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Medio Oriente, campo de guerra híbrida

El concepto de “Guerra Híbrida” se hace cada vez más común en los análisis internacionales. Aparece por primera vez en un artículo publicado en la revista Proceedings, durante el año 2005. Los autores, Mattis y Hoffman explican en Future Warfare: The Rise of Hybrid Wars; haciendo una declaración sobre los Estados Unidos, advierten que ante el poderío que poseen actores estatales como el norteamericano, esto motivaría a otros actores estatales y no estatales en buscar nuevas herramientas tecnológicas y estratégicas que pudieran darles ciertas ventajas sobre los grupos de enemigos.

De este modo, se da paso a la informalidad en los campos de batalla. Es decir, ya se hace común que objetivos militares descontinúen el uso de uniformes y se mezclen entre poblaciones civiles, además, cuando hay patrocinio o presencia de grupos estatales que apoyan a un grupo no oficial, procura que el conflicto se lleve lo más lejos de sus fronteras que sea posible, para evitar afectaciones directas que impacte en su territorio ya sea económica o socialmente.

El elemento de la guerra híbrida, no solo contiene la informalidad de algunos grupos militares no estatales, sino que también posee; como fue mencionado, el aporte estatal para que sea operativo y funcional. Esto se hace a través de trasiego de armamento, envío de recursos económicos y presiones políticas para empoderar a este tipo de agrupaciones en las zonas donde tienen presencia.

Un ejemplo claro que se explica de este tipo de guerra con todos sus componentes, fue la denominada “Segunda Guerra del Líbano” (Guerra de Julio), que se trató de un enfrentamiento armado entre las Fuerzas de Defensa de Israel contra objetivos de la agrupación chiita libanesa Hezbollah (Partido de Dios).

El grupo en ese momento paramilitar empoderado principalmente al Sur del Líbano, comienza una campaña de ataques con misiles tipo katiushas; muy conocidos durante la época soviética, contra regiones al Norte de Israel. Además se da el secuestro de militares israelíes y finalmente una escalada militar con un saldo de casi 2.000 muertos, siendo mayormente golpeada la población libanesa.

El grupo Hezbollah, aparece en escena desde los años 80 y su agenda política y militar está supeditada a lo que La República Islámica de Irán les imponga. De ese modo además, los iraníes les brindan apoyo económico y militar en complicidad con la República Árabe de Siria. Así es como el régimen de los Ayatolas logra estar lo más próximo que se pueda en la frontera de uno de sus más acérrimos enemigos.

Al llevar la guerra al Líbano principalmente, y ocasionalmente a lo interno de territorio israelí, los muertos en pocas oportunidades serán sus ciudadanos y los que eventualmente mueran siendo de su nacionalidad, por lo general se tratarán de miembros de la Guardia Revolucionaria iraní o de algún cuerpo especial que llega a engrosar las filas del grupo paramilitar.

También se debe sumar que los ataques militares de Hezbollah contra Israel se realizan en zonas densamente pobladas, en medio de lugares desde los cuales se ha señalado el uso de civiles como escudos humanos, principalmente porque a lo interno casas, mezquitas, escuelas, etc. se encontraron armas, cohetes, lanzaderas y demás, al mismo tiempo que personas ajenas al conflicto se encontraban en el sitio, lo cual se convierte en un dilema moral para el ejército formal.

La falta de aditamentos militares de miembros de este grupo paramilitar facilita que las cifras de civiles  se puedan inflar, además que el uso de la propaganda para demonizar al enemigo delante de los medios de comunicación sea efectiva, hay una clara manipulación y victimización impuesta principalmente contra el Estado que en este caso será catalogado como “agresor”.

Además, la ambigüedad con la cual puede ser abordada la percepción en los conflictos de guerra irregular, puede llevar a los actores a catalogar de victoria un hecho que a todas luces por la cantidad de bajas y de golpes recibidos, en el gremio pugilístico sería por “decisión unánime”, pero ellos se mostrarían como victoriosos por lograr algún elemento no determinante. Por ejemplo, en el caso de la guerra del 2006, tanto Hezbollah como Irán catalogaron de victoria el repliegue de fuerzas israelíes de los territorios libaneses.

