Desgaste político: El caso venezolano

chavismo

Los modelos políticos o económicos tienen un tiempo, espacio y por supuesto razones por las cuales se transforman en sistemas aceptados por un porcentaje importante de una población. Grandes revoluciones sociales han comenzado con la perdida de confianza en un esquema anterior.

Para que un proyecto político perdure o se conserve durante tiempo como algunas revoluciones políticas, se necesita un respaldo popular, político y militar. No necesariamente se necesitan los tres para que funcione, basta con tener el poder militar para perpetuarse y cambiarle la opinión a los opositores (o hacerlos desaparecer); como ocurre en Corea del Norte por ejemplo, donde un levantamiento popular sería técnicamente imposible porque el poder del régimen de Pyongyang lo respaldan los militares con la exaltación de la figura del líder.

Algo similar ocurrió en Egipto con el golpe de Estado que le dieron los militares a Mohamed Morsi y los “Hermanos musulmanes”, cuando intentaron hacer reformas que afectaban la estabilidad del Estado, y establecieron a Abdel Fattah el – Sisi como presidente, quien tiene una posición política – militar similar a la del depuesto Hosni Mubarak, y que es del beneplácito de los militares, y donde el pueblo no cuenta con los recursos para una revolución que cambie radicalmente esto. Aunque existen excepciones en la historia donde estos cambios se lograron llevar a cabo.

La revolución rusa y la revolución islámica como modelos de ruptura político – social.

La revolución rusa (1917) contra los zares por ejemplo, instaurarían en esa nación el esquema socialista, la cual se conservó y extendió durante casi un siglo completo, brindando a los socialistas (soviéticos), con un poder respaldado por las principales fuerzas del país.

Estos a su vez apoyaban otros procesos con afinidades ideológicas o revolucionarias en el resto del mundo. Se convirtieron en un líder global y financiaron aliados contra su principal rival, los Estados Unidos, y durante un período de bonanza el poder que habían adquirido los socialistas lograrían tener el mundo en dos bandos y a las puertas de una nueva guerra mundial, hasta que su propio esquema económico se los trajo al traste y la reconstrucción de varios de los despojos dejados por ese sistema se siguen viviendo las secuelas; aunque el cambio ideológico y la moderación de los discursos contra el bloque sobreviviente le ha servido a algunos estados para sobrellevar y resurgir casi de las cenizas. Del desgaste soviético se hizo una transición a la República Federal Rusa con menos territorio que el administrado cuando se era la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas por supuesto, aunque reactivando sus mecanismos de persuasión para lograr focos de influencia geopolítica en el mundo.

Otro ejemplo del ocaso de un sistema para dar paso a otro con apoyo popular fue la Revolución Islámica (1979), donde el idealismo islámico sacó del poder al Sha Mohammed Reza Pahlevi (1959 – 1980). Esto significó una parte importante de la ruptura de la estabilidad política – laica de los países musulmanes, y motivó la activación y el empoderamiento de agrupaciones islámicas religiosas en las naciones de confesión islámica. Recordar que este proceso de la transición del nacionalismo árabe, a una unidad ideológica – política del Islam, se dio con mayor fuerza al ocurrir tres elementos esenciales: la derrota continua árabe en su afán por vencer al Estado de Israel, la victoria de la Revolución Islámica y la derrota soviética contra el Talibán en Afganistán, el apoyo a los movimientos religiosos en detrimento de los gobiernos laicos comenzaba a generar cambios radicales en el mundo musulmán, y todavía hoy ese proceso se mantiene generando fuertes modificaciones a los sistemas como se conocían a mediados del siglo XX.

El modelo bolivariano.

En América Latina también han existido revoluciones y movimientos políticos que han traído abajo los grupos que han gobernado durante largo tiempo en los diferentes países de la región. Venezuela es un claro ejemplo de estos cambios, la desconfianza en la política tradicional empujaría un proyecto político nacional que después se regionalizaría.

Cuando el Partido Socialista Unido de Venezuela expuso una propuesta diferente de hacer política y colocaron de candidato al carismático político y militar, Hugo Chávez Frías (1954 – 2013), su proyecto con una fuerte dosis de populismo y de proyectos sociales gestionó el cambio del poder en el país suramericano. Fue tal el éxito entre la población que su forma de gobernar adoptó su apellido como si fuera una clase de ideología “socialismo chavista”, aunque él prefería llamarle “Revolución Bolivariana”; de ahí la reforma constitucional de cambiarle el nombre al país como República Bolivariana de Venezuela.

Y no hay que engañar a nadie, y aunque mucho se ha criticado el modelo implementado por este gobierno. Su esquema ha sido producto de exportación, al punto que logró motivar otras “revoluciones sociales” en la región, Argentina, Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Brasil. Logró crear un organismo internacional alterno para los países con pensamientos ideológicos similares al venezolano, o que aprovecharon la apertura de este sistema para tener bloques económicos aliados, de ahí surgió La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), con un banco de por medio financiando gobiernos “hermanos”, aprovechando el sistema petrolero venezolano.

El gobierno de Hugo Chávez también impulsa la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) un foro alterno a la Organización de Estados Americanos (OEA) que dicho sea de paso ha caído en un desgaste e ineficacia deplorables, es un organismo débil. Tanto así que las decisiones de este no es tomado en serio realmente, principalmente por sus resoluciones no vinculantes y un lamentable peso moral de poca importancia.

