La guerra mediática iraní

En la denominada “guerra irregular”, uno de los factores determinantes es el uso de la percepción versus la realidad, su objetivo más inmediato se enfoca en desgastar la opinión pública generalizada sobre un opositor político o en este caso, militar.

La República Islámica de Irán, así como otros grupos de medios de información en la región del Medio Oriente, utiliza la manipulación mediática trasladando al opositor características negativas de actos que ellos mismos realizan, pero que por medio de la propaganda “potabilizan” para que sea aceptado como una acción correcta. Por ejemplo, el régimen iraní acusa a los israelíes de “controlar los medios de comunicación” mundiales, mientras que ellos a través de sus redes interconectadas propagan conceptos que en ocasiones extrapolan noticias de contenido “veraz” con propaganda discriminatoria, bulos y libelos.

La República Islámica de Irán cuenta con varias plataformas de propaganda en medios tanto formales como redes sociales, que pueden ser del régimen como es el caso de la cadena en español HispanTV, o que se une a una red de medios que replican el material que el gobierno iraní quiere propagar, como lo hace ANNUR TV (Argentina), Al Mayadeen (Líbano), TeleSur (Venezuela), entre otras, todas estas con su versión en español. El principio con el que venden la información estos medios es que se trata de una “verdad que los medios sionistas no quieren transmitir”, entonces de entrada la noción es falaz para no decir abiertamente que son redes de propaganda favorables a las posiciones de Irán y sus aliados.

Se puede mencionar un par de ejemplos de la propaganda divulgada podría ser que los israelíes son los principales promotores del tráfico de órganos a nivel internacional, o que es un régimen “mata niños” como dijo un alto funcionario del gobierno de Teherán, en ambos casos utilizando el lenguaje para señalar a los israelíes como personajes “malvados”.

Este comportamiento parece sacado de un manual del propagandista nazi Joseph Goebbels sobre la manipulación mediática, en particular dos principios; el de orquestación que señala el objetivo de limitar las ideas y hacerles eco hasta que se graben cual mantra entre la opinión pública y el principio de transposición donde se carga sobre el adversario todos los aspectos negativos que sobre sí mismo puedan estar pesando ante la percepción de la población. La noción de estos principios busca socavar la legitimidad del oponente con el fin de desgastarlo o de minar su imagen delante de otros actores del Sistema Internacional.

A lo anterior se suma la manipulación en la percepción de un “ganador” o “perdedor” durante un conflicto armado. No es de extrañar entonces que los estrategas y analistas con una posición más favorable a la República Islámica de Irán coincidan en ocasiones con ideas tales como que la guerra del 2006 entre Hezbolá e Israel en el Sur del Líbano fue un golpe de autoridad por parte del grupo paramilitar chiita; pese a que las bajas más significativas las tuvieron en las filas de la agrupación libanesa y los civiles de ese país. O por ejemplo, que se considere que las guerras de Israel contra el Hamas en Gaza han sido victorias del grupo palestino por cuanto al final los israelíes se han tenido que replegar, principalmente por presiones internacionales y temas humanitarios.

Un último ejemplo, después que Israel derribó un dron iraní que entró en su espacio aéreo, lanzó un ataque contra varios sistemas de defensa y blancos iraníes ubicados en Siria, mientras un F16 israelí fue impactado por misiles del sistema de defensa S-200 (fabricación soviética remozado), lo cual se catalogó como una victoria, de igual forma dentro del principio de transposición de Goebbels y sumado un aspecto más, el principio de renovación donde la cantidad de información que se despide sobre un tema corre a un ritmo tan acelerado que no permite que haya capacidad de respuesta que pueda contrarrestar lo primero que se transmitió, porque para ese momento habrá aparecido un “nuevo elemento” que actualice el anterior.

Como fue mencionado al comienzo del artículo, la percepción versus la realidad hace que esto ocurra sin mucho cuestionamiento. En el peor de los panoramas, cuando un golpe es recibido, es sencillo desviar la atención vulgarizando la propaganda, o utilizando aspectos que permita idealizar el impacto, entonces por ejemplo, en este tipo de conflictos cuando hay víctimas en las propias filas se convierten en mártires, cuando se logran víctimas en el bando contrario o capturas se transforman en trofeos de guerra y se exhiben como el logro que son, algo que se ha visto en los ejemplos mencionados anteriormente.

Regresando a la idea de Irán, todo este tipo de desviaciones ideológicas vienen a intentar desviar la atención de un aspecto importante, los iraníes están intentando ampliar su radio de influencia en el Medio Oriente a través del patrocinio y arme de agrupaciones paramilitares, como el Hezbolá en el Líbano o las guerrillas hutíes en el Yemen, de este modo lograrían colocarse en una posición estratégica desde donde pueden controlar regiones importantes cercanas al Mar Mediterráneo y el Mar Rojo a través del estrecho Bab al Mandeb.

Además que la posición estratégica le permite trasladar cualquier conflicto armado contra opositores directos; Arabia Saudita e Israel, hacia territorios lejanos al propio donde exponga solamente infraestructura de un tercero y milicianos directamente usados como carne de cañón, no se vislumbra en un corto período que haya una movilización militar manifiesta de fuerzas iraníes hacia territorios hostiles, lo cual sería además una torpeza estratégica, por lo que las guerras de desgaste resultan más “efectivas”.

Por lo anterior es que en varias ocasiones se han manifestado críticas por parte del mundo árabe – musulmán a lo que ellos denominan la “intromisión iraní” en asuntos de otros Estados a través del financiamiento de guerrillas o el envío de miembros de los Guardianes de la Revolución, como ocurre por ejemplo en Yemen o como también se sabe en manifiesto la influencia iraní fuerte en territorio libanés a través de Hezbolá que funge hoy como agrupación política dentro del parlamento de ese país.

Al mismo tiempo, Irán sufre de problemas internos ante los cada vez más constantes choques contra grupos de personas que procuran ideas reformadoras, quienes luchan por mayores libertades para esta generación que no ha conocido otro régimen que el representado por los clérigos chiitas, y también incentivados por la generación más vieja que pudieron ver ambos mundos, el de un país más abierto y pluralista, a uno obsesionado por el control de la religión en las vidas de los ciudadanos.

