Las principales víctimas del radicalismo islámico

El tafkirismo es la acción islámica de declarar a otro musulmán como hereje o apóstata; la raíz del término proviene de la palabra kuffar, que significa ‘infiel’. La denominación de hereje dará como resultado que pueda ser declarada la guerra contra ese “infiel” y se hace principalmente a través de un edicto religioso (fatwa); está prohibido en el Corán asesinar a un creyente (Corán 4:93).

No es una ideología practicada por todos los musulmanes, ciertamente destaca que se trata de una medida utilizada por los grupos más ortodoxos y de visión más integrista, especialmente entre salafistas y wahabistas, ambos grupos provenientes de una rama del islam hanbalí, muy arraigado en los países del Golfo, y que va teniendo cada vez más alcances entre países de otras latitudes de mayoría islámica, además de países con importantes comunidades musulmanas.

Históricamente se puede explicar que el salafismo, proveniente del término salaf en alusión a los ancestros piadosos del islam, es un movimiento del islam sunita (escuela hanbalí) que tiene sus primeros orígenes ideológicos entre los siglos XIII y XV, aunque su auge más prominente se dio desde finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, principalmente con el surgimiento de los “hermanos musulmanes” a través de Hassan al Banna, en el año 1928. Posteriormente, se vivió un período de dispersión por varios países, incluyendo Arabia Saudita, donde las doctrinas salafistas adoptaron además los conceptos de la rama hanbalí autóctona de esa región que es el wahabismo, lo que la haría radicalizar sus ideas aún más.

La ideología salafista basa sus principios en los siguientes elementos, como bien explica Koldo Salazar:

Lectura literal del Corán.

-Seguimiento del Corán, hadices y Sunna exclusivamente otorgando a este corpus teológico la veracidad del islam.

Seguimiento de los hadices (dichos y hechos de Mahoma) e imitación del profeta del islam en todo lo relativo a actitudes, forma de vida pública y privada, forma de vestir y estética.

Desculturización del musulmán, ya que la cultura representa una forma más de contaminación del islam, de modo que debe ser eliminada para retornar al sistema cultural de los Salaf.

-Proyecto político mediante la refundación del islam al propiciar la vuelta de los musulmanes a la fe originaria instaurando sistemas políticos islámicos.

Uso de la prédica como método político para concienciar sobre la necesidad de volver al islam verdadero y desde ahí iniciar un proceso político de catarsis y limpieza interna empezando por la purga de la educación.

El salafismo además, posee tres movimientos básicos: quietista, político y revolucionario. Este último es el que, desde una interpretación activa, reconoce la necesidad de la versión beligerante de la denominada “Yihad”, mal traducida como “guerra santa” y que, en realidad, se trata del esfuerzo para que la palabra divina prevalezca (Bujari XI-1218), por lo que asumen posiciones violentas en ocasiones para hacer volver a la senda correcta a los descarriados y luchar contra los kaffir (‘infieles’).

Por su parte, el movimiento wahabista, cuyo origen proviene directamente de Arabia Saudita, basado en las enseñanzas de Muhammad bin Abd-al-Wahab, quien durante el siglo XVIII logró un pacto con Muhammad bin Saúd, emir de Al-Diriyya, quien posteriormente se transformaría en el fundador del poderoso clan de los Saúd que hoy gobiernan sobre el Estado moderno de Arabia Saudita. La dinastía de Saúd se encargaría de los elementos políticos del territorio, mientras que Al-Wahab se ocuparía de la formación religiosa. De esta manera se gestarían los cuatro pilares fundamentales del wahabismo y al mismo tiempo se podría invertir recursos en la denominada “Dawah”, que es la “invitación” a otros a aceptar la verdad proveniente de Alá a través del profeta Mahoma (Corán 7:157-158; 41:33; 12:108). Se utilizó inicialmente como proceso de combate al politeísmo, de manera que quienes no conocieran de lo divino pudieran optar por el camino del islam (Bujari XLVI–1266).

La Dawah es un concepto islámico general, no es solo de las visiones radicales mencionadas; aplica tanto para convertir politeístas como monoteístas dhimmis (‘protegidos’; cristianos, judíos y zoroastristas), y en la versión de este artículo, para que quienes hayan “abandonado el camino correcto” tengan oportunidad de retomar la senda justa y practicar el islam más puro.

De este modo, los pilares wahabistas se pueden describir del siguiente modo:

Tasrik: prohibición a rezar en nombre de una persona muerta. Así haya sido un gran santo, es considerado haram (‘cosa prohibida’) y pecado de idolatría. De acá se desprende la amenaza por parte de los islamistas a destruir lugares de peregrinación islámicos como la Meca, Medina o el santuario del Imam Husayn (chiita) en Kerbala (Irak), también el ataque contra mausoleos y tumbas de otras religiones.

Taysim: prohibición de darle a Alá cualquier forma antropomórfica. De este se podría explicar el principio bajo el cual las caricaturas contra lo divino del islam se consideran una afrenta sumamente grave.

Tabdi: llamado a la pureza de la interpretación islámica y el retorno a la simpleza de los Salaf. Esto explicaría la justificación por la que atacan otros grupos reformados o que tienen costumbres místicas como los sufíes.

Yihad: desde una visión similar al salafismo, persiguiendo a los que “manchan” o “tergiversan” el islam, a través de la visión revolucionaria.

La noción del salafismo y el wahabismo con respecto a los principios occidentales es que estos contaminan el islam, y también todo movimiento que busque reformar los principios interpretativos del Corán y su jurisprudencia es considerado herético.Por esta razón es que las principales víctimas del radicalismo islámico son otros musulmanes. La página Jihad Watch registra cada atentado que ha ocurrido en el mundo producido por radicales musulmanes. Al 8 de febrero de 2018 se registraban 122 ataques en 19 países, los cuales causaron 788 muertes y más 1150 personas heridas.

