La guerra mediática iraní

En la denominada “guerra irregular”, uno de los factores determinantes es el uso de la percepción versus la realidad, su objetivo más inmediato se enfoca en desgastar la opinión pública generalizada sobre un opositor político o en este caso, militar.

La República Islámica de Irán, así como otros grupos de medios de información en la región del Medio Oriente, utiliza la manipulación mediática trasladando al opositor características negativas de actos que ellos mismos realizan, pero que por medio de la propaganda “potabilizan” para que sea aceptado como una acción correcta. Por ejemplo, el régimen iraní acusa a los israelíes de “controlar los medios de comunicación” mundiales, mientras que ellos a través de sus redes interconectadas propagan conceptos que en ocasiones extrapolan noticias de contenido “veraz” con propaganda discriminatoria, bulos y libelos.

La República Islámica de Irán cuenta con varias plataformas de propaganda en medios tanto formales como redes sociales, que pueden ser del régimen como es el caso de la cadena en español HispanTV, o que se une a una red de medios que replican el material que el gobierno iraní quiere propagar, como lo hace ANNUR TV (Argentina), Al Mayadeen (Líbano), TeleSur (Venezuela), entre otras, todas estas con su versión en español. El principio con el que venden la información estos medios es que se trata de una “verdad que los medios sionistas no quieren transmitir”, entonces de entrada la noción es falaz para no decir abiertamente que son redes de propaganda favorables a las posiciones de Irán y sus aliados.

Se puede mencionar un par de ejemplos de la propaganda divulgada podría ser que los israelíes son los principales promotores del tráfico de órganos a nivel internacional, o que es un régimen “mata niños” como dijo un alto funcionario del gobierno de Teherán, en ambos casos utilizando el lenguaje para señalar a los israelíes como personajes “malvados”.

Este comportamiento parece sacado de un manual del propagandista nazi Joseph Goebbels sobre la manipulación mediática, en particular dos principios; el de orquestación que señala el objetivo de limitar las ideas y hacerles eco hasta que se graben cual mantra entre la opinión pública y el principio de transposición donde se carga sobre el adversario todos los aspectos negativos que sobre sí mismo puedan estar pesando ante la percepción de la población. La noción de estos principios busca socavar la legitimidad del oponente con el fin de desgastarlo o de minar su imagen delante de otros actores del Sistema Internacional.

A lo anterior se suma la manipulación en la percepción de un “ganador” o “perdedor” durante un conflicto armado. No es de extrañar entonces que los estrategas y analistas con una posición más favorable a la República Islámica de Irán coincidan en ocasiones con ideas tales como que la guerra del 2006 entre Hezbolá e Israel en el Sur del Líbano fue un golpe de autoridad por parte del grupo paramilitar chiita; pese a que las bajas más significativas las tuvieron en las filas de la agrupación libanesa y los civiles de ese país. O por ejemplo, que se considere que las guerras de Israel contra el Hamas en Gaza han sido victorias del grupo palestino por cuanto al final los israelíes se han tenido que replegar, principalmente por presiones internacionales y temas humanitarios.

Un último ejemplo, después que Israel derribó un dron iraní que entró en su espacio aéreo, lanzó un ataque contra varios sistemas de defensa y blancos iraníes ubicados en Siria, mientras un F16 israelí fue impactado por misiles del sistema de defensa S-200 (fabricación soviética remozado), lo cual se catalogó como una victoria, de igual forma dentro del principio de transposición de Goebbels y sumado un aspecto más, el principio de renovación donde la cantidad de información que se despide sobre un tema corre a un ritmo tan acelerado que no permite que haya capacidad de respuesta que pueda contrarrestar lo primero que se transmitió, porque para ese momento habrá aparecido un “nuevo elemento” que actualice el anterior.

Como fue mencionado al comienzo del artículo, la percepción versus la realidad hace que esto ocurra sin mucho cuestionamiento. En el peor de los panoramas, cuando un golpe es recibido, es sencillo desviar la atención vulgarizando la propaganda, o utilizando aspectos que permita idealizar el impacto, entonces por ejemplo, en este tipo de conflictos cuando hay víctimas en las propias filas se convierten en mártires, cuando se logran víctimas en el bando contrario o capturas se transforman en trofeos de guerra y se exhiben como el logro que son, algo que se ha visto en los ejemplos mencionados anteriormente.

Regresando a la idea de Irán, todo este tipo de desviaciones ideológicas vienen a intentar desviar la atención de un aspecto importante, los iraníes están intentando ampliar su radio de influencia en el Medio Oriente a través del patrocinio y arme de agrupaciones paramilitares, como el Hezbolá en el Líbano o las guerrillas hutíes en el Yemen, de este modo lograrían colocarse en una posición estratégica desde donde pueden controlar regiones importantes cercanas al Mar Mediterráneo y el Mar Rojo a través del estrecho Bab al Mandeb.

Además que la posición estratégica le permite trasladar cualquier conflicto armado contra opositores directos; Arabia Saudita e Israel, hacia territorios lejanos al propio donde exponga solamente infraestructura de un tercero y milicianos directamente usados como carne de cañón, no se vislumbra en un corto período que haya una movilización militar manifiesta de fuerzas iraníes hacia territorios hostiles, lo cual sería además una torpeza estratégica, por lo que las guerras de desgaste resultan más “efectivas”.

Por lo anterior es que en varias ocasiones se han manifestado críticas por parte del mundo árabe – musulmán a lo que ellos denominan la “intromisión iraní” en asuntos de otros Estados a través del financiamiento de guerrillas o el envío de miembros de los Guardianes de la Revolución, como ocurre por ejemplo en Yemen o como también se sabe en manifiesto la influencia iraní fuerte en territorio libanés a través de Hezbolá que funge hoy como agrupación política dentro del parlamento de ese país.

Al mismo tiempo, Irán sufre de problemas internos ante los cada vez más constantes choques contra grupos de personas que procuran ideas reformadoras, quienes luchan por mayores libertades para esta generación que no ha conocido otro régimen que el representado por los clérigos chiitas, y también incentivados por la generación más vieja que pudieron ver ambos mundos, el de un país más abierto y pluralista, a uno obsesionado por el control de la religión en las vidas de los ciudadanos.

Mientras más constantes y fuertes sean los sonidos de guerra en la región por parte de Irán contra Israel o Arabia Saudita, más luces de alerta se encienden en las grandes potencias globales; principalmente Rusia y Estados Unidos que buscan evitar que los niveles de beligerancia escalen de nivel. No están interesados en un conflicto que les pueda poner en riesgo sus posiciones estratégicas logradas en los últimos años en la región. Por el otro lado, la República Islámica de Irán amenazó con celebrar 40 años de la Revolución de 1979 destruyendo a Israel, lo que podría eventualmente convertirse en la firma a su propia sentencia y ocasionar que en caso de cualquier agresión militar se ponga fin a este régimen y sea impuesto otro que pueda ser igual de útil en las agendas de las potencias sin necesidad de echar mano a discursos beligerantes o agresivos directamente, con total complicidad de otros Estados árabes que ven en Irán su más inmediato dolor de cabeza, muy lejos del paradigma del conflicto árabe – israelí del siglo pasado.