A nivel de la opinión pública, si algo salió lastimado en esa guerra, fue la imagen del ejército israelí, que en la guerra de medios sufrió un duro revés, el mismo que también sufrió durante las guerras contra el Hamas en la Franja de Gaza de los años 2008 – 2009 (Plomo Fundido), 2012 (Pilar Defensivo) y 2014 (Margen Protector), donde se dieron circunstancias de la guerra híbrida como contra Hezbollah que golpearon la imagen de Israel.

También, para sentar responsabilidades es mucho más complejo para aplicarlo contra los grupos que trabajan al margen de la ley o que sus líderes no son fácilmente identificables. Si bien todos son sujetos de derecho, los grupos informales tienen un elemento con el que se cuenta poco, no les importa mucho las normas internacionales, salvo lo que puedan usar para su beneficio.

De este modo, cometen actos que en el caso de los Estados se les condenaría por “crímenes de lesa humanidad” ante la Corte Penal Internacional, mientras que ellos se les acusaría de terrorismo y el castigo tiene más un carácter de exclusión social o de golpes asertivos militares en un momento determinado, que no daría por acabado el grupo, sino neutralizado momentáneamente, hasta que aparezcan nuevos representantes o nuevos grupos que cojan el estandarte de lucha dejado por el anterior. Estos grupos por lo tanto, tienen la capacidad de supervivencia en el tiempo.

La finalidad directa y realista de los grupos no estatales que desempeñan esta labor de guerra irregular, a favor de los gestores estatales, no va a ser el exterminio del grupo enemigo, sino atestarles fuertes golpes, condicionar los comportamientos políticos a través del miedo con actos de terror, deslegitimar su lucha haciéndolos actuar de modo irregular o haciendo creer a la opinión pública que están contra las normas internacionales.

Al debilitarlo, fortalecerá al grupo para el cual luchan y a partir de ahí se puede optar por un plan complementario que le pueda atinar la estocada final que ponga de rodillas a un enemigo, o que por ejemplo en casos de conflictos puntuales les brinde un elemento de poder.

Ejemplo de lo anterior, el actual conflicto en Siria ha desmembrado al Estado sirio tal y como se conoce desde 1946, y lo ha dejado en una circunstancia de casi tres sub estados de facto. Uno alauita – chiita, otro sunita dividido entre “moderados” e islamistas y una región kurda.

El aspecto fundamental en el caso sirio, es el involucramiento de fuerzas sunitas por medio del Estado Islámico (DAESH) y grupos opositores a Bashar Al Assad, en un territorio que ha tenido fuerte influencia iraní desde la Revolución de los Ayatolas, pero no contaban con que el juego de guerras irregulares e híbridas se puede ampliar a más de un grupo paramilitar, y esto ha permitido que Irán obtenga mayores posibilidades de tener un acceso directo a la zona mediterránea, a través de las regiones que queden bajo control del gobierno oficial. Y con un canal de conexión hasta Líbano donde pueden actuar a sus anchas bajo el abrigo del Hezbollah, que hoy no solamente ostenta el título de grupo militar, sino también de agrupación política con presencia en el parlamento libanés.

Sin duda que resulta fundamental la comprensión de la realidad actual de los conflictos, la estatalidad de los enfrentamientos se ve como un elemento superado desde hace tiempo y el ejercicio del poder trasciende los elementos disuasorios y diplomáticos de los Estados, para abrirle brecha a organizaciones no estatales con una determinante cuota de poder.

Fuente: WSIMAG

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Hacia un reordenamiento geopolítico en Medio Oriente

La composición geográfica de la actual Siria es al igual que otros países de la región, producto del Acuerdo de Asia Menor (Sykes – Picot) del año 1916. El reparto arbitrario de los territorios de Medio Oriente y las posteriores divisiones artificiales, provocaron la aparición de actores internacionales, muy heterogéneos en sus composiciones sociales y religiosas, bajo el mandato de gobernantes muy opresivos que no permitían la disidencia o los levantamientos.

Sadam Hussein (Sunita) y Hafez Al Assad (Alauita), fueron gobernantes de Irak y Siria respectivamente, y no dudaban en reprimir cualquier tipo de movimiento opositor a su régimen, así tuvieran que cometer crímenes de lesa humanidad, como la Operación al – Anfal del régimen de Hussein contra las minorías kurdas en los años 80. También al régimen de Al Assad se le acusa de haber exterminado varios miles de sunitas opositores en la ciudad de Hama en 1982.