“El salafismo considera que los elementos como la democracia, el modernismo, el capitalismo o los modernos sistemas sociales como agentes nocivos para el islam. Como toda creencia fundamentalista, más allá de la intención de volver al pasado glorioso, nos encontramos con otras características como la interpretación literal de los textos religiosos” (Salazar, 2015).

De lo anterior se desprende la interpretación islámica sobre la propagación de la enseñanza del islam, ya que todos los lugares del mundo son territorio para el proselitismo. Las tierras que han estado en manos de musulmanes históricamente son consideradas tierra del islam (Dar Al-Islam), y todos los lugares donde el mensaje del islam no ha llegado esta interpretación los considera Dar Al-Dawah, es decir, la ‘tierra de la invitación’, en especial si allí hay musulmanes con una visión “atrofiada” de los principios puros, pero también optan por perseguir a quienes consideran infieles de otras religiones.

El concepto de “tierra de la guerra” (Dar Al-Harb) es una idea proveniente del siglo VIII (Califato Abasí) y utilizada sobre los países donde los musulmanes no puedan vivir conforme a sus normas éticas y religiosas. En la visión más radical se trata no solamente de una libertad de aplicar la Sharia (ley islámica) en países musulmanes, sino que sea la normativa jurídica que aplique sobre los musulmanes de cualquier lugar donde se asienten en el mundo, incluyendo países con sus propios sistemas legales. De no lograr dicho objetivo, la reacción inmediata es violenta y optan por atacar todos los principios bajo los cuales se rigen los países no musulmanes, como ocurre en ocasiones con revueltas de musulmanes radicalizados en países occidentales (Alemania, Bélgica, Francia, Suecia, etcétera).

Esto ha llevado durante años al financiamiento por parte de países influenciados por el salafismo y el wahabismo; Arabia Saudita y Qatar, por ejemplo. Enviando financiamiento a grupos organizados de modo internacional en estos ideales o patrocinando madrazas y centros de estudio radicales en otros países del mundo, incluida Europa. Ya en los últimos tiempos esto ha disminuido por los cambios en paradigmas políticos y militares de dichas naciones en la búsqueda de objetivos más económicos y globalizadores, por lo que la violencia del salafismo y el wahabismo de nuevo retorna a lo interno de los países musulmanes, donde desean volver a imponer los principios de la purificación religiosa.

Para terminar, queda en evidencia que el germen de los grupos radicalizados afecta principalmente a los países musulmanes, que la denominada “guerra islámica” es mucho más compleja de desenredar considerando la serie de factores que llevan a la expansión de visiones radicales, pero principalmente las pocas posibilidades que hay de luchar contra una visión que desea devolverles el “honor” a principios que consideran mancillados por quienes combaten a diario no contra los radicales, sino contra el islam como un todo.

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El laberinto existencial de la UNRWA

La perversa situación de los refugiados palestinos

Aparte de los problemas que les significa a los palestinos estar en algunas de sus regiones bajo la administración de Israel o los controles militares y políticos de zonas que eventualmente deberían ser parte de su Estado, hay una serie de factores que complican la vida del pueblo palestino no necesariamente en la Franja de Gaza y el territorio histórico de Judea y Samaria (Cisjordania) incluyendo el Jerusalén Este, primordialmente desde el marco de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA), en especial por la naturaleza de su existencia. Al tener características muy sui generis con respecto a su homóloga de ACNUR, genera una serie de factores que complican la vida de los catalogados como refugiados palestinos.

Según UNRWA, son refugiados palestinos aquellas personas cuya residencia habitual era Palestina entre el 1 de junio de 1946 y el 15 de mayo de 1948 (territorio de Mandato Británico en este momento), que perdieron sus hogares y medios de vida a consecuencia del conflicto de 1948, que se refugiaron en alguno de los países o regiones donde opera la UNRWA y los descendientes de las personas que cumplen los anteriores requisitos.

Primero que nada, esa circunstancia hereditaria del carácter de refugiado palestino, que pasó de tener una cifra de 711.000 refugiados según la United Nations Conciliation Commission for Palestine (1950) a un número de 5,3 millones de personas a comienzos del 2018, con el crecimiento demográfico del 25% que ha experimentado dicha población en los últimos 10 años, de mantener ese ritmo dentro de poco tiempo podrían llegar a la cifra de los 6 millones de personas consideradas refugiadas.

En el panorama más optimista, de que se resuelva el conflicto con los israelíes, creando las condiciones para un Estado palestino y permitiéndose a estos refugiados migrar hacia el nuevo país, ¿qué capacidad realmente pueden tener de absorber cerca de 2,7 millones de personas (más de 2,3 millones de los considerados como refugiados viven en los territorios de Cisjordania y Gaza)?

Otro factor de este desgaste tiene que ver con la cantidad de recursos que consume el caso de los refugiados palestinos en las instituciones globales, a través de fondos de ayuda humanitaria, y de los cuales la corrupción mancha la gestión de los recursos destinados para mejorar la calidad de vida de esta población, ya que en grandes porcentajes, hay dinero que termina en manos de líderes corruptos palestinos o de Gobiernos donde se asientan, y también ocurre que son destinados a otras actividades; principalmente beligerantes, que acarrea profundos problemas para la labor humanitaria para lo cual fue creada, y por esa beligerancia, en la actualidad Estados Unidos amenazó con realizar un recorte de los aportes que brinda a la oficina de la ONU para los refugiados palestinos de una porción nada despreciable que podría alcanzar hasta la tercera parte del presupuesto de dicha institución.

