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Recursos estratégicos, la maldición del Medio Oriente y el Norte de África.

El concepto de la “Maldición de los recursos”, planteados principalmente por los teóricos económicos Jeffrey Sachs y Andrew Warner, se observa desde una perspectiva de crecimiento financiero desigual entre los ciudadanos de los países que cuentan con este tipo de productos entre sus primordiales fuentes de desarrollo económico.

Desde esa visión hay una concentración en los países que son dependientes del petróleo, gas natural, entre otros, y destinan sus esfuerzos en la producción y exportación de éstos, descuidando otros factores productivos, ocasionando así, una fragilidad económica y social, ante la volatilidad de los precios de los recursos en el mercado internacional.

Un elemento que quizás no se toma en consideración en los análisis sobre la dependencia estratégica, es el factor geopolítico. Si bien no todos los conflictos internacionales son motivados por la explotación de estos bienes, grandes movimientos entre el siglo XX y comienzos del XXI cuentan como agravante la competencia por su dominio.

Al menos en el caso del petróleo, a esta circunstancia se le ha denominado “petro – agresión”, que consiste en la instigación de conflictos internacionales por parte de los grandes países ricos en este recurso, o que han sido agredidos bajo diversos pretextos, siendo realmente la motivación apropiarse o tener acceso libre y a buen precio del denominado “oro negro”.

El Medio Oriente cuenta con los mayores yacimientos de petróleo y gas natural en el mundo. Desde 1908, cuando se descubrió el yacimiento en Masjed Soleiman en Persia (actual Irán), ha llevado a los británicos, a través de la Anglo – Persian Oil Company, tener presencia con mayor fuerza en la zona para explotar dicho recurso.

Cuando se firmó el acuerdo de Sykes – Picot en 1916, y se planteó la reconfiguración del Medio Oriente como deseaban los imperios británico y francés. La región del actual Iraq quedaría bajo dominio de los primeros, lo mismo que las zonas que actualmente posee Jordania y el territorio de la Palestina Británica (zona internacional según el acuerdo bilateral), lo que les permitiría trasladar petróleo desde las regiones del Golfo Pérsico y hasta el puerto de Haifa en el mediterráneo con mucha facilidad. No por nada, Sir Maurice Hankey, informó al secretario de la Oficina de Exteriores,  Arthur James Balfour, que los recursos petroleros de Persia y Mesopotamia resultaban ser objetivos de guerra de la Corona de primera línea.

En los procesos de independencia de las regiones árabes del Medio Oriente, las divisiones territoriales de los nuevos “Estados – Nación” se dieron según la configuración del Acuerdo Sykes – Picot, lo que compartimentó la región basado en los intereses de las grandes potencias de la época, y al mismo tiempo también las alianzas permitirían tener un control no solamente sobre los recursos ya mencionados, sino también bajo los intereses de dominar zonas que son consideradas de contención estratégica, teoría de la Región Cardial (Heartland) correspondiente a los territorios del Creciente interior (marginal), según Mackinder y denominadas por Nicholas Spykman como tierras de la orilla (Rimland), ambas con el objetivo de tener sometidas, zonas geográficas importantes, así como los accesos marítimos, principios por supuesto de geógrafos occidentales.

Regresando al concepto de la instigación de conflictos por recursos. En la actualidad, potencias hegemónicas tienen por aliados Estados con grandes yacimientos de petróleo y gas natural, lo que hace que haya relaciones con países que poseen extrañas agendas, muchas veces antioccidentales. Pero que se aprovechan para sacar beneficios, gracias a la necesidad de los países de tener acceso y facilidades sobre estos bienes esenciales.

También, esto ha incentivado que se vea hacia otro lado cuando países como Arabia Saudita, Qatar, Irán, entre otros, patrocinan de algún modo a agrupaciones al margen de la ley (milicias, grupos paramilitares, o de guerra irregular), siendo las principales víctimas; principalmente a través de ataques terroristas, ciudadanos de los países en el Medio Oriente y África donde el tema de recursos estratégicos es secundario y el aspecto ideológico complementa la desgracia del reparto anglo – francés de comienzos del siglo pasado y donde los conflictos étnicos y religiosos agregan un elemento de inestabilidad regional.