Mientras más constantes y fuertes sean los sonidos de guerra en la región por parte de Irán contra Israel o Arabia Saudita, más luces de alerta se encienden en las grandes potencias globales; principalmente Rusia y Estados Unidos que buscan evitar que los niveles de beligerancia escalen de nivel. No están interesados en un conflicto que les pueda poner en riesgo sus posiciones estratégicas logradas en los últimos años en la región. Por el otro lado, la República Islámica de Irán amenazó con celebrar 40 años de la Revolución de 1979 destruyendo a Israel, lo que podría eventualmente convertirse en la firma a su propia sentencia y ocasionar que en caso de cualquier agresión militar se ponga fin a este régimen y sea impuesto otro que pueda ser igual de útil en las agendas de las potencias sin necesidad de echar mano a discursos beligerantes o agresivos directamente, con total complicidad de otros Estados árabes que ven en Irán su más inmediato dolor de cabeza, muy lejos del paradigma del conflicto árabe – israelí del siglo pasado.

Fuente: El Mundo CR

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¿Cuáles son los objetivos de la política exterior del chiismo iraní?

Como lo mencioné en el pasado artículo en Infobae, si bien Irán no es el único país donde se práctica el chiismo, es el que posee la mayoría de adeptos a dicha corriente (73 millones aproximadamente de 210 en total). A esto se agrega que el liderazgo religioso que se ubica en este país determina la visión de otros grupos en otras naciones. Con la existencia de la ciudad sagrada de Qom, centro de peregrinación por la tumba de Fátima Ma’suma, hija del sétimo imán chiita, y además el corazón de los estudios islámicos de esa rama de la religión.

La política exterior iraní está relacionada con la religión directamente, el ayatolá Jamenei es catalogado como el líder supremo del país. Desde el año 1979, en el marco de la Revolución islámica que sacó del poder a la monarquía del Shah Reza Pahlavi, los religiosos tomaron el poder del país y establecieron su sistema político con un ayatolá como primero en la línea del mando elegido por una asamblea de expertos y es el máximo líder dentro del sistema político de Irán, el principio teológico con el cual se hicieron con el poder fue el de Gobierno del Faqih (Wilayat al Faqih); el Faqih es un sabio en principios y ordenanzas islámicas.

El régimen posee una Guardia Revolucionaria que influye en la política exterior de otros países con fuerte influencia chiita, principalmente en Irak, Líbano, Siria, Yemen y además en la Franja de Gaza, donde tienen relaciones con el Hamas, que es en realidad una organización sunita desprendida de la Hermandad Musulmana, pero que cumple un papel importante en la política exterior iraní al enfrentarse directamente contra Israel. Además, han patrocinado al grupo Yihad Islámico palestino que tiene quizás menos fuerza que el mencionado anteriormente.

Desde la llegada al poder del ayatolá Jomeini (1902-1989), se dieron algunos cambios en la política exterior de Irán. Después de la Revolución islámica, la denominada “crisis de los rehenes” en ese mismo año ocasionó que, a partir de 1980, se diera la ruptura entre el régimen islamista y los Estados Unidos. A esto se sumó la política de Jomeini a la causa palestina, como señalaba Henner Fürtig del Instituto Alemán de Estudios Globales y Regionales (GIGA), mencionado por el medio Deutsche Welle: “Sacar la cuestión palestina del contexto árabe y enfatizar el talante islámico de esa problemática es una constante de la política exterior persa” (2014), por lo que a partir de ese momento el apoyo a través de los Guardianes de la Revolución se hace más evidente y sistemático.

Teóricamente, por ser el Estado de Israel aliado del “Gran Satán” (Estados Unidos), su destino también sería el sometimiento y la destrucción. Las malas relaciones entre israelíes e iraníes tuvieron una pequeña pausa durante la guerra que Irán enfrentó contra el régimen iraquí de Sadam Hussein, ya que, para los intereses de ambos países, Hussein era un mal mayor. Esto ocasionaría que se diera una cooperación armamentista proveniente de Jerusalén hacia Teherán de al menos $500 millones; meses después, en coordinación, los iraníes facilitaron a Israel información básica que funcionó para que la fuerza aérea hebrea pudiera bombardear la planta nuclear de Osirak que temían que estuviera desarrollando energía nuclear para usos armamentísticos. Posteriormente las relaciones se enfriarían, con mucha más fuerza luego de la caída del régimen de Sadam.

Este tipo de relación fue funcional, era evidente que, una vez más, terminada la amenaza proveniente del régimen iraquí, regresarían los enfrentamientos directos entre ambos países. El ayatolá siempre fue directo en mencionar la necesidad de combatir a Israel por considerarlo un país “infiel hostil” (kafir al harbi) y controlar bajo su poder Jerusalén (Al Quds), que insistentemente, aun hoy, indican que liberarán.

La República Islámica de Irán ha realizado abiertos apoyos a la agrupación chiita libanesa Hezbollah (Partido de Dios), que surge en los años 80 como un grupo de oposición contra las Fuerzas de Defensa israelíes (FDI), quienes invadieron El Líbano durante la operación “Paz para Galilea”, cuando, buscando sacar a la Organización para la Liberación de Palestina, hizo que de nuevo el tema palestino tomara prioridad en la agenda iraní. Esta agrupación recibe un fuerte financiamiento, entrenamiento militar, armas a través de Siria y cometen atentados terroristas en diferentes países del mundo. Su objetivo es destruir a Israel, como en varias ocasiones se ha escuchado a líderes iraníes a través de los años.

Hezbollah, que aparece inicialmente como un grupo paramilitar, se transformó con el paso del tiempo en una organización que cuenta además con un brazo político muy fuerte en El LíbanoAl punto de que hoy disponen de 12 escaños dentro de la coalición mayoritaria en el Parlamento libanés, lo que les suma poder político, que está supeditado a lo que la agenda iraní manifieste, como bien lo señalaba el ex ministro libanés Saad Hariri cuando dimitió, en noviembre de 2017.