La legitimidad de las labores de UNRWA también ha sido puesta en duda. Por ejemplo, mientras se calcula que cerca de medio millón de refugiados palestinos viven en Líbano, la Dirección Central Libanesa de Estadísticas, bajo la supervisión de Marel Tuturian, calculó en 174.422 a los refugiados palestinos, una tercera parte de lo contemplado por la máxima entidad, además se destacó que en algunas ciudades al sur del Líbano (donde mayormente se asientan los refugiados palestinos) estos se han transformado en minorías, superados en ocasiones por una enorme masa de refugiados sirios que habitan en estos territorios.

Este mismo factor asociado con los refugiados palestinos, además de mantener una institución, que ya muestra inoperancia. La categoría de refugiado es un castigo para los propios palestinos, desde el frente de la Liga Árabe se prohibió en algún momento que los palestinos pudieran obtener una nacionalidad árabe distinta porque podrían perder su «derecho a retorno». De esta manera, hay países que les garantizan ciertos derechos, mientras que en otros casos les aplican alguna especie de «discriminación» por no ser ciudadanos, por lo que en ocasiones es más fácil que un palestino consiga una ciudadanía en un país occidental; Chile, Canadá, Alemania, EEUU, etc. antes que ser libanés, iraquí, sirio, etc.

Por ejemplo, en el Líbano no les permiten la naturalización, tienen limitaciones en derechos sociales y civiles, además deben acceder a servicios otorgados por UNRWA ya que el Estado les limita los servicios que reciben.

En Siria por su parte, el gobierno de los Assad les permiten tener derechos y privilegios de los ciudadanos, excepto otorgarles ciudadanía. En este país a enero de 2018 se había dado el deceso de poco más de 3.600 palestinos en la guerra civil que encaran desde el 2011, revelado de este modo por la ONG árabe, Middle East Monitor.

Los palestinos que viven en Jordania disfrutan de condiciones similares a los ciudadanos plenos, exceptuando aquellos que provienen de la Franja de Gaza; y quienes están confinados en su mayoría en un campo de refugiados al estilo favela llamado Jerash o conocido también como «Campo de Gaza» lo que se puede explicar con la ocupación jordana y posterior anexión de los territorios de Judea y Samaria (incluyendo la parte oriental de Jerusalén), en su momento los jordanos les habían otorgado ciudadanía a los habitantes de estas regiones. Mientras tanto en Gaza tuvieron una ocupación y administración egipcia, no les otorgaron ciudadanía, sino que entraron bajo un régimen especial.

En el marco de la guerra de 1967, ambas zonas fueron conquistadas y quedaron bajo administración israelí, y quienes encontraron refugio en Jordania entraron en este impasse de no obtener garantías individuales como sus coterráneos asentados en la Margen Occidental y Jerusalén Este. A esto se debe sumar que desde 1988 los jordanos renunciaron a cualquier reclamo sobre los territorios conquistados por Israel, toda la discusión de la zona entra en el marco del conflicto palestino – israelí, pero los refugiados siguen obteniendo garantías similares a su época como ciudadanos con pasaporte jordano, excepto los ya mencionados de Jerash.

Los propios refugiados palestinos bajo la administración de la Autoridad Nacional Palestina, sufren discriminación al no poder participar en procesos electorales internos en los territorios palestinos, de esta manera se garantizan que no renuncien a su derecho de retorno hacia territorio administrado actualmente por Israel que es donde eventualmente ellos aspiran regresar.

Finalmente, para no hacer extensiva la cantidad de ejemplos, en Irak, durante el Gobierno de Sadam Hussein, los palestinos gozaron de muchos privilegios; dejando por fuera de nuevo el tema de la ciudadanía, pero tenían garantizadas muchas facilidades. Esto cambió radicalmente con la caída del régimen de Hussein y desde el 2003 la población palestina pasó de ser 40.000 hasta aproximadamente 7.000 en la actualidad, en un caso que se podría considerar de limpieza étnica, y que, por otro lado, en diciembre de 2017 se aprobó una ley que podría generar más discriminaciones contra esta minoría, en una especie de esquema de segregación contra la población palestina.

Todo lo anterior en grave perjuicio contra este grupo de refugiados que se ven seriamente castigados y poco beneficiados por los privilegios que les concede la UNRWA, que como ya fue mencionado, terminan en manos principalmente de líderes corruptos, en actividades ajenas muchas veces a lo que por naturaleza debería de hacer.

Lo mejor que podría pasarle a los refugiados palestinos es que su causa sea absorbida por la ACNUR y que la UNRWA desaparezca. Que todas las funciones que hacía la oficina especializada sean tomadas por la primera y se pueda canalizar y supervisar adecuadamente los recursos y las condiciones en las cuales se desarrollan las poblaciones palestinas en las zonas externas a los territorios de Judea, Samaria y Gaza.

Al igual que otros casos de refugiados, debe existir un límite de tiempo para que estas poblaciones dejen su situación y retornen si las condiciones lo permiten o, por el contrario, que sean nacionalizados por los países que les han dado acogida, obteniendo además este país una indemnización por cada ciudadano que opte convertirlo en suyo. El confinamiento de los campos de refugiados no son tampoco los adecuados, considerando que en estos se desarrollan también poblaciones sensibles (adultos mayores, niños, personas con alguna discapacidad o enfermedad), por lo que al garantizarles mejoras en su calidad de vida, fuera de los campos de refugiados como ciudadanos de pleno derecho en los diferentes países, cambiaría radicalmente el panorama y expectativa que estas personas necesitan.

