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Polonia y el relativismo moral

A comienzos del mes de febrero, el gobierno polaco ratificó una ley donde se pretende castigar a quienes culpen a Polonia de ser partícipes en los crímenes del nazismo durante la Segunda Guerra Mundial. La normativa en particular reitera que Polonia fue un territorio invadido y víctima de las pretensiones expansionistas del III Reich alemán; lo cual en cierto modo es cierto, y que ante este panorama no fueron ellos quienes tomaron las decisiones esenciales del Estado quedando exenta la participación gubernamental polaca directamente en la Shoah.

Sin embargo, a los ciudadanos y algunos poderes de este Estado; como la denominada “policía azul”, no se les puede restar su participación y responsabilidad social y moral aportando a la judeofobia y la persecución contra los judíos antes, durante y después de terminada la II Guerra Mundial.

Polonia fue cuna de grandes obras literarias, teatro, música y otras manifestaciones artísticas que eran muestras del impulso de la cultura judía en Europa; hubo además un empuje religioso a través del jasidismo, participación política tanto comunitaria con movimientos asociados a la Haskalá, así como grupos sionistas y antisionistas que ampliaban el ya de por sí rico y casi “deportivo” debate judío. También a nivel secular, hubo presencia de agrupaciones judeo polacas en política, con participación en puestos dentro del Sejm (cámara baja del parlamento polaco), especialmente partidos de corte socialista, manifiestos durante la Revolución Rusa.

El judaísmo en Polonia sin embargo, fue altamente perseguido en varias etapas de la historia de este país; aspecto generalizado en la mayor parte de Europa en realidad, por lo cual, el nacionalismo polaco afectaba a la población judía del país, lo que ocasionó un proceso de marginalización en cierto modo al no ser considerados por gran parte de los ciudadanos polacos como parte de la sociedad sino que se les acusaba de practicar una doble lealtad. Los judíos en reiteradas ocasiones, vivían segregados en zonas exclusivas para ellos, al menos un 85% de la población judía habitaba en zonas separadas de la población cristiana del país, hablaban yiddish o hebreo como formas de comunicarse entre sí, el polaco era de uso funcional cuando tenían que entablar conversación con no judíos.

Cuando los nazis invadieron el país y comenzaron la persecución contra los judíos, hubo participación directa de ciudadanos polacos en masacres alentadas por los nazis, como fue el caso por ejemplo de la masacre de Jedwabne (más de 300 judíos polacos muertos), o la existencia de una ley que castigaba con pena de muerte a los polacos que escondieran o ayudaran judíos. Aun así, es de destacar que fueron innumerables los casos de personas polacas que se arriesgaron en salvar de modo desinteresado la vida de ciudadanos judíos, testigos hay en la historia de la comunidad judía costarricense que así fue.

Sin embargo, hubo incontables casos de delatores polacos que entregaron a sus vecinos judíos al enemigo nazi para “salvaguardar” sus vidas o sencillamente por sentimientos revanchistas contra el “extranjero judío”. En esto se resume la responsabilidad real que la sociedad polaca tiene con respecto a su participación durante la Shoah, no se les podría culpar de ser parte entre los perpetradores del exterminio, sin embargo es imposible eximir a aquellos quienes, en sus afanes de odio, fueron actores plenos o silenciosos de la tragedia, como acertadamente diría en algún momento de la historia el filósofo británico Edmund Burke, “Para que triunfe el mal, basta con que los hombres de bien no hagan nada.” Algo que sin duda se cumplió con el comportamiento de las poblaciones polacas durante esta oscura época de la historia humana.

Aún después de terminada la guerra, los vestigios de la judeofobia siguieron castigando a los pocos judíos sobrevivientes, por ejemplo un pogrom en Kielce (sureste de Polonia) en 1946, donde fueron asesinados 42 judíos por una turba motivada por un libelo antisemita. Para ese mismo año, gran cantidad de judíos que vivían en el país decidieron migrar, por lo que de los pocos que sobrevivieron al desastre nazi, miles decidieron salir del país, en algunos casos con la consigna de nunca más volver a poner un pie en Polonia.

