Archivos Mensuales: julio 2017

Medio Oriente, campo de guerra híbrida

El concepto de “Guerra Híbrida” se hace cada vez más común en los análisis internacionales. Aparece por primera vez en un artículo publicado en la revista Proceedings, durante el año 2005. Los autores, Mattis y Hoffman explican en Future Warfare: The Rise of Hybrid Wars; haciendo una declaración sobre los Estados Unidos, advierten que ante el poderío que poseen actores estatales como el norteamericano, esto motivaría a otros actores estatales y no estatales en buscar nuevas herramientas tecnológicas y estratégicas que pudieran darles ciertas ventajas sobre los grupos de enemigos.

De este modo, se da paso a la informalidad en los campos de batalla. Es decir, ya se hace común que objetivos militares descontinúen el uso de uniformes y se mezclen entre poblaciones civiles, además, cuando hay patrocinio o presencia de grupos estatales que apoyan a un grupo no oficial, procura que el conflicto se lleve lo más lejos de sus fronteras que sea posible, para evitar afectaciones directas que impacte en su territorio ya sea económica o socialmente.

El elemento de la guerra híbrida, no solo contiene la informalidad de algunos grupos militares no estatales, sino que también posee; como fue mencionado, el aporte estatal para que sea operativo y funcional. Esto se hace a través de trasiego de armamento, envío de recursos económicos y presiones políticas para empoderar a este tipo de agrupaciones en las zonas donde tienen presencia.

Un ejemplo claro que se explica de este tipo de guerra con todos sus componentes, fue la denominada “Segunda Guerra del Líbano” (Guerra de Julio), que se trató de un enfrentamiento armado entre las Fuerzas de Defensa de Israel contra objetivos de la agrupación chiita libanesa Hezbollah (Partido de Dios).

El grupo en ese momento paramilitar empoderado principalmente al Sur del Líbano, comienza una campaña de ataques con misiles tipo katiushas; muy conocidos durante la época soviética, contra regiones al Norte de Israel. Además se da el secuestro de militares israelíes y finalmente una escalada militar con un saldo de casi 2.000 muertos, siendo mayormente golpeada la población libanesa.

El grupo Hezbollah, aparece en escena desde los años 80 y su agenda política y militar está supeditada a lo que La República Islámica de Irán les imponga. De ese modo además, los iraníes les brindan apoyo económico y militar en complicidad con la República Árabe de Siria. Así es como el régimen de los Ayatolas logra estar lo más próximo que se pueda en la frontera de uno de sus más acérrimos enemigos.

Al llevar la guerra al Líbano principalmente, y ocasionalmente a lo interno de territorio israelí, los muertos en pocas oportunidades serán sus ciudadanos y los que eventualmente mueran siendo de su nacionalidad, por lo general se tratarán de miembros de la Guardia Revolucionaria iraní o de algún cuerpo especial que llega a engrosar las filas del grupo paramilitar.

También se debe sumar que los ataques militares de Hezbollah contra Israel se realizan en zonas densamente pobladas, en medio de lugares desde los cuales se ha señalado el uso de civiles como escudos humanos, principalmente porque a lo interno casas, mezquitas, escuelas, etc. se encontraron armas, cohetes, lanzaderas y demás, al mismo tiempo que personas ajenas al conflicto se encontraban en el sitio, lo cual se convierte en un dilema moral para el ejército formal.

La falta de aditamentos militares de miembros de este grupo paramilitar facilita que las cifras de civiles  se puedan inflar, además que el uso de la propaganda para demonizar al enemigo delante de los medios de comunicación sea efectiva, hay una clara manipulación y victimización impuesta principalmente contra el Estado que en este caso será catalogado como “agresor”.

