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No es Israel, son los judíos…

El asesinato de tres israelíes el viernes anterior en manos de Omar Al – Abed con la excusa que lo hacía por Al Aqsa revela el fuerte sentimiento religioso que acoge el conflicto palestino – israelí, que no se trata solamente de un tema de “la ocupación”, ya que esto podría haber servido de justificación que atacara a israelíes de Halamish (Neve Tzuf) por vivir en un “asentamiento”, pero no, su discurso fue directo, lo hizo por las acciones israelíes de poner detectores de metales en la Explanada de las Mezquitas (Monte del Templo) y no permitir el acceso a hombres jóvenes que son fácilmente motivados a realizar actos de violencia, como al final de cuentas se dio.

Se ha analizado el tema basado en la construcción más reciente, y no se ha profundizado en el contexto y motivaciones anteriores que han desencadenado circunstancias similares. Por ejemplo, poco se habla que el uso de detectores de metales devino posterior al asesinato de dos policías drusos israelíes el 14 de julio, realizando el ataque desde uno de los accesos de la explanada, y el posterior decomiso de piedras, palos, cadenas y demás elementos encontrados en los lugares de culto.

Aun así, el llamado de los liderazgos musulmanes es el de “proteger Al Aqsa”, muy similar al llamado de otras ocasiones como el realizado por el Muftí de Jerusalem en 1929 que “Al Aqsa estaba en peligro”, en un difundido libelo que llevaría a revueltas de años en una etapa sumamente candente de las relaciones entre judíos y árabes durante el Mandato Británico.

El grito de “Khaybar, Khaybar Ya Yahud, Jaish Muhammad Ya’ud” (Khaybar, Khaybar, oh judíos! El ejército de Muhammad regresará) que utilizan las mujeres y los niños que custodian en la explanada que los no musulmanes no hagan rezos ni plegarias, seguido del grito de Allahu Akbar (Alá es el más grande), contextualiza el llamado religioso en este conflicto.

El primer grito se refiere al ataque de Mahoma y sus seguidores a la Tribu Judía de Khaybar (año 628 de nuestra era) y el asesinato de su líder Abu Rafi, así como el posterior ataque a las otras tribus judías Banu Nadir, Banu Quraiza y Banu Qainuqa, al considerarlos aliados de sus enemigos. La frase de Alá es el más grande se ha hecho común en temas militares islámicos, y se relaciona con la proclama del poder superior que representa Alá por encima de cualquier otra divinidad, usada como llamado a la oración, pero también como frase ante cualquier evento de magnitudes grandes.

La acción de los atacantes de los policías israelíes, fue también en nombre de la religión, en un acto de martirio, que si bien puede ser catalogada de acción política, tiene un matiz abiertamente religioso que se sustenta con el valor que este sacrificio traerá consigo un premio en la vida futura. Utilizando interpretaciones de este modo de algunos textos religiosos islámicos.

Por este motivo, el llamado de los líderes políticos y religiosos musulmanes de proteger Al Aqsa, como lo hizo el presidente turco, al incitar a los musulmanes para que hicieran todo lo posible por luchar a favor del sitio sagrado, se complementa con la amenaza de la Liga Árabe quien indicó que Israel juega con fuego al “cambiar el statu quo” de la zona, y similares acusaciones provenientes de la República Islámica de Irán y los grupos islamistas como el Hezbolá libanés o el Hamas palestino.

A lo anterior, se debe sumar la campaña diplomática que desde hace tiempo se ha gestado, cual cruzada donde se acusa a los israelíes de estar “judaizando” Jerusalem y otros sitios que se consideran importantes también por los musulmanes. Lo que por el contrario se debería notar es el espíritu de querer islamizar y desprestigiar cualquier vínculo de los judíos con sus lugares históricos – religiosos. En el marco de la UNESCO por ejemplo, la Tumba de los Patriarcas (llamado Santuario de Abraham) en Hebrón, el Kotel en Jerusalem y la Tumba de Raquel (Mezquita de Bilal bin Rabah) en Belén han sido declarados patrimonio musulmán y han sido desarraigados del judaísmo, así como ya se ha hecho con el Monte del Templo (Haram esh-Sharif).

Este tipo de clamores violentos y manifestaciones políticas reciben resultados casi inmediatos, por ejemplo, los actos de violencia durante el rezo del viernes anterior en la ciudad vieja de Jerusalem ante un llamado de “día de la ira” contra las fuerzas policiales israelíes que vigilaban el orden de la zona, y donde además, se dieron enfrentamientos y se hicieron manifestaciones públicas de tener el poder al efectuar los rezos en las calles aledañas, como una forma de protestar y también, ha ocasionado la agresión de sinagogas en Estambul o el ataque dentro de la sede diplomática israelí en Jordania.