En la actualidad viven en ese país, poco más de 12.000 judíos, muy lejana quedó la rica y extensa historia de los judíos polacos, con millones de personas desarrollándose en este territorio, pero los sentimientos de judeofobia siguen aflorando con movimientos de extrema derecha, grupos euroescépticos y antisemitas. Cementerios profanados, agresiones xenófobas o racistas, manifestaciones en medios de corte fascista como TV Republika quienes acusan a los judíos polacos de “no defender lo suficiente a Polonia y a los polacos en la escena internacional”, son algunos ejemplos de este comportamiento que parece parte de un círculo vicioso histórico no solo en Polonia, sino en toda Europa.

Es verdad que los polacos no fueron los autores intelectuales o materiales de la Shoah, ante lo cual no hay condena que valga, sin embargo es de insistir que la participación de polacos durante el proceso es un hecho innegable, y los sentimientos judeofóbicos que explotaban en aquellos días, hoy están de nuevo en manifiesto y exponen una peligrosa plataforma para nuevas acciones violentas.

No es la ley lo que resulta dañino, sino el trasfondo e interpretación que esta contiene, como promover eventualmente el revisionismo o el negacionismo, que son la antesala para justificar atrocidades. En defensa de la ley salen muchos de aquellos que consideran la judeofobia un comportamiento válido casi “patriota”, y esto agrega una sazón mucho más peligrosa. A mitad del mismo mes de febrero también en Polonia, se propuso una ley sobre bienestar animal que podría restringir la faena kosher, lo cual ya fue intentado en el 2013 y se le señaló de anti constitucional, pero en el contexto actual, con un parlamento de mayoría ultra conservadora podría aprobar y generar más leyes con afectación directa contra minorías, incluyendo a los judíos por supuesto.

La judeofobia en Europa no es un fenómeno erradicado; aunque se eduque para combatirlo, en realidad el antisemitismo es una criminal bestia que realiza hibernaciones de períodos inesperados y que despierta con nuevos bríos e ideas “innovadoras” para justificar su naturaleza atroz. Lo que antes se concentraba directamente contra los judíos por temas religiosos y de estigmas a la “otroriedad”, convirtiéndose en una práctica socialmente reprochable, hoy recibe la característica de ser políticamente correcto justificando el odio judío a través de las críticas contra el Estado de Israel, lo que ha permitido de esta manera, que algunos “jueguen” al límite entre las críticas a las políticas del gobierno de un Estado y manifestaciones generalizadas contra los judíos independiente de su nacionalidad, ante lo cual es indiferente la posición ideológica dentro del espectro en que se encuentren los grupos que realizan este tipo de prácticas blanqueadas con una construcción de lenguaje muy al estilo del relativismo moral posmoderno.

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Kristallnacht

Lecciones de una noche infame

De un evento poco grato en la historia de la humanidad como la «Noche de los Cristales Rotos», acontecido entre el 9 y 10 de noviembre de 1938 se puede aprender algunas lecciones poco agradables.

Se aprende que se puede justificar desde la legalidad actos contrarios al respeto humano, destruyendo sus instituciones, mancillando derechos, reprimiendo sociedades y todo desde el marco jurídico, ignorando la opresión contra las minorías desde el supuesto de que «cumplen con su deber», mientras, por el otro lado, se exaltan a las masas a cometer actos censurables.

También se comprende que es imperativo castigar a una población completa, basado en una excusa por burda que parezca. Tal es el caso del atentado perpetrado por el joven judío Herschel Grynzpan contra el diplomático alemán Ernst vom Rath, y sobre lo cual se llegó al momento cumbre de la persecución contra los judíos alemanes, hecho que había comenzado casi de inmediato de tomar los nazis el poder en ese país.

Solamente estaban buscando la excusa «perfecta» para justificar sus políticas destructivas.

Es posible, además, convertir en mártir a cualquier figura con el fin de utilizarlo para fines políticos, por turbios que estos sean y así llevar adelante cualquier acto; por opuesto al respeto y los valores de la vida. Ya que en la imagen martirizada se reflejará todo lo negativo del colectivo contra el cual se emprenderán los actos atroces.

Otro aspecto fundamental es que se puede usar la religión como justificación para exterminar a un pueblo. Se puede condenar por ser el «asesino de Dios», se puede quemar sus libros sagrados, sus lugares de culto y hasta a sus líderes religiosos. Con la caída de las sinagogas en Alemania, lo que estaba derrumbándose también era la fe en la humanidad.