En su carta política dejan en claro que desean hacerse con el poder en El Líbano para acabar con el sectarismo y al mismo tiempo lograr una unidad nacional y el poder de las mayorías sobre las minorías para que trabaje el Estado en función de grupos de coalición bien estructurados y no la atomización actual. En cuanto al ala militar, posee una fuerza superior a la de muchos ejércitos de la región, con un aparato castrense bien remozado a través del gobierno de Teherán.

Además, en otras regiones del Medio Oriente, la República Islámica de Irán posee una influencia determinante para la estabilidad de la zona. En la Irak pos Sadam Hussein, por ejemplo, hay una fuerte influencia de carácter económico y a través de las peregrinaciones iraníes hacia territorio iraquí por elementos propios de la religión, aunque la influencia por la interpretación chiita iraní hace que tengan divergencia en cuanto al criterio sobre el principio de Wilayat Al Faqih que no es compatible con las escuelas religiosas iraquíes de Nayaf y Kerbala (Botta, 2010). Sin embargo, el principio básico sobre el cual Irán tiene su influencia en Irak es a través del vacío de poder que dejó la caída de Sadam y la posterior salida de las fuerzas armadas estadounidenses del territorio sin completar una agenda que nunca quedó clara.

En Siria, los iraníes se han transformado en garantes de la continuidad del régimen de los Assad en el poder de este país árabe, especialmente durante los últimos casi siete años de conflicto que vive este país. Uno de los que más ha colaborado para que el régimen resista ha sido la República Islámica de Irán, así lo deja ver el apoyo en materia económica, humanitaria y hasta militar a través de los Guardianes de la Revolución y Hezbollah.

Esto ha tensado las ya de por sí complejas relaciones con Israel, que ve en el crecimiento de la alianza un espacio aprovechado por los iraníes para acercarse a la frontera que sirios e israelíes comparten y, al mismo tiempo, complementar su espacio de influencia que ya han logrado en zonas estratégicas como El Líbano (Hezbollah) y Gaza (Hamas y Yihad Islámica), donde además de tener cerca a los israelíes, pueden observar a otro Estado axial: Egipto, con quienes no tienen relaciones tensas, pero dadas las alianzas egipcias con los Estados del Golfo, no hay una cercanía ideológica muy estrecha y se miran con cierto recelo.

Finalmente, la política de los ayatolás alcanza también con su influencia un país sumamente empobrecido y golpeado por sus divisiones internas: Yemen, donde no necesariamente hay una fuerza militar explícitamente asociada con los iraníes como en los otros casos, pero sí existen referencias a que las guerrillas paramilitares hutíes son armadas a través de las Fuerza Quds (Guardianes de la Revolución). Según destacan, desde el año 2010 han recibido cerca a los $25 millones anuales; además reciben armamento desde el año 2012. En 2015 fue detenido un barco que arribaba a este país cargado de armas, explosivos y misiles antiaéreos provenientes probablemente de Irán.

La influencia en Yemen se debe efectivamente a su enfrentamiento directo contra Arabia Saudita por el tema de hacerse con el mayor control regional posible, principalmente porque, desde el mar Rojo, a través del estrecho Bab al Mandeb, pueden controlar parte de las rutas comerciales más importantes de los sauditas hacia regiones mediterráneas, razón también por la que la salida hacia el mar Mediterráneo, como fue mencionado anteriormente, es interesante.

Si bien el movimiento radical islamista de los wahabistas o los salafistas tiene una posición más ortodoxa y pragmática de la religión, busca imponer una visión del islam más “pura” y que ayude a luchar contra la “apostasía” y la “herejía”, se debe diferenciar de los objetivos chiitas en Irán, los cuales buscan hacerse con el prestigio en diversas zonas del Medio Oriente, no ocupando directamente los territorios, sino más bien a través de la influencia económica y dogmática posteriormente.

Por último, además del dominio político y económico, Irán busca flanquear a sus diferentes enemigos e imponer su agenda sobre los demás. Más allá de un enfrentamiento por cosmovisiones religiosas contra los sunitas en general, se trata de una expansión de carácter político-ideológico para lograr un lugar de privilegio entre el mundo islámico estandarizando los objetivos políticos regionales contra grupos que consideran un peligroso germen que se ha establecido en el corazón del islam y deben ser arrancados de allí.

 

Fuente: Infobae

Chiismo iraní y su influencia política

En un artículo anterior publicado en Infobae hacía referencia al radicalismo islamista institucionalizado a través de dos corrientes del islam hanbalí: el salafismo y el wahabismo, patrocinado principalmente por países como Arabia Saudita o Qatar, que, en los últimos años, se han dedicado a disminuir los recursos destinados para la lucha implementada por sus ideologías.

Sin embargo, es evidente la necesidad de exponer el radicalismo proveniente de clérigos y practicantes de la otra corriente islámica más importante: el chiismo, principalmente porque, al menos en América Latina, específicamente en Argentina, fueron células de esta corriente islámica quienes actuaron en atentados terroristas contra la Embajada de Israel, en 1992, y contra la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), en 1994, atribuidos ambos al grupo islamista libanés Hezbollah (Partido de Dios), en complicidad con el Gobierno de la República Islámica de Irán.

Además, es el grupo islamista que tiene fuertes nexos con la República Bolivariana de Venezuela, con presencia en la denominada “Triple Frontera” entre Brasil, Paraguay y Argentina, y también confirmada presencia de efectivos favorables a esta agrupación en el Perú. Pero es imperativo conocer de dónde surge el radicalismo proveniente de este sector. Significativamente inferior al islam sunita en cuanto a número, además de tener menos adeptos, posee una lucha de supervivencia en algunas regiones contra la rama mayoritaria del islam, porque, dependiendo de la región, sus ideas son consideradas heréticas.