La convocatoria es de exacerbar los ánimos y levantar una revuelta de carácter religioso, a parecer Israel es lo único que logra unir posiciones tan radicalmente opuestas como la del histórico conflicto entre musulmanes, para aliarse en una misma causa, basados en una hipócrita posición, ya que protestan contra los controles de seguridad en un lugar público, donde actos de violencia pueden causar muchas muertes de civiles, razones por las que hay sistemas de seguridad en sitios públicos delicados como Meca y Medina, o el Vaticano.

Pero en este caso particular, por tratarse de un territorio que los musulmanes reclaman como suyo (Dar Al Islam) y que se encuentra bajo soberanía no musulmana, incrementa el sesgo religioso que motiva las acciones recientes, siempre desde una interpretación integrista, utilizando por supuesto la falacia de que el sitio se está poniendo en peligro, lo que además podría convertirse en el caldo de cultivo de una acción violenta más grave, como lo sería una nueva Intifada, motivada por Al Aqsa como se excusó en el levantamiento popular del año 2000.

Por otra parte, tanto el liderazgo palestino en Cisjordania como en Gaza, realizan discursos incendiarios que buscan enaltecer los actos de violencia, reivindicándolos como actos de resistencia, pagando enormes sumas de dinero a los familiares de los atacantes, como el caso de Al – Abed, por quien su familia recibirá poco más de $3.000 mensuales por el “acto heroico” este, del cual su madre Ibtisam se siente orgullosa.

Finalmente, el gobierno de Israel accede a remover los detectores de metales y seguramente le obliguen a remover las cámaras de vigilancia de la zona, esto se convierte por supuesto en una victoria para los grupos radicales islamistas que buscan socavar la seguridad de los ciudadanos en la Ciudad Santa, y además ante todo el espectro político israelí y la opinión pública, se pondrá en duda los verdaderos alcances del liderazgo del Primer Ministro de demostrar que puede lidiar con la presión Internacional y la seguridad ciudadana sin morir en el intento.

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La esencia del mártir: Cuando morir es un privilegio

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Según las interpretaciones islámicas de la sharia (ley islámica), cuando alguien muere por causa del Islam, recibe el nombre de shahid (mártir), es decir “el viviente”, según la Sura 3 (Sura Al – Imram) aleyas 169 – 171:

“…Y no penséis que quienes han caído por Alá hayan muerto. ¡Al contrario! Están vivos y sustentados junto a su Señor, contentos por el favor que Alá les ha hecho y alegres por quienes aún no les han seguido, porque no tienen que temer y no estarán tristes, alegres por una gracia y favor de Alá y porque Alá no deja de remunerar a los creyentes…”

Existen casos particulares en los cuales alguien es catalogado como mártir, y todos están asociados con labor a favor de Alá, desde quien muere a causa de una epidemia, ahogado, en el vientre de su madre, protegiendo sus bienes (la tierra por ejemplo), hasta quienes mueren en la batalla por el honor de Alá y su profeta.

Desde la propia interpretación de uno de los mayores exegetas islámicos Muhammad Ibn Ismail Al – Bujari (años 810 – 870 de nuestra Era) la muerte siendo considerado un shahid es un un honor que no se puede comparar:

“…Sus almas se han instalado en el Paraiso mientras que el resto esperan en sus tumbas el día del Juicio. Según palabras del profeta: “Las almas de los mártires están en las vesículas de unos pájaros verdes que se alimentan de las hojas del Paraíso”…”

En ocasiones particulares, cuando el llamado al martirio es para una guerra en el nombre del Islam y promovido por algún líder político y/o religioso. El sustento de las familias de los mártires corre por parte de la comunidad islámica (umma islamiya), en algunos casos por tratarse de un tema político, las propias autoridades se encargan de darle esa manutención a los familiares después de que su hijo decidiera ir a la lucha por la causa Santa.

El convencimiento de quien va a transformarse en mártir voluntariamente proviene de la promesa de entrada al paraíso directamente, en ocasiones ofreciendo supuestas 72 vírgenes, en el caso de los varones para su deleite eterno, en el caso de las mujeres el premio será un solo hombre que le bastará para cumplir con todos sus deseos.

Sura 78 (An – Naba) aleyas 31 – 34: “…Por cierto que los piadosos obtendrán el triunfo verdadero [el Paraíso]. Donde habrá huertos y viñedos, Esposas de turgentes senos que tendrán siempre la misma edad, Y copas llenas [de vino que no embriaga]…”

Solamente un convencido fundamentalista en el tema religioso lo haría pensando en una recompensa futura, pero para quien tiene una familia establecida, esto no podría ser suficiente. Por este motivo existen fondos de ayuda para la viuda y los familiares directos, se pueden dar ejemplos del conflicto palestino – israaelí.