Ambos gobiernos, contaron con apoyos significativos de potencias hegemónicas, por intereses regionales o estratégicos. De esa forma Hussein fue bueno para los intereses occidentales en su lucha contra la recién islamizada Irán de los ayatolas chiitas; además de recibir cierto beneplácito de las monarquías del Golfo. Esto al menos hasta finales de los 80 antes de pasar a ser considerado enemigo a los intereses de occidente.

De igual manera, el régimen sirio estuvo bajo la protección del régimen soviético, y en la actualidad cuenta con altos grados de apoyo por parte de la Federación Rusa y del régimen regional de Irán, principalmente por servir de puente en la ruta de empoderamiento hacia el mediterráneo del régimen de los ayatolas, y en su lucha hegemónica, ideológica y estratégica contra Arabia Saudita y el Estado de Israel.

Medio Oriente, fin del mapa actual.

Se podría marcar varios elementos como los detonantes al cambio de equilibrios y posible reestructuración de la situación del Medio Oriente.

La guerra por productos estratégicos por parte de las potencias hegemónicas, marcan el plano de las alianzas, al mismo tiempo, determinan el comportamiento de los países que las poseen para generar dinero que les sirva para su lucha contra aquellos que consideren enemigos de turno. El boom petrolero de los años 70s y 80s, marcaron determinantes cambios geo estratégicos y compra de voluntades desde los principales productores hacia países compradores con mucho poder adquisitivo.

Hay una lucha ideológica de tipo religiosa, principalmente entre el régimen islamista de Irán bajo el liderazgo desde 1979 de los ayatolas y las monarquías islámicas, principalmente Arabia Saudita, quien además de ser una monarquía, es sunita y tiene bajo su administración los lugares más sagrados del islam. Elemento que reactivó las viejas rencillas entre sunitas y chiitas que son los grupos mayoritarios de la región, lo que ha provocado una geopolítica en el Medio Oriente donde ambos países son patrocinadores de grupos que atacan al bando contrario con mucha saña, buscando por supuesto minar su poder y alcance en la región.

La invasión estadounidense a Irak y Afganistán. Principalmente en el primer caso, el derrocamiento de Sadam Hussein, desequilibra las fuerzas en la región, ya que el vacío de poder, será aprovechado por Irán y todos los grupos que le apoyan para ampliar su margen de maniobra, lo que, al mismo tiempo, provoca la activación de una serie de células sunitas radicales (wahabistas) que desean su propia cuota de poder, no representado en el liderazgo chiita, al cual no reconocen.

Las revueltas árabes en toda la región, particularmente en Siria, donde se ha dado una división inobjetable del país en varios sub grupos que tienen sus propios intereses y apoyos. Tales son los casos del régimen de Bashar Al Assad apoyado por Rusia, Irán y el Hezbollah, así como el Ejército Libre Sirio (oposición) y las guerrillas kurdas apoyados por la OTAN, así como Jabhat Fateh al – Sham (Al Qaeda), y el DAESH (Estado Islámico), quienes reciben apoyo de régimenes wahabistas e indirectamente se benefician de las facilidades que los occidentales dan a los grupos opositores al gobierno de Assad.

Otro elemento que se ha dejado de lado por décadas, es la situación kurda. El territorio del Gran Kurdistán se desmembró y envió a su población con una fuerte identidad nacional, a estar bajo el mandato de los gobiernos de los Estados que resultaron de Sykes – Picot, así los kurdos que en la actualidad tienen una posición determinante para los intereses de las potencias que se involucran en la situación actual de la región, aprovecharán las facilidades que la circunstancia les facilita ya no para conformar un único Estado para su grupo, sino varios, con independencia plena, tanto social, como política y económica.

Estos aspectos, más la clara definición de los ejes del poder mundial en manos de rusos, estadounidenses y chinos, definirán las nuevas fronteras del Medio Oriente, basados en los intereses de estos tres poderosos, que si bien, compiten entre ellos por el control geo político y geo estratégico del mundo; principalmente bajo los principios de las zonas pivote, tampoco tendrían a mal que este nuevo reacomodo de los “Estados Fallidos” heredados de Sykes – Picot, les permita ubicarse en regiones donde puedan competir económicamente por la explotación de recursos estratégicos y además donde puedan probar el armamento que fabrican y venden a nivel global.

