse un balazo en el pie y aún tener que agradecer por el dolor infligido, en un nivel de masoquismo absurdo, que no se lo exigirían a ningún país.

Si los países árabes que han roto relaciones con Qatar por sus nuevos vínculos con la República Islámica de Irán, han decidido ponerle candado a las transmisiones de este canal de TV desde un tiempo atrás, por su supuesto involucramiento con los “Hermanos Musulmanes”, criticando los liderazgos del Golfo o realizando notas que den la noción de apoyar al régimen de los ayatolas, por qué el Estado de Israel, que es catalogado como enemigo del mundo árabe, en particular por el tema palestino, tendría la obligación de mantenerle las puertas abiertas de par a un medio que incita descaradamente en su contra, la única respuesta que se puede tener es que en definitivo la decisión es coherente.

Israel cuenta en su territorio con presencia de prensa de muchos lugares del mundo, que están en el sitio para atender el polémico conflicto con los palestinos. Dicho sea de paso, a veces es muy desequilibrada la cantidad de corresponsales y de medios que se encuentra en el país, contemplando que hay otras regiones donde los niveles de violencia cobran vidas por decenas diariamente y que no poseen tantas corresponsalías, por esto, en ocasiones utilizan como “centro de operaciones” sus oficinas israelíes.

No se trata de coartar la libertad de expresión, por ejemplo, los medios en Israel por lo general permiten que se pueda realizar una serie de críticas con posiciones tan controvertidas contra los principales liderazgos del Estado y contra figuras renombradas, lo que es normal en cualquier país democrático. Pero en general, procuran mantener una ecuanimidad que les lleve a cuidarse en no transformarse en la voz de quienes claman por una destrucción sistemática del país, y aunque en ocasiones rayen de parecer enemigos, saben “jugar pegados a la banda” de la línea entre la libertad y la traición.

Quizá sin imaginarlo, uno de los elementos que no se han considerado de forma directa y que sin duda está pesando en esta decisión del gobierno de ponerle un alto a las operaciones del medio qatarí en territorio israelí, sea la nueva agenda política internacional del país.

En los últimos meses hay un giro sistemático de Israel en poder entablar negociaciones con sus pares árabes, lo que podría convertirse en un contra peso al crecimiento sistemático del poder que ha obtenido Irán en la región, incluyendo sus nuevas relaciones cordiales con el gobierno de Erdogan, sumando lo que ya habían logrado acumular en países como Irak, Siria y el Líbano con fuerte presencia política y militar.

Tanto el mundo árabe; principalmente Arabia Saudita, como Israel, necesitan contener el impulso que está logrando en zonas de influencia el gobierno de Rouhaní, y neutralizar los alcances de Al Jazeera a favor de Teherán en el mundo musulmán podría mantener a raya que se vuelquen en apoyo a estos cambios políticos que puedan ser contraproducentes para los intereses regionales.

El gobierno de Netanyahu está siendo apoyado y criticado por la decisión de vetar al medio; lo que aún no es un hecho y a través de la vía legal puede que esta medida al final no se pueda ejecutar, en un Estado de derecho no solamente necesitas medidas que cuenten con simpatías sino además con legalidad, de todas maneras que este medio es de alto consumo entre los ciudadanos árabes israelíes que contratan el servicio a través de las cableras privadas.

Finalmente, no faltarán aquellos que señalen que esta acción por parte del ejecutivo israelí se deba a querer tapar los casos de corrupción, soborno, abuso de poder y fraude por los que se está acusando al Premier y que en realidad el tema de esta cadena de televisión sea una cortina de humo para desviar la atención, sería un supuesto especulativo, pero que en cierto modo es válido creerlo.

Fuente: porisrael.org

Prensa moderna: La devoradora de mundos

En el mundo de los Comics, Galactus es un personaje que consumir planetas enteros le ayuda a calmar su hambre, con ayuda de sus heraldos rastrea mundos con energía vital suficiente para saciar el apetito voraz del “Devorador de Mundos”. Si bien esto es algo ficticio, en la vida real existe una versión de un devorador de energías vitales para subsistir, la prensa moderna, sus heraldos obviamente son los periodistas. El noble oficio periodístico se ve manchado por la insistente elaboración de noticias o narrativas que enardezcan la opinión pública contra un grupo, país o sociedad.

Ejemplo de esto, el desafortunado comentario del Primer Ministro israelí, Benjamín Netanyahu apoyando la posición del presidente norteamericano Donald Trump en su intención de construir un muro en la frontera con México. Lo malo de este comentario del premier hebreo no es lo que dijo sino que no midió la comparación absurda que realizó el presidente estadounidense con la valla de protección en el territorio de Judea y Samaria (Cisjordania), mientras él (Netanyahu) hablaba de la frontera con Egipto. Ambos estaban en dos sintonías distintas definitivamente.