Según las teorías, el petróleo entrará en un período de escasez (cenit petrolero), por lo que las luchas por controlar los últimos yacimientos en el mundo serán cruentas. Algo que podría comenzar a darse a partir del 2020. Supuestamente, una vez que se acabe, los poderosos países petroleros, perderán su moneda de cambio para continuar patrocinando sus guerras ideológicas en las regiones del Medio Oriente y el Norte de África (MENA), lo que no significará que estas se acabarán, simplemente que de seguir creciendo el fenómeno de los grupos radicales, ahora no habrá recursos para sobornarlos y evitar que atenten dentro de los territorios de aquellos que durante años los patrocinaron, y que son zonas que por algún motivo son de interés, por ejemplo los lugares sagrados de Meca y Medina, en manos de Arabia Saudita desde 1924.

Para los grandes poderes mundiales; principalmente Rusia, China, Estados Unidos y relativamente la Unión Europea; principalmente Francia y Alemania, las regiones siguen siendo importantes por el dominio territorial y marítimo que supone tenerlas bajo el poder, desde donde se pueden dirigir los destinos del mundo. Particularmente, por la dura competencia que supone para cada uno de ellos neutralizar la expansión de los otros a través de las agendas y alianzas logradas en los últimos años en esta convulsa zona del planeta.

La “Nueva ruta de la Seda China”, las políticas persuasivas rusas saliendo de su zona natural, rodeada de competidores directos (OTAN y China), o el poderío militar principalmente naval de los Estados Unidos, son algunas de las razones para suponer, que a pesar del fin de la “maldición de los recursos” del Medio Oriente y el Norte de África, se mantiene latente la “maldición de las zonas geoestratégicas” de los principales teóricos de los últimos dos siglos, para que esta región continúe en un paso avasallador siendo el campo de diferentes experimentos bélicos y de ensayo de los poderes duro, blando e inteligente de las teorías de Relaciones Internacionales.

Fuente: Por Israel

¿Quién se supone que es Emmanuel Macron?

Para conocer quién es el nuevo presidente francés, no solo basta con ingresar en la biografía y leer lo que se ha escrito al respecto, sino que es necesario también analizar, lo que dicen los grupos políticos sobre él.

En términos generales de elección popular

Para poco más de 11,5 millones de personas; equivalentes al 24,5% de abstención que hubo según el sondeo del padrón electoral; el nuevo líder galo no representa un cambio real en la política del Estado, mientras que para 4,2 millones de personas (9% del padrón) que votaron en blanco o nulo, su voto protesta demuestra que ningún grupo político les representa como debe de ser. Esto presenta una antipatía política total de poco más de 15 millones de electores.

Por otra parte, si bien cerca de un 66% de los votantes se decidieron por el ex asesor del presidente Hollande, hubo un 34% favorable a una visión de ala dura proveniente de la candidata Marine Le Pen, que no es un número nada despreciable en cuanto a la cantidad de personas con una posición ultra nacionalista y de principios que rayan en el racismo y la discriminación. Aunque también, hay parte de esos casi 11 millones de electores que creen realmente que hay temas nacionales que Macron no puede asumir en beneficio de lo que ellos llaman “los verdaderos franceses”.

Macron es sinónimo de conspiración

Para algunos, el que un presidente se llame Emmanuel quizás le obligaría automáticamente el haber nacido en un pesebre, dentro de una familia humilde y haberse partido la espalda trabajando para ser un verdadero éxito y ejemplo para todos. Sin embargo, Macron nace en una familia burguesa, y además, entre sus muchos trabajos, por su formación financiera y económica, laboró en el Banco Rothschild, lo que ha valido que se le señale de ser parte de varias teorías conspirativas.