Por su parte, para las zonas en resquebrajamiento, este cambio quizás signifique la aparición de nuevos actores en la escena internacional, así como la descomposición y redefinición de las fronteras de territorios que aún hoy no han terminado de consolidarse por lo poco sesuda que fue la división a comienzos del siglo pasado. Por supuesto el costo de esto será la muerte de muchas más personas de las que ya se cuentan, en centenares de miles, principalmente en Siria e Irak.

El Mundo CR

El éxito y el fracaso de las “empresas islamistas”

Introducción:

 

Los grupos islamistas realmente merecen un análisis para comprender las razones por las cuales sus acciones son exitosas o fracasan. No cualquier grupo que emprende el camino del empoderamiento desde el discurso islámico radical tiene la misma suerte, ya que la labor a realizarse tiene mucho trayecto por realizarse, comenzando con el convencimiento o sometimiento de los líderes de los diferentes clanes en una comunidad islámica, los que logran tener un visto bueno desde ese frente, comienza con el pie derecho su “empresa”, pero con esto no basta y se necesita crear toda una estructura para permanecer a través del tiempo, ya que estos grupos por lo general su primera motivación es ideológica, pero así como “amor con hambre no dura”, una propuesta idealista sin acciones que los refuerce tendrá resultados positivos en el largo plazo.

 

Esto nos lleva a explicar dos casos muy sonados de agrupaciones islámicas cuyos movimientos podrían ser catalogados como exitosos o fracasados en cuanto a la firmeza de las bases que han consolidado o al menos del poder ya sea duro o blando que hayan podido emplear sobre la población para ajustarla a sus ideales.

 

Palabras clave: Islamismo, terrorismo, DAESH, Hezbollah.

 

DAESH (Mal llamado Estado Islámico)

 

El DAESH pierde fuerza en las regiones del Levante, se ha debilitado de aquel ímpetu con el cual arrasó al comenzar su labor. Entrar en el juego siendo catalogado el malo de la historia no le benefició. A pesar de haber ganado mucha fuerza al comienzo de su gestión teniendo a favor poblaciones sunitas en Siria e Iraq principalmente, así como lograr hacerse con el control de grandes extensiones territoriales y productos estratégicos.

 

Su éxito en realidad no es tal, ya que se debió al despertar de una fuerza que se encontraba dormida. Finalmente DAESH al igual que otros grupos islamistas más que ser un fenómeno que aparece y desaparece, es una ideología que se levanta o se vuelve a dormir y su potencia dependerá de cuánta cohesión logre entre los grupos de la región donde se ubica, a lo que además se debe sumar las fuerzas regulares que apoyen su gestión, algo que al menos esta agrupación no logra, ya que a pesar de tener entre sus filas gran número de sunitas iraquíes y sirios, así como otro grupo de “nuevos musulmanes” importados de conversiones radicales llevadas a cabo en el mismo corazón de la Europa contradictoria, además de los llamados a migrar para algunos musulmanes de tercera generación en el “Viejo Continente” y que la propia sociedad se ha encargado de no integrarlos sino que por el contrario les discrimina y les señala como ajenos a la región.

 

Estos diversos grupos, han chocado contra las fuerzas del chiismo, en la región que agrupa al mayor número de estos fieles, y además han sucumbido ante la oposición férrea de otros grupos que no se sienten representados por el DAESH y los continuos golpes de ejércitos regulares (Rusia, Siria, algunos países del bloque occidental), así como guerrillas que ciertamente prefieren lo malo conocido que lo peor por conocer, como lo son los kurdos.

 

La agrupación sunita wahabista sufre además de no contar con simpatías expresas por ningún Estado, ni siquiera de los países que durante años de forma directa e indirecta han patrocinado las actividades de estos grupos como lo han hecho Arabia Saudita o Qatar, pero que ante la impopularidad de los islamistas jamás serían capaces de exponer sus imagen pública; que ya de por sí es deteriorada; con la firma de su cooperación económica, un hecho que es de todos modos un secreto a voces que lo realizan para evitar los ataques al interior de sus países donde conviven con la hipocresía de la violación a los derechos humanos y una poderosa billetera que compra favores alrededor del mundo.

