Archivos Mensuales: noviembre 2017

Kristallnacht

Lecciones de una noche infame

De un evento poco grato en la historia de la humanidad como la «Noche de los Cristales Rotos», acontecido entre el 9 y 10 de noviembre de 1938 se puede aprender algunas lecciones poco agradables.

Se aprende que se puede justificar desde la legalidad actos contrarios al respeto humano, destruyendo sus instituciones, mancillando derechos, reprimiendo sociedades y todo desde el marco jurídico, ignorando la opresión contra las minorías desde el supuesto de que «cumplen con su deber», mientras, por el otro lado, se exaltan a las masas a cometer actos censurables.

También se comprende que es imperativo castigar a una población completa, basado en una excusa por burda que parezca. Tal es el caso del atentado perpetrado por el joven judío Herschel Grynzpan contra el diplomático alemán Ernst vom Rath, y sobre lo cual se llegó al momento cumbre de la persecución contra los judíos alemanes, hecho que había comenzado casi de inmediato de tomar los nazis el poder en ese país.

Solamente estaban buscando la excusa «perfecta» para justificar sus políticas destructivas.

Es posible, además, convertir en mártir a cualquier figura con el fin de utilizarlo para fines políticos, por turbios que estos sean y así llevar adelante cualquier acto; por opuesto al respeto y los valores de la vida. Ya que en la imagen martirizada se reflejará todo lo negativo del colectivo contra el cual se emprenderán los actos atroces.

Otro aspecto fundamental es que se puede usar la religión como justificación para exterminar a un pueblo. Se puede condenar por ser el «asesino de Dios», se puede quemar sus libros sagrados, sus lugares de culto y hasta a sus líderes religiosos. Con la caída de las sinagogas en Alemania, lo que estaba derrumbándose también era la fe en la humanidad.

No hay genocidio sin deshumanización, no hay deshumanización sin confinamiento, no hay confinamiento sin boicot, no hay boicot sin chivo expiatorio y no hay chivo expiatorio sin una sociedad enferma.

Gradualmente los nazis vendieron la idea de que los problemas internos en su país recaían sobre una minoría, la cual tenía «secuestrada» su economía, a quienes se les consideraban en el marco de la otroriedad ajena al nacionalismo alemán, quienes representaban el espíritu de la maldad, que eran capaces de asesinar divinidades y sin duda se atreverían a destruir una sociedad desde adentro, por lo tanto era labor obligatoria acabar con ellos para luego hacer un «memorial acerca de su maldad» para asegurar el futuro de las próximas generaciones.

Ninguna persona despierta con la intención de cometer un genocidio, por esto la gradualidad de las acciones demostrará los guiños de alerta ante los deseos de actuar con tal infamia. En el caso de la shoah, el odio iba aumentando y justificando las acciones posteriores, se realizaron boicots económicos, se les segregó por aspectos raciales (leyes de Núremberg), los confinaron en guetos, les expulsaron del país, les llamaron «plagas», «pestes», «ratas», y finalmente los intentaron exterminar.

Y en el momento cumbre del exterminio no se concentraron solo en los que vivían en su territorio, sino que conforme iban avanzando en su proyecto de conquista territorial, recogían a los judíos en el camino para enviarlos hacia el mismo destino que los que tenían en su país, esto le agrega una terrible sazón distinta al amargo caldo que la humanidad debió beber durante la shoah.

De la shoah directamente se aprende que se pueden cometer crímenes contra una población y al estudiarlo a través del tiempo, negar que esto sucediera, o disminuir el impacto de lo ocurrido.

Cuán infame es hoy querer negar los hechos que acontecieron en ese momento de la historia, basados por supuesto como acostumbra la narrativa de los académicos posmodernos. Cómo desgasta responder una y otra vez las majaderías de los revisionistas y negacionistas, que sencillamente no aceptarán por una obsesión basada en prejuicios contra las víctimas del genocidio.

«¿Qué particularidad tuvo la shoah con respecto a otros genocidios?» se preguntarán las generaciones actuales. La respuesta, aunque compleja, no es definitiva. Lo que marca este genocidio de otros es que, a partir de este, se logró el marco legal internacional para poder condenar y combatir los genocidios, lo cual no ha evitado por supuesto que se repitan actos de barbarie contra pueblos en diferentes países del mundo, todavía hoy en un mundo que se supone más «interconectado» y «desarrollado».