Además, la ambigüedad con la cual puede ser abordada la percepción en los conflictos de guerra irregular, puede llevar a los actores a catalogar de victoria un hecho que a todas luces por la cantidad de bajas y de golpes recibidos, en el gremio pugilístico sería por “decisión unánime”, pero ellos se mostrarían como victoriosos por lograr algún elemento no determinante. Por ejemplo, en el caso de la guerra del 2006, tanto Hezbollah como Irán catalogaron de victoria el repliegue de fuerzas israelíes de los territorios libaneses.

A nivel de la opinión pública, si algo salió lastimado en esa guerra, fue la imagen del ejército israelí, que en la guerra de medios sufrió un duro revés, el mismo que también sufrió durante las guerras contra el Hamas en la Franja de Gaza de los años 2008 – 2009 (Plomo Fundido), 2012 (Pilar Defensivo) y 2014 (Margen Protector), donde se dieron circunstancias de la guerra híbrida como contra Hezbollah que golpearon la imagen de Israel.

También, para sentar responsabilidades es mucho más complejo para aplicarlo contra los grupos que trabajan al margen de la ley o que sus líderes no son fácilmente identificables. Si bien todos son sujetos de derecho, los grupos informales tienen un elemento con el que se cuenta poco, no les importa mucho las normas internacionales, salvo lo que puedan usar para su beneficio.

De este modo, cometen actos que en el caso de los Estados se les condenaría por “crímenes de lesa humanidad” ante la Corte Penal Internacional, mientras que ellos se les acusaría de terrorismo y el castigo tiene más un carácter de exclusión social o de golpes asertivos militares en un momento determinado, que no daría por acabado el grupo, sino neutralizado momentáneamente, hasta que aparezcan nuevos representantes o nuevos grupos que cojan el estandarte de lucha dejado por el anterior. Estos grupos por lo tanto, tienen la capacidad de supervivencia en el tiempo.

La finalidad directa y realista de los grupos no estatales que desempeñan esta labor de guerra irregular, a favor de los gestores estatales, no va a ser el exterminio del grupo enemigo, sino atestarles fuertes golpes, condicionar los comportamientos políticos a través del miedo con actos de terror, deslegitimar su lucha haciéndolos actuar de modo irregular o haciendo creer a la opinión pública que están contra las normas internacionales.

Al debilitarlo, fortalecerá al grupo para el cual luchan y a partir de ahí se puede optar por un plan complementario que le pueda atinar la estocada final que ponga de rodillas a un enemigo, o que por ejemplo en casos de conflictos puntuales les brinde un elemento de poder.

Ejemplo de lo anterior, el actual conflicto en Siria ha desmembrado al Estado sirio tal y como se conoce desde 1946, y lo ha dejado en una circunstancia de casi tres sub estados de facto. Uno alauita – chiita, otro sunita dividido entre “moderados” e islamistas y una región kurda.

El aspecto fundamental en el caso sirio, es el involucramiento de fuerzas sunitas por medio del Estado Islámico (DAESH) y grupos opositores a Bashar Al Assad, en un territorio que ha tenido fuerte influencia iraní desde la Revolución de los Ayatolas, pero no contaban con que el juego de guerras irregulares e híbridas se puede ampliar a más de un grupo paramilitar, y esto ha permitido que Irán obtenga mayores posibilidades de tener un acceso directo a la zona mediterránea, a través de las regiones que queden bajo control del gobierno oficial. Y con un canal de conexión hasta Líbano donde pueden actuar a sus anchas bajo el abrigo del Hezbollah, que hoy no solamente ostenta el título de grupo militar, sino también de agrupación política con presencia en el parlamento libanés.

Sin duda que resulta fundamental la comprensión de la realidad actual de los conflictos, la estatalidad de los enfrentamientos se ve como un elemento superado desde hace tiempo y el ejercicio del poder trasciende los elementos disuasorios y diplomáticos de los Estados, para abrirle brecha a organizaciones no estatales con una determinante cuota de poder.