 

La corrupción y el doble discurso que promulgan los Estados de mayoría sunita con fuerte potencial económico, les limita a declararse abiertamente patrocinadores del terrorismo proveniente de este tipo de agrupaciones, por lo que el soporte económico que brinda en algún momento aprovechan cualquier impasse para suspenderlo o fortalecer a otro, lo que no permite nunca que se consolide alguna agrupación en específico.

 

Esto ha llevado a los promotores del Califato a buscar nuevos caminos, ya que al deteriorarse su monarquía de papel, deben ubicarse en nuevos destinos donde lo laxo de sus normas les permitan ganar fuerza y adhesiones, por lo que DAESH comienza a ganar posiciones en el Magreb y en el Sahel africano, pero sus acciones en esas regiones van más de empoderamiento político – social, donde al igual que como lo hace Al Qaeda brindan ayuda económica, social y material a personas desposeídas, lo que les asegura un público dispuesto a absorber las ideas radicales, y quienes curiosamente son parte de los grandes grupos migratorios que posteriormente junto con migrantes económicos huyen a territorio europeo, donde las madrazas y mezquitas salafitas desde hace algunas décadas han acrecentado su discurso anti occidental.

 

A esos movimientos de África hacia Europa, se le debe agregar los “nuevos musulmanes” europeos, quienes regresarán de algún modo a los países de los cuales salieron, y que de ser arrestados infectan a otros en las cárceles, y de no hacerlo buscarán fortalecer los grupos radicales en esa región occidental, lo que ciertamente es un peligro que se viene dando desde hace mucho y con regularidad en las noticias sale el desmantelamiento de mezquitas salafistas o de redes promotoras de visiones radicales islámicas.

 

Y también quedará presencia de estas redes a lo interno del Levante; aún hoy tienen zonas estratégicas bajo su control y su salida de ellas no se prevé sea en el corto plazo. Son regiones donde no perderán fuerza del todo, ya que representan alguna de las visiones de grupos que no se sienten representados ni protegidos por los grupos musulmanes en el poder, principalmente los sunitas no se sienten representados por gobiernos chiitas quienes los han llegado a catalogar de “quinta columna”, aunque no es una opinión generalizada, no ha dejado de ser una parte de los señalamientos contra esta minoría en un país donde el poder está en la mayoría chiita desde la caída de Sadam Hussein con la invasión occidental a principios de este siglo.

 

Más sin embargo, resulta iluso pensar que el DAESH se va a destruir ya que más allá de ser una “estructura”, lo que DAESH promueve es una ideología, la misma que comparten agrupaciones islamistas radicales, con la diferencia quizás de los esfuerzos político militares que han empleado para llevar a un proyecto macro sus actos y que quizás el proyecto propiamente de DAESH es un poco más aterrizado que los movimientos simplistas hacia el terror que han empleado otras agrupaciones como Al Qaeda por ejemplo.

 

Hezbollah, una empresa exitosa al servicio de los Ayatolas.

 

Otro grupo con una visión política islamista que está teniendo éxitos en la región es el Hezbollah, principalmente porque tienen el padrinazgo de un Estado como Irán que ha echado mano de un “Estado accesorio” como lo ha sido Siria para tener un área de acción desde Teherán hasta Beirut haciendo paradas estratégicas en Damasco. Lo que le facilita el trasiego de armas y mantener una beligerancia no directa contra Israel, siendo las regiones en el Sur libanés el sector más afectado por la violencia, principalmente porque Hezbollah utiliza los campamentos de refugiados palestinos como base de operación, bodega de armamento y centro de adoctrinamiento para tener nuevos miembros.

 

El uso de la acción social del grupo pro sirio y pro iraní le da mayor apoyo entre los ciudadanos, ya que durante años el “Partido de Alá” ha levantado escuelas, hospitales, centros de asistencia social, entre otros, lo que le suma adhesiones aunque sea en apoyos políticos.