Finalmente, en pro de garantizar una solución a este tema esencial en el conflicto entre israelíes y palestinos, es que la necesidad de desaparecer la UNRWA se hace imperativo, contemplando que la naturaleza para la cual fue creada, en vez de solucionar este elemento vital, lo ha profundizado y endurecido con el paso de los años.

Fuente: WSIMAG

El ocaso de Abu Mazen

La llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos hace poco más de un año fue una verdadera sorpresa para el mundo. Algunos fatalistas lo han visto como una señal del cumplimiento del Apocalipsis, los menos pesimistas vieron la llegada de un empresario con ideas populistas. Pero lo cierto del caso es que la polémica acompaña las acciones del Presidente estadounidense ante la opinión pública, en los foros internacionales y ni se diga los terremotos que ha ocasionado en Medio Oriente al hacer bruscos cambios en los paradigmas que se conservaban hasta este momento, lo que generó fuertes réplicas en los cimientos actuales del conflicto entre israelíes y palestinos.

El presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abbas (Abu Mazen), ha visto cómo la presión de una de las principales potencias mundiales se posa sobre sus hombros. Desesperado, ha buscado apoyo en sus hermanos vecinos que, si bien en público muestran todas las características de querer apoyar la causa palestina, por el otro lado es evidente que tienen sus propias agendas coordinadas directamente con los intereses de Estados Unidos, pensando en la dura competencia que tienen a nivel regional.

Es importante señalar algunas acciones que ha tomado el presidente Trump que afectan la situación actual del Medio Oriente, que le ha ocasionado fuertes dolores de cabeza a Mazen y además afectará el funcionamiento de algunos organismos internacionales, ya sea que estén asociados directa o indirectamente en la temática del conflicto palestino-israelí.

Se puede comenzar con los reclamos del Gobierno norteamericano a través de Nikki Haley, embajadora de Estados Unidos ante la ONU, por lo que considera un sesgo anti-israelí en el marco del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, lo que llevó a que en junio de 2017 solicitara que se detuvieran estas acciones dirigidas a un único Estado, considerando que en muchos otros países, incluyendo algunos de los participantes, se dan violaciones flagrantes y diarias a los derechos humanos.

En octubre de ese mismo año y ante las resoluciones anti-israelíes por parte de la Unesco desligando cualquier vínculo de los judíos con los lugares sagrados en Jerusalén, Hebrón y otros territorios, Estados Unidos anunció su salida de dicho organismo, algo que se haría efectivo a partir de diciembre de 2018, e incluiría un recorte en las aportaciones que ese país les realiza, lo que puede afectar profundamente el funcionamiento actual de la institución.

En diciembre, también de 2017, Donald Trump anunció que reconoce públicamente a Jerusalén como capital del Estado de Israel e incentiva que se lleve el proceso necesario para mover la embajada desde donde está actualmente hasta la ciudad sagrada. Esto como parte de una ley firmada por el presidente Bill Clinton en 1995, extendida su ratificación por varios gobiernos posteriores y confirmados en este.

Finalmente, durante enero de 2018, el presidente Trump decidió recortar los fondos proporcionados a la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA, por sus siglas en inglés), reteniendo la mitad de los recursos que regularmente les envía para sus gestiones, con el argumento de que no ven garantías reales por parte de los palestinos al proceso de paz, y además como castigo ante la reacción del presidente Mazen por la decisión del Gobierno estadounidense de reconocer a Jerusalén como capital de Israel.

Estas acciones comenzaron paulatinamente a socavar los ánimos del Presidente palestino, lo cual le llevó a dejar de lado su pose de moderado y mostrar su verdadero rostro de intransigente. Al Gobierno de Trump le señaló su posición a favor de Israel, lo desacreditó como intermediario en el conflicto y repudia cualquier propuesta que pudiera salir del Gobierno estadounidense. De hecho, confirmó que días atrás les habrían ofrecido Abu Dis, al este de Jerusalén, como capital palestina, lo cual habría rechazado (esto es parte de un plan saudita en realidad). También dio por sepultados los Acuerdos de Oslo, rechazó el reconocimiento de Israel y empezó a lanzar una serie de afirmaciones con graves faltas a la historia.

Por ejemplo, Mazen negó cualquier vínculo del judaísmo con la tierra de Israel, afirmó que los palestinos son descendientes de los cananeos, los “verdaderos fundadores de Jerusalén” e hizo gala de su ya reconocida posición antisemita negando la Shoá y argumentando que, durante el Gobierno de Hitler, los nazis y los sionistas tenían un acuerdo de cooperación conjunta, algo que ya había dejado plasmado en una tesis escrita varios años atrás.

Sin duda los cambios que se están dando afectan directamente el Gobierno de Abbas, principalmente los beneficios que ha adquirido con el paso de los años desde que se aferró a su puesto vitalicio como presidente de la Autoridad Nacional Palestina. Pero sus últimas declaraciones podrían acelerar el proceso de salida de su gestión, ya que por su propia boca pone piedras sobre la tumba de un gobierno que ha perdido legitimidad interna, que contaba con cierto apoyo a nivel de la comunidad internacional y que ahora le pone en una contrarreloj ante los agigantados pasos de la ruptura del orden conocido por los palestinos. Ni que decir que hasta ahora las acciones unilaterales por parte de Mazen no habían recibido una respuesta adecuada, sino solamente paños tibios para contenerlo.

Que la ANP desconozca los Acuerdos de Oslo y a Israel son actos que sin duda pueden ser considerados retrocesos, en especial porque la legitimidad del Gobierno palestino y sus acciones en los territorios se establecen en dichos acuerdos. Al rechazarlos, lanzan a la basura los contados avances que han podido lograr en materia de negociaciones.