Fuente: El Mundo CR

Anuncios

¿Cuáles son los objetivos de la política exterior del chiismo iraní?

Como lo mencioné en el pasado artículo en Infobae, si bien Irán no es el único país donde se práctica el chiismo, es el que posee la mayoría de adeptos a dicha corriente (73 millones aproximadamente de 210 en total). A esto se agrega que el liderazgo religioso que se ubica en este país determina la visión de otros grupos en otras naciones. Con la existencia de la ciudad sagrada de Qom, centro de peregrinación por la tumba de Fátima Ma’suma, hija del sétimo imán chiita, y además el corazón de los estudios islámicos de esa rama de la religión.

La política exterior iraní está relacionada con la religión directamente, el ayatolá Jamenei es catalogado como el líder supremo del país. Desde el año 1979, en el marco de la Revolución islámica que sacó del poder a la monarquía del Shah Reza Pahlavi, los religiosos tomaron el poder del país y establecieron su sistema político con un ayatolá como primero en la línea del mando elegido por una asamblea de expertos y es el máximo líder dentro del sistema político de Irán, el principio teológico con el cual se hicieron con el poder fue el de Gobierno del Faqih (Wilayat al Faqih); el Faqih es un sabio en principios y ordenanzas islámicas.

El régimen posee una Guardia Revolucionaria que influye en la política exterior de otros países con fuerte influencia chiita, principalmente en Irak, Líbano, Siria, Yemen y además en la Franja de Gaza, donde tienen relaciones con el Hamas, que es en realidad una organización sunita desprendida de la Hermandad Musulmana, pero que cumple un papel importante en la política exterior iraní al enfrentarse directamente contra Israel. Además, han patrocinado al grupo Yihad Islámico palestino que tiene quizás menos fuerza que el mencionado anteriormente.

Desde la llegada al poder del ayatolá Jomeini (1902-1989), se dieron algunos cambios en la política exterior de Irán. Después de la Revolución islámica, la denominada “crisis de los rehenes” en ese mismo año ocasionó que, a partir de 1980, se diera la ruptura entre el régimen islamista y los Estados Unidos. A esto se sumó la política de Jomeini a la causa palestina, como señalaba Henner Fürtig del Instituto Alemán de Estudios Globales y Regionales (GIGA), mencionado por el medio Deutsche Welle: “Sacar la cuestión palestina del contexto árabe y enfatizar el talante islámico de esa problemática es una constante de la política exterior persa” (2014), por lo que a partir de ese momento el apoyo a través de los Guardianes de la Revolución se hace más evidente y sistemático.

Teóricamente, por ser el Estado de Israel aliado del “Gran Satán” (Estados Unidos), su destino también sería el sometimiento y la destrucción. Las malas relaciones entre israelíes e iraníes tuvieron una pequeña pausa durante la guerra que Irán enfrentó contra el régimen iraquí de Sadam Hussein, ya que, para los intereses de ambos países, Hussein era un mal mayor. Esto ocasionaría que se diera una cooperación armamentista proveniente de Jerusalén hacia Teherán de al menos $500 millones; meses después, en coordinación, los iraníes facilitaron a Israel información básica que funcionó para que la fuerza aérea hebrea pudiera bombardear la planta nuclear de Osirak que temían que estuviera desarrollando energía nuclear para usos armamentísticos. Posteriormente las relaciones se enfriarían, con mucha más fuerza luego de la caída del régimen de Sadam.

Este tipo de relación fue funcional, era evidente que, una vez más, terminada la amenaza proveniente del régimen iraquí, regresarían los enfrentamientos directos entre ambos países. El ayatolá siempre fue directo en mencionar la necesidad de combatir a Israel por considerarlo un país “infiel hostil” (kafir al harbi) y controlar bajo su poder Jerusalén (Al Quds), que insistentemente, aun hoy, indican que liberarán.

La República Islámica de Irán ha realizado abiertos apoyos a la agrupación chiita libanesa Hezbollah (Partido de Dios), que surge en los años 80 como un grupo de oposición contra las Fuerzas de Defensa israelíes (FDI), quienes invadieron El Líbano durante la operación “Paz para Galilea”, cuando, buscando sacar a la Organización para la Liberación de Palestina, hizo que de nuevo el tema palestino tomara prioridad en la agenda iraní. Esta agrupación recibe un fuerte financiamiento, entrenamiento militar, armas a través de Siria y cometen atentados terroristas en diferentes países del mundo. Su objetivo es destruir a Israel, como en varias ocasiones se ha escuchado a líderes iraníes a través de los años.

Hezbollah, que aparece inicialmente como un grupo paramilitar, se transformó con el paso del tiempo en una organización que cuenta además con un brazo político muy fuerte en El LíbanoAl punto de que hoy disponen de 12 escaños dentro de la coalición mayoritaria en el Parlamento libanés, lo que les suma poder político, que está supeditado a lo que la agenda iraní manifieste, como bien lo señalaba el ex ministro libanés Saad Hariri cuando dimitió, en noviembre de 2017.

En su carta política dejan en claro que desean hacerse con el poder en El Líbano para acabar con el sectarismo y al mismo tiempo lograr una unidad nacional y el poder de las mayorías sobre las minorías para que trabaje el Estado en función de grupos de coalición bien estructurados y no la atomización actual. En cuanto al ala militar, posee una fuerza superior a la de muchos ejércitos de la región, con un aparato castrense bien remozado a través del gobierno de Teherán.

Además, en otras regiones del Medio Oriente, la República Islámica de Irán posee una influencia determinante para la estabilidad de la zona. En la Irak pos Sadam Hussein, por ejemplo, hay una fuerte influencia de carácter económico y a través de las peregrinaciones iraníes hacia territorio iraquí por elementos propios de la religión, aunque la influencia por la interpretación chiita iraní hace que tengan divergencia en cuanto al criterio sobre el principio de Wilayat Al Faqih que no es compatible con las escuelas religiosas iraquíes de Nayaf y Kerbala (Botta, 2010). Sin embargo, el principio básico sobre el cual Irán tiene su influencia en Irak es a través del vacío de poder que dejó la caída de Sadam y la posterior salida de las fuerzas armadas estadounidenses del territorio sin completar una agenda que nunca quedó clara.

En Siria, los iraníes se han transformado en garantes de la continuidad del régimen de los Assad en el poder de este país árabe, especialmente durante los últimos casi siete años de conflicto que vive este país. Uno de los que más ha colaborado para que el régimen resista ha sido la República Islámica de Irán, así lo deja ver el apoyo en materia económica, humanitaria y hasta militar a través de los Guardianes de la Revolución y Hezbollah.

Esto ha tensado las ya de por sí complejas relaciones con Israel, que ve en el crecimiento de la alianza un espacio aprovechado por los iraníes para acercarse a la frontera que sirios e israelíes comparten y, al mismo tiempo, complementar su espacio de influencia que ya han logrado en zonas estratégicas como El Líbano (Hezbollah) y Gaza (Hamas y Yihad Islámica), donde además de tener cerca a los israelíes, pueden observar a otro Estado axial: Egipto, con quienes no tienen relaciones tensas, pero dadas las alianzas egipcias con los Estados del Golfo, no hay una cercanía ideológica muy estrecha y se miran con cierto recelo.