Fuente: WSIMAG

Hamas y el síndrome del animal acorralado

En pocas oportunidades he coincidido con las ideas del ministro de defensa israelí, Avigdor Liberman, pero concuerdo con sus manifestaciones de la semana anterior donde expresó las intenciones que tiene Mahmoud Abbas, Presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), de empujar a la agrupación islamista palestina Hamas a un enfrentamiento militar contra el Estado de Israel.

Las declaraciones al respecto llegan en un momento en el cual el titular de la ANP exigió a Israel una reducción de las cuotas eléctricas que el gobierno en Jerusalén le brinda al enclave costero, lo que supone un duro golpe principalmente contra la población de la zona, que desde hace tiempo ha sufrido un deterioro en sus condiciones de vida. A esto, Liberman manifiesta, en un tiempo cercano también se harán recortes de salarios a los funcionarios de Hamas, lo que supondría una asfixia sin precedentes que valdría como la excusa perfecta para lanzar una nueva guerra entre el grupo islamista que controla Gaza y las fuerzas de seguridad de Israel, sin coordinar, como dijo el Ministro con los gobiernos en Jerusalén y el Cairo, quienes son los garantes del bloqueo que pesa sobre el territorio palestino desde el año 2007.

El motivo para estas acciones tan arriesgadas por parte de Abbas, no sería otro sino debilitar la influencia de Hamas e intentar recuperar el poder absoluto en ambas regiones palestinas, aprovechando que políticamente a nivel de la Comunidad Internacional, el gobierno de Abu Mazen cuenta con gran legitimidad, no así los liderazgos de personajes como Khaled Mashaal o Ismail Haniye, quienes generan animadversiones entre grupos no solo occidentales, sino dentro del mundo árabe e islámico, y fue una de las excusas por las cuales se rompió el vínculo de Qatar con otros países de la región.

Estas acciones directas contra el Movimiento de Resistencia Islámico, puede atraer una nueva ola de violencia irremediable en la zona. Dicha agrupación cuenta desde hace varios años con el soporte de la República Islámica de Irán, de manera directa o a través del Hezbollah, agrupación paramilitar libanesa con acceso a las zonas mediterráneas, y quienes les ayudan con trasiego de armas, y cierto financiamiento económico.

Por otro lado, en los últimos meses, Turquía, un Estado importante en la región, a través de su líder islamista, Recep Tayyip Erdogan se ha interesado por lo que ocurre en la Franja de Gaza y ha mostrado sus intenciones de invertir esfuerzos en levantar el enclave costero, es una zona de acceso a regiones de interés como Egipto por ejemplo, además que, el área posee recursos estratégicos importantes, como gas natural, aunque no solo es el peso del tema recursos la única motivación, sino, que por supuesto, hay un tema ideológico y geopolítico determinante, como la cercanía con un Estado eje, Egipto.

La presencia turca en la zona visto a grandes rasgos sería un aspecto positivo para la estabilidad palestina por lo que puedan aportar a la economía de la región y por el control de grupos beligerantes, aunque apegados a la realidad actual del sitio, supone un foco de tensión inminente, ya que, los turcos han ido abandonando las posiciones pro Occidentales y tienen una visión favorable al eje ruso – iraní, quienes de manera complaciente, han aceptado coordinar acuerdos y propuestas de seguridad en cuanto al tema sirio, lo que automáticamente también les llevará a tener acceso a una modificación de las condiciones iraquíes y para los intereses del régimen de Ankara supondría una estrategia de contención contra las posibilidades de que se establezcan regiones independientes kurdas que puedan inestabilizar sus propios problemas con esta población en Turquía, por lo que cualquier acción del gobierno de Ankara es tomado con recelo y los nuevos financiamientos al gobierno saudita demuestran el temor a un desequilibrio regional ante una abrupta salida turca del eje occidental, algo que no se vislumbra directamente en un corto plazo, pero no se descarta.