No hay genocidio sin deshumanización, no hay deshumanización sin confinamiento, no hay confinamiento sin boicot, no hay boicot sin chivo expiatorio y no hay chivo expiatorio sin una sociedad enferma.

Gradualmente los nazis vendieron la idea de que los problemas internos en su país recaían sobre una minoría, la cual tenía «secuestrada» su economía, a quienes se les consideraban en el marco de la otroriedad ajena al nacionalismo alemán, quienes representaban el espíritu de la maldad, que eran capaces de asesinar divinidades y sin duda se atreverían a destruir una sociedad desde adentro, por lo tanto era labor obligatoria acabar con ellos para luego hacer un «memorial acerca de su maldad» para asegurar el futuro de las próximas generaciones.

Ninguna persona despierta con la intención de cometer un genocidio, por esto la gradualidad de las acciones demostrará los guiños de alerta ante los deseos de actuar con tal infamia. En el caso de la shoah, el odio iba aumentando y justificando las acciones posteriores, se realizaron boicots económicos, se les segregó por aspectos raciales (leyes de Núremberg), los confinaron en guetos, les expulsaron del país, les llamaron «plagas», «pestes», «ratas», y finalmente los intentaron exterminar.

Y en el momento cumbre del exterminio no se concentraron solo en los que vivían en su territorio, sino que conforme iban avanzando en su proyecto de conquista territorial, recogían a los judíos en el camino para enviarlos hacia el mismo destino que los que tenían en su país, esto le agrega una terrible sazón distinta al amargo caldo que la humanidad debió beber durante la shoah.

De la shoah directamente se aprende que se pueden cometer crímenes contra una población y al estudiarlo a través del tiempo, negar que esto sucediera, o disminuir el impacto de lo ocurrido.

Cuán infame es hoy querer negar los hechos que acontecieron en ese momento de la historia, basados por supuesto como acostumbra la narrativa de los académicos posmodernos. Cómo desgasta responder una y otra vez las majaderías de los revisionistas y negacionistas, que sencillamente no aceptarán por una obsesión basada en prejuicios contra las víctimas del genocidio.

«¿Qué particularidad tuvo la shoah con respecto a otros genocidios?» se preguntarán las generaciones actuales. La respuesta, aunque compleja, no es definitiva. Lo que marca este genocidio de otros es que, a partir de este, se logró el marco legal internacional para poder condenar y combatir los genocidios, lo cual no ha evitado por supuesto que se repitan actos de barbarie contra pueblos en diferentes países del mundo, todavía hoy en un mundo que se supone más «interconectado» y «desarrollado».

Pero es en ese elemento diferenciador de la shoah, que además de convertirla en un parámetro para medir otros crímenes de lesa humanidad, se transforma también en uno de los hechos más rebatidos y sobre expuestos de la historia del último siglo.

La shoah ha sido utilizada para justificar odios modernos contra el Estado de Israel; por su carácter judío, la usan para desacreditar su existencia o por el contrario se vende la idea errónea que fue la «excusa» para crear las condiciones de este Estado, negando la labor realizada desde finales del siglo XIX por los movimientos sionistas, y quizás aceptar que la shoah en su momento aceleró el proceso hacia esa autodeterminación.

En el mismo marco de los conflictos en el Medio Oriente existen enfrentamientos entre quienes se han transformado en negacionistas de la shoah, tal es el caso de Mahmoud Abbas, presidente de la Autoridad Nacional Palestina, quien hizo su tesis doctoral negando los hechos ocurridos contra los judíos durante la II Guerra Mundial. Mientras que, por el otro lado, hay quienes acusan al Estado de Israel de hacer con las poblaciones árabes palestinas lo mismo que hicieron contra los judíos los nazis, en una contradicción que no debe sorprender ya que es parte de la narrativa de los discursos actuales.

Sin embargo, y a pesar del uso político que le dan ciertos actores del sistema internacional, el tema de la shoah tiene una funcionalidad para destacar los elementos claves que señalarían la posibilidad de estar frente a un nuevo caso de genocidio.

a. Asesinar a miembros del grupo.
b. Provocar serias lesiones físicas o mentales a miembros del grupo.
c. Imponer deliberadamente en el grupo condiciones de vida calculadas para causar su destrucción física total o parcial.
d. Imponer medidas destinadas a prevenir nacimientos dentro del grupo.
e. Transferir a niños del grupo a otro grupo por la fuerza.