Finalmente, la política de los ayatolás alcanza también con su influencia un país sumamente empobrecido y golpeado por sus divisiones internas: Yemen, donde no necesariamente hay una fuerza militar explícitamente asociada con los iraníes como en los otros casos, pero sí existen referencias a que las guerrillas paramilitares hutíes son armadas a través de las Fuerza Quds (Guardianes de la Revolución). Según destacan, desde el año 2010 han recibido cerca a los $25 millones anuales; además reciben armamento desde el año 2012. En 2015 fue detenido un barco que arribaba a este país cargado de armas, explosivos y misiles antiaéreos provenientes probablemente de Irán.

La influencia en Yemen se debe efectivamente a su enfrentamiento directo contra Arabia Saudita por el tema de hacerse con el mayor control regional posible, principalmente porque, desde el mar Rojo, a través del estrecho Bab al Mandeb, pueden controlar parte de las rutas comerciales más importantes de los sauditas hacia regiones mediterráneas, razón también por la que la salida hacia el mar Mediterráneo, como fue mencionado anteriormente, es interesante.

Si bien el movimiento radical islamista de los wahabistas o los salafistas tiene una posición más ortodoxa y pragmática de la religión, busca imponer una visión del islam más “pura” y que ayude a luchar contra la “apostasía” y la “herejía”, se debe diferenciar de los objetivos chiitas en Irán, los cuales buscan hacerse con el prestigio en diversas zonas del Medio Oriente, no ocupando directamente los territorios, sino más bien a través de la influencia económica y dogmática posteriormente.

Por último, además del dominio político y económico, Irán busca flanquear a sus diferentes enemigos e imponer su agenda sobre los demás. Más allá de un enfrentamiento por cosmovisiones religiosas contra los sunitas en general, se trata de una expansión de carácter político-ideológico para lograr un lugar de privilegio entre el mundo islámico estandarizando los objetivos políticos regionales contra grupos que consideran un peligroso germen que se ha establecido en el corazón del islam y deben ser arrancados de allí.

 

Fuente: Infobae

Chiismo iraní y su influencia política

En un artículo anterior publicado en Infobae hacía referencia al radicalismo islamista institucionalizado a través de dos corrientes del islam hanbalí: el salafismo y el wahabismo, patrocinado principalmente por países como Arabia Saudita o Qatar, que, en los últimos años, se han dedicado a disminuir los recursos destinados para la lucha implementada por sus ideologías.

Sin embargo, es evidente la necesidad de exponer el radicalismo proveniente de clérigos y practicantes de la otra corriente islámica más importante: el chiismo, principalmente porque, al menos en América Latina, específicamente en Argentina, fueron células de esta corriente islámica quienes actuaron en atentados terroristas contra la Embajada de Israel, en 1992, y contra la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), en 1994, atribuidos ambos al grupo islamista libanés Hezbollah (Partido de Dios), en complicidad con el Gobierno de la República Islámica de Irán.

Además, es el grupo islamista que tiene fuertes nexos con la República Bolivariana de Venezuela, con presencia en la denominada “Triple Frontera” entre Brasil, Paraguay y Argentina, y también confirmada presencia de efectivos favorables a esta agrupación en el Perú. Pero es imperativo conocer de dónde surge el radicalismo proveniente de este sector. Significativamente inferior al islam sunita en cuanto a número, además de tener menos adeptos, posee una lucha de supervivencia en algunas regiones contra la rama mayoritaria del islam, porque, dependiendo de la región, sus ideas son consideradas heréticas.

Es diferente del sunismo, que no tiene una estructura clerical centralizada, sino que cada escuela de pensamiento posee sus propios líderes que determinan interpretaciones y hay varios grupos de religiosos que aportan a temas jurídicos y religiosos; también, a pesar, claro está, de la existencia de la Casa de la Fatwa en Egipto, desde donde salen grandes interpretaciones de la normativa islámica, pero el alcance, dependiendo del grupo, es un poco menos aceptado como vinculante por todos. El chiismo, en cambio, tiene una jurisprudencia un tanto más homogénea, acatan los dictados que den las autoridades religiosas y esto se extiende entre la mayoría de las comunidades chiitas, con ciertas diferencias de criterio, pero que no son tan antagónicas entre sí como ocurre entre los grupos sunitas, sumamente dispersos.

Ciertamente es obligatorio señalar que el islam chiita posee su propia jerarquía piramidal, con el imán  como la figura más importante. La mayoría son duodecimanos, es decir, que creen en la existencia de 12 líderes (imanes) que legislan sobre la vida de los musulmanes. El último de estos (Muhammad Al Mahdi), según la tradición chiita, se encuentra oculto y aparecerá en los últimos tiempos al lado de Jesús (Isa ibn Maryam) a juzgar a la humanidad.

Pero después de la figura de los imanes, existen otros personajes que se convierten en esos representantes de lo divino en la Tierra y los encargados de realizar la interpretación (ijtihad) de los textos sagrados. De esta manera, surgen, en orden de jerarquía: el gran ayatolá (gran signo de Dios), ayatolá, el hoyatolesmam (guía espiritual), Mubálig al-Risala (predicador del mensaje), mujtahidín (licenciado en exégesis) y tálib (seminarista religioso).

El orden de esta jerarquía es decidido por una serie de intérpretes y las palabras que provengan de estos se convierten en vinculantes para todos los chiitas de diversos sectores y territorios. Dicho sea de paso, es en las ciudades de Qom (sudeste iraní) y Mashad (noreste iraní) donde se asientan los intérpretes (mujtahidin) más importantes del chiismo de Irán, mientras que en Nayaf (sur iraquí) y Kerbala (suroeste iraquí) lo hacen los intérpretes de Irak. En ambos casos ellos se encargan de realizar sus edictos más importantes. A diferencia de los sunitas, que cerraron las interpretaciones en el siglo X, los chiitas mantienen abierta esa opción y continúan hoy contextualizando, estudiando y reestructurando sus ideas con respecto a ciertos aspectos de la vida de todo musulmán.

Otra serie de diferencias dogmáticas son marcadas en el islam chiita con respecto a su contraparte sunita y vale la pena tenerla en consideración para comprender las luchas internas:

-El chiismo no reconoce la validez de la sunna islámica, sino que, en su lugar, reconoce el Akhbar (las noticias del profeta); añaden el Tratado de Elocuencia (Nahj al Balagha).

-Tiene tres tiempos de rezo en vez de cinco.

-Agrega textos en la plegaria fúnebre.

-Aplica el denominado quinto (khums), que es un impuesto del 20% sobre los excedentes como forma de hacer limosna (zakat).

-Aplica el matrimonio temporal (Mutah).

-Agrega lugares de peregrinación a mausoleos y tumbas, algo que en las visiones del islam sunita más ortodoxo es causal de llamar a herejía (González, 2015).