Pero es en ese elemento diferenciador de la shoah, que además de convertirla en un parámetro para medir otros crímenes de lesa humanidad, se transforma también en uno de los hechos más rebatidos y sobre expuestos de la historia del último siglo.

La shoah ha sido utilizada para justificar odios modernos contra el Estado de Israel; por su carácter judío, la usan para desacreditar su existencia o por el contrario se vende la idea errónea que fue la «excusa» para crear las condiciones de este Estado, negando la labor realizada desde finales del siglo XIX por los movimientos sionistas, y quizás aceptar que la shoah en su momento aceleró el proceso hacia esa autodeterminación.

En el mismo marco de los conflictos en el Medio Oriente existen enfrentamientos entre quienes se han transformado en negacionistas de la shoah, tal es el caso de Mahmoud Abbas, presidente de la Autoridad Nacional Palestina, quien hizo su tesis doctoral negando los hechos ocurridos contra los judíos durante la II Guerra Mundial. Mientras que, por el otro lado, hay quienes acusan al Estado de Israel de hacer con las poblaciones árabes palestinas lo mismo que hicieron contra los judíos los nazis, en una contradicción que no debe sorprender ya que es parte de la narrativa de los discursos actuales.

Sin embargo, y a pesar del uso político que le dan ciertos actores del sistema internacional, el tema de la shoah tiene una funcionalidad para destacar los elementos claves que señalarían la posibilidad de estar frente a un nuevo caso de genocidio.

a. Asesinar a miembros del grupo.
b. Provocar serias lesiones físicas o mentales a miembros del grupo.
c. Imponer deliberadamente en el grupo condiciones de vida calculadas para causar su destrucción física total o parcial.
d. Imponer medidas destinadas a prevenir nacimientos dentro del grupo.
e. Transferir a niños del grupo a otro grupo por la fuerza.

En línea con estos principios establecidos desde el 9 de diciembre de 1948 en la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, más que justificado por los hechos acontecidos contra los judíos durante la II Guerra Mundial, resulta obligatorio hacer un análisis de los principales hechos bélicos de la última década para estar atentos ante la posibilidad de que se esté delante nuevamente de esta clase de crímenes contra la humanidad.

• Exterminio y desplazamiento obligatorio de cristianos en el Medio Oriente.
• Violaciones y asesinato sistemático contra la minoría yazidí en Irak.
• Acusación de genocidio y desplazamiento contra la población Rohyngia en Birmania.
• Conflicto de los países del Golfo contra el grupo paramilitar Hutí, en Yemen, donde se bloquea el acceso a la ayuda humanitaria para la población civil.

Resulta imperioso estudiar cada caso para que se puedan dar juicios utilizando también como antecedente otro hecho que marca la realidad inmediata a la Segunda Guerra Mundial; los juicios de Núremberg que el pasado 20 de noviembre cumplieron 72 años de haberse efectuado. De una forma irónica se debe citar que los juicios se dieron en la misma ciudad donde 10 años antes se habían establecido las leyes con el nombre de dicha ciudad que comenzaba a deshumanizar a los judíos para luego justificar su exterminio.

En definitiva, el conocimiento que se alcanza de algo como la «Noche de los Cristales rotos» demuestra la progresividad de los hechos que se pueden extender a varias décadas posteriores.

Un levantamiento popular, que podría ser marcado de «inocente»; aunque es evidente que no hay inocencia en ningún acto de vandalismo o violencia contra una minoría, mucho menos si la intervención del Estado no es la adecuada para mitigar el impacto, sino que se transforma en un hecho casi «institucionalizado» o justificado desde el aparato burocrático.

Lo que arrastraría esa trágica noche hasta hoy sigue enseñando que la humanidad no aprende de sus errores, sino que por el contrario los reitera con distintos actores, con diferentes justificaciones y con variados niveles de ensañamiento y destrucción.

Por supuesto que el daño ocasionado trajo consigo cambios «positivos» que alcanzaron a todas las sociedades, en el marco jurídico y de la defensa a los derechos humanos. Pero el precio a pagar fue uno de los más grandes, y no ha sido para nada barato, ni suficiente, porque aún hoy, quienes niegan que la shoahocurriera, son también quienes justifican los actos barbáricos contra minorías en diferentes lugares del mundo.