En línea con estos principios establecidos desde el 9 de diciembre de 1948 en la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, más que justificado por los hechos acontecidos contra los judíos durante la II Guerra Mundial, resulta obligatorio hacer un análisis de los principales hechos bélicos de la última década para estar atentos ante la posibilidad de que se esté delante nuevamente de esta clase de crímenes contra la humanidad.

• Exterminio y desplazamiento obligatorio de cristianos en el Medio Oriente.
• Violaciones y asesinato sistemático contra la minoría yazidí en Irak.
• Acusación de genocidio y desplazamiento contra la población Rohyngia en Birmania.
• Conflicto de los países del Golfo contra el grupo paramilitar Hutí, en Yemen, donde se bloquea el acceso a la ayuda humanitaria para la población civil.

Resulta imperioso estudiar cada caso para que se puedan dar juicios utilizando también como antecedente otro hecho que marca la realidad inmediata a la Segunda Guerra Mundial; los juicios de Núremberg que el pasado 20 de noviembre cumplieron 72 años de haberse efectuado. De una forma irónica se debe citar que los juicios se dieron en la misma ciudad donde 10 años antes se habían establecido las leyes con el nombre de dicha ciudad que comenzaba a deshumanizar a los judíos para luego justificar su exterminio.

En definitiva, el conocimiento que se alcanza de algo como la «Noche de los Cristales rotos» demuestra la progresividad de los hechos que se pueden extender a varias décadas posteriores.

Un levantamiento popular, que podría ser marcado de «inocente»; aunque es evidente que no hay inocencia en ningún acto de vandalismo o violencia contra una minoría, mucho menos si la intervención del Estado no es la adecuada para mitigar el impacto, sino que se transforma en un hecho casi «institucionalizado» o justificado desde el aparato burocrático.

Lo que arrastraría esa trágica noche hasta hoy sigue enseñando que la humanidad no aprende de sus errores, sino que por el contrario los reitera con distintos actores, con diferentes justificaciones y con variados niveles de ensañamiento y destrucción.

Por supuesto que el daño ocasionado trajo consigo cambios «positivos» que alcanzaron a todas las sociedades, en el marco jurídico y de la defensa a los derechos humanos. Pero el precio a pagar fue uno de los más grandes, y no ha sido para nada barato, ni suficiente, porque aún hoy, quienes niegan que la shoahocurriera, son también quienes justifican los actos barbáricos contra minorías en diferentes lugares del mundo.

Fuente: WSIMAG

Aires de discriminación

Programa 7 DÍAS – TELETICA COSTA RICA

No hace falta buscar este fenómeno fuera del país, basta escuchar algunos grupos de rock y echar un vistazo a las redes sociales para darse cuenta que la discriminación étnica y la xenofobia está presente en Costa Rica.Estudiosos advierten acerca del peligro de permitir que estas ideas tomen fuerza.

Nota de Stefanía Colombari, producción de TELETICA Canal 7, Costa Rica.

Ana Frank y la lucha por la preservación de la memoria

El Ministerio de Educación Pública de Costa Rica, con el respaldo del Teatro Nacional y el Centro Israelita Sionista de Costa Rica, estrenaron la obra de teatro “Una niña llamada Ana”, basada en el relato de Ana Frank, la niña que se hizo famosa por un diario de su propiedad que encontró su papá después de la II Guerra Mundial. Tanto Ana como su madre y su hermana fueron parte de los 6 millones de judíos asesinados por los nazis durante la Shoah.

La obra será presentada a más de 12 mil estudiantes durante la semana que estará en cartelera, busca generar conciencia de la importancia de la Shoah en la historia de la humanidad, considerando que en virtud de lo ocurrido contra el mundo judío en esa oscura época, se aprobó el 9 de diciembre de 1948 la “Convención para la prevención y la sanción del delito de genocidio”, de esta forma no solo quedaría catalogado de forma explícita este crimen sino que además, se abriría el portillo para sancionar a quienes incurran en la destrucción sistemática de otra población.