Estas son algunas de las diferencias ideológicas, irreconciliables para algunos, que hacen de la cosmovisión chiita más compleja en su relación directa con los grupos sunitas; a esto se le debe agregar el conflicto moderno entre Arabia Saudita como principal país promotor de las visiones más conservadoras del islam sunita (wahabista) y la República Islámica de Irán como principal país chiita, que además ocasiona impacto directo en la política internacional del Medio Oriente y otras regiones.

El objetivo más importante de la doctrina islamista iraní, que difiere de las doctrinas iraquíes en muchas ocasiones y que es el principio fundamental por el cual un clérigo del rango del líder supremo (un ayatolá) asume las riendas más importantes del territorio después de la salida del líder político Shah Reza Pahlavi, es la interpretación del principio de Wilayat al-Faqih que se usa con el significado de alguien con la autoridad para gobernar desde todos los frentes posibles, en una autoridad recibida por los imanes y posteriormente transmitida tras su ocultamiento a las otras figuras espirituales importantes.

Prácticas como la guerra contra los incrédulos, en parte del esfuerzo (Yihad) por el honor de Alá, solamente podría estar fundamentada por la presencia del imán desde algunas interpretaciones: “Al Allamah Al Hilli declara: ‘Es obligatorio llevar a cabo la Yihad contra los judíos y los cristianos hasta que paguen jizya (impuesto a los no musulmanes) o se conviertan o mueran, y obligatoriamente en el resto para convertir a los muertos. Esto es con la presencia del imán'” (Tadhkirat al-Fuqaha).

Dicha interpretación es en el caso de un enfrentamiento armado contra grupos judíos o cristianos, para lo cual se establece que solamente el imán podría en cualquier caso llamar a la yihad de la espada contra estos colectivos. Sin embargo, el ayatolá Alí al-Sistani de Irak indica: “Dios no te prohíbe, en cuanto a aquellos que no te han combatido en la causa de la religión ni te expulsaron de tus habitaciones, que seas bondadoso con ellos y actúes con justicia hacia ellos; seguramente Dios ama al justo” (Al-Sistani). De este principio se desprende que, en determinados casos, cuando consideren que un no musulmán no se ha comportado de manera correcta en un territorio donde se le ha dado acogida, es imperativa la acción militar, por cuanto sería considerado un acto de legítima defensa.

Lo anterior se respalda con las palabras de los ayatolás Sayyid Mahmud Taleqani (1910-1979) y Murtaza Mutahhari (1920-1979), quienes argumentan a favor de una yihad de la espada por temas de honor, no egoístas y en defensa de los bienes del islam. Los alcances de esta guerra contra los transgresores de lo divino sobrepasan los territorios donde estén ubicados y se puede interpretar que se les persiga donde quiera que haya parte de su presencia (Corán 2: 191-193).

De este modo se podrían comprender los intentos por ampliar su influencia político-militar por parte de la República Islámica de Irán en los territorios del Medio Oriente, principalmente en los países más cercanos, donde han expandido su radio de participación a través de los guardianes de la revolución, y el apoyo a células y facciones militares en diferentes lugares de la región (El Líbano, Siria, Yemen, Irak, territorios palestinos), argumentando su lucha contra los invasores y los opresores del islam y contra aquellos que han traicionado al islam y sus principios fundamentales.

Así es como el gobierno iraní ha obtenido mayor prestigio en la región y ha logrado, a través de las alianzas que posee con potencias globales como Rusia, llevar adelante su agenda de política exterior, la cual abordaré en futuros artículos.

Fuente: Infobae

Las principales víctimas del radicalismo islámico

El tafkirismo es la acción islámica de declarar a otro musulmán como hereje o apóstata; la raíz del término proviene de la palabra kuffar, que significa ‘infiel’. La denominación de hereje dará como resultado que pueda ser declarada la guerra contra ese “infiel” y se hace principalmente a través de un edicto religioso (fatwa); está prohibido en el Corán asesinar a un creyente (Corán 4:93).

No es una ideología practicada por todos los musulmanes, ciertamente destaca que se trata de una medida utilizada por los grupos más ortodoxos y de visión más integrista, especialmente entre salafistas y wahabistas, ambos grupos provenientes de una rama del islam hanbalí, muy arraigado en los países del Golfo, y que va teniendo cada vez más alcances entre países de otras latitudes de mayoría islámica, además de países con importantes comunidades musulmanas.

Históricamente se puede explicar que el salafismo, proveniente del término salaf en alusión a los ancestros piadosos del islam, es un movimiento del islam sunita (escuela hanbalí) que tiene sus primeros orígenes ideológicos entre los siglos XIII y XV, aunque su auge más prominente se dio desde finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, principalmente con el surgimiento de los “hermanos musulmanes” a través de Hassan al Banna, en el año 1928. Posteriormente, se vivió un período de dispersión por varios países, incluyendo Arabia Saudita, donde las doctrinas salafistas adoptaron además los conceptos de la rama hanbalí autóctona de esa región que es el wahabismo, lo que la haría radicalizar sus ideas aún más.

La ideología salafista basa sus principios en los siguientes elementos, como bien explica Koldo Salazar:

Lectura literal del Corán.

-Seguimiento del Corán, hadices y Sunna exclusivamente otorgando a este corpus teológico la veracidad del islam.

Seguimiento de los hadices (dichos y hechos de Mahoma) e imitación del profeta del islam en todo lo relativo a actitudes, forma de vida pública y privada, forma de vestir y estética.

Desculturización del musulmán, ya que la cultura representa una forma más de contaminación del islam, de modo que debe ser eliminada para retornar al sistema cultural de los Salaf.

-Proyecto político mediante la refundación del islam al propiciar la vuelta de los musulmanes a la fe originaria instaurando sistemas políticos islámicos.

Uso de la prédica como método político para concienciar sobre la necesidad de volver al islam verdadero y desde ahí iniciar un proceso político de catarsis y limpieza interna empezando por la purga de la educación.

El salafismo además, posee tres movimientos básicos: quietista, político y revolucionario. Este último es el que, desde una interpretación activa, reconoce la necesidad de la versión beligerante de la denominada “Yihad”, mal traducida como “guerra santa” y que, en realidad, se trata del esfuerzo para que la palabra divina prevalezca (Bujari XI-1218), por lo que asumen posiciones violentas en ocasiones para hacer volver a la senda correcta a los descarriados y luchar contra los kaffir (‘infieles’).

Por su parte, el movimiento wahabista, cuyo origen proviene directamente de Arabia Saudita, basado en las enseñanzas de Muhammad bin Abd-al-Wahab, quien durante el siglo XVIII logró un pacto con Muhammad bin Saúd, emir de Al-Diriyya, quien posteriormente se transformaría en el fundador del poderoso clan de los Saúd que hoy gobiernan sobre el Estado moderno de Arabia Saudita. La dinastía de Saúd se encargaría de los elementos políticos del territorio, mientras que Al-Wahab se ocuparía de la formación religiosa. De esta manera se gestarían los cuatro pilares fundamentales del wahabismo y al mismo tiempo se podría invertir recursos en la denominada “Dawah”, que es la “invitación” a otros a aceptar la verdad proveniente de Alá a través del profeta Mahoma (Corán 7:157-158; 41:33; 12:108). Se utilizó inicialmente como proceso de combate al politeísmo, de manera que quienes no conocieran de lo divino pudieran optar por el camino del islam (Bujari XLVI–1266).