Fuente: WSIMAG

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Las reformas de Bin Salmán

Se anuncian cambios en Oriente Medio

En las últimas semanas se ha hecho eco de una figura en Arabia Saudita, se trata del príncipe Mohammed bin Salmán Al Saúd. Las decisiones que está tomando en el reino de su padre lo coloca en una posición bastante interesante y polémica al mismo tiempo.

Ha sido denominado Mr. Everything por estar involucrado en muchos temas de reforma en su país. Es Ministro de Defensa (pese a sus escasos 30 años), además de fungir como secretario general de la Corte Real de la casa de Saúd y ministro de Estado.

Reformas económicas

El rey Salmán bin Abdulaziz Al Saúd, junto con su hijo Mohammed, en el año 2016 presentaron un ambicioso proyecto de reformas para dejar la dependencia del petróleo y tener una economía más diversificada. Plantearon un proyecto denominado Visión 2030 que incluiría entre otras cosas la venta de hasta un 5% de la productora de petróleo Saudi Aramco para crear el mayor fondo soberano del mundo, pensando que dicho fondo les ayude a sustituir paulatinamente su dependencia petrolera a partir del año 2020.

Aramco tiene la capacidad de extraer hasta 12 millones de barriles de crudo diariamente, y la transformación de solo un pequeño porcentaje al fondo soberano significaría cerca de 2,086 billones de dólares. También las reformas económicas incluyen privatizaciones de servicios como la salud, educación, nuevos impuestos, todo para que ante un eventual desplome de los precios internacionales del crudo no afecten de forma considerable al reino.

Las medidas propuestas por el monarca y su hijo tuvieron visto bueno del Fondo Monetario Internacional, argumentando que las nuevas políticas pueden colaborar en el marco de un eventual déficit presupuestario debido a la caída de los precios internacionales del petróleo.

Reformas sociales

Por otra parte, el príncipe Bin Salmán ha propuesto una serie de reformas que podrían colocar de cabeza el país. Comenzando con levantar la prohibición de conducir por parte de las mujeres a partir del año 2018, también ha realizado propuestas para que las mujeres puedan eventualmente ingresar a los estadios a disfrutar fútbol y lo principal es el cambio para que Arabia Saudita retome la senda de un islam más inclusivo y moderado.

Se tiene considerado que el país entró en un proceso de transformarse al ultraconservadurismo como respuesta a las revoluciones islámicas en Irán del año 1979 que podrían motivar levantamientos populares que quisieran imponer una versión del islam al estilo del régimen de los Ayatolás.

Esto ha significado, además, que hayan tenido que concesionarse a las posiciones más severas de interpretación islámica bajo el temor que las agrupaciones wahabistas puedan asediarlos y atacarlos, en una práctica sumamente extorsiva que llevó al reino a convertirse durante años a ser el principal patrocinador de grupos terroristas alrededor del mundo previendo que estas organizaciones atenten lejos de su territorio.

Situación que recibió réplicas de otros países ricos en petróleo, acusados durante décadas de ser los sponsors del radicalismo islámico de organizaciones como Al Qaeda o los talibanes, así como de ser los soportes de comunidades islámicas de posiciones violentas en países europeos.

En el cambio propuesto por el régimen de Riad la idea sería enviar a las cavernas los ideales del radicalismo y atraer un islam moderado y atractivo que les pueda ayudar a la atracción de turismo y de inversión extranjera. Por ejemplo, hay un plan de construir un parque de diversiones Six Flags y un centro turístico en el Mar Rojo donde probablemente no apliquen las actuales normas rígidas de vestimenta para las mujeres, a través de la interpretación conservadora de la ley islámica (sharía).

El último movimiento de cara a estas reformas sociales ha sido el compromiso del príncipe de abrir la primera iglesia cristiana en Arabia Saudita; algo que hasta este momento era imposible de imaginar. Se trataría de una iglesia maronita de 900 años de historia que habría sido desenterrada recientemente, se desea restaurar y abierta en honor a todos los cristianos maronitas del mundo, para esto Mohammed Bin Salmán invitó al patriarca de esta Iglesia, Beshara Rai, y además de querer limar asperezas por las tensiones de las últimas semanas con el gobierno libanés, de donde proviene el patriarca Rai, aprovechó de hacerle este ofrecimiento, según destacó el diario kuwaití Al Rai Media.