Quienes se encargan de negar o hacer revisionismo de lo que ocurrió contra la población judía, durante la guerra, se incentivan a través del odio anti judío histórico y además se apoyan con una serie de bulos y mitos que se manifiesta y desmiente una y otra vez. Por ejemplo, quienes han propagado la falsa idea que el diario de Ana Frank fue escrito con bolígrafo o redactado por el propio padre de la niña, tema que fue desestimado desde la década de los 80s pero que una y otra vez reaparece como “verdad” que embauca a incautos y desentendidos del tema y fortalece los prejuicios de aquellos que buscan la mínima excusa para expandir este tipo de falacias, en su afán por banalizar o rechazar la veracidad de la Shoah. Es por esta razón, que se debe destacar el llamado de las autoridades educativas costarricenses para combatir la discriminación en cualquiera de sus manifestaciones, incluyendo por supuesto la judeofobia.

Presentar en el teatro una obra fundamentada en el relato de Ana Frank busca ir más allá que una bonita creación literaria que además es un requisito académico entre los estudiantes. Primero que nada, se trata de una niña y adolescente como la mayoría del público que estará viendo la puesta en escena, y que podría representar a las nuevas generaciones con ánimos de vivir sus sueños, venciendo todos los obstáculos que se pongan en el camino y quienes, además, absorben todo lo que desde su entorno les ofrece.

Pero también, representa a los últimos sobrevivientes de la Shoah que quedan en vida, algunos con edades cercanas a la que Ana debería tener actualmente (88 años), y que representan de las últimas generaciones que vivieron en carne viva el terror y la muerte de millones de hermanos, aún hoy se puede escuchar desde una fuente primaria el testimonio de esa época atroz.

Cuando los últimos sobrevivientes trasciendan a la eternidad, el aprendizaje para las próximas generaciones será a través de libros y vídeos, lo que hará el aprendizaje muy impersonal y que se preste para que se vean solamente como una simple historia de algo que es lejano, o lo que es peor, que sirva de excusa para todos los que niegan que esto haya ocurrido realmente. Está claro que cuando esto ocurra, los ataques de quienes niegan o minimizan el hecho histórico, serán más incisivos, y despiadados.

Es por esta razón, que la trascendencia del legado del testimonio contenido en esta obra y en el libro, debe ser enseñado de manera vivencial, haciendo énfasis que no se trata de una simple obra literaria, ni de un Best Seller que fue creado para convertir en millonario a ningún autor famoso, sino que se es una de las tantas evidencias que han quedado plasmadas de la manifestación despiadada del odio desmedido que en su momento emprendieron las autoridades nazis que consideraban a los judíos los culpables de todo lo que les ocurría y de los males del mundo, contra quienes emprendieron un proceso deshumanizador hasta llevarlos a la destrucción sistemática, entendiendo que de entrada la idea no era destruirlos, pero conforme se amplió el odio y se estructuró más se pasó de la expropiación, expulsión, al confinamiento, trabajos forzados y exterminio, siendo esta última de manera paulatina más sanguinaria y estructurada conforme los mecanismos se iban haciendo más burocráticos.

Pero también, la vida de Ana Frank recuerda un elemento clave durante esta época, los miles de personas no judías que arriesgaron sus vidas de forma desinteresada para salvaguardar a sus vecinos, amigos, compañeros de trabajo, socios y demás judíos de las garras nazis y que ocupan una parte esencial para que la maldad no triunfara y hoy no se hable de la historia de un pueblo extinto, sino que su legado vive y se manifiesta alrededor del mundo con grandes aportes sociales en los lugares donde se han desarrollado.

Una niña llamada Ana, logra un efecto impactante, sobre la labor que aún toca continuar, preparando el camino para preservar la memoria de los millones de judíos exterminados, cuando ya no haya voces directas que puedan contarnos esto, pero que su legado no muera con ellos y se pueda seguir enseñando de generación en generación (l’dor V’dor) no como una parte de la historia judía, sino como una señal para la sociedad de que aún queda mucho por hacer para que no haya cabida al odio y la destrucción de la humanidad.

Después de esto, se comprende porque cada generación posterior a la II Guerra Mundial, es considerada así misma como una sobreviviente.

Fuente: El Mundo CR

La judeofobia islámica

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Propaganda árabe judeofóbica: Sangre de un niño palestino, un regalo para el día de las madres (Al – Dustor, Jordania, 22 de marzo de 1994)

En una conferencia dictada por el analista israelí Gabriel Ben Tasgal, organizada en Costa Rica y que tuve el honor de poder participar, se explicaban los diferentes tipos de judeofobia que en la actualidad se practican. Llama poderosamente la atención el tema de la discriminación judía por parte de las comunidades islámicas y el trasfondo que hay en todo ese odio, que se exacerbó con la ayuda del fascismo en Europa.