Es diferente del sunismo, que no tiene una estructura clerical centralizada, sino que cada escuela de pensamiento posee sus propios líderes que determinan interpretaciones y hay varios grupos de religiosos que aportan a temas jurídicos y religiosos; también, a pesar, claro está, de la existencia de la Casa de la Fatwa en Egipto, desde donde salen grandes interpretaciones de la normativa islámica, pero el alcance, dependiendo del grupo, es un poco menos aceptado como vinculante por todos. El chiismo, en cambio, tiene una jurisprudencia un tanto más homogénea, acatan los dictados que den las autoridades religiosas y esto se extiende entre la mayoría de las comunidades chiitas, con ciertas diferencias de criterio, pero que no son tan antagónicas entre sí como ocurre entre los grupos sunitas, sumamente dispersos.

Ciertamente es obligatorio señalar que el islam chiita posee su propia jerarquía piramidal, con el imán  como la figura más importante. La mayoría son duodecimanos, es decir, que creen en la existencia de 12 líderes (imanes) que legislan sobre la vida de los musulmanes. El último de estos (Muhammad Al Mahdi), según la tradición chiita, se encuentra oculto y aparecerá en los últimos tiempos al lado de Jesús (Isa ibn Maryam) a juzgar a la humanidad.

Pero después de la figura de los imanes, existen otros personajes que se convierten en esos representantes de lo divino en la Tierra y los encargados de realizar la interpretación (ijtihad) de los textos sagrados. De esta manera, surgen, en orden de jerarquía: el gran ayatolá (gran signo de Dios), ayatolá, el hoyatolesmam (guía espiritual), Mubálig al-Risala (predicador del mensaje), mujtahidín (licenciado en exégesis) y tálib (seminarista religioso).

El orden de esta jerarquía es decidido por una serie de intérpretes y las palabras que provengan de estos se convierten en vinculantes para todos los chiitas de diversos sectores y territorios. Dicho sea de paso, es en las ciudades de Qom (sudeste iraní) y Mashad (noreste iraní) donde se asientan los intérpretes (mujtahidin) más importantes del chiismo de Irán, mientras que en Nayaf (sur iraquí) y Kerbala (suroeste iraquí) lo hacen los intérpretes de Irak. En ambos casos ellos se encargan de realizar sus edictos más importantes. A diferencia de los sunitas, que cerraron las interpretaciones en el siglo X, los chiitas mantienen abierta esa opción y continúan hoy contextualizando, estudiando y reestructurando sus ideas con respecto a ciertos aspectos de la vida de todo musulmán.

Otra serie de diferencias dogmáticas son marcadas en el islam chiita con respecto a su contraparte sunita y vale la pena tenerla en consideración para comprender las luchas internas:

-El chiismo no reconoce la validez de la sunna islámica, sino que, en su lugar, reconoce el Akhbar (las noticias del profeta); añaden el Tratado de Elocuencia (Nahj al Balagha).

-Tiene tres tiempos de rezo en vez de cinco.

-Agrega textos en la plegaria fúnebre.

-Aplica el denominado quinto (khums), que es un impuesto del 20% sobre los excedentes como forma de hacer limosna (zakat).

-Aplica el matrimonio temporal (Mutah).

-Agrega lugares de peregrinación a mausoleos y tumbas, algo que en las visiones del islam sunita más ortodoxo es causal de llamar a herejía (González, 2015).

Estas son algunas de las diferencias ideológicas, irreconciliables para algunos, que hacen de la cosmovisión chiita más compleja en su relación directa con los grupos sunitas; a esto se le debe agregar el conflicto moderno entre Arabia Saudita como principal país promotor de las visiones más conservadoras del islam sunita (wahabista) y la República Islámica de Irán como principal país chiita, que además ocasiona impacto directo en la política internacional del Medio Oriente y otras regiones.

El objetivo más importante de la doctrina islamista iraní, que difiere de las doctrinas iraquíes en muchas ocasiones y que es el principio fundamental por el cual un clérigo del rango del líder supremo (un ayatolá) asume las riendas más importantes del territorio después de la salida del líder político Shah Reza Pahlavi, es la interpretación del principio de Wilayat al-Faqih que se usa con el significado de alguien con la autoridad para gobernar desde todos los frentes posibles, en una autoridad recibida por los imanes y posteriormente transmitida tras su ocultamiento a las otras figuras espirituales importantes.

Prácticas como la guerra contra los incrédulos, en parte del esfuerzo (Yihad) por el honor de Alá, solamente podría estar fundamentada por la presencia del imán desde algunas interpretaciones: “Al Allamah Al Hilli declara: ‘Es obligatorio llevar a cabo la Yihad contra los judíos y los cristianos hasta que paguen jizya (impuesto a los no musulmanes) o se conviertan o mueran, y obligatoriamente en el resto para convertir a los muertos. Esto es con la presencia del imán'” (Tadhkirat al-Fuqaha).

Dicha interpretación es en el caso de un enfrentamiento armado contra grupos judíos o cristianos, para lo cual se establece que solamente el imán podría en cualquier caso llamar a la yihad de la espada contra estos colectivos. Sin embargo, el ayatolá Alí al-Sistani de Irak indica: “Dios no te prohíbe, en cuanto a aquellos que no te han combatido en la causa de la religión ni te expulsaron de tus habitaciones, que seas bondadoso con ellos y actúes con justicia hacia ellos; seguramente Dios ama al justo” (Al-Sistani). De este principio se desprende que, en determinados casos, cuando consideren que un no musulmán no se ha comportado de manera correcta en un territorio donde se le ha dado acogida, es imperativa la acción militar, por cuanto sería considerado un acto de legítima defensa.

Lo anterior se respalda con las palabras de los ayatolás Sayyid Mahmud Taleqani (1910-1979) y Murtaza Mutahhari (1920-1979), quienes argumentan a favor de una yihad de la espada por temas de honor, no egoístas y en defensa de los bienes del islam. Los alcances de esta guerra contra los transgresores de lo divino sobrepasan los territorios donde estén ubicados y se puede interpretar que se les persiga donde quiera que haya parte de su presencia (Corán 2: 191-193).