La ex ministra de Asuntos Sociales Palestinos, Intisar Al Wazir (Um Yihad) confesaba en el año 2001 que el gobierno de Yasser Arafat destinaba US$5 millones para los mártires, heridos y prisioneros del levantamiento palestino (Intifada).

El grupo islamista Hamas ofrecía en el año 2009, US$3.000 por cada hombre que tomara por esposa a una viuda de un mártir de la guerra contra Israel. Y recientemente el embajador iraní en Beirut indicó que darían US$7.000 para cada familia de un shahid y US$30.000 por cada casa destruida a las familias de mártires en la Intifada por Al Quds (Jerusalén). Argumentó “…Continuaremos apoyando la revolución palestina…” “…la sangre de los mártires liberará toda Palestina desde el mar hasta el rio Jordán…”

En el complejo panorama del conflicto entre israelíes y palestinos, la desesperanza, así como el miedo y el odio, son factores que se trasladan entre generaciones, y estos son elementos bien aprovechados por los promotores de los levantamientos populares, sabiendo que estos individuos con diversos problemas, propiamente de la guerra que ya de por sí es un factor que altera la vida de cualquiera, y de los inconvenientes sociales que puede pasar cualquier población, hasta por sus propios líderes de turno.

Además, como mencionaría el psicólogo palestino Shafiq Masalha al diario El Mundo de España “…Muchos de los atacantes sufrían problemas personales a raíz de conflictos familiares o aislamiento social…” principalmente en el caso de jóvenes que “…deciden poner fin a sus vidas pero, en lugar de suicidarse, atacan a judíos para convertirse en mártires…” por el honor que esto les acarrea.

Los poemas al martirio, los himnos cantados en honor de los muertos principalmente en combate, las honras fúnebres que parecen desfiles militares, las fotos colgando en todas las esquinas y casas de los ciudadanos para exaltar esa imagen, adicionalmente en ocasiones se ponen los nombres de mártires a calles, plazas y demás lugares, para que esa imagen se preserve con el paso del tiempo. Además que cuando un mártir logra acabar con la vida de varios enemigos, se reparten dulces entre los vecinos y transeúntes.

De lo anterior, no es nada extraña la estrategia de exhibir públicamente el cadáver de un caído ya sea como combatiente o como efecto colateral de la guerra (niños, ancianos, mujeres, etc.), porque ese cadáver representa a un “viviente” que ha trascendido a la inmortalidad, al paraíso directamente. Pero ellos saben el impacto que ocasiona para la mentalidad no islámica fundamentalista esta manera de actuar, como correr en andas con el cuerpo inerte de un niño, que lo presentarán ante las cámaras en reiteradas ocasiones (Dead baby strategy) para marcar al público ajeno, porque para ellos es parte de la guerra de liberación de lo que consideran sus bienes según la interpretación de los hadices (dichos del profeta) mencionados por Muhammad Ibn – Al Bujari y de Muslim Ibn – Al Hajjaj (821 – 875 de nuestra Era).

Dar Al Islam (La Tierra del Islam) es considerado un bien sagrado para Alá y su enviado, por lo que es una obligación defenderla así sea con la propia vida desde la posición radical del islamismo, y este se inculca a nuevas generaciones bajo otros conceptos occidentalizados de “lucha de clases”, “liberación” y “autodeterminación nacional”.

Por esto, aún bajo el argumento de la desesperanza o de la lucha por la ocupación, si se envía en grupo o a lobos solitarios con cuchillos, cinturones o coches bomba a atacar a quienes consideran opresores (alzzalimin), infieles (kuffar) u ocupantes (alaihtilal), continúa siendo una lucha motivada por un tema ideológico – religioso, un paradigma que cuesta modificar salvo nuevos y más fuertes intereses, o que la falta de recursos militares y/o económicos les obligue a firmar una tregua (hudna) con su enemigo.

También pueden a crear alianzas con enemigos ideológicos (socialistas, activistas progresistas, ateos, etc.) para que les hagan parte de su trabajo sucio de liberación del bien sagrado con estrategias pseudo económicas (BDS) o políticas (presionar en foros de la Comunidad Internacional), al final de cuentas su objetivo es muy asociado al fascismo del siglo XX con la búsqueda del sometimiento y exterminio del grupo que consideran ajeno a sus intereses, ideología e idiosincrasia.