La judeofobia tiene patente europea:

Se debe comenzar explicando que este es un fenómeno muy europeo, se gesta en el antiguo continente, comenzando con acusaciones de asesinato contra la divinidad, luego aparecen las acusaciones de libelos de sangre que se transformarían en excusas perfectas para atacar a las poblaciones judías. Ejemplos de lo anterior, acusar a los judíos de envenenar pozos de agua, de secuestrar niños cristianos para asesinatos rituales, de causar la peste europea (fiebre bubónica), etc.

Las acusaciones confinaron a los judíos en guetos durante largo tiempo, lo que les estigmatizó por ser “el otro no europeo”. Con el paso del tiempo en algunos lugares de Europa, principalmente Alemania los judíos se comenzaron a asimilar y a formar parte de la sociedad germánica desde todos los aspectos de la vida regular del pueblo.

Cuando las crisis aquejaron al país y se dio el empoderamiento político del Nazismo, resurgieron los estigmas contra el judío al cual se le transformó una vez más en el “chivo expiatorio” de los males europeos. Se recurrió una vez más a los discursos incendiarios al estilo Lutero pero con un agravante, ahora no se llamaba a los judíos a renunciar a su religión sino que el judaísmo lo llevaban en el ADN y por esto serían tratados como un grupo social inferior al resto.

De esto se encargaría el discurso de diseminarlo a través de la propaganda. El éxito de la judeofobia europea, se debió a la idea de un plan judío por adueñarse del mundo, idea que aparece plasmado en el infame libro “Los Protocolos de los Sabios de Sión” (El vulgar plagio del libro “Diálogos en los infiernos entre Maquiavelo y Montesquieu”), mismo libro que sirvió de inspiración para crear otras “obras literarias” bajo la misma temática, dentro de la cual destacan “El Judío Internacional” de Henry Ford y la obra autobiográfica de Hitler “Mi Lucha”.

La herencia judeofóbica en el mundo islámico:

Los párrafos anteriores tienen como objetivo demostrar lo que se dijo al comienzo, la judeofobia (antisemitismo) es algo propio de los europeos, pero también demostrar que es un sentimiento de “exportación”. Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis hicieron buena asociación con los árabes, principalmente musulmanes y sus planteamientos fueron absorbidos por estos.

La propaganda islámica actual contra los judíos cuenta con los mismos estereotipos discursivos que los nazis utilizaban. Por ejemplo dibujar a los israelíes con los rasgos que los antisemitas en Alemania lo hacían con todos los judíos, nariz aguileña, ojos grandes y perversos, jorobados, etc. solamente que ahora el discurso del judío eterno se cambia por el del antisemita que quiere adueñarse del mundo. Se dibuja también a los judíos con características de animales carroñeros o salvajes (serpientes, perros, cerdos, etc.) o con figuras abiertamente con aires de “diabólicos”.

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Imagen 1: A la izquierda la propaganda del documental nazi “Der Ewige Jude” (El Judío eterno), a la derecha propaganda árabe con la inscripción “60 aniversario del holocausto”.

En ambos casos de las imágenes mostradas arriba, da las mismas facciones físicas para el judío con intenciones de ejecutar actos de maldad. La sociedad islámica; principalmente la de ideologías fundamentalistas absorbieron de buena forma los conocimientos provenientes de la judeofobia europea, principalmente alemana.

Se atiza el fuego del odio de los musulmanes radicales con el conflicto árabe – israelí y los reveses militares que han sufrido los árabes desde el año 1948. Se enciende la ira islámica con los enfrentamientos entre israelíes y palestinos, y las divisiones internas musulmanas hace a algunos pensar que todo es parte de un plan de conquista judío sobre el mundo.

El retorno del fascismo.

La radicalización de las posiciones islámicas dentro de la política (donde la separación Estado – Religión es casi nula), asimiló ideas muy cercanas a los movimientos fascistas de mediados del siglo anterior. El islam político, ideológicamente no es otra cosa que “islamofascismo”, donde todo lo que esté fuera de los parámetros de su interpretación político – religiosa es errónea y perseguida. Las minorías religiosas en ese marco, dependiendo del liderazgo islamista de turno les queda callarse, convertirse o desaparecer. El modo en el cual se refieren a otros pensamientos ajenos al islam también demuestra ese mimetismo con el fascismo europeo.