A nivel interno, el “chavismo” por medio de las Misiones Bolivarianas (Misión Cristo) que mejorarían relativamente la calidad de vida de sus ciudadanos, reducción de la pobreza extrema en el año 2007 pasando al 12,5% (era del 25%) y llegando en el 2009 hasta el 8,7%. Los hogares con hacinamiento pasaron en el 2015 del 14,6% al 7,9%.

Una parte del financiamiento venezolano para estos programas fueron los excedentes producto de la venta internacional de petróleo y el endeudamiento por la emisión de dinero para financiar los proyectos sociales y para financiar el Banco del ALBA que ha prestado dinero a países como Nicaragua a quien al año 2013 les habrían prestado $2.188 millones. También Venezuela se daría el lujo de comprar bonos de deuda externa argentinos por $3.100 millones, por lo que ganaron simpatías y alianza con el gobierno Kirchnerista, que tuvo un giro hacia el “chavismo” a partir de ahí.

La debacle chavista

Las misiones bolivarianas dejaron de ser rentables por la falta de recursos para financiarlos y el excedente de inflación que la impresión de dinero deja en el país. A esto se le suma la molestia popular que comienza a rebelarse contra el gobierno “chavista”, principalmente aquellos que no sienten deberle favores al régimen. Por su parte el gobierno de Chávez decide aplacar las manifestaciones con violencia y persiguiendo opositores políticos, directamente o indirectamente, como con los “Colectivos chavistas”, pero los grupos contrarios al gobierno dejan sus diferencias de lado y se alían con un enemigo en común, el gobierno de Hugo Chávez y sus intenciones de extender su poder por muchos años más.

En varias oportunidades de elecciones, el chavismo vencería a la oposición, en otras se daría una victoria mínima a los opositores que no generarían mayores cambios. Pero la oposición comienza a crecer en respaldo popular, ciertos sectores ya se han cansado del régimen actual, lo ven decadente y poco efectivo, por lo que comienzan a volcarse con este grupo contrario al régimen en el poder.

En el año 2011, el presidente Chávez comienza a sufrir un quebranto de salud, y anuncia que tiene cáncer, a comienzos del 2013 se marcha hacia Cuba a un tratamiento por su enfermedad y allá fallece, quedando de manera dudosa y casi por herencia el vicepresidente Nicolás Maduro como presidente interino hasta las elecciones que finalmente gana contra Henrique Capriles con un margen de 1,5% del voto popular.

El movimiento dirigido por Hugo Chávez y ahora administrado por Maduro Moros, continúa sufriendo reveses sociales, hasta el punto que el 6 de diciembre del año 2015, el partido del gobierno recibe un fuerte golpe político al ser vencidos por la oposición de manera aplastante en las elecciones parlamentarias, lo que ha significado según ciertos analistas el principio del fin para un régimen que ha perdido apoyo popular y que la estabilidad de la oposición ha permitido que haya posibilidades de un cambio. Algo que en países donde la disidencia ha sido exterminada o huido no fue posible.

La mayoría coincide en que el carisma y la dialéctica del Comandante Chávez Frías, no lo pudo heredar Maduro, a quien además le señalan que el verdadero poder actual del chavismo es Diosdado Cabello, expresidente de la Asamblea Nacional venezolana; literalmente “la mano que mece la cuna”.

El efecto dominó

La pérdida de poder del chavismo en Venezuela, ha debilitado uno de los pilares del denominado “socialismo del siglo XXI”, los efectos de esto se han podido ver en otros países donde se están dando cambios radicales que perjudican los modelos socialistas establecidos.

Argentina en octubre de 2015 le dio un espaldarazo a las intenciones del “Kirchnerismo” de seguir su modelo “bolivariano”, y optaron por votar un candidato más liberal económicamente. Bolivia por su parte votó no a un referendo que permitiría al actual presidente Evo Morales (quien llegó al poder con aclamación popular) postularse para un nuevo mandato. Un país como Nicaragua que desea un cambio de estos necesitará una acción más fuerte, porque el Consejo Supremo Electoral (CSE) es controlado por el ejecutivo, por lo que el “sandinismo” puede perpetuarse en el poder, con el beneplácito militar y de la mayoría política.

Los cambios que ha causado la debacle del sistema en Venezuela, ha extendido su ola expansiva contra otros países aliados del régimen quienes han buscado alternativas para sobrevivir, así tengan que cambiar el discurso que hasta ahora conservaban en favor de la Revolución de los Pueblos.

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Acerca de Bryan Acuña

Licenciado en Relaciones Internacionales de la Universidad Internacional de las Américas, especializado en la temática de Oriente Medio. Escritor de varios artículos de opinión para diferentes medios de prensa escrita nacional e internacional; entre ellos están el diario La Prensa Libre, El Mundo CR, El País CR, Cambio Político, La Nación (Costa Rica), Radio Jai (Argentina), Aurora Digital (Israel), Hatzad Hasheni (Israel), Por Israel (Israel), Diario El Exterior (España), además de tener una columna en Radio Sefarad (España)

Publicado el febrero 24, 2016 en Hugo Chavez, Uncategorized y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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