 

Irán no tiene problemas en manifestar su apoyo al grupo islamista, ya que desde hace muchos años, ha sido declarado parte del “Eje del Mal”, y por sus ideas contrarias a Occidente, sus posiciones combatidas desde varios frentes, por lo que como dice el argot popular “una raya más al tigre” no hace mucha diferencia.

 

También se le suma a la lista de “éxitos” del Hezbollah, que aparte de tener un brazo militar que en ocasiones supera en poder al propio ejército libanés, desde el año 2009 su brazo político fue aceptado legalmente en el Líbano y posee miembros en el parlamento del “país de los cedros”, con Mohammad Raad como líder del bloque parlamentario, donde tienen 13 curules de los 128 que posee el poder legislativo libanés.

 

Además de esto, la geopolítica y las relaciones exteriores del régimen de los Ayatolas les ha permitido abrir otros espacios que les han brindado espacios de acción extra regionales, como sus contactos con el gobierno de Caracas, donde el vicepresidente de dicha nación Tareck El Aissami ha sido catalogado como un importante contacto entre el país caribeño, el gobierno de Khamenei y la agrupación chiita libanesa.
Cabe recordar que además Venezuela tiene un vuelo directo con Damasco, desde el cual se ha sospechado es la ventana de entrada de milicianos chiitas a nuestra región y que hay análisis de inteligencia donde se señala la presencia de miembros de Hezbollah en otras zonas latinoamericanas como la Triple Frontera (Argentina, Brasil y Paraguay), además recordar que dicha agrupación está señalada de ser la autora de los atentados en Argentina contra la Embajada de Israel (1992) y la AMIA (1994).

 

Al igual que el islamismo de DAESH, el islamismo de Hezbollah tiene objetivos expansionistas, principalmente del poder de los Ayatolas y de los movimientos chiitas.

 

También como los salafistas sunitas, el “Partido de Alá” desea exterminar al Estado de Israel y “liberar la tierra santa islámica” que está bajo el poder de un Estado no islámico dhimmi en una clara afrenta a su visión religiosa. Pero además la agrupación chiita, desea ganar más posiciones con respecto a los grupos sunitas que tienen la mayor cantidad del poder islámico, entre eso el control de los lugares sagrados del Islam.

 

Para su labor de “liberación” de la tierra santa islámica de manos de los judíos, Hezbollah cuenta con un esbirro; que curiosamente dice ser de doctrina sunita, pero que por cuestiones de interés “camina sobre la cuerda floja…atrapado en el arco chií Siria – Hezbollah – Irán… y las potencias regionales suníes, a las que se aproxima y con las que comparte confesión religiosa…” (Gara, 2013). Elemento que en ocasiones le resta fuerza o apoyos (a Hamas) porque coquetea tanto con los favores de Teherán como con los favores de países no siempre amistosos con los Ayatolas (Turquía, Qatar, Dubai, etc.)

 

Conclusiones:

 

Es evidente que más allá de querer resaltar lo “bueno” de cualquier grupo radical, el valor de este texto recae sobre la hipocresía a la hora de catalogar el impacto de los apoyos que agrupaciones de esta naturaleza reciben de distintos países.

 

El claro apoyo abiertamente expresado de los países con mayoría chiita hacia el brazo político y armado más exitoso de su corriente en el mundo, contrasta con los apoyos solapados y poco efectivos de los países de mayoría sunita; quienes además son mayoría en el mundo musulmán en general, hacia las agrupaciones radicales como DAESH o Al Qaeda.

Este apoyo recibido por Hezbollah le ha permitido, además de tener un control militar en el Líbano, haberse colado políticamente en los poderes del Estado y tener la posibilidad de controlar por convencimiento o por persuasión militar el país. Líbano tiene la particularidad de que constitucionalmente el Presidente debe ser cristiano maronita, el Primer Ministro un musulmán sunita y el portavoz de la cámara un musulmán chiita, en un intento por unir las visiones sociales distintas del país, pero donde el ejercicio del poder juega un factor determinante para cambiar los objetivos a su favor.

 

Lo anterior, no resta para las agrupaciones islamistas sunitas, que haya beneficios económicos de países como Arabia Saudita, Qatar y otros similares a madrazas o grupos de estudio islámico en países occidentales, donde la expansión de una visión radical del Islam se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza, lo que no impediría a la postre que se desarrollen a lo interno de territorios occidentales grupos que puedan buscar un mayor empoderamiento político, aprovechando el crecimiento demográfico que tiene la población islámica en relación con la media occidental.