De este modo se podrían comprender los intentos por ampliar su influencia político-militar por parte de la República Islámica de Irán en los territorios del Medio Oriente, principalmente en los países más cercanos, donde han expandido su radio de participación a través de los guardianes de la revolución, y el apoyo a células y facciones militares en diferentes lugares de la región (El Líbano, Siria, Yemen, Irak, territorios palestinos), argumentando su lucha contra los invasores y los opresores del islam y contra aquellos que han traicionado al islam y sus principios fundamentales.

Así es como el gobierno iraní ha obtenido mayor prestigio en la región y ha logrado, a través de las alianzas que posee con potencias globales como Rusia, llevar adelante su agenda de política exterior, la cual abordaré en futuros artículos.

Fuente: Infobae

Aún lejos de una “primavera persa”

Las protestas antigubernamentales de los últimos días en Irán se han catalogado como los más grandes desde las realizadas en el año 2009 por la acusación de fraude electoral que reelegiría en su momento a Mahmud Ahmadinejad como presidente, en contraposición del candidato Mir Hossein Mousavi, la denominada “Revolución verde”, pero es evidente que las razones de las protestas actuales distan de las razones que las causaron en ese proceso electoral.

A diferencia del 2009 que las manifestaciones empezaron en Teherán (capital iraní), en esta ocasión se detonaron en la segunda ciudad más importante del país Mashhad (fronteriza con Afganistán) y, que además es una región importante económicamente por la producción de azafrán y que le da empleo al menos a medio millón de personas, y también es un centro de peregrinación importante en el país por estar allí el mausoleo del octavo Imán chiita. Y también se dieron levantamientos en otras regiones como la conservadora ciudad de Isfahán (tercera en importancia del país) y en la región kurda de Kermanshah (fronteriza con Irak).

El inicio de las protestas ha sido en reacción a la debilidad económica que ha sido manifiesta en los últimos años en el país, también se han dado acusaciones de corrupción por parte del régimen y aumentos significativos en los costos de vida. También se suma como parte de las indignaciones a que no se han visto los cambios sustanciales que supuestamente debieron ocurrir desde que el grupo del P5+1 (5 países permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas más Alemania) “suavizara” las sanciones económicas contra el país a cambio de modificar el Programa Nuclear iraní, además que una serie de empresas no han salido de la lista negra principalmente de Estados Unidos lo que les impide negociar con plena libertad.

A lo mencionado anteriormente se debe agregar que existe un respaldo popular al desarrollo de energía nuclear, ya que esto podría significar la reducción en la dependencia del mercado de hidrocarburos, además en cierto modo podría generar un impulso económico necesario para el país. El desarrollo nuclear ha estado bajo sospechas de diferentes fuerzas regionales y globales, porque además del uso civil mencionado anteriormente, se teme que uno de los objetivos perseguidos por el régimen de los Ayatolas sea su uso militar, con el desarrollo de armas de destrucción masiva, lo que podría eventualmente inclinar la balanza de equilibrios regionales contra los intereses de Occidente y sus aliados.

Destaca entre los problemas económicos de la República Islámica de Irán y por lo que también se han incentivado a las protestas que hay un 29% de desempleados en ese territorio, principalmente jóvenes, quienes se han visto afectados directamente por las políticas del Estado que ha reducido el gasto con el fin de influir directamente en el déficit inflacionario del país, cerrando el 2017 con 9,8% y una deuda nacional de 34,53% del PIB.

Hay una fuerte dependencia en la exportación de hidrocarburos, visto con más claridad en el crecimiento del PIB después que se levantaron las sanciones contra el régimen fue de por lo menos 78%, esto se ve afectado también con una mala administración financiera y también, el desvío de recursos internos a programas de política exterior en búsqueda de mayor influencia regional, principalmente su intromisión en las situaciones políticas de Siria, Yemen y el Líbano.

Tanto el tema petrolero como de política exterior en Medio Oriente están asociados de alguna forma. Parte de las afectaciones en este campo que golpea a los iraníes es la sobre producción que realizan los sauditas para influir en los precios internacionales y afligir económicamente a los iraníes quienes son sus principales contendientes en calidad y cantidad de yacimientos petroleros en el mundo.

Por otro lado, la influencia de Irán gracias a la inestabilidad política de la región les ha permitido ampliar su radio de empoderamiento llegando hasta la propia costa mediterránea a través de Líbano, tener abiertos casi tres frentes contra Israel en Siria, Gaza y el sur libanés, y mantener ocupado a Arabia Saudita con una guerra sin participación directa en el territorio yemenita por medio de los grupos paramilitares hutíes.

 

Las protestas pidiendo la “muerte” del dictador y la caída del régimen despierta el morbo y los deseos de ver el fin del liderazgo a cargo de los Ayatolas en Irán. De hecho que han circulado vídeos donde los manifestantes gritaban consignas que atacaban la vida acomodada de los clérigos del país con frases como “Mullahs, tengan algo de vergüenza, suelten el país”. La reacción del presidente Rohani y los líderes religiosos ha sido la represión contra los ciudadanos y la violencia cobrando la vida de casi 30 personas y centenares de detenciones hasta mediados de esta semana.

El descontento general contra las políticas del gobierno alcanza los actos en materia de política internacional, tanto que los propios manifestantes clamaban consignas como “Ni Gaza ni Líbano, mi vida la sacrifico por Irán”.

La reacción de los líderes iraníes con tanta intransigencia contra los opositores son los que estarían profundizando el cisma político en el país, a pesar de que el propio presidente Rohani indicó que no tenían problema en realizar protestas en el país, sin embargo la violencia y el bloqueo de redes sociales y otros canales de comunicación muestran que no solo están opuestos sino también preocupados que esto escale a un nivel mayor pero, se podría decir que estas manifestaciones contra el régimen pueda significar que se está a las puertas de la caída de los Ayatolas? La respuesta inmediata es que no, por varias razones.

Comenzando porque aún el poder que poseen los religiosos en el país es muy fuerte, además que las alianzas que poseen los iraníes empezando por Rusia no permitirían una caída y destrucción sustancial de lo que desde 1979 han logrado construir, no se daría el lujo Moscú de tener abierto otro Siria en la zona. Por otra parte, el gobierno controla las fuerzas armadas y tienen también bajo su mando los otros poderes del Estado, desde la Revolución Islámica, su dominio es total. También se debe contemplar que hay un sector apoyando al régimen sin dudarlo y esta misma semana se dio una manifestación con decenas de miles de personas mostrando su apoyo al gobierno y llamando a matar a los “sediciosos”.