Con los recortes de presupuesto y el cambio de discurso hacia posiciones de alta intransigencia, el presidente Mazen acelera su caída política de manera estrepitosa. El derroche de dinero que hacía con fondos provenientes de ayuda humanitaria se le está acabando, la corrupción con fondos destinados a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos palestinos se está terminando, al menos para Abbas, quien, dicho sea de paso, entre él y el desaparecido Yasser Arafat lograron desfalcar al menos 31 mil millones de pesos, como lo revelaría el Instituto para la Justicia de Jerusalén.

A lo mencionado anteriormente se deben sumar las presiones a nivel internacional que vienen desde varios frentes contra Abbas, por ejemplo, el 24 de diciembre anterior el diario turco Daily Sabah señalaba que el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed Bin Salman, amenazaba a Mazen con derrocarlo si no aceptaba sus condiciones y en su lugar colocaría a un nuevo líder, haciendo sonar con fuerza nuevamente en las filas palestinas el nombre de Mohammed Dahlan (Abu Fadi), promovido principalmente desde los campos de refugiados en el sur del Líbano.

En el aspecto político, la realidad del Medio Oriente cambia los paradigmas bélicos y disminuye las tensiones entre árabes e israelíes, quienes están fuertemente preocupados por el crecimiento de la influencia iraní en la región. A esto se debe sumar dos factores que se encargan de impulsar el cambio paradigmático, la diversificación energética en la región producto de la escasez de hidrocarburos que han sido por años un cheque en blanco para la forma de establecer políticas exteriores sumamente intolerantes de algunos países en Medio Oriente, presionando a países importadores. Y también la necesidad de echar mano a las innovaciones israelíes en materia de agua y agricultura en terrenos complejos, lo que ven necesario para tener seguridad alimentaria, ambos aspectos explicados a profundidad por varios analistas, entre estos el argentino-israelí Gabriel Ben Tasgal.

Se puede incluir un elemento adicional, querer disminuir el impacto del fenómeno del integrismo búmeran. Al tener tantos años como los principales sponsors del terrorismo en varias regiones del mundo, lejos de sus propios países, han procurado utilizar la ideología radical como un elemento de adhesión entre algunos personajes conservadores e integristas. Cuando toman la decisión de ir hacia un esquema más integrador y globalizado, este integrismo que ahora buscan combatir se les vuelve en contra, y en esta nueva realidad ven la necesidad de buscar apoyos para contener los embates del terrorismo a través de sus nuevos aliados.

Como se puede notar, hay una serie de factores y temas en el mundo árabe en general que requieren atención inmediata. Por esto, las decisiones de Estados Unidos y la respuesta tibia de los países en Oriente Medio ante la causa palestina no son de extrañar. Es imperativo buscar una solución, aunque sea momentánea al conflicto palestino-israelí considerado desgastante, en cuanto a recursos y agendas de política exterior.

Aprovechándose de esta situación, los gobiernos de Estados Unidos e Israel comparten una agenda en común, con cierta complicidad entre gobiernos árabes. Es evidente que le han puesto fecha de caducidad al reinado de Abbas, quien se ve aislado, desgastado y con poca capacidad para mantener no solo su Gobierno, sino el discurso de intransigencia en un momento en que la realidad lo coloca entre la espada y la pared. Quien venga deberá ajustarse a este nuevo esquema de necesidades regionales y no únicamente a una agenda local.

Fuente: INFOBAE

El choque de los incivilizados

Releyendo a Samuel Huntington

En el año 1996, Samuel Huntington (1927 – 2008), experto en ciencias políticas, publicó un libro llamado El choque de las civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial. En este documento, el autor reconoce al igual que el académico orientalista francés Gilles Kepel, un eventual choque entre la cultura occidental y la oriental, principalmente un enfrentamiento de las sociedades islámicas contra la sociedad judeocristiana, en un plan de conquista de los musulmanes contra Occidente.

Si se permitiera a la sociedad dejarse llevar por una construcción actual, se debería dar la razón en cuanto a este enfrentamiento que es cada vez más evidente. El crecimiento de organizaciones religiosas islámicas en países de Europa, así como la constante de ataques por parte de radicales musulmanes en la región, darían pie a pensar que efectivamente en pleno siglo XXI es lo que está pasando, pero la realidad es un tanto más artificial en su condición actual de lo que creemos.

A continuación se explicarán los elementos de radicalización y enfrentamiento, para el ejemplo se utiliza Europa, pero en realidad se aplica a cualquier país donde el fenómeno de crisis Islam – Judeocristianos se pueda estar presentando, para los efectos se usará de referencia la región europea.

Musulmanes radicalizados en Europa

Los grupos o individuos que se han visto enfrascados en actos de terror, en violencia contra ciudadanos de distintos países de Europa o con un discurso sumamente agresivo son a todas luces sujetos radicalizados que han encontrado acogida en el seno de la sociedad europea.

Estos extremistas se han logrado ubicar en barrios estratégicos con alto alcance principalmente entre jóvenes y jóvenes adultos, en especial inmigrantes o hijos de estos, los cuales por la situación vigente de la región se sienten amenazados o rechazados. Aprovechando las circunstancias, le dan a estos «renegados» una nueva razón de vivir, su versión radical de yihad («yihad» es una palabra que significa esfuerzo, para grupos radicales se asocia con «guerra santa» o lucha por imponer las condiciones islámicas en el mundo).

Muchos de estos se hacen miembros de madrazas o escuelas islámicas, donde se les adoctrina con ideas de grupos extremos, los que no necesariamente les exigirán realizar actos de terror, pero si llevar una vida conforme a la sharia (leyes islámicas) y hacer que otros miembros de su familia se apeguen también a dichas reglas, so pena de castigo; que estará al margen de la ley del país por lo general. El fin es que el barrio o zona donde habitan también se sujete a este modo de vida.