La Dawah es un concepto islámico general, no es solo de las visiones radicales mencionadas; aplica tanto para convertir politeístas como monoteístas dhimmis (‘protegidos’; cristianos, judíos y zoroastristas), y en la versión de este artículo, para que quienes hayan “abandonado el camino correcto” tengan oportunidad de retomar la senda justa y practicar el islam más puro.

De este modo, los pilares wahabistas se pueden describir del siguiente modo:

Tasrik: prohibición a rezar en nombre de una persona muerta. Así haya sido un gran santo, es considerado haram (‘cosa prohibida’) y pecado de idolatría. De acá se desprende la amenaza por parte de los islamistas a destruir lugares de peregrinación islámicos como la Meca, Medina o el santuario del Imam Husayn (chiita) en Kerbala (Irak), también el ataque contra mausoleos y tumbas de otras religiones.

Taysim: prohibición de darle a Alá cualquier forma antropomórfica. De este se podría explicar el principio bajo el cual las caricaturas contra lo divino del islam se consideran una afrenta sumamente grave.

Tabdi: llamado a la pureza de la interpretación islámica y el retorno a la simpleza de los Salaf. Esto explicaría la justificación por la que atacan otros grupos reformados o que tienen costumbres místicas como los sufíes.

Yihad: desde una visión similar al salafismo, persiguiendo a los que “manchan” o “tergiversan” el islam, a través de la visión revolucionaria.

La noción del salafismo y el wahabismo con respecto a los principios occidentales es que estos contaminan el islam, y también todo movimiento que busque reformar los principios interpretativos del Corán y su jurisprudencia es considerado herético.Por esta razón es que las principales víctimas del radicalismo islámico son otros musulmanes. La página Jihad Watch registra cada atentado que ha ocurrido en el mundo producido por radicales musulmanes. Al 8 de febrero de 2018 se registraban 122 ataques en 19 países, los cuales causaron 788 muertes y más 1150 personas heridas.

“El salafismo considera que los elementos como la democracia, el modernismo, el capitalismo o los modernos sistemas sociales como agentes nocivos para el islam. Como toda creencia fundamentalista, más allá de la intención de volver al pasado glorioso, nos encontramos con otras características como la interpretación literal de los textos religiosos” (Salazar, 2015).

De lo anterior se desprende la interpretación islámica sobre la propagación de la enseñanza del islam, ya que todos los lugares del mundo son territorio para el proselitismo. Las tierras que han estado en manos de musulmanes históricamente son consideradas tierra del islam (Dar Al-Islam), y todos los lugares donde el mensaje del islam no ha llegado esta interpretación los considera Dar Al-Dawah, es decir, la ‘tierra de la invitación’, en especial si allí hay musulmanes con una visión “atrofiada” de los principios puros, pero también optan por perseguir a quienes consideran infieles de otras religiones.

El concepto de “tierra de la guerra” (Dar Al-Harb) es una idea proveniente del siglo VIII (Califato Abasí) y utilizada sobre los países donde los musulmanes no puedan vivir conforme a sus normas éticas y religiosas. En la visión más radical se trata no solamente de una libertad de aplicar la Sharia (ley islámica) en países musulmanes, sino que sea la normativa jurídica que aplique sobre los musulmanes de cualquier lugar donde se asienten en el mundo, incluyendo países con sus propios sistemas legales. De no lograr dicho objetivo, la reacción inmediata es violenta y optan por atacar todos los principios bajo los cuales se rigen los países no musulmanes, como ocurre en ocasiones con revueltas de musulmanes radicalizados en países occidentales (Alemania, Bélgica, Francia, Suecia, etcétera).

Esto ha llevado durante años al financiamiento por parte de países influenciados por el salafismo y el wahabismo; Arabia Saudita y Qatar, por ejemplo. Enviando financiamiento a grupos organizados de modo internacional en estos ideales o patrocinando madrazas y centros de estudio radicales en otros países del mundo, incluida Europa. Ya en los últimos tiempos esto ha disminuido por los cambios en paradigmas políticos y militares de dichas naciones en la búsqueda de objetivos más económicos y globalizadores, por lo que la violencia del salafismo y el wahabismo de nuevo retorna a lo interno de los países musulmanes, donde desean volver a imponer los principios de la purificación religiosa.

Para terminar, queda en evidencia que el germen de los grupos radicalizados afecta principalmente a los países musulmanes, que la denominada “guerra islámica” es mucho más compleja de desenredar considerando la serie de factores que llevan a la expansión de visiones radicales, pero principalmente las pocas posibilidades que hay de luchar contra una visión que desea devolverles el “honor” a principios que consideran mancillados por quienes combaten a diario no contra los radicales, sino contra el islam como un todo.

El choque de los incivilizados

Releyendo a Samuel Huntington

En el año 1996, Samuel Huntington (1927 – 2008), experto en ciencias políticas, publicó un libro llamado El choque de las civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial. En este documento, el autor reconoce al igual que el académico orientalista francés Gilles Kepel, un eventual choque entre la cultura occidental y la oriental, principalmente un enfrentamiento de las sociedades islámicas contra la sociedad judeocristiana, en un plan de conquista de los musulmanes contra Occidente.

Si se permitiera a la sociedad dejarse llevar por una construcción actual, se debería dar la razón en cuanto a este enfrentamiento que es cada vez más evidente. El crecimiento de organizaciones religiosas islámicas en países de Europa, así como la constante de ataques por parte de radicales musulmanes en la región, darían pie a pensar que efectivamente en pleno siglo XXI es lo que está pasando, pero la realidad es un tanto más artificial en su condición actual de lo que creemos.

A continuación se explicarán los elementos de radicalización y enfrentamiento, para el ejemplo se utiliza Europa, pero en realidad se aplica a cualquier país donde el fenómeno de crisis Islam – Judeocristianos se pueda estar presentando, para los efectos se usará de referencia la región europea.

Musulmanes radicalizados en Europa

Los grupos o individuos que se han visto enfrascados en actos de terror, en violencia contra ciudadanos de distintos países de Europa o con un discurso sumamente agresivo son a todas luces sujetos radicalizados que han encontrado acogida en el seno de la sociedad europea.

Estos extremistas se han logrado ubicar en barrios estratégicos con alto alcance principalmente entre jóvenes y jóvenes adultos, en especial inmigrantes o hijos de estos, los cuales por la situación vigente de la región se sienten amenazados o rechazados. Aprovechando las circunstancias, le dan a estos «renegados» una nueva razón de vivir, su versión radical de yihad («yihad» es una palabra que significa esfuerzo, para grupos radicales se asocia con «guerra santa» o lucha por imponer las condiciones islámicas en el mundo).

Muchos de estos se hacen miembros de madrazas o escuelas islámicas, donde se les adoctrina con ideas de grupos extremos, los que no necesariamente les exigirán realizar actos de terror, pero si llevar una vida conforme a la sharia (leyes islámicas) y hacer que otros miembros de su familia se apeguen también a dichas reglas, so pena de castigo; que estará al margen de la ley del país por lo general. El fin es que el barrio o zona donde habitan también se sujete a este modo de vida.