El régimen iraní ha acusado a los gobiernos de Estados Unidos, Arabia Saudita e Israel de estar siendo parte de los involucrados en las protestas contra el gobierno iraní, a través de “agentes infiltrados” que buscan desestabilizar el país después de que según ellos han logrado establecer una gran influencia regional y se han fortalecido a nivel interno.

El gobierno estadounidense de Donald Trump, ha amenazado con emitir nuevas sanciones a Irán por su trato brutal contra los manifestantes, además de haber acusado al expresidente Barack Obama de haber desembolsado cientos de miles de millones de dólares al gobierno iraní que terminaría en el patrocinio del terrorismo a través de Teherán.

Por su parte, Israel a través de su Primer Ministro Netanyahu, se ha desvinculado de cualquier participación por parte de agentes israelíes, y lanzó además, un mensaje de apoyo a los manifestantes contra el régimen iraní a los cuales deseó buena suerte en su lucha contra el gobierno de los Ayatolas, al cual le ha pronosticado su pronto colapso.

El gobierno saudita, siendo el tercero en verse acusado, hace unas semanas atrás, por medio del príncipe heredero Mohammed Bin Salman acusaba al Ayatola Jamenei de ser como Hitler, con deseos de expandir su visión radical por el mundo islámico, asesinar a inocentes en la región fuera de sus fronteras y además por dirigir un régimen absolutista de corte supremacista y que reprime a sus opositores a través del uso del terrorismo internacional, según la interpretación del analista político internacional George Chaya. Las afirmaciones expresadas por Bin Salman se podrían señalar además de irónicas viniendo de otro gobierno opresor y poco pluralista en esa región.

Finalmente, estas manifestaciones difícilmente harán caer el sistema de gobierno que hasta este momento dirige las vidas de los persas en Irán, sin embargo, en lo inmediato puede ocasionar un repliegue sustancial de las fuerzas tanto militares como inyección económica con el cual los iraníes han logrado expandir sus zonas de control a través de Medio Oriente, les llevará a tener que redirigir estos esfuerzos hacia la política nacional, lo que podría ser útil por parte de sus opositores regionales en poder pensar una nueva estrategia de contención contra los intereses iraníes en la zona y reacomodar eventuales esquemas que les ayude con un equilibrio favorable en el área.

Fuente: El Mundo CR

La extraña entente

Izquierda posmoderna e islamismo político

La alianza entre la izquierda y los grupos islámicos son esa extraña combinación que hasta podría parecer antagónica o un mal chiste, en todo caso no es tampoco una forma rara de alianza que deba sorprender.

El hecho que los grupos de izquierda tengan simpatías por movimientos islámicos o grupos ante los cuales el islam más arcaico y practicante de ciertas violaciones a los derechos humanos sea tan fuerte, es una herencia de la Guerra Fría. Hay un dilema marcado entre apoyar a Gobiernos dictatoriales o Gobiernos islámicos radicales, pero en todo caso cualquier grupo opuesto a los Gobiernos occidentales será apoyado por las agrupaciones izquierdistas y sus herederos posmodernos.

De este modo, una fuerte relación se gestó durante muchos años entre el Egipto de Gamal Abdel Nasser y los soviéticos. Posteriormente, también en Siria a través del partido socialista Baath / Baaz (Renacimiento) las relaciones árabes – soviéticas se nutrieron y fortalecieron, dando lugar a buenos vínculos modernos entre la República Federal Rusa y la Siria de los Assad.

También a través del presidente Nasser, los palestinos comienzan sus contactos más significativos con los Gobiernos soviéticos, de quienes, además, recibieron apoyo militar de forma indirecta a través de la cooperación militar brindada por la URSS a los Estados de Siria y Egipto.

No por nada dos agrupaciones políticas palestinas tienen un vínculo importante con el socialismo internacional. Por ejemplo, el Frente Popular para la Liberación Palestina (FPLP) que se autocataloga como marxista-leninista está asociada al Seminario Comunista Internacional. Por su parte, Al Fatah es miembro del Partido de los Socialistas Europeos (PES) y miembro observador de la Internacional Socialista; misma afiliación a la que pertenece el Partido Laborista israelí.

Los socialistas han considerado a los países europeos de Occidente y a Estados Unidos, entes colonialistas e invasores; un elemento que la experiencia en África y el Medio Oriente confirma en cierto modo este aspecto tan particular. Cualquier grupo político que reciba apoyo de Occidente se transforma en automático desde esta visión en «lacayos del imperialismo y el colonialismo».

Es obvio que los socialistas y en particular los soviéticos no eran «madres de la caridad» y sus intenciones durante esa época era la de expandir su influencia y poder. No por nada aparecieron teorías como la del dominó o de la contención contra los deseos de expansión soviética, por lo que las relaciones rusas en zonas del Medio Oriente son una elocuente muestra de esta herencia de esa época.

Los grupos prosoviéticos en esa época aplaudían cualquier facción que apareciera, la cual ellos definían como «resistencia» a la influencia occidental. De este modo, la Revolución Islámica de 1979 atraería el apoyo de los países u organizaciones socialistas que entendieron como un triunfo sobre la influencia de Europa y Estados Unidos la caída del sah Pahlavi.

De igual manera, las manifestaciones del ayatolá Jomeini en su momento declarando el Gobierno estadounidense como «El Gran Satán», fueron bien acogidas por el gobierno del Kremlin en su momento y esto fortalecía las posibilidades de abrir un frente prosoviético en la zona.

A través de la lucha por contener a la URSS, los procesos globalizadores y el descuido norteamericano en la región del Medio Oriente, se reafirmaron las alianzas soviéticas con los países de la región dirigidos por dictaduras socialistas – panarabistas. Lo que ocasionaría por su parte que el gobierno en Washington decidiera empoderar organizaciones islamistas ideológicamente enemigas de la visión de Occidente, pero también del socialismo – comunista «ateo», en lo que analistas denominan como el «amanecer islámico».