De esa manera, hay lugares en Europa donde los occidentales no puede ingresar con muchas libertades o al hacerlo corren el peligro de ser agredidos, por ejemplo si deciden caminar cargando licor cerca de alguna mezquita o centro de estudios islámicos. En estas zonas regularmente han creado la denominada «policía de la sharia» que vigila tanto que no se den este tipo de afrentas (como la del licor), y también vigilar que las personas se comporten moralmente bien, por esto si ven parejas jóvenes tomadas de las manos que no parezcan casados o personas homosexuales, habría altas probabilidades de que sufran violencia.

La circunstancia más extrema de esto son aquellos que una vez radicalizados, cometen atentados terroristas. Tal ha sido el caso insistente de radicales que ha surgido del municipio belga de Molenbeek desde donde salieron sujetos que atacaron en Francia, España y la propia Bélgica.

Hay que añadir que, existe una complicidad de los Gobiernos en los países donde este tipo de zonas se transforman en «tierra de nadie», administrada a sus anchas por fanáticos y con poca o nula intervención estatal. Transformándolos casi en lugares autónomos, cuasi independientes.

Algunos de los clérigos radicales no tienen reparos en mostrar su afiliación radical de manera abierta en medios de comunicación y aunque les signifique la cárcel, este sería un precio que están dispuestos a pagar por la lucha que enfrentan contra lo que ellos consideran los «infieles».

Los radicalizados fuera de Europa

El otro grupo de radicales no pertenecen a grupos que aprendieran en Occidente. Muchos casos tienen que ver con individuos radicalizados en otras regiones, podría ser el caso de musulmanes nacidos en Europa; hijos de musulmanes de siglos en la zona, o también hijos de inmigrantes que ya han nacido en la zona.

Por algún motivo visitaron una zona del Norte de África o el Medio Oriente, y allí fueron tentados por clérigos extremistas que les inyectaron el germen del radicalismo. Cuando regresan a sus hogares contaminados se convierten en un dolor de cabeza para la sociedad donde habita.

Radicalización remota

Otros grupos de radicalizados no son miembros de centros islámicos propiamente, en algunos casos que se han contemplado, también hay quienes aprenden online todo el extremismo que necesitan para transformarse en un problema para la sociedad.

De estos han aparecido algunos lobos solitarios, que se adoctrinan de manera autodidacta, consiguen manuales a través de la red normal o por la red oscura donde también circula material para fabricación de explosivos, armas hechizas y otros materiales utilizados en las guerras irregulares actuales.

Triste evidencia

Muchos de los individuos que se unen a este tipo de movimientos, son captados por grupos radicales como Daesh o Al Qaeda, también se alinean a través de grupos que si bien están ubicados en los países occidentales, reciben fondos y línea de pensamiento proveniente de regiones alejadas, como Arabia Saudita, a quien se le acusa de financiar centros de estudio radicales o mezquitas desde donde se predica el odio contra los no musulmanes.

Los nuevos creyentes

También entre los nuevos musulmanes, primordialmente quienes nacieron bajo el abrigo de un hogar tradicionalmente cristiano, acaban siendo absorbidos por los principios islámicos de grupos radicales, y por este motivo, muchos de los nuevos soldados de Daesh en Siria e Iraq son jóvenes o adultos que fueron convencidos dentro de un grupo extremista.

Los otros radicales

Una vez explicado todo el esquema de extremismo que hay en el contexto islámico, es obligatorio mencionar el otro extremo. Los grupos que dicen defender la sociedad occidental tal y como la conciben por medio de su discurso viral, bajo la idea de ciudadanos cristianos y blancos.

Este comportamiento ha remozado el espíritu dormido de las colectividades que aún anhelan los movimientos fascistas del siglo pasado y la posibilidad de imponer una agenda etnocentrista, desnaturalizando a otras comunidades por «inferiores» o considerarlas peligrosas.

También estos extremistas tienen sus propios mecanismos de captación de adeptos, que no andan muy lejos de las herramientas utilizadas por los clérigos y adoctrinadores islámicos.

El uso de las tecnologías, discursos radicales contra minorías, la captación a través de grupos políticos u organizaciones civiles, hasta de juventud; skinheads neonazis (boneheads), grupos supremacistas tipo KKK, etc., son algunos de los ejemplos de cómo se puede atraer partidarios de uno de estos grupos extremos.

Las campañas en este sentido se enfocan en la idea de desacreditar al otro o considerarlo un peligro para el statu quo de la sociedad, o que vienen a acabar con el Estado-nación como lo han conocido. Algo que dicho sea de paso, se ha ido modificando por la composición actual de las sociedades de la era globalizada.

El choque confuso

La denominada guerra que se da, sobrepasa el concepto de Huntington de un enfrentamiento entre un remozado Islam radical contra los principios Occidentales, ya que es evidente que la lucha principal se da entre grupos que no son homogéneos en cuanto a sus perspectivas para enfrentarse unos contra los otros, y en ocasiones hay fuertes diferencias que lleva a «guerras civiles» en las luchas ideológicas y de poder. Los musulmanes tienen sus propios problemas caseros que imposibilitan se pongan de acuerdo para lograr un enfrentamiento bien coordinado contra su contra parte en Occidente,

Por otro lado, es un hecho que los grupos que se muestran en contra del crecimiento escalonado de las sociedades islámicas en Occidente, tampoco son un grupo que sea afín unos con otros, sino que muestran una serie de diferencias, en ocasiones irreconciliables, principalmente porque a diferencia de los grupos musulmanes radicales, estos no se ven como comunidad, sino como colectivos independientes que defienden ciertos objetivos nacionalistas, por esto podrían ser efectivos en unos aspectos, pero en otros no.