Se le acusa de estar bajo el dominio de la poderosa banca de la cual se han creado muchos mitos y leyendas sobre dominio mundial a través de los años, así como de tener afiliaciones oscuras con lo que algunos “conspiranoicos” han denominado la “estrategia sionista internacional”. En palabras de un sitio que expande este tipo de acusaciones que rayan entre el ridículo y las teorías judeófobas de los siglos XIX y XX:

“…Para este sujeto Francia es un peón más al servicio de la estrategia sionista internacional, la Unión Europea el elemento fundamental para acabar con la verdadera Europa y la inmigración masiva, especialmente la islámica, una herramienta para reducir a escombros la identidad europea…”

Es pues Macron, para los que atienden a estas teorías, un peón más del tablero de dominio mundial, donde él (Emmanuel) cumple el rol de ser la cara visible, pero por detrás hay un gobierno de la sombra que viene por el dominio total.

Y este tipo de ideas conspirativas las abrazan con el mismo entusiasmo tanto los seguidores de lo que anteriormente llamábamos la “derecha” como la “izquierda” política, con tal de no aceptar el resultado francés, las teorías de dominio de un grupo que trabaja a las sombras hacen eco en la era de la tecnología.

El temor frente al islamismo.

A lo anterior se suma otra idea entre los grupos que no estaban convencidos de la elección de Macron; aparte claro está de la línea dura de Le Pen. Existen aquellos que temen por el futuro de las migraciones principalmente de musulmanes a Francia, y el crecimiento de células islamistas en barrios de la periferia donde abundan las mezquitas wahabistas y se aplica la sharia como norma para controlar los destinos de los miembros de dichas zonas, al margen por supuesto de la Ley de la República.

El abordaje que el presidente electo ha realizado acerca de esta problemática es pobre, y algunos le acusan de mantener una línea laxa al respecto y no proponer ningún elemento que pueda eventualmente confrontar una crisis tanto con el tema de los refugiados como el fortalecimiento islamista en regiones importantes de Francia.

Entre las teorías conspirativas, y aquellos que se aprovechan de las concesiones que brindan algunos grupos políticos para no parecer “radicales”, la realidad es que el país cae en la encrucijada de un futuro turbio donde los extremistas de un sector y el otro se terminan encontrando y generando desastres.

El respiro para los europeístas

Lejos de los aspectos complejos citados arriba. Es un hecho que para aquellos grupos que defienden el modelo de la Unión Europea (UE), Emmanuel Macron representa un respiro después de ver movimientos que ponían en riesgo a la integración regional, como el BREXIT, la elección del presidente Donald Trump que abogaba por proyectos más nacionalistas, así como un llamado a debilitar las bases de la OTAN con amenazar en disminuir la contribución económica norteamericana a ese organismo multilateral y el crecimiento de grupos euro escépticos que abogan por la autodeterminación nacional como respuesta a lo que denominan el fracaso integracionista.

Para los defensores de la Unión Europea Francia junto con Alemania son los países que mantienen a flote el sistema, por lo que auguraban que de haber ganado la candidata Marine Le Pen, el terremoto en las bases de la integración habría sido de magnitudes catastróficas, y desde el propio lunes posterior a las elecciones habría sido necesario comenzar a recoger los despojos restantes de un sistema condenado a su extinción. Sería pues, crónica de una muerte anunciada.

La moneda en el aire para Macron.

La frase idealista sigue siendo el gran reto para una Nación que procura seguir siendo líder mundial. ¿Libertad, fraternidad e igualdad, pero hasta qué punto es así hoy?

Los principales temas que debe abordar Macron una vez que llegue al Palacio Eliseo tiene que ver con los siguientes aspectos, según dictaminan los principales analistas de la situación francesa:

  • Económico: desde la posición de los “parados” (desempleados), reformas laborales, reforma de pensiones.
  • Crisis migratoria: tema que debe ser abordado desde la posición de los derechos humanos, pero también de la seguridad nacional.
  • El espíritu anti europeo: el euro escepticismo sigue ganando terreno, y los partidos de ala dura lo promueven con más fuerza en una lucha sin tregua.

La resaca política en Francia no se hará esperar, y las próximas embestidas contra la elección de Macron serán fuertes y la ruta para gobernar los destinos franceses en los próximos años serán complicados marcados por la duda y teorías oscuras sobre él.