De este modo aparecería en escena global la organización del radical islámico Osama Bin Laden o las alianzas y patrocinios estadounidenses con Arabia Saudita, aunque esto último obedece a otros aspectos de carácter histórico que asocian a países occidentales con la casa de Saud en la Península arábiga.

La historia conocida es que, con el paso del tiempo, los grupos islamistas se han transformado en el principal dolor de cabeza en la moderna guerra asimétrica que ocurre en diferentes zonas del globo y, actualmente, algunas de estas organizaciones radicales han empatado en objetivos con los grupos progresistas y de izquierda. Por supuesto, ahora tienen un enemigo en común y son los Gobiernos «imperialistas de occidente».

En el lenguaje de los grupos de la izquierda pos Guerra Fría, y aquellos que se denominan progresistas se sigue manifestando esta influencia propia de aquella época que les ha conducido a alinearse con colectivos que en su zona de poder no permitirían jamás el desarrollo de este progresismo que raya en ocasiones con un «buenismo idiota».

Para los posmodernos de la izquierda progre los movimientos políticos de las grandes potencias obedecen a una lucha contra el «heteropatriarcado» que continúa en sus afanes imperialistas de someter a los pueblos contra su propia autodeterminación. Por lo tanto, la presencia de Estados Unidos y Europa en el Medio Oriente y África, sigue obedeciendo al patrón de querer controlar los recursos productivos y someter a un nivel de esclavitud a las poblaciones aborígenes.

De igual manera, cualquier movimiento que se manifieste contra la presencia occidental en esas regiones es vista como aliada y además denominado grupo de resistencia, así cometan actos barbáricos y violencia desproporcionada.

Así, ciertas organizaciones se les determinan como parte de una lucha justa y no con la etiqueta de «terroristas». De ese modo, el apoyo a grupos como el Hezbollah en Líbano o Hamás en Gaza podrían ser ideológicamente contradictorios, ya que sus principios, que son políticos pero también religiosos, no son compatibles de la izquierda liberal.

También pareciera contradictorio que en países occidentales, las marchas pro derechos humanos y libertades se utilicen símbolos que son muestras de opresión en países gobernados por musulmanes, por ejemplo burkas y hiyabs, pero que, en este sector del planeta, se les consideran emblemas de la libertad de culto y de multiculturalismo integrador a la sociedad islámica.

Por esta razón, no es de extrañarse que en los atentados terroristas como el de Las Ramblas, Niza, Bruselas, Bataclán, etc. por parte de células de islam radical, estos supuestos progresistas, desvíen la culpa del terrorismo y lo justifiquen con el supuesto de una «respuesta natural» a siglos de colonialismo e imperialismo europeo o, lo que es peor, colocan al mismo nivel a los atacantes que a las víctimas, para que «no se generalice».

Tampoco se les verá protestando contra la persecución de minorías en países donde los gobiernos son islámicos, como ocurre con la población LGBTI, cristianos, yazidíes y otros que la pasan mal cuando rige la sharia islámica de modo estricto o radical.

Ciertamente, estos grupos no deberían ser considerados progresistas con estas actitudes, las cuales lo único que muestran es lo retrógrados que en realidad se manifiestan. De tal manera, que el supuesto «progresismo» no es otra cosa que una máscara de posmodernismo intelectual, donde lo que vale no es la realidad, sino la construcción del discurso.

Radicales al poder

El auge de grupos de extrema que se está dando en Europa me sigue haciendo eco a un texto que escribí hace 5 años titulado “La lección reprobada por Europa“, no me deja de asustar que este tipo de agrupaciones políticas tomen impulso de nuevo, ese repunte de la extrema derecha alemana como tercera fuerza política del país no es algo que se pueda tomar a la ligera; fue un 12,9% de votos favorables a la extrema derecha cuyo discurso de odio es generalizado contra inmigrantes, el euro escepticismo y el regreso de esa Alemania de las “glorias” hitlerianas.

No es analizar un país del Este de Europa con fuertes problemas de liderazgo y cohesión política, sino que directamente se trata del segundo país más influyente de la Unión Europea, junto con la Francia de Macrón.

Y en el caso francés, donde el heredero del régimen de Francois Hollande gana unas elecciones marcadas por un porcentaje realmente escandaloso de antipatía y de los que sí fueron a las urnas al menos el 34% apoyaba la visión del ala dura, sumado a una lista interminable de dudas sobre su gestión.

Si a este efecto se le suman otros gobiernos europeos con un discurso parecido, este fenómeno en vez de disminuir se multiplica y los pasos para combatirlo parecen no dar un efecto positivo, sino todo lo contrario. Por lo que quienes aprovechan este desorden y represión es el ala dura del islamismo radical asentado en Europa, a través de mezquitas con un discurso de odio contra los kuffar (infieles) y sus aliados takfiries (musulmanes “apóstatas”) contaminados con las mañas de occidente.

Y en otras esferas de la política, ese desgaste hacia los regímenes democráticos, ocasionados mayoritariamente por la antipatía que hay con ciertos sectores del liderazgo (presidentes, diputados, etc.) son aprovechados por visiones extremas de otra índole que aprovecharán la plataforma democrática para hacerse con el poder posteriormente acabar con la institucionalidad de la democracia, parece la visión fatalista, que en realidad SÍ es, y que no puede ser tomado con ligereza.

No es Israel, son los judíos…

El asesinato de tres israelíes el viernes anterior en manos de Omar Al – Abed con la excusa que lo hacía por Al Aqsa revela el fuerte sentimiento religioso que acoge el conflicto palestino – israelí, que no se trata solamente de un tema de “la ocupación”, ya que esto podría haber servido de justificación que atacara a israelíes de Halamish (Neve Tzuf) por vivir en un “asentamiento”, pero no, su discurso fue directo, lo hizo por las acciones israelíes de poner detectores de metales en la Explanada de las Mezquitas (Monte del Templo) y no permitir el acceso a hombres jóvenes que son fácilmente motivados a realizar actos de violencia, como al final de cuentas se dio.