 

Tampoco resta la posibilidad que eventualmente se den más atentados terroristas en Europa desde regiones que ya tienen el visto de inteligencia de estar funcionando como “criaderos” de radicales que podrían explotar en violencia en cualquier momento.

 

No se debe dejar de lado, que al estar frente a una idea, la supuesta erradicación de DAESH o Al Qaeda de regiones como Medio Oriente no significa automáticamente que estemos frente al fin del islamismo radical, finalmente a diferencia de lo que estamos acostumbrados en Occidente, donde el éxito militar se resume a un tema de espacio vital y recursos estratégicos, en el islamismo se traduce en controles desde las bases de organización elementales (clanes y familias) hasta llegar a agruparlos y poder construir algo más grande.

 

En nombre del eufemismo de la “Guerra contra el terrorismo”, no ha permitido llegar a una verdadera visión del combate abierto que se tiene contra el Islam radical, el cual adopta  denominaciones genéricas, pero que no quiere decir que ante su destrucción se acabe con la idea, sino que esta solamente adoptará un nuevo alias, para seguir siendo el mismo fenómeno con diferente sombrero.

El dilema de los refugiados

refugiados

El 4 de diciembre del año 2000 la Asamblea General de las Naciones Unidas, designaron por medio de la Resolución 55/76 que a partir del 2001 el 20 de junio sería el “Día Mundial de los Refugiados”. La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ha declarado que cada minuto 8 personas dejan todo para huir de la guerra.

Los últimos años, las crisis políticas de diversas regiones del mundo, principalmente de África y el Medio Oriente (MENA) ha generado las mayores crisis humanitarias desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Las estadísticas hasta mediados del 2015 indicaban que había al menos 15,1 millones de personas que tuvieron que abandonar sus hogares por diversos motivos, principalmente la guerra en sus territorios.

Los conflictos en MENA ocasionan que millones de personas salgan huyendo de las zonas de violencia para preservar sus vidas, ubicándose principalmente en países vecinos o buscando movilizarse hacia territorios más promisorios en Europa y países de América, en especial Estados Unidos y Canadá.

Análisis de las masas migratorias.

Para los sistemas de seguridad Occidentales, debe ser obligatorio realizar un análisis crítico en las movilizaciones de enormes masas de personas y discriminar entre quienes huyen de la violencia en condición de verdaderos refugiados y quienes lo hacen por temas meramente económicos o bajo otros aspectos que pongan en peligro la seguridad y soberanía de los países, por ejemplo radicalización o terrorismo.

Por su parte, las personas que huyen de la violencia y la guerra en sus respectivos países (Siria, Irak, Libia, Nigeria, Somalia, etc.) se dividen en dos grupos principales que enciende las alertas en países que no son musulmanes. En primer lugar están quienes son verdaderos refugiados, principalmente familias enteras con poblaciones vulnerables (mujeres, niños, ancianos) y por el otro lado se encuentran los elementos que forman parte de agrupaciones islamistas (DAESH, Al Qaeda, etc.) quienes aprovechan la crisis para intentar exportar la violencia de las regiones hacia territorio occidental o llevar su ideología extrema para engrosar las filas de otros grupos ya presentes Occidente.

De la misma manera, quienes salieron de sus países por un mejor futuro económico no son todos refugiados. En su mayoría se tratan de inmigrantes que como en cualquier otra región del mundo corren procurando mejorar sus condiciones. Estos ocasionan crisis humanitarias, crisis económicas en las zonas hacia donde se reubican y además elevan las cifras de muertos por la forma en la que huyen de sus países, terminan naufragando en el mar abandonados por los “coyotes” que los trasladan o son parte de redes criminales de tráfico de personas que los llevan engañados para ejercer actividades ilegales en los países destino.

El panorama sobre refugiados en el mundo no parece tener un futuro alentador, sino que por el contrario puede que la situación empeore, las crisis en vez de disminuir se agravan y a esto, está el problema que internamente se está ocasionando en los países receptores que se suman a políticas que fortalecen posiciones de extrema derecha y promoción de odio a las minorías inmigrantes que además facilitan el trabajo de quienes promueven el mensaje de odio desde los grupos islamistas radicales, causando una verdadera crisis en Occidente.