Es obligatorio desarrollar dos conceptos que son básicos en esto. Primero que como tal no existe una guerra Occidente – Oriente articulada de ese modo puntualmente, como si de una guerra de los mundos se tratara, lo que no quiere decir que no exista un enfrentamiento entre posiciones de ambos bandos que de una u otra manera enfrasca a ambas sociedades para tomar partido en cierto modo.

El segundo aspecto a destacar, es que se trata de un enfrentamiento (real) entre posiciones radicales de un lado y del otro, en la que como fue mencionado anteriormente, se busca involucrar la mayor cantidad de adeptos indirectos para justificar la violencia de un sector contra el otro, aplicando principios de manipulación del discurso como si realmente esto fuera un conflicto causado por todos, pero que finalmente compete a todos porque los elementos radicales han ampliado su radio de participación y de acción.

El modelo del Nuevo Orden Mundial al que aboga el académico limita los mecanismos para descifrar la sociedad actual, si bien los conflictos poseen un elemento ideológico intrínseco, es conocido que además, está sujeto a otras causas complementarias que no solo compete a una lucha entre pensamientos técnicamente opuestos, sino que además están los factores territoriales, históricos, económicos, étnico – raciales, político – sociales, recursos estratégicos y hegemónicos que impulsan los enfrentamientos entre grupos. Y con lo anterior hay evidentes casos de grupos que ideológicamente se oponen que por tener intereses comunes se unen, aún entre aquellos que están a un lado y otro del espectro de lo analizado en este documento. Ejemplo, los grupos progresistas de izquierda que se alían o muestran simpatías con gobiernos islamistas (de los mencionados arriba) por tener enemigos en común; el “capitalismo devorador”, con su máximo representante, Estados Unidos.

Por tanto, hay una complejidad adicional que agregar cuando de la guerra de civilizaciones se trata, y esto obedece también a lo mencionado anteriormente del fin del Estado nacional como se conoció desde el siglo XVII.

Fuente: WSIMAG

Ahed Tamimi y el marketing de la resistencia

La joven palestina Ahed Tamimi se encuentra detenida en una cárcel militar israelí desde el 19 de diciembre anterior, lo mismo que su mamá, Nariman Tamimi. Pero Ahed en particular se ha transformado en un nuevo ícono de la denominada “resistencia palestina” y han intentado mostrarla ante la opinión pública internacional como una inocente niña prisionera del malvado ente sionista ocupante. Sin embargo, una serie de inconsistencias revelan que este emblema palestino es solamente una creación más del marketing propagandístico que durante años golpea a Israel desde las plataformas noticiosas y hoy desde las redes sociales.

Se debe comenzar explicando que la joven de la emblemática familia Tamimi inició desde muy pequeña sus labores a favor de la “resistencia”, con una serie de videos donde se le veía provocando a los soldados israelíes cada viernes que se daban manifestaciones por parte de los palestinos de su pueblo en Nabi Saleh, al noreste de Ramallah, contra los militares, en protesta por el establecimiento del asentamiento judío de Halamish, en los montes de Benjamín, dentro de los territorios de Judea y Samaria (Cisjordania), lo que incluía fuertes disputas sobre el pozo de agua comunitario. Basta con buscar algunas de sus apariciones en YouTube para comprender el uso indiscriminado de niños y mujeres en las protestas palestinas, incluyendo a Tamimi, sazonados con el desproporcionado número de camarógrafos y corresponsales de prensa listos para filmar cualquier amago de violencia que se pueda manifestar.

En varios de los videos en que aparece Ahed se nota cómo espera hasta que haya cámaras cerca para hacer su espectáculo, con gritos, puños arriba, empujones contra soldados y demás. Este tipo de acciones son lo que en ese momento, siendo una pequeña niña de 10 u 11 años, le valió el sobrenombre de Shirley Temper palestina, por sus dotes como actriz en zona de conflicto. En el año 2012, en un video donde se ve a miembros de la familia Tamimi evitando la detención de Mohammed Tamimi, acusado de lanzar piedras contra soldados, aparece la niña Ahed Tamimi mordiendo la mano de un soldado. Esto le valdría el premio del Gobierno turco con el galardón Handala Courage Award de manos del en su momento ministro Recep Tayyip Erdogan.

Sin embargo, vale destacar que también en reiteradas ocasiones optan por fabricar noticias, sin la presencia real de militares israelíes o utilizando actores vestidos como soldados. Utilizarán las filmaciones para crear lo que actualmente se conoce como fake news, lo que, para efectos de un conflicto mediático como este, es indiferente, y serán ofrecidas las escenas como reales. A esto se le ha dado desde hace años el apodo de “Pallywood”, que son actuaciones sobre el conflicto y supuestos enfrentamientos con la finalidad de marcar a la opinión pública contra el Estado de Israel.

En ambos casos citados, la familia Tamimi es importante en la producción de esta clase de material muy apetecido tanto por medios de comunicación a nivel local como internacional. También en algunos casos por organismos no gubernamentales criticados por su participación en la difamación contra Israel, por ejemplo B’Tselem y Shalom Ajshav (‘paz ahora’), ambos encargados de señalar las acciones del Estado de Israel contra los palestinos en los territorios en disputa, principalmente en cuanto a violación de los derechos humanos, aunque en varias oportunidades se los ha visto siendo parte de las plataformas de propaganda anti-israelí, lo que deslegitima su labor.