Se ha analizado el tema basado en la construcción más reciente, y no se ha profundizado en el contexto y motivaciones anteriores que han desencadenado circunstancias similares. Por ejemplo, poco se habla que el uso de detectores de metales devino posterior al asesinato de dos policías drusos israelíes el 14 de julio, realizando el ataque desde uno de los accesos de la explanada, y el posterior decomiso de piedras, palos, cadenas y demás elementos encontrados en los lugares de culto.

Aun así, el llamado de los liderazgos musulmanes es el de “proteger Al Aqsa”, muy similar al llamado de otras ocasiones como el realizado por el Muftí de Jerusalem en 1929 que “Al Aqsa estaba en peligro”, en un difundido libelo que llevaría a revueltas de años en una etapa sumamente candente de las relaciones entre judíos y árabes durante el Mandato Británico.

El grito de “Khaybar, Khaybar Ya Yahud, Jaish Muhammad Ya’ud” (Khaybar, Khaybar, oh judíos! El ejército de Muhammad regresará) que utilizan las mujeres y los niños que custodian en la explanada que los no musulmanes no hagan rezos ni plegarias, seguido del grito de Allahu Akbar (Alá es el más grande), contextualiza el llamado religioso en este conflicto.

El primer grito se refiere al ataque de Mahoma y sus seguidores a la Tribu Judía de Khaybar (año 628 de nuestra era) y el asesinato de su líder Abu Rafi, así como el posterior ataque a las otras tribus judías Banu Nadir, Banu Quraiza y Banu Qainuqa, al considerarlos aliados de sus enemigos. La frase de Alá es el más grande se ha hecho común en temas militares islámicos, y se relaciona con la proclama del poder superior que representa Alá por encima de cualquier otra divinidad, usada como llamado a la oración, pero también como frase ante cualquier evento de magnitudes grandes.

La acción de los atacantes de los policías israelíes, fue también en nombre de la religión, en un acto de martirio, que si bien puede ser catalogada de acción política, tiene un matiz abiertamente religioso que se sustenta con el valor que este sacrificio traerá consigo un premio en la vida futura. Utilizando interpretaciones de este modo de algunos textos religiosos islámicos.

Por este motivo, el llamado de los líderes políticos y religiosos musulmanes de proteger Al Aqsa, como lo hizo el presidente turco, al incitar a los musulmanes para que hicieran todo lo posible por luchar a favor del sitio sagrado, se complementa con la amenaza de la Liga Árabe quien indicó que Israel juega con fuego al “cambiar el statu quo” de la zona, y similares acusaciones provenientes de la República Islámica de Irán y los grupos islamistas como el Hezbolá libanés o el Hamas palestino.

A lo anterior, se debe sumar la campaña diplomática que desde hace tiempo se ha gestado, cual cruzada donde se acusa a los israelíes de estar “judaizando” Jerusalem y otros sitios que se consideran importantes también por los musulmanes. Lo que por el contrario se debería notar es el espíritu de querer islamizar y desprestigiar cualquier vínculo de los judíos con sus lugares históricos – religiosos. En el marco de la UNESCO por ejemplo, la Tumba de los Patriarcas (llamado Santuario de Abraham) en Hebrón, el Kotel en Jerusalem y la Tumba de Raquel (Mezquita de Bilal bin Rabah) en Belén han sido declarados patrimonio musulmán y han sido desarraigados del judaísmo, así como ya se ha hecho con el Monte del Templo (Haram esh-Sharif).

Este tipo de clamores violentos y manifestaciones políticas reciben resultados casi inmediatos, por ejemplo, los actos de violencia durante el rezo del viernes anterior en la ciudad vieja de Jerusalem ante un llamado de “día de la ira” contra las fuerzas policiales israelíes que vigilaban el orden de la zona, y donde además, se dieron enfrentamientos y se hicieron manifestaciones públicas de tener el poder al efectuar los rezos en las calles aledañas, como una forma de protestar y también, ha ocasionado la agresión de sinagogas en Estambul o el ataque dentro de la sede diplomática israelí en Jordania.

La convocatoria es de exacerbar los ánimos y levantar una revuelta de carácter religioso, a parecer Israel es lo único que logra unir posiciones tan radicalmente opuestas como la del histórico conflicto entre musulmanes, para aliarse en una misma causa, basados en una hipócrita posición, ya que protestan contra los controles de seguridad en un lugar público, donde actos de violencia pueden causar muchas muertes de civiles, razones por las que hay sistemas de seguridad en sitios públicos delicados como Meca y Medina, o el Vaticano.

Pero en este caso particular, por tratarse de un territorio que los musulmanes reclaman como suyo (Dar Al Islam) y que se encuentra bajo soberanía no musulmana, incrementa el sesgo religioso que motiva las acciones recientes, siempre desde una interpretación integrista, utilizando por supuesto la falacia de que el sitio se está poniendo en peligro, lo que además podría convertirse en el caldo de cultivo de una acción violenta más grave, como lo sería una nueva Intifada, motivada por Al Aqsa como se excusó en el levantamiento popular del año 2000.

Por otra parte, tanto el liderazgo palestino en Cisjordania como en Gaza, realizan discursos incendiarios que buscan enaltecer los actos de violencia, reivindicándolos como actos de resistencia, pagando enormes sumas de dinero a los familiares de los atacantes, como el caso de Al – Abed, por quien su familia recibirá poco más de $3.000 mensuales por el “acto heroico” este, del cual su madre Ibtisam se siente orgullosa.

Finalmente, el gobierno de Israel accede a remover los detectores de metales y seguramente le obliguen a remover las cámaras de vigilancia de la zona, esto se convierte por supuesto en una victoria para los grupos radicales islamistas que buscan socavar la seguridad de los ciudadanos en la Ciudad Santa, y además ante todo el espectro político israelí y la opinión pública, se pondrá en duda los verdaderos alcances del liderazgo del Primer Ministro de demostrar que puede lidiar con la presión Internacional y la seguridad ciudadana sin morir en el intento.