Ejemplo de lo mencionado arriba se puede encontrar en el Corán Sura (Al Maidah) 5:59 – 60:

…Di: “¡Gente de la Escritura! (cristianos y judíos) ¿Es que no tenéis más motivo para censurarnos que el que creamos en Alá y en la Revelación hecha a nosotros y a los que nos precedieron y que la mayoría seáis unos perversos?”. Di: “No sé si informaros de algo peor aún que eso respecto a una retribución junto a Alá. Los que Alá ha maldecido, los que han incurrido en Su ira, los que Él ha convertido en monos y cerdos, los que han servido a los taguts (rebeldes contra Alá o perversos), ésos son los que se encuentran en la situación peor y los más extraviados del camino recto”…” (Énfasis añadido).

En esta Sura Al Maidah (La Mesa Servida) que es de las suras medinesas del Corán (escrita en Medina), y donde el punto principal de los textos de Medina hacen referencia a una relación menos cordial con los “no musulmanes”, a diferencia del discurso conciliador de los textos de Meca. La costumbre de llamar monos y cerdos a los cristianos y judíos es utilizado constantemente por clérigos islámicos en países del Medio Oriente, y cuando se trata de Israel y los judíos con insistencia en algunos sermones de viernes en las principales mezquitas de Gaza y Cisjordania.

En cuanto a la literatura, los libros con contenido judeofóbico ya han sido traducidos al árabe, farsi y turco, por ejemplo “Los protocolos de los Sabios de Sión” y “Mi Lucha” de Adolf Hitler. Además se hacen documentales para presentarlos como material histórico reales, de un plan por parte de los judíos para hacerse con el control del mundo. Finalmente, según su opinión los judíos lograron hacerse con territorio considerado como “islámico”.

A lo anterior, se suman otros comportamientos antisemitas, como acusar a los israelíes de cometer libelos de sangre. Por ejemplo, decir que los israelíes matan palestinos para robar sus órganos. Y esto se ha escuchado aún por parte de los “árabes moderados” que negocian o tienen contacto con Israel, como la Autoridad Nacional Palestina.

Algunos como Hamas incorporan dentro de su carta fundacional textos tomados de libros antisemitas como los mencionados arriba. Un par de ejemplos de esto.

…Los judíos controlan los medios de comunicación y usan su riqueza para agitar revoluciones. Ellos estuvieron detrás de las revoluciones francesa y bolchevique…”

…No hay una sola guerra en cualquier parte que no tenga la huella de la mano judía en ella…”

…Israel existirá y continuará existiendo hasta que el Islam lo destruya, tal como ha borrado a otros antes…”

El uso de este tipo de discurso y propaganda, tienen un origen claro y una intención todavía más específica, por supuesto que ahora se adapta a las ideas del Islam radical, y en cierto modo es como retroceder en el tiempo a la Europa previa a la Segunda Guerra Mundial. La última misiva, que dicho sea de paso aparece en el Preámbulo de la Carta Fundacional, es similar al discurso de Hitler donde amenaza al “Judío Internacional” por llevar supuestamente a las sociedades a la guerra y que esto les llevaría a su propio exterminio.

Otro aspecto que imitan los fachos islámicos en su judeofobia como los fascistas europeos, es la negación, revisionismo o minimización de la Shoah. Tienen “estudiosos y expertos” contemporáneos que debaten acerca de la veracidad del suceso, otros sobre el número real de muertos judíos y algunos como el actual presidente de la Autoridad Palestina, Abu Mazen, realizan estudios que vincularían al movimiento sionista con el nazismo con el fin de establecer su Estado en territorio musulmán.

Finalmente esta clonación ideológica busca desprestigiar a Israel, pero no como un tema meramente político sino que abiertamente los señalamientos van enfocados contra el judaísmo. Abiertamente estos grupos no pierden el tiempo en señalar su odio visceral contra el pueblo judío, y al achacarles libelos, teorías conspirativas y negar cualquier situación previo de intento de destrucción contra estos, encamina su proyecto dialéctico a justificar cualquier intención posterior de querer repetir lo que otros grupos intentaron contra los judíos en otras oportunidades.