Purga política y geoestrategia

Otros de los elementos a destacar de las acciones realizadas por el joven monarca, ha sido en primer lugar la gran purga de políticos realizada en su país, incluyendo 11 príncipes, entre ellos el excéntrico magnate Al Waleed Bin Talal, categorizado como el 45º hombre más rico del mundo según la revista Forbes.

Dicha acción de sacar del juego a tantos eventuales opositores políticos podría acarrear aspectos negativos ante las decisiones apresuradas del joven líder. Pero queda claro que su acción se debe a la intención de no tener competencia ante sus reformas arriesgadas.

Por otra parte, el gobierno saudita se ha involucrado en enfrentamientos políticos importantes contra la República Islámica de Irán, en lo que han denominado el avance de la influencia iraní en la región del Medio Oriente, específicamente en los países de Irak, Siria, Yemen; a través de las fuerzas hutíes (chiitas) contrarias al gobierno sunita y Líbano a través del grupo paramilitar (terrorista) y político Hezbolá (Partido de Alá), quienes a su vez integran una fuerza de influencia sobre grupos radicales en la Franja de Gaza palestina.

De los eventos destacables al respecto de este enfrentamiento, se puede considerar la salida del primer ministro libanés Saad Al Hariri; hijo del asesinado expremier libanés Rafiq Al Hariri, y quien desde la capital saudita renunciaba a su puesto por temor a correr la misma suerte que su padre, y al mismo tiempo señalaba el involucramiento de la República Islámica de Irán en los asuntos internos del «país de los cedros».

Esto ha llevado a fuertes roces entre ambos Gobiernos, y a escalar los niveles de tensión que se viven. Exaltando, por ejemplo, las declaraciones del Gobierno saudita de que Líbano está declarando una guerra por las acciones del Hezbolá que consideran afectan directamente al reino de los Saúd.

Para el domingo 19 de noviembre se pactó un encuentro con la Liga Árabe para intentar mitigar el alcance de lo que consideran las «violaciones de Irán», patrocinando, según Riad, grupos terroristas en Yemen y Líbano, así también inestabilizando la región al expandir sus zonas de influencia hasta el propio Mediterráneo.

Nuevo poder regional

Otra de las ideas de todo este crecimiento político de Arabia Saudita a través de su príncipe es el de alcanzar una posición privilegiada como Estado axial, procurando superar a Egipto, lo cual es un proyecto muy ambicioso que no se ha considerado realmente cuál pueda ser la objetividad de este. Sin embargo, los movimientos están estratégicamente motivados a encaminarse hacia ese proceso, y quizás si no es para superar a los egipcios, es al menos para fortalecer un equilibrio favorable a sus intereses en la zona.

Pensando además que, ante la crisis con Qatar, y por una serie de factores adicionales en las crisis del Medio Oriente, un país como Turquía, que estaba considerado dentro del eje de apoyos hacia Arabia Saudita en la estabilidad regional ha cambiado categóricamente sus políticas y están alejadas en cierto modo de los intereses de Riad; y desde hace rato de los intereses de Occidente.

Otro cambio paradigmático que se escucha con fuerza es una eventual coalición árabe con el Estado de Israel, para mitigar el crecimiento iraní en Medio Oriente. Algo que sin duda rompería con décadas de guerras entre ellos al considerar que realmente hay un tercero en medio que pondría en peligro sus esquemas actuales. Aunque está claro que este tipo de iniciativa no está abiertamente demostrada, sino solamente algunos guiños que se escuchan a través de algunos canales considerablemente serios.

Los cambios que pretende el futuro rey saudita sin duda traerán efectos que podrían ser considerados en una reacción en cadena entre otros países alrededor de Arabia Saudita y ni se diga de cara a otros países musulmanes sunitas, en especial porque dentro de los dominios del Reino de Saúd se encuentran dos de los sitios más sagrados del islam, y esto aunado con una reforma religiosa a lo interno del país con dominio sobre estos santuarios en definitiva podrían acarrear una eventual «reforma islámica profunda», aunque esto último es un supuesto apegado a un deseo idealista del autor más que en la realidad tácita de una zona donde cualquier aspecto político mezclado con la volatilidad de los egos religiosos pueden hacer explotar en cualquier momento una guerra de grandes magnitudes, principalmente porque mientras unos pelean por un tema histórico – ideológico y de honor, otros tienen sus agendas conectadas con sus billeteras y sus intereses geopolíticos.

Referencias