De esa manera, hay lugares en Europa donde los occidentales no puede ingresar con muchas libertades o al hacerlo corren el peligro de ser agredidos, por ejemplo si deciden caminar cargando licor cerca de alguna mezquita o centro de estudios islámicos. En estas zonas regularmente han creado la denominada «policía de la sharia» que vigila tanto que no se den este tipo de afrentas (como la del licor), y también vigilar que las personas se comporten moralmente bien, por esto si ven parejas jóvenes tomadas de las manos que no parezcan casados o personas homosexuales, habría altas probabilidades de que sufran violencia.

La circunstancia más extrema de esto son aquellos que una vez radicalizados, cometen atentados terroristas. Tal ha sido el caso insistente de radicales que ha surgido del municipio belga de Molenbeek desde donde salieron sujetos que atacaron en Francia, España y la propia Bélgica.

Hay que añadir que, existe una complicidad de los Gobiernos en los países donde este tipo de zonas se transforman en «tierra de nadie», administrada a sus anchas por fanáticos y con poca o nula intervención estatal. Transformándolos casi en lugares autónomos, cuasi independientes.

Algunos de los clérigos radicales no tienen reparos en mostrar su afiliación radical de manera abierta en medios de comunicación y aunque les signifique la cárcel, este sería un precio que están dispuestos a pagar por la lucha que enfrentan contra lo que ellos consideran los «infieles».

Los radicalizados fuera de Europa

El otro grupo de radicales no pertenecen a grupos que aprendieran en Occidente. Muchos casos tienen que ver con individuos radicalizados en otras regiones, podría ser el caso de musulmanes nacidos en Europa; hijos de musulmanes de siglos en la zona, o también hijos de inmigrantes que ya han nacido en la zona.

Por algún motivo visitaron una zona del Norte de África o el Medio Oriente, y allí fueron tentados por clérigos extremistas que les inyectaron el germen del radicalismo. Cuando regresan a sus hogares contaminados se convierten en un dolor de cabeza para la sociedad donde habita.

Radicalización remota

Otros grupos de radicalizados no son miembros de centros islámicos propiamente, en algunos casos que se han contemplado, también hay quienes aprenden online todo el extremismo que necesitan para transformarse en un problema para la sociedad.

De estos han aparecido algunos lobos solitarios, que se adoctrinan de manera autodidacta, consiguen manuales a través de la red normal o por la red oscura donde también circula material para fabricación de explosivos, armas hechizas y otros materiales utilizados en las guerras irregulares actuales.

Triste evidencia

Muchos de los individuos que se unen a este tipo de movimientos, son captados por grupos radicales como Daesh o Al Qaeda, también se alinean a través de grupos que si bien están ubicados en los países occidentales, reciben fondos y línea de pensamiento proveniente de regiones alejadas, como Arabia Saudita, a quien se le acusa de financiar centros de estudio radicales o mezquitas desde donde se predica el odio contra los no musulmanes.

Los nuevos creyentes

También entre los nuevos musulmanes, primordialmente quienes nacieron bajo el abrigo de un hogar tradicionalmente cristiano, acaban siendo absorbidos por los principios islámicos de grupos radicales, y por este motivo, muchos de los nuevos soldados de Daesh en Siria e Iraq son jóvenes o adultos que fueron convencidos dentro de un grupo extremista.

Los otros radicales

Una vez explicado todo el esquema de extremismo que hay en el contexto islámico, es obligatorio mencionar el otro extremo. Los grupos que dicen defender la sociedad occidental tal y como la conciben por medio de su discurso viral, bajo la idea de ciudadanos cristianos y blancos.

Este comportamiento ha remozado el espíritu dormido de las colectividades que aún anhelan los movimientos fascistas del siglo pasado y la posibilidad de imponer una agenda etnocentrista, desnaturalizando a otras comunidades por «inferiores» o considerarlas peligrosas.

También estos extremistas tienen sus propios mecanismos de captación de adeptos, que no andan muy lejos de las herramientas utilizadas por los clérigos y adoctrinadores islámicos.

El uso de las tecnologías, discursos radicales contra minorías, la captación a través de grupos políticos u organizaciones civiles, hasta de juventud; skinheads neonazis (boneheads), grupos supremacistas tipo KKK, etc., son algunos de los ejemplos de cómo se puede atraer partidarios de uno de estos grupos extremos.

Las campañas en este sentido se enfocan en la idea de desacreditar al otro o considerarlo un peligro para el statu quo de la sociedad, o que vienen a acabar con el Estado-nación como lo han conocido. Algo que dicho sea de paso, se ha ido modificando por la composición actual de las sociedades de la era globalizada.

El choque confuso

La denominada guerra que se da, sobrepasa el concepto de Huntington de un enfrentamiento entre un remozado Islam radical contra los principios Occidentales, ya que es evidente que la lucha principal se da entre grupos que no son homogéneos en cuanto a sus perspectivas para enfrentarse unos contra los otros, y en ocasiones hay fuertes diferencias que lleva a «guerras civiles» en las luchas ideológicas y de poder. Los musulmanes tienen sus propios problemas caseros que imposibilitan se pongan de acuerdo para lograr un enfrentamiento bien coordinado contra su contra parte en Occidente,

Por otro lado, es un hecho que los grupos que se muestran en contra del crecimiento escalonado de las sociedades islámicas en Occidente, tampoco son un grupo que sea afín unos con otros, sino que muestran una serie de diferencias, en ocasiones irreconciliables, principalmente porque a diferencia de los grupos musulmanes radicales, estos no se ven como comunidad, sino como colectivos independientes que defienden ciertos objetivos nacionalistas, por esto podrían ser efectivos en unos aspectos, pero en otros no.

Es obligatorio desarrollar dos conceptos que son básicos en esto. Primero que como tal no existe una guerra Occidente – Oriente articulada de ese modo puntualmente, como si de una guerra de los mundos se tratara, lo que no quiere decir que no exista un enfrentamiento entre posiciones de ambos bandos que de una u otra manera enfrasca a ambas sociedades para tomar partido en cierto modo.

El segundo aspecto a destacar, es que se trata de un enfrentamiento (real) entre posiciones radicales de un lado y del otro, en la que como fue mencionado anteriormente, se busca involucrar la mayor cantidad de adeptos indirectos para justificar la violencia de un sector contra el otro, aplicando principios de manipulación del discurso como si realmente esto fuera un conflicto causado por todos, pero que finalmente compete a todos porque los elementos radicales han ampliado su radio de participación y de acción.

El modelo del Nuevo Orden Mundial al que aboga el académico limita los mecanismos para descifrar la sociedad actual, si bien los conflictos poseen un elemento ideológico intrínseco, es conocido que además, está sujeto a otras causas complementarias que no solo compete a una lucha entre pensamientos técnicamente opuestos, sino que además están los factores territoriales, históricos, económicos, étnico – raciales, político – sociales, recursos estratégicos y hegemónicos que impulsan los enfrentamientos entre grupos. Y con lo anterior hay evidentes casos de grupos que ideológicamente se oponen que por tener intereses comunes se unen, aún entre aquellos que están a un lado y otro del espectro de lo analizado en este documento. Ejemplo, los grupos progresistas de izquierda que se alían o muestran simpatías con gobiernos islamistas (de los mencionados arriba) por tener enemigos en común; el “capitalismo devorador”, con su máximo representante, Estados Unidos.