Por otra parte, el financiamiento qatarí hacia el Hamas se podría incrementar, de fortalecerse las relaciones entre los gobiernos de Doha y Teherán, mientras la beligerancia se mantenga latente en el Golfo contra Qatar. El supuesto financiamiento qatarí a grupos islamistas ha sido muy criticado por los países del Golfo, principalmente Arabia Saudita, lo que resulta irónico, ya que es bien conocido el patrocinio a grupos islamistas en el Medio Oriente y Occidente que el gobierno de Riad viene realizando desde hace años.

Los intentos de Mazen de socavar el poder de Hamas en Gaza, solo están causando que el grupo islamista se sienta como un “animal acorralado”, que puede reaccionar de forma arriesgada, lo cual es muy peligroso para la volatilidad de la región. Cualquier acto de violencia que ocurra, con la cantidad de actores y de elementos que se están disputando hoy en la región, podría convertirse en un verdadero detonante para una guerra de proporciones mayores, lo cual nadie está invirtiendo en estos momentos para jugar esa carta, al menos no en las circunstancias tan desastrosas que la sanguinaria guerra en Siria ha deparado hasta la fecha, con la aparición de un sinfín de grupos  desestabilizadores, y un cambio irremediable de la composición geográfica del Medio Oriente.

Finalmente, lo que ocurre entre palestinos hoy en su lucha de poder, pone de manifiesto que definitivamente no hay intenciones de acuerdo entre ambos grupos y que el cisma actual, en vez de disminuirse, se hace más grande. Se fortalece además, que de facto, en vez de tener dos territorios pertenecientes a un eventual mismo Estado, por las luchas de liderazgo, se está en presencia de dos regiones cuasi autónomas e independientes con agendas propias disimiles, disputando la vocería de la golpeada población palestina.

Fuente: El Mundo CR

Recursos estratégicos, la maldición del Medio Oriente y el Norte de África.

El concepto de la “Maldición de los recursos”, planteados principalmente por los teóricos económicos Jeffrey Sachs y Andrew Warner, se observa desde una perspectiva de crecimiento financiero desigual entre los ciudadanos de los países que cuentan con este tipo de productos entre sus primordiales fuentes de desarrollo económico.

Desde esa visión hay una concentración en los países que son dependientes del petróleo, gas natural, entre otros, y destinan sus esfuerzos en la producción y exportación de éstos, descuidando otros factores productivos, ocasionando así, una fragilidad económica y social, ante la volatilidad de los precios de los recursos en el mercado internacional.

Un elemento que quizás no se toma en consideración en los análisis sobre la dependencia estratégica, es el factor geopolítico. Si bien no todos los conflictos internacionales son motivados por la explotación de estos bienes, grandes movimientos entre el siglo XX y comienzos del XXI cuentan como agravante la competencia por su dominio.

Al menos en el caso del petróleo, a esta circunstancia se le ha denominado “petro – agresión”, que consiste en la instigación de conflictos internacionales por parte de los grandes países ricos en este recurso, o que han sido agredidos bajo diversos pretextos, siendo realmente la motivación apropiarse o tener acceso libre y a buen precio del denominado “oro negro”.

El Medio Oriente cuenta con los mayores yacimientos de petróleo y gas natural en el mundo. Desde 1908, cuando se descubrió el yacimiento en Masjed Soleiman en Persia (actual Irán), ha llevado a los británicos, a través de la Anglo – Persian Oil Company, tener presencia con mayor fuerza en la zona para explotar dicho recurso.

Cuando se firmó el acuerdo de Sykes – Picot en 1916, y se planteó la reconfiguración del Medio Oriente como deseaban los imperios británico y francés. La región del actual Iraq quedaría bajo dominio de los primeros, lo mismo que las zonas que actualmente posee Jordania y el territorio de la Palestina Británica (zona internacional según el acuerdo bilateral), lo que les permitiría trasladar petróleo desde las regiones del Golfo Pérsico y hasta el puerto de Haifa en el mediterráneo con mucha facilidad. No por nada, Sir Maurice Hankey, informó al secretario de la Oficina de Exteriores,  Arthur James Balfour, que los recursos petroleros de Persia y Mesopotamia resultaban ser objetivos de guerra de la Corona de primera línea.