Al líder israelí se le criticó desde muchos frentes, incluyendo a nivel interno; algo normal en una democracia. Lo que no es sano para el ejercicio periodístico es seguir dándole vueltas al tema para caldear más los ánimos. Por ejemplo, el 30 de enero de 2017 en el medio Russia Today, aparece una noticia bajo el título “Una compañía israelí se postula para construir el muro de Trump: “debe ser una obra inteligente”.” La noticia causó una serie de comentarios que no se han hecho esperar, ciertamente a nadie le importa el contenido, la esencia y todo lo que involucra esto, sencillamente, si Israel está involucrado es material perfecto para alimentar los medios con tráfico de lectores y personas opinando con criterios válidos, o sencillamente, despotricando insultos.

A esos que opinan, tampoco les importa mucho que países como Reino Unido, Francia, Grecia, Austria, Croacia y Rumania quieran construir muros para impedir el paso de inmigrantes hacia su territorio como informaba la prensa en setiembre 2016, o al menos eso no se ve reflejado en la opinión pública. Es obvio que para los efectos informativos, esto cala menos que los actos realizados el presidente Trump con tantos anticuerpos que posee gracias a la propaganda negativa que afecta su imagen. Lo mismo ocurre con el Primer Ministro de Israel, un país que también la propaganda y la manipulación demoniza en incesantes oportunidades.

Al parecer, muchos de los medios de prensa actual se alimentan de cuatro pilares básicos que nutren su hambre despiadada de construir o destruir una realidad:

  • El odio: algunas personas no leen las notas, no les interesa profundizar en el tema abordado por el medio de comunicación, sencillamente se nutrirá por lo que el grupo periodístico comparta, y este a su vez sentirá que cumple con su labor entre más reacciones a través de las redes o formatos electrónicos realicen los lectores. El éxito de sus publicaciones se miden por de la cantidad de comentarios que logren, sin que esto implique realmente que el lector analiza de modo inteligente las circunstancias.
  • El morbo: el uso de ciertas fotografías, de titulares manipulados, de palabras que fuerzan una opinión, un sesgo ideológico y posiciones en ocasiones de naturaleza destructiva. Entre mayor sea el morbo, más atractivo para el consumidor, mayor cantidad de veces replicará la nota y altos niveles de opiniones serán manifestadas, se convertirá además en fuente de información obligatorio.
  • La popularidad: como si se tratará de “Periodismo de Moda”, ocurre que hay figuras que reciben la “unción” de los medios; pero hay quienes no tienen esa “estrella iluminándoles”. Como el presidente Donald Trump, al cual varios medios de comunicación se han encargado de demonizar y señalar como nocivo para los intereses norteamericanos, además de patrocinar algunas manifestaciones públicas que se han hecho virales en días pasados.

 

También, el Estado de Israel sabe desde hace décadas lo que es vivir a la sombra de la impopularidad, que cuando alguno de sus ciudadanos o líderes realiza un acto positivo, algunos medios lo invisibiliza o señala que seguramente “algo se traen entre manos”. Ejemplo de esto, los niños sirios que Israel busca absorber como refugiados. De igual manera, sus políticos son criticados, su ejército es etiquetado como el más despiadado del mundo, sus ciudadanos de ser racistas y su sociedad de muchos elementos negativos; la mayoría de esos señalamientos producto de la propaganda.

  • El negocio periodístico: la competencia actual en el periodismo obliga también a luchar por recursos económicos para subsistir. El periodismo no es una práctica de bien social, por lo tanto, si no tienen audiencia probablemente no despierten interés de patrocinadores y esto los haga poco rentables y desaparezcan. Por este motivo, puede que sucumban a la tentación de hacer de la explotación de un tema la materia prima para mantener sus cuentas en números positivos.

La idea de la nueva prensa que necesita de absorber energías vitales no es tan descabellada. Usen estos mismos elementos de análisis con otros temas para ver que ciertamente, en la narrativa y construcción que hacen los medios es donde generamos opiniones, en muchas oportunidades, sin tener todos los elementos claros para emitir un juicio. Pero ellos igual se nutren, mientras haya “likes” y comentarios que justifiquen esta nueva versión de “periodismo de sobre”; en el cual solo le agregas agua (narración) y puede alcanzar para muchos y todos tendrán una porción para sí mismos.