Por tanto, hay una complejidad adicional que agregar cuando de la guerra de civilizaciones se trata, y esto obedece también a lo mencionado anteriormente del fin del Estado nacional como se conoció desde el siglo XVII.

Fuente: WSIMAG

La extraña entente

Izquierda posmoderna e islamismo político

La alianza entre la izquierda y los grupos islámicos son esa extraña combinación que hasta podría parecer antagónica o un mal chiste, en todo caso no es tampoco una forma rara de alianza que deba sorprender.

El hecho que los grupos de izquierda tengan simpatías por movimientos islámicos o grupos ante los cuales el islam más arcaico y practicante de ciertas violaciones a los derechos humanos sea tan fuerte, es una herencia de la Guerra Fría. Hay un dilema marcado entre apoyar a Gobiernos dictatoriales o Gobiernos islámicos radicales, pero en todo caso cualquier grupo opuesto a los Gobiernos occidentales será apoyado por las agrupaciones izquierdistas y sus herederos posmodernos.

De este modo, una fuerte relación se gestó durante muchos años entre el Egipto de Gamal Abdel Nasser y los soviéticos. Posteriormente, también en Siria a través del partido socialista Baath / Baaz (Renacimiento) las relaciones árabes – soviéticas se nutrieron y fortalecieron, dando lugar a buenos vínculos modernos entre la República Federal Rusa y la Siria de los Assad.

También a través del presidente Nasser, los palestinos comienzan sus contactos más significativos con los Gobiernos soviéticos, de quienes, además, recibieron apoyo militar de forma indirecta a través de la cooperación militar brindada por la URSS a los Estados de Siria y Egipto.

No por nada dos agrupaciones políticas palestinas tienen un vínculo importante con el socialismo internacional. Por ejemplo, el Frente Popular para la Liberación Palestina (FPLP) que se autocataloga como marxista-leninista está asociada al Seminario Comunista Internacional. Por su parte, Al Fatah es miembro del Partido de los Socialistas Europeos (PES) y miembro observador de la Internacional Socialista; misma afiliación a la que pertenece el Partido Laborista israelí.

Los socialistas han considerado a los países europeos de Occidente y a Estados Unidos, entes colonialistas e invasores; un elemento que la experiencia en África y el Medio Oriente confirma en cierto modo este aspecto tan particular. Cualquier grupo político que reciba apoyo de Occidente se transforma en automático desde esta visión en «lacayos del imperialismo y el colonialismo».

Es obvio que los socialistas y en particular los soviéticos no eran «madres de la caridad» y sus intenciones durante esa época era la de expandir su influencia y poder. No por nada aparecieron teorías como la del dominó o de la contención contra los deseos de expansión soviética, por lo que las relaciones rusas en zonas del Medio Oriente son una elocuente muestra de esta herencia de esa época.

Los grupos prosoviéticos en esa época aplaudían cualquier facción que apareciera, la cual ellos definían como «resistencia» a la influencia occidental. De este modo, la Revolución Islámica de 1979 atraería el apoyo de los países u organizaciones socialistas que entendieron como un triunfo sobre la influencia de Europa y Estados Unidos la caída del sah Pahlavi.

De igual manera, las manifestaciones del ayatolá Jomeini en su momento declarando el Gobierno estadounidense como «El Gran Satán», fueron bien acogidas por el gobierno del Kremlin en su momento y esto fortalecía las posibilidades de abrir un frente prosoviético en la zona.

A través de la lucha por contener a la URSS, los procesos globalizadores y el descuido norteamericano en la región del Medio Oriente, se reafirmaron las alianzas soviéticas con los países de la región dirigidos por dictaduras socialistas – panarabistas. Lo que ocasionaría por su parte que el gobierno en Washington decidiera empoderar organizaciones islamistas ideológicamente enemigas de la visión de Occidente, pero también del socialismo – comunista «ateo», en lo que analistas denominan como el «amanecer islámico».

De este modo aparecería en escena global la organización del radical islámico Osama Bin Laden o las alianzas y patrocinios estadounidenses con Arabia Saudita, aunque esto último obedece a otros aspectos de carácter histórico que asocian a países occidentales con la casa de Saud en la Península arábiga.

La historia conocida es que, con el paso del tiempo, los grupos islamistas se han transformado en el principal dolor de cabeza en la moderna guerra asimétrica que ocurre en diferentes zonas del globo y, actualmente, algunas de estas organizaciones radicales han empatado en objetivos con los grupos progresistas y de izquierda. Por supuesto, ahora tienen un enemigo en común y son los Gobiernos «imperialistas de occidente».

En el lenguaje de los grupos de la izquierda pos Guerra Fría, y aquellos que se denominan progresistas se sigue manifestando esta influencia propia de aquella época que les ha conducido a alinearse con colectivos que en su zona de poder no permitirían jamás el desarrollo de este progresismo que raya en ocasiones con un «buenismo idiota».

Para los posmodernos de la izquierda progre los movimientos políticos de las grandes potencias obedecen a una lucha contra el «heteropatriarcado» que continúa en sus afanes imperialistas de someter a los pueblos contra su propia autodeterminación. Por lo tanto, la presencia de Estados Unidos y Europa en el Medio Oriente y África, sigue obedeciendo al patrón de querer controlar los recursos productivos y someter a un nivel de esclavitud a las poblaciones aborígenes.

De igual manera, cualquier movimiento que se manifieste contra la presencia occidental en esas regiones es vista como aliada y además denominado grupo de resistencia, así cometan actos barbáricos y violencia desproporcionada.

Así, ciertas organizaciones se les determinan como parte de una lucha justa y no con la etiqueta de «terroristas». De ese modo, el apoyo a grupos como el Hezbollah en Líbano o Hamás en Gaza podrían ser ideológicamente contradictorios, ya que sus principios, que son políticos pero también religiosos, no son compatibles de la izquierda liberal.

También pareciera contradictorio que en países occidentales, las marchas pro derechos humanos y libertades se utilicen símbolos que son muestras de opresión en países gobernados por musulmanes, por ejemplo burkas y hiyabs, pero que, en este sector del planeta, se les consideran emblemas de la libertad de culto y de multiculturalismo integrador a la sociedad islámica.

Por esta razón, no es de extrañarse que en los atentados terroristas como el de Las Ramblas, Niza, Bruselas, Bataclán, etc. por parte de células de islam radical, estos supuestos progresistas, desvíen la culpa del terrorismo y lo justifiquen con el supuesto de una «respuesta natural» a siglos de colonialismo e imperialismo europeo o, lo que es peor, colocan al mismo nivel a los atacantes que a las víctimas, para que «no se generalice».