Discriminación suave – reacción dura

CRUZADAS

Por: Bryan Acuña Obando (Analista Internacional)

El actual ambiente en Europa no podría ser más tenso e inoportuno para las minorías que por alguna razón se encuentran en este continente. Después de los atentados de París el viernes 13 de noviembre, los sentimientos eurocentristas afloraron como nunca, y han convertido la tragedia parisina en el espíritu y motivación para que los ciudadanos comunes y corrientes defiendan de alguna forma los ideales de una “Europa en paz, cristiana y blanca”.

En la dura batalla contra el crecimiento de las migraciones principalmente islámicas, han comenzado a representar esa Europa idealista con símbolos.

Por los atentados de París, la Marsellesa se transformó en el himno de los europeos y en eventos masivos y tan significativos como el fútbol, donde se pueden externar estos sentimientos. Que ciudadanos ingleses, españoles, holandeses canten el himno de un país que no es el suyo en una lengua que no es la propia como muestra de solidaridad, para mostrar el europeísmo en su máximo esplendor, transforma este acto en una señal clara del impacto que los atentados lograron en esta oportunidad, con una mayor fuerza que los ocurridos en Londres o Madrid.

De lo anterior, resulta a la propaganda ultra, el hecho que en el juego entre turcos y griegos, parte importante de los aficionados presentes en el Estadio de Estambul, decidieran chiflar durante el minuto de silencio por las víctimas francesas y se escuchara además el grito de “Allahu Akbar” (Alá es grande). Esto refuerza al discurso que los turcos no deben ser incorporados en la Unión Europea, porque su idiosincrasia es completamente ajena a los valores de esa Europa mencionada anteriormente.

Por si fuera poco, el diario ABC (España), el pasado 16 de noviembre publicó una nota en la cual señalaba el antisemitismo y la islamofobia como dos plagas que afectaban a la sociedad francesa.

En el artículo se señala que al menos un 50% de los ataques judeofóbicos son provocados por jóvenes musulmanes. Se destaca que el ataque al Bataclan se pudo deber a que los propietarios del lugar son judíos. En lugares como el Reino Unido y Alemania los ataques judeofóbicos se dan en porcentajes del 30% y el 35% por medio de agrupaciones islámicas, a pesar de que las comunidades musulmanas en estas últimas dos zonas son mayores que la francesa.

Esas acciones violentas acarrean puntos negativos para la percepción de los musulmanes y brinda herramientas a los ultranacionalistas para continuar en una cruzada ideológica que no afecta solo a los islamistas, sino también a los musulmanes que mantienen presencia en Europa desde el siglo VII cuando se establecieron en la Península Ibérica.

Pero cabe señalar que cuando se da la oportunidad y las herramientas para que se discrimine a una población por el comportamiento dañino que ocasiona una minoría de ésta, se empieza a dar carta blanca para que otras minorías también se vean afectadas o agredidas.

No es nada nuevo señalar como fascistas europeos la han emprendido en reiteradas ocasiones contra africanos, latinos, judíos, indios y asiáticos, tanto a nivel físico como en discursos xenofóbicos y discriminadores desde curules parlamentarias.

En esas oportunidades, se han hecho fuertes críticas desde la sociedad civil, sin tintes ultras como la de estos sujetos. Sin embargo, con la propaganda actual por la cruzada mediática que han logrado con los atentados del “viernes 13”, quienes mantenían una postura moderada, han comenzado a sucumbir en comentarios generalizados de manera “inocente” contra los migrantes de todas las latitudes, especialmente del Medio Oriente, y esto le sirve de carta blanca a los radicales de derecha para expandir sus semillas de odio y para que se les justifique de forma cómplice sus fechorías contra todo aquello que no les huele a europeo.

Este proceso es el que finalmente podríamos denominar “soft discrimination” (discriminación suave) y con una eventual “hard reaction” (reacción dura), porque se comienza con la demonización del que no es europeo, y terminan justificando la violencia irracional que puedan emprender contra estas minorías de forma sangrienta.