Es necesario también hacer una referencia respecto al clan Tamimi. Algunos de sus miembros están involucrados en actos ilegales como asesinatos y terrorismo, como bien lo especificaría en un artículo la escritora Caroline Glick. Dos de sus primos, Said y Nizar Tamimi, fueron acusados por el asesinato del ciudadano Chaim Mizrahi, del pueblo de Beit El, en el año 1993. Por su parte, Ahlam Tamimi, tía de Ahed, planeó la masacre en una pizzería de Jerusalén, en el año 2001, con un saldo de 15 muertos y al menos 130 heridos. Bassem, padre de Ahed, ha estado involucrado en varios procesos penales por incitación a la violencia, y también ha sido criticado por hacer declaraciones polémicas, como en el año 2015, cuando propagaba el libelo de que los israelíes asesinaban niños palestinos para robarles sus órganos, denuncia puesta en su momento por la Liga Anti Difamación.

Los íconos de la resistencia palestina tienen particulares componentes que marcan la opinión pública internacional, principalmente para Occidente, ya que llevan consigo la marca de tratarse de poblaciones sensibles, por lo tanto, tocan fibras delicadas.

Por ejemplo, durante la Segunda Intifada se transformó en icónico aquel niño que se ve lanzando piedras contra un tanque, lo cual daba señal de tratarse de un conflicto desproporcionado, lo que generaría que algunos analistas declararan en su momento: “Eso no era una guerra, sino un genocidio”; expresión que aún hoy se escucha con regularidad entre algunos analistas del conflicto y académicos, además de los que son históricamente críticos con Israel por diferencias ideológicas o políticas.

Del mismo modo, durante esa Intifada el niño Mohammed Al Durrah, de 12 años, se transformó en un emblema y su imagen circuló por el mundo, luego de que Talal Abu Rahma, camarógrafo palestino que servía como corresponsal de la cadena France 2, lograra grabar el momento en que él y su padre, Jamal Al Durrah, quedaron en medio de un fuego cruzado entre israelíes y palestinos. Cuando, de un momento a otro, el niño Mohammed aparece en una escena muerto por supuestos disparos de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF), el propio Estado de Israel aceptó inicialmente la autoría de la muerte dadas las tensiones, pero, entre los años 2004 y 2007, al realizar análisis minuciosos, se negó la responsabilidad.

En ambos casos son niños los íconos de la “resistencia”, ya sea por tratarse de luchadores o mártires. Para el inconsciente moral occidental, la imagen de menores de edad en conflictos armados cala profundo en la opinión pública. Esto ocurrió durante el 2014 con los cuatro niños palestinos muertos por fuego israelí en una playa de Gaza durante la operación Margen Protector o, por el contrario, cuando, en el 2013, un bebé llamado Omar Misharawi murió producto de un cohete de Hamas que cayó en su casa, y fue presentado como una víctima de fuego israelí, en varios medios, incluida la cadena BBC, que vendió la idea de que habían sido los israelíes los responsables. Por lo que posteriormente dio pie a que el abogado Alan Dershowitz denominara esta estrategia como la del bebé muerto, que sirve de propaganda y si bien el concepto se resume en política respecto a la muerte, lo cierto es que un niño soldado es un luchador de la guerra desigual, mientras que uno muerto será un mártir.

En el martirio se encuentra la otra forma de vender propaganda contra Israel. Para esto, dos casos importantes de una larga lista que llevaría a recorrer las empapeladas calles de Cisjordania o Gaza pueden servir de ejemplo. El primero fue el asesinato, en 2004, por parte del ejército de Israel, contra Ahmed Yassin, líder espiritual del Hamas, quien por su condición física, inválido desde los 12 años, tetrapléjico y casi ciego, generó fuertes críticas por el asesinato selectivo del cual fue víctima en marzo de 2004. Sin embargo, lo que poco se menciona o se omite es que varios atentados por parte del Hamas fueron ordenados directamente por este líder del ala palestina de los Hermanos Musulmanes, nombre con el que se dio a conocer el grupo islamista en 1987.

El segundo caso es el de Ibrahim Abu Thuraya, de 29 años, hombre que había perdido sus piernas durante el conflicto del año 2008 en una intromisión cerca de la frontera con Israel. El 15 de diciembre murió de un supuesto disparo en la cabeza por parte del Ejército israelí durante un “día de ira palestina” por la decisión del presidente Donald Trump de declarar a Jerusalén como la capital de Israel. Su caso en cierto modo se asemeja al de Mohammed Al Durrah, donde se duda de la versión por parte de las autoridades en la Franja de Gaza, en especial porque el hombre fue enterrado sin que se permitiera realizar una autopsia que garantizara que su deceso se debió a fuego israelí.

En las dos circunstancias, la imagen de indefensión se vende en igualdad de condiciones. Sin embargo, las actividades que ambos realizaban por la “resistencia” eran muy distintas entre sí. El primero era un prominente terrorista con antecedentes por asesinato contra israelíes y hasta contra palestinos acusados de colaborar con la “ocupación”, mientras el segundo era un activista utilizado como carne de cañón durante las manifestaciones palestinas en Gaza contra Israel, donde no necesariamente se trata de actos pacíficos, sino que en muchas oportunidades hay enfrentamientos que terminan con disparos.

La misma Caroline Glick manifestaría un aspecto esencial en este tema: “Hay dos componentes de la guerra palestina para aniquilar a Israel: el terrorismo y la propaganda. Los dos están vinculados integralmente”. Ella puntualmente los asocia con el caso Tamimi, sin embargo es una circunstancia reincidente. En el caso particular del clan de Nabi Saleh se trata de los actores de turno, pero es cíclico que la explotación de la propaganda por parte de los palestinos le pone rostro a esta estrategia de mercado bautizada como “resistencia” y que solamente se suma a la política de preservar el conflicto lo más alejado de una solución real, que les asegure victorias palestinas y duras derrotas a los israelíes en el campo de la opinión pública.

Fuente: INFOBAE