Tampoco se les verá protestando contra la persecución de minorías en países donde los gobiernos son islámicos, como ocurre con la población LGBTI, cristianos, yazidíes y otros que la pasan mal cuando rige la sharia islámica de modo estricto o radical.

Ciertamente, estos grupos no deberían ser considerados progresistas con estas actitudes, las cuales lo único que muestran es lo retrógrados que en realidad se manifiestan. De tal manera, que el supuesto «progresismo» no es otra cosa que una máscara de posmodernismo intelectual, donde lo que vale no es la realidad, sino la construcción del discurso.

No es Israel, son los judíos…

El asesinato de tres israelíes el viernes anterior en manos de Omar Al – Abed con la excusa que lo hacía por Al Aqsa revela el fuerte sentimiento religioso que acoge el conflicto palestino – israelí, que no se trata solamente de un tema de “la ocupación”, ya que esto podría haber servido de justificación que atacara a israelíes de Halamish (Neve Tzuf) por vivir en un “asentamiento”, pero no, su discurso fue directo, lo hizo por las acciones israelíes de poner detectores de metales en la Explanada de las Mezquitas (Monte del Templo) y no permitir el acceso a hombres jóvenes que son fácilmente motivados a realizar actos de violencia, como al final de cuentas se dio.

Se ha analizado el tema basado en la construcción más reciente, y no se ha profundizado en el contexto y motivaciones anteriores que han desencadenado circunstancias similares. Por ejemplo, poco se habla que el uso de detectores de metales devino posterior al asesinato de dos policías drusos israelíes el 14 de julio, realizando el ataque desde uno de los accesos de la explanada, y el posterior decomiso de piedras, palos, cadenas y demás elementos encontrados en los lugares de culto.

Aun así, el llamado de los liderazgos musulmanes es el de “proteger Al Aqsa”, muy similar al llamado de otras ocasiones como el realizado por el Muftí de Jerusalem en 1929 que “Al Aqsa estaba en peligro”, en un difundido libelo que llevaría a revueltas de años en una etapa sumamente candente de las relaciones entre judíos y árabes durante el Mandato Británico.

El grito de “Khaybar, Khaybar Ya Yahud, Jaish Muhammad Ya’ud” (Khaybar, Khaybar, oh judíos! El ejército de Muhammad regresará) que utilizan las mujeres y los niños que custodian en la explanada que los no musulmanes no hagan rezos ni plegarias, seguido del grito de Allahu Akbar (Alá es el más grande), contextualiza el llamado religioso en este conflicto.

El primer grito se refiere al ataque de Mahoma y sus seguidores a la Tribu Judía de Khaybar (año 628 de nuestra era) y el asesinato de su líder Abu Rafi, así como el posterior ataque a las otras tribus judías Banu Nadir, Banu Quraiza y Banu Qainuqa, al considerarlos aliados de sus enemigos. La frase de Alá es el más grande se ha hecho común en temas militares islámicos, y se relaciona con la proclama del poder superior que representa Alá por encima de cualquier otra divinidad, usada como llamado a la oración, pero también como frase ante cualquier evento de magnitudes grandes.

La acción de los atacantes de los policías israelíes, fue también en nombre de la religión, en un acto de martirio, que si bien puede ser catalogada de acción política, tiene un matiz abiertamente religioso que se sustenta con el valor que este sacrificio traerá consigo un premio en la vida futura. Utilizando interpretaciones de este modo de algunos textos religiosos islámicos.

Por este motivo, el llamado de los líderes políticos y religiosos musulmanes de proteger Al Aqsa, como lo hizo el presidente turco, al incitar a los musulmanes para que hicieran todo lo posible por luchar a favor del sitio sagrado, se complementa con la amenaza de la Liga Árabe quien indicó que Israel juega con fuego al “cambiar el statu quo” de la zona, y similares acusaciones provenientes de la República Islámica de Irán y los grupos islamistas como el Hezbolá libanés o el Hamas palestino.

A lo anterior, se debe sumar la campaña diplomática que desde hace tiempo se ha gestado, cual cruzada donde se acusa a los israelíes de estar “judaizando” Jerusalem y otros sitios que se consideran importantes también por los musulmanes. Lo que por el contrario se debería notar es el espíritu de querer islamizar y desprestigiar cualquier vínculo de los judíos con sus lugares históricos – religiosos. En el marco de la UNESCO por ejemplo, la Tumba de los Patriarcas (llamado Santuario de Abraham) en Hebrón, el Kotel en Jerusalem y la Tumba de Raquel (Mezquita de Bilal bin Rabah) en Belén han sido declarados patrimonio musulmán y han sido desarraigados del judaísmo, así como ya se ha hecho con el Monte del Templo (Haram esh-Sharif).

Este tipo de clamores violentos y manifestaciones políticas reciben resultados casi inmediatos, por ejemplo, los actos de violencia durante el rezo del viernes anterior en la ciudad vieja de Jerusalem ante un llamado de “día de la ira” contra las fuerzas policiales israelíes que vigilaban el orden de la zona, y donde además, se dieron enfrentamientos y se hicieron manifestaciones públicas de tener el poder al efectuar los rezos en las calles aledañas, como una forma de protestar y también, ha ocasionado la agresión de sinagogas en Estambul o el ataque dentro de la sede diplomática israelí en Jordania.

La convocatoria es de exacerbar los ánimos y levantar una revuelta de carácter religioso, a parecer Israel es lo único que logra unir posiciones tan radicalmente opuestas como la del histórico conflicto entre musulmanes, para aliarse en una misma causa, basados en una hipócrita posición, ya que protestan contra los controles de seguridad en un lugar público, donde actos de violencia pueden causar muchas muertes de civiles, razones por las que hay sistemas de seguridad en sitios públicos delicados como Meca y Medina, o el Vaticano.

Pero en este caso particular, por tratarse de un territorio que los musulmanes reclaman como suyo (Dar Al Islam) y que se encuentra bajo soberanía no musulmana, incrementa el sesgo religioso que motiva las acciones recientes, siempre desde una interpretación integrista, utilizando por supuesto la falacia de que el sitio se está poniendo en peligro, lo que además podría convertirse en el caldo de cultivo de una acción violenta más grave, como lo sería una nueva Intifada, motivada por Al Aqsa como se excusó en el levantamiento popular del año 2000.

Por otra parte, tanto el liderazgo palestino en Cisjordania como en Gaza, realizan discursos incendiarios que buscan enaltecer los actos de violencia, reivindicándolos como actos de resistencia, pagando enormes sumas de dinero a los familiares de los atacantes, como el caso de Al – Abed, por quien su familia recibirá poco más de $3.000 mensuales por el “acto heroico” este, del cual su madre Ibtisam se siente orgullosa.

Finalmente, el gobierno de Israel accede a remover los detectores de metales y seguramente le obliguen a remover las cámaras de vigilancia de la zona, esto se convierte por supuesto en una victoria para los grupos radicales islamistas que buscan socavar la seguridad de los ciudadanos en la Ciudad Santa, y además ante todo el espectro político israelí y la opinión pública, se pondrá en duda los verdaderos alcances del liderazgo del Primer Ministro de demostrar que puede lidiar con la presión Internacional y la seguridad ciudadana sin morir en el intento.