En los procesos de independencia de las regiones árabes del Medio Oriente, las divisiones territoriales de los nuevos “Estados – Nación” se dieron según la configuración del Acuerdo Sykes – Picot, lo que compartimentó la región basado en los intereses de las grandes potencias de la época, y al mismo tiempo también las alianzas permitirían tener un control no solamente sobre los recursos ya mencionados, sino también bajo los intereses de dominar zonas que son consideradas de contención estratégica, teoría de la Región Cardial (Heartland) correspondiente a los territorios del Creciente interior (marginal), según Mackinder y denominadas por Nicholas Spykman como tierras de la orilla (Rimland), ambas con el objetivo de tener sometidas, zonas geográficas importantes, así como los accesos marítimos, principios por supuesto de geógrafos occidentales.

Regresando al concepto de la instigación de conflictos por recursos. En la actualidad, potencias hegemónicas tienen por aliados Estados con grandes yacimientos de petróleo y gas natural, lo que hace que haya relaciones con países que poseen extrañas agendas, muchas veces antioccidentales. Pero que se aprovechan para sacar beneficios, gracias a la necesidad de los países de tener acceso y facilidades sobre estos bienes esenciales.

También, esto ha incentivado que se vea hacia otro lado cuando países como Arabia Saudita, Qatar, Irán, entre otros, patrocinan de algún modo a agrupaciones al margen de la ley (milicias, grupos paramilitares, o de guerra irregular), siendo las principales víctimas; principalmente a través de ataques terroristas, ciudadanos de los países en el Medio Oriente y África donde el tema de recursos estratégicos es secundario y el aspecto ideológico complementa la desgracia del reparto anglo – francés de comienzos del siglo pasado y donde los conflictos étnicos y religiosos agregan un elemento de inestabilidad regional.

Según las teorías, el petróleo entrará en un período de escasez (cenit petrolero), por lo que las luchas por controlar los últimos yacimientos en el mundo serán cruentas. Algo que podría comenzar a darse a partir del 2020. Supuestamente, una vez que se acabe, los poderosos países petroleros, perderán su moneda de cambio para continuar patrocinando sus guerras ideológicas en las regiones del Medio Oriente y el Norte de África (MENA), lo que no significará que estas se acabarán, simplemente que de seguir creciendo el fenómeno de los grupos radicales, ahora no habrá recursos para sobornarlos y evitar que atenten dentro de los territorios de aquellos que durante años los patrocinaron, y que son zonas que por algún motivo son de interés, por ejemplo los lugares sagrados de Meca y Medina, en manos de Arabia Saudita desde 1924.

Para los grandes poderes mundiales; principalmente Rusia, China, Estados Unidos y relativamente la Unión Europea; principalmente Francia y Alemania, las regiones siguen siendo importantes por el dominio territorial y marítimo que supone tenerlas bajo el poder, desde donde se pueden dirigir los destinos del mundo. Particularmente, por la dura competencia que supone para cada uno de ellos neutralizar la expansión de los otros a través de las agendas y alianzas logradas en los últimos años en esta convulsa zona del planeta.

La “Nueva ruta de la Seda China”, las políticas persuasivas rusas saliendo de su zona natural, rodeada de competidores directos (OTAN y China), o el poderío militar principalmente naval de los Estados Unidos, son algunas de las razones para suponer, que a pesar del fin de la “maldición de los recursos” del Medio Oriente y el Norte de África, se mantiene latente la “maldición de las zonas geoestratégicas” de los principales teóricos de los últimos dos siglos, para que esta región continúe en un paso avasallador siendo el campo de diferentes experimentos bélicos y de ensayo de los poderes duro, blando e inteligente de las teorías de Relaciones Internacionales.

